Chuang Tzu soñó que era un elefante. Su altura era enorme y su peso hacía temblar la tierra. Furioso —en el sueño no podía recordar la causa, pero algo de horror se confundía con su ira— embestía contra las ciudades y los hombres, aplastándolos sobre la tierra amarilla. Desde la llanura reconoció que la aglomeración de casas a la que ahora se acercaba era su ciudad.
Entonces despertó. Qué liviano le parecía todo… La luz de la mañana atravesaba las cortinas entre el susurro de la seda y rebotaba sobre las cosas, de vuelta hacia el aire…
En la esquina de la habitación su amanuense había dejado una jarra con agua y un recipiente de plata para enjuagarse la cara. Chuang Tzu se levantó y cruzó el cuarto. Escribiría su sueño, tan real como la vigilia en la que ahora se movía. Se preguntó si, para el propósito de su argumento, no sería mejor reemplazar la imagen del elefante con la de una mariposa, más sutil y memorable: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa, y al despertarse no supo…”
Se sentó. Una tabla de bambú osciló en sus manos. Buscando su pincel, miró hacia atrás. Con cierta alarma observó que las huellas que iban desde la cama hasta su escritorio eran rojas y que las plantas de sus pies estaban manchadas de sangre.
Se miró al espejo. En ese momento un peso enorme cayó sobre él y lo aplastó.
EL ÚLTIMO SUEÑO DE CHUANG TZU, Martín Monreal
Nuestro héroe cruza la singularidad maldita, el agujero negro o gris, el pasadizo al otro patio, que se encuentra en la esquina de Nicaragua y Arévalo, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Todo puede pasar: sexo, Historia, aventuras, guiso de lentejas o mondongo y Perón y Freud explicando las remeras rotas del Capitán Kirk. A ver si se ponen a leer, holgazanes.
Nueva postal desde Phobos, la mayor luna de Marte
La nave de la Agencia Espacial Europea (ESA) Mars Express ha remitido a la Tierra imágenes del sobrevuelo de la luna marciana Phobos realizado el pasado 9 de enero. El paso de la sonda espacial sobre el mayor de los dos satélites de Marte tuvo lugar a una distancia de tan solo 100 kilómetros. Esto ha permitido la obtención de instántaneas de gran detalle de la superficie de este rocoso y amorfo objeto.
La imagen adjunta de Phobos tiene una resolución de 8,2 metros por pixel. Los puntos suspensivos marcan en rojo el punto previsto anteriormente de aterrizaje --y en azul el actual-- de la próxima misión rusa Phobos-Grunt, que investigará sobre el terreno la composición de este cuerpo celeste.
Como la luna terrestre, Phobos siempre muestra la misma cara al planeta rojo, así que gracias a la 'Mars Express' se han podido fotografiar partes de esta luna hasta el momento desconocidas por la comunidad científica.
Los investigadores creen que comparte muchas características con los asteroides de clase 'carbonacea de tipo-C', que sugiere que Phobos pudo formarse a partir de este tipo de cuerpo. Esta misión tiene el objetivo de desentrañar el origen y el proceso de formación del satélite marciano.
El origen de 'Fobos' es un misterio para los expertos. En este sentido, contemplan tres posibles escenarios: que la luna es un asteroide capturado; la segunda es que se formó 'in situ' al mismo tiempo que Marte; y la tercera, que 'Fobos' se formó a partir de restos de escombros de Marte después de que un meteorito chocara contra el planeta rojo.
La imagen adjunta de Phobos tiene una resolución de 8,2 metros por pixel. Los puntos suspensivos marcan en rojo el punto previsto anteriormente de aterrizaje --y en azul el actual-- de la próxima misión rusa Phobos-Grunt, que investigará sobre el terreno la composición de este cuerpo celeste.
Como la luna terrestre, Phobos siempre muestra la misma cara al planeta rojo, así que gracias a la 'Mars Express' se han podido fotografiar partes de esta luna hasta el momento desconocidas por la comunidad científica.
Los investigadores creen que comparte muchas características con los asteroides de clase 'carbonacea de tipo-C', que sugiere que Phobos pudo formarse a partir de este tipo de cuerpo. Esta misión tiene el objetivo de desentrañar el origen y el proceso de formación del satélite marciano.
El origen de 'Fobos' es un misterio para los expertos. En este sentido, contemplan tres posibles escenarios: que la luna es un asteroide capturado; la segunda es que se formó 'in situ' al mismo tiempo que Marte; y la tercera, que 'Fobos' se formó a partir de restos de escombros de Marte después de que un meteorito chocara contra el planeta rojo.
Fragmento - El Libro del día del Juicio Final

—No lo sé. —Ella señaló vagamente a las pantallas, con sus matrices y columnas de cifras en cambio constante—. Solo soy doctora, no técnico. Me pareció reconocer al técnico. Es de Balliol, ¿no?
Dunworthy asintió.
—El mejor técnico que tiene Balliol —dijo, observando a Badri, que pulsaba las teclas de la consola una a una y observaba atentamente las lecturas cambiantes—.
Todos los técnicos del New College estaban de vacaciones. Gilchrist pensaba usar un aprendiz de primero que nunca había dirigido un lanzamiento tripulado. ¡Un aprendiz de primero para un remoto! Lo convencí para que empleara a Badri. Si no puedo impedir este lanzamiento, al menos que lo dirija un técnico competente.
Badri miró la pantalla con el ceño fruncido, sacó un medidor de su bolsillo y se dirigió a la carreta.
—¡Badri! —llamó Dunworthy.
Badri no dio muestra alguna de haberle oído. Rodeó el perímetro de las cajas y cofres, mirando el medidor. Desplazó una de las cajas ligeramente a la izquierda.
—No te oye —dijo Mary.
—¡Badri! —gritó él—. Necesito hablar contigo.
Mary se levantó.
—No te oye, James. La mampara es a prueba de sonidos.
Badri dijo algo a Latimer, quien todavía sostenía el cofre con cierres de metal. Parecía asombrado. Badri le quitó el cofre y lo colocó sobre la marca de tiza.
Dunworthy buscó un micrófono. No vio ninguno.
—¿Cómo oíste el discurso de Gilchrist? —preguntó a Mary.
—Gilchrist pulsó un botón ahí dentro —dijo ella, señalando un panel junto a la red.
Badri había vuelto a sentarse ante la consola y hablaba a su oído. Los escudos de la red empezaron a descender. Badri dijo algo más, y volvieron a donde estaban antes.
—Le pedí a Badri que volviera a comprobarlo todo: la red, los cálculos del aprendiz, todo —dijo Dunworthy—. Y que abortara inmediatamente el lanzamiento si detectaba algún error, a pesar de lo que dijera Gilchrist.
—Pero supongo que Gilchrist no pondrá en peligro la seguridad de Kivrin —protestó Mary—. Me dijo que había tomado todas las precauciones...
—¡Todas las precauciones! No ha realizado pruebas de reconocimiento ni comprobaciones de parámetros. Hicimos dos años de lanzamientos no tripulados al siglo XX antes de enviar a nadie. Él no ha hecho ninguno. Badri le dijo que debería retrasar el lanzamiento hasta que pudiera hacer al menos uno, y en vez de eso lo adelantó dos días. Ese tipo es un incompetente total.
—Pero explicó por qué el lanzamiento tenía que ser hoy —alegó Mary—. Dijo que los habitantes del siglo XIV no prestaban atención a las fechas, excepto a las siembras y las cosechas y los días festivos de la Iglesia. Dijo que la concentración de días sagrados era mayor en Navidad, y por eso Medieval ha decidido enviar a
Kivrin ahora, para que pueda utilizar los días de Adviento para determinar su localización temporal y asegurarse de estar en el lugar de recogida el veintiocho de diciembre.
—Enviarla ahora no tiene nada que ver con el Adviento ni las festividades —protestó él, observando a Badri. Volvía a pulsar una tecla cada vez, con el ceño fruncido—. Podría enviarla la semana que viene y usar la Epifanía para la cita de encuentro. Podría hacer lanzamientos no tripulados durante seis meses y luego enviarla haciendo un bucle. Gilchrist la envía ahora porque Basingame está de vacaciones y no se encuentra aquí para detenerlo.
—Oh, cielos —suspiró Mary—. Ya me parecía a mí demasiada prisa. Cuando le pregunté cuánto tiempo tendría que estar Kivrin en el hospital, intentó convencerme de que no sería necesario internarla. Tuve que explicarle que las vacunas necesitaban un tiempo para hacer efecto.
—Un encuentro el veintiocho de diciembre —dijo Dunworthy con amargura—. ¿Te das cuenta de qué festividad es? La celebración de la matanza de los Santos Inocentes. Cosa que, dada la manera en que se está dirigiendo este lanzamiento, puede ser completamente apropiada.
El Libro del día del Juicio Final, Connie Willis
Fragmento - En el oceano de la noche

En verdad, tampoco se podía hacer mucho más en la Luna. Estaba bien equilibrar los tomates con la cebada, extrayendo de la grava lunar suficientes proteínas y oxígeno para nutrir una pequeña base, pero regular los aminoácidos y la savia, evitar que se formara moho en las tuberías de acceso, y conservar la arcilla fina y polvorienta era harina de otro costal. Los biólogos optimistas miraban con mala cara sus habas de soja: sin el ciclo diario de sol y mareas, las plantas echaban raíces nudosas y hojas grises, y eran avaras en proteínas. No era fácil batirse con la entropía en un mundo de cielos negros y vientos durmientes.
Las ciudades cilíndricas funcionaban, cultivaban sus alimentos y prosperaban. Pero la Luna, verdaderamente ajena, no. De todas formas, el personal de Hiparco perseveraba, exploraba la Luna en busca de agua y hielo, experimentaba. Tenía un optimismo feroz. Precisamente lo que le faltaba a él, pensó Nigel. Se encogió de hombros, allí donde nadie podía verlo. Ahora la carencia no parecía importar.
Para distraerse meditó y leyó novelas en la pantalla de la cabina, en cuya superficie aparecían los textos que luego se borraban. El módulo estaba bien diseñado, si se pensaba que el tiempo para transformar los planos en artefactos había sido muy escaso. Nigel había llevado consigo un estuche con cuatro cristales mémorex, cada uno de los cuales contenía un libro, y en el primer día de espera había devorado dos, dedicándole una hora a cada uno.
Una frase le llamó la atención:
en una actitud respecto de Ataturk.
Más tarde la recordó, mientras cavilaba sobre la planicie esquistosa del Mare Smythii. Maniobró con las palabras como si fueran expresiones algebraicas, las descompuso matemáticamente en función de las aes y después de las tes. Reordenadas, las palabras comunicaban ambigüedad, incoherencia, una tolerable poesía.
Se preguntó si ése era un hábito neurótico.
Recuerdos de sus lecturas: mujeres que nunca pasaban junto a un poste de alumbrado sin tocarlo; hombres que siempre se balanceaban sobre el pie izquierdo mientras orinaban. Todos ellos compañeros de neurosis, con nervios que saltan en la cuerda floja.
—Su hora proyectada de arranque no ha variado. —Nuevamente Lewis, siete órbitas más tarde.
—¿Qué dice Houston?
—El Snark sigue el rumbo prometido. Desacelera en las condiciones que especifica nuestra trayectoria.
—¿Qué le comunica a Houston?
—Nada inusitado, dicen. El libreto estipula que le transmitan un alud de información apasionante, materiales que el Snark solicitó durante las últimas etapas de su aproximación. Hay que distraerlo para que usted pueda abordarlo.
—Lo sé, ¿pero cuál es esa información?
—¿Qué importa? De todas maneras es falsa.
—¿Cómo?
—Ya no le suministran datos veraces. Houston dice que el Presidente se opuso a ello.
Nigel hizo una mueca.
—No es extraño.
—Para aturdirlo, Nigel, y nosotros le vaciaremos el cerebro.
—Aja.
—Pero recuerde, si le parece que se le va a escabullir, dispare el cohete nuclear. Son órdenes de Houston.
—Claro, ésas son las órdenes de Houston.
—¿Eh? —Un atisbo de sorpresa en la voz.
—Que le metamos el dedo en el ojo.
—No entiendo de qué habla.
—¿Alguna vez se le ocurrió pensar cuántos años debe de tener? —preguntó Nigel, marcando las palabras—. Nuestras vidas son muy cortas. El Snark debe de vernos como si fuéramos bacilos. Eras y dinastías que se extinguen en un instante. Nos mira con su microscopio y toma notas de laboratorio, mientras nosotros tratamos de meterle el dedo en el ojo.
—Ah, sí. Bien, está saliendo de la zona de interferencia radial. Será mejor que nos callemos. Ya he volcado las correcciones en su ordenador.
—Entendido.
En el oceano de la noche, Gregory Benford
Fragmento - Neuromante
-Oye, Case -dijo, apenas dando voz a las palabras-, .me estás escuchando? Te contaré algo... Una vez anduve con un chico. A veces me lo recuerdas... -Se volvió para vigilar el pasillo. - Johnny, se llamaba.
El vestíbulo, bajo y abovedado, tenía docenas de estanterías de museo contra las paredes, cajas con frentes de cristal de aspecto arcaico. Parecían estar fuera de lugar, contra las curvas orgánicas de las paredes del vestíbulo, como si las hubiesen ordenado allí obedeciendo a alguna razón ya olvidada. Opacos apliques de bronce sostenían globos de luz blanca a intervalos de diez metros. El suelo era irregular. Cuando ella echó a andar por el pasillo, Case vio cientos de alfombras y pequeños tapetes puestos en el suelo, como al azar. En ciertos sitios había hasta seis, uno encima del otro; el suelo era una suave colcha de retazos de lana tejida a mano.
Molly prestó poca atención a los armarios y a lo que éstos contenían, lo cual lo irritó; tuvo que contentarse con las miradas poco interesadas de Molly, que le permitieron observar brevemente fragmentos de cerámica, armas antiguas, un objeto con tantos clavos herrumbrados incrustados en él que era irreconocible, pedazos de tapices rasgados...
-Este Johnny, sabes, era inteligente; un chico muy listo. Comenzó su carrera de receptor de datos en Memory Lane: tenía circuitos en la cabeza y la gente le pagaba para esconder allí información. Los Yakuza estaban detrás de él, la noche en que le conocí, y yo me encargué del asesino que ellos habían enviado. Fue más suerte que otra cosa, pero me lo saqué de encima, y después de eso, todo fue dulce y caramelo, Case. -Apenas movía los labios. Case sentía cómo ella formaba las palabras; no necesitaba escucharlas en voz alta.- Armamos un monitor para poder leer las huellas de todo lo que él había almacenado alguna vez. Registramos todo en una cinta y empezamos a controlar a nuestros clientes selectos, exclientes. Yo era agente, guardaespaldas y perro guardián. Me sentía muy feliz. ¿Has sido feliz alguna vez, Case? Él era mi muchacho. Trabajábamos juntos. Socios. Haría unas ocho semanas que yo me había largado de la casa de títeres cuando lo conocí... -Hizo una pausa, dio una brusca media vuelta, y siguió adelante. Más armarios lustrosos de madera; los lados de los muebles eran de un color que le hacía pensar en alas de cucaracha.
»Íntimo, dulce, marchábamos perfectamente. Como si nadie pudiese herirnos. Yo no iba a permitir que eso ocurriera. Supongo que los Yakuza todavía querían el pellejo de Johnny. Porque yo había matado al hombre de ellos. Porque Johnny los había quemado. Y los Yak pueden darse el lujo de ir muy despacio, viejo: son capaces de esperar años y años. Te dan una vida entera, sólo para que cuando vengan a quitártela tengas más que perder. Son pacientes como las arañas. Arañas Zen.
»Entonces, yo no lo sabía. O si lo sabía, pensaba que no seria nuestro caso. Quiero decir... Cuando eres joven, crees que eres único. Yo era joven. Entonces llegaron, cuando nosotros estábamos pensando que tal vez ya habíamos trabajado bastante, que era hora de terminar con todo, irnos a Europa tal vez. Ninguno de los dos sabía bien qué haríamos allá, sin nada que hacer. Pero vivíamos bien entonces, cuentas orbitales suizas, y una madriguera llena de juguetes y muebles. Le quita el gusto amargo a tu trabajo.
»El primero que enviaron era de los mejores. Reflejos increíbles, injertos, más estilo que diez hampones comunes. Pero el segundo era, no sé, como un monje. Un clono. Un asesino de piedra, hasta la última célula. Era parte de él, la muerte, aquel silencio; lo envolvía como una nube... -La voz de Molly se apagó, el corredor se había bifurcado en dos idénticas escaleras descendentes. Ella fue por la de la izquierda.
»Una vez, yo era una niñita, estábamos ocupando ilegalmente una casa, cerca del Hudson, y las ratas eran enormes. Por los productos químicos que llevaban dentro. Eran tan grandes como yo; y una noche una de ellas había estado escarbando debajo de la casa donde vivíamos. Cuando ya era casi de madrugada, alguien vino acompañando a un hombre viejo que tenía costuras en las mejillas y los ojos rojos. Traía un paquete de cuero grasiento, como los que se utilizan para guardar herramientas, para que no se herrumbren. Lo abrió: tenía un viejo revólver y tres cartuchos. El viejo puso una bala en el cargador y empezó a caminar de un lado a otro. Nosotros nos quedamos contra las paredes.
»Iba y venía. De brazos cruzados, cabizbajo, como si se hubiese olvidado del arma. Atento a los ruidos de la rata. No hacíamos ningún ruido. El viejo daba un paso. La rata se movía. La rata se movía, y él daba otro paso. Una hora así, y luego pareció recordar el revólver. Lo apuntó hacia el suelo, sonrió y apretó el gatillo. Volvió a hacer su paquete y se fue.
»Más tarde me metí debajo del suelo. La rata tenía un agujero entre los ojos. -Molly estaba mirando las puertas selladas que había a intervalos a lo largo del pasillo.- El segundo, el que vino por Johnny, era como aquel viejo. No era viejo, pero era así. Mataba igual que él. -El pasillo se ensanchó. El océano de suntuosas alfombras ondulaba suavemente bajo una enorme araña de cristal cuyo cairel más bajo llegaba casi al suelo. Un tintineo de cristal cuando Molly entró en el vestíbulo. TERCERA PUERTA A LA IZQUIERDA, titiló el display.
Neuromante, WILLIAM GIBSON
El vestíbulo, bajo y abovedado, tenía docenas de estanterías de museo contra las paredes, cajas con frentes de cristal de aspecto arcaico. Parecían estar fuera de lugar, contra las curvas orgánicas de las paredes del vestíbulo, como si las hubiesen ordenado allí obedeciendo a alguna razón ya olvidada. Opacos apliques de bronce sostenían globos de luz blanca a intervalos de diez metros. El suelo era irregular. Cuando ella echó a andar por el pasillo, Case vio cientos de alfombras y pequeños tapetes puestos en el suelo, como al azar. En ciertos sitios había hasta seis, uno encima del otro; el suelo era una suave colcha de retazos de lana tejida a mano.
Molly prestó poca atención a los armarios y a lo que éstos contenían, lo cual lo irritó; tuvo que contentarse con las miradas poco interesadas de Molly, que le permitieron observar brevemente fragmentos de cerámica, armas antiguas, un objeto con tantos clavos herrumbrados incrustados en él que era irreconocible, pedazos de tapices rasgados...
-Este Johnny, sabes, era inteligente; un chico muy listo. Comenzó su carrera de receptor de datos en Memory Lane: tenía circuitos en la cabeza y la gente le pagaba para esconder allí información. Los Yakuza estaban detrás de él, la noche en que le conocí, y yo me encargué del asesino que ellos habían enviado. Fue más suerte que otra cosa, pero me lo saqué de encima, y después de eso, todo fue dulce y caramelo, Case. -Apenas movía los labios. Case sentía cómo ella formaba las palabras; no necesitaba escucharlas en voz alta.- Armamos un monitor para poder leer las huellas de todo lo que él había almacenado alguna vez. Registramos todo en una cinta y empezamos a controlar a nuestros clientes selectos, exclientes. Yo era agente, guardaespaldas y perro guardián. Me sentía muy feliz. ¿Has sido feliz alguna vez, Case? Él era mi muchacho. Trabajábamos juntos. Socios. Haría unas ocho semanas que yo me había largado de la casa de títeres cuando lo conocí... -Hizo una pausa, dio una brusca media vuelta, y siguió adelante. Más armarios lustrosos de madera; los lados de los muebles eran de un color que le hacía pensar en alas de cucaracha.
»Íntimo, dulce, marchábamos perfectamente. Como si nadie pudiese herirnos. Yo no iba a permitir que eso ocurriera. Supongo que los Yakuza todavía querían el pellejo de Johnny. Porque yo había matado al hombre de ellos. Porque Johnny los había quemado. Y los Yak pueden darse el lujo de ir muy despacio, viejo: son capaces de esperar años y años. Te dan una vida entera, sólo para que cuando vengan a quitártela tengas más que perder. Son pacientes como las arañas. Arañas Zen.
»Entonces, yo no lo sabía. O si lo sabía, pensaba que no seria nuestro caso. Quiero decir... Cuando eres joven, crees que eres único. Yo era joven. Entonces llegaron, cuando nosotros estábamos pensando que tal vez ya habíamos trabajado bastante, que era hora de terminar con todo, irnos a Europa tal vez. Ninguno de los dos sabía bien qué haríamos allá, sin nada que hacer. Pero vivíamos bien entonces, cuentas orbitales suizas, y una madriguera llena de juguetes y muebles. Le quita el gusto amargo a tu trabajo.
»El primero que enviaron era de los mejores. Reflejos increíbles, injertos, más estilo que diez hampones comunes. Pero el segundo era, no sé, como un monje. Un clono. Un asesino de piedra, hasta la última célula. Era parte de él, la muerte, aquel silencio; lo envolvía como una nube... -La voz de Molly se apagó, el corredor se había bifurcado en dos idénticas escaleras descendentes. Ella fue por la de la izquierda.
»Una vez, yo era una niñita, estábamos ocupando ilegalmente una casa, cerca del Hudson, y las ratas eran enormes. Por los productos químicos que llevaban dentro. Eran tan grandes como yo; y una noche una de ellas había estado escarbando debajo de la casa donde vivíamos. Cuando ya era casi de madrugada, alguien vino acompañando a un hombre viejo que tenía costuras en las mejillas y los ojos rojos. Traía un paquete de cuero grasiento, como los que se utilizan para guardar herramientas, para que no se herrumbren. Lo abrió: tenía un viejo revólver y tres cartuchos. El viejo puso una bala en el cargador y empezó a caminar de un lado a otro. Nosotros nos quedamos contra las paredes.
»Iba y venía. De brazos cruzados, cabizbajo, como si se hubiese olvidado del arma. Atento a los ruidos de la rata. No hacíamos ningún ruido. El viejo daba un paso. La rata se movía. La rata se movía, y él daba otro paso. Una hora así, y luego pareció recordar el revólver. Lo apuntó hacia el suelo, sonrió y apretó el gatillo. Volvió a hacer su paquete y se fue.
»Más tarde me metí debajo del suelo. La rata tenía un agujero entre los ojos. -Molly estaba mirando las puertas selladas que había a intervalos a lo largo del pasillo.- El segundo, el que vino por Johnny, era como aquel viejo. No era viejo, pero era así. Mataba igual que él. -El pasillo se ensanchó. El océano de suntuosas alfombras ondulaba suavemente bajo una enorme araña de cristal cuyo cairel más bajo llegaba casi al suelo. Un tintineo de cristal cuando Molly entró en el vestíbulo. TERCERA PUERTA A LA IZQUIERDA, titiló el display.
Neuromante, WILLIAM GIBSON
Vendrán las lluvias suaves
En el living, cantaba el reloj con voz: "tic-tac, las siete, arriba, ¡las siete!" como si temiera que nadie se levantara. Esa mañana la casa estaba vacía.
El reloj continuó con su tic-tac, repitiendo y repitiendo sus sonidos en el vacío. "Las siete y uno, el desayuno, ¡las siete y uno!"
En la cocina, el horno del desayuno dejó escapar un silbido y arrojó de su cálido interior ocho tostadas perfectamente hechas, ocho huevos perfectamente fritos, dieciséis tajadas de panceta, dos cafés y dos vasos de leche fresca.
"Hoy es 4 de agosto de 2026", dijo una segunda voz desde el cielo raso de la cocina, "en la ciudad de Allendale, California". Repitió la fecha tres veces para que todos la recordaran. "Hoy es el cumpleaños del señor Featherstone. Hoy es el aniversario del casamiento de Tilita. Hay que pagar el seguro, y también las cuentas de agua, gas y electricidad".
En algún lugar dentro de las paredes, los transmisores cambiaban, las cintas de memorias se deslizaban bajo los ojos eléctricos.
"Ocho y uno, tictac, ocho y uno, a la escuela, al trabajo, corran, ¡ocho y uno!" Pero no se oyeron portazos, ni las suaves pisadas de las zapatillas sobre las alfombras. Afuera llovía. La caja meteorológica en la puerta de entrada recitó suavemente: "Lluvia, lluvia, gotas, impermeables para hoy..." Y la lluvia caía sobre la casa vacía, despertando ecos.
Afuera, la puerta del garaje se levantó, sonó un timbre y reveló el auto preparado. Después de una larga espera la puerta volvió a bajar.
A las ocho y treinta los huevos estaban secos y las tostadas duras como una piedra. Una pala de aluminio los llevo a la pileta, donde recibieron un chorro de agua caliente y cayeron en una garganta de metal que los digirió y los llevó hasta el distante mar. Los platos sucios cayeron en la lavadora caliente y salieron perfectamente secos.
"Nueve y quince", cantó el reloj, "hora de limpiar".
De los reductos de la pared salieron diminutos ratones robots. Los pequeños animales de la limpieza, de goma y metal, se escurrieron por las habitaciones. Golpeaban contra los sillones, giraban sobre sus soportes sacudiendo las alfombras, absorbiendo suavemente el polvo oculto. Luego, como misteriosos invasores, volvieron a desaparecer en sus reductos. Sus ojos eléctricos rosados se esfumaron. La casa estaba limpia.
"Las diez". Salió el sol después de la lluvia. La casa estaba sola en una ciudad de escombros y cenizas. Era la única casa que había quedado en pie. Durante la noche, la ciudad en ruinas producía un resplandor radiactivo que se veía desde kilómetros de distancia.
"Las diez y quince". Los rociadores del jardín se convirtieron en fuentes doradas, llenando el aire suave de la mañana de ondas brillantes. El agua golpeaba contra los vidrios de las ventanas, corría por la pared del lado oeste, chamuscado, donde la casa se había quemado en forma pareja y había desaparecido la pintura blanca. Todo el lado occidental de la casa estaba negro, excepto en cinco lugares. Allí la silueta pintada de un hombre cortando el césped. Allá, como en una fotografía, una mujer inclinada, recogiendo flores. Un poco más adelante, sus imágenes quemadas en la madera, en un instante titánico, un niñito con las manos alzadas; un poco más arriba, la imagen de una pelota arrojada, y frente a él una niña, con las manos levantadas como para recibir esa pelota que nunca bajó.
Quedaban las cinco zonas de pintura; el hombre, la mujer, los niños, la pelota. El resto era una delgada capa de carbón.
El suave rociador llenó el jardín de luces que caían.
Hasta ese día, cuánta reserva había guardado la casa. Con cuánto cuidado había preguntado: "¿Quién anda? ¿Contraseña?", y al no recibir respuesta de los zorros solitarios y de los gatos que gemían, había cerrado sus ventanas y bajado las persianas con una preocupación de solterona por la autoprotección, casi lindante con la paranoia mecánica.
La casa se estremecía con cada sonido. Si un gorrión rozaba una ventana, la persiana se levantaba de golpe. ¡El pájaro, sobresaltado, huía! ¡No, ni siquiera un pájaro debía tocar la casa!
La casa era un altar con diez mil asistentes, grandes y pequeños, que reparaban y atendían, en grupos. Pero los dioses se habían marchado, y el ritual de la religión continuaba, sin sentido, inútil.
"Las doce del mediodía".
Un perro aulló, temblando, en el pórtico de entrada.
La puerta del frente reconoció la voz del perro y abrió. El perro, antes enorme y fornido, en ese momento flaco hasta los huesos y cubierto de llagas, entró en la casa y la recorrió, dejando huellas de barro. Detrás de él se escurrían furiosos ratones, enojados por tener que recoger barro, alterados por el inconveniente.
Porque ni un fragmento de hoja seca pasaba bajo la puerta sin que se abrieran de inmediato los paneles de las paredes y los ratones de limpieza, de cobre, saltaran rápidamente para hacer su tarea. El polvo, los pelos, los papeles, eran capturados de inmediato por sus diminutas mandíbulas de acero, y llevados a sus madrigueras. De allí, pasaban por tubos hasta el sótano, donde caían en un incinerador.
El perro subió corriendo la escalera, aullando histéricamente ante cada puerta, comprendiendo por fin, lo mismo que comprendía la casa, que allí sólo había silencio.
Husmeó el aire y arañó la puerta de la cocina. Detrás de la puerta, el horno estaba haciendo panqueques que llenaban la casa de un olor apetitoso mezclado con el aroma de la miel.
El perro echó espuma por la boca, tendido en el suelo, husmeando, con los ojos enrojecidos. Echó a correr locamente en círculos, mordiéndose la cola, lanzado a un frenesí, y cayó muerto. Estuvo una hora en el living.
"Las dos", cantó una voz.
Percibiendo delicadamente la descomposición, los regimientos de ratones salieron silenciosamente, como hojas grises en medio de un viento eléctrico...
"Las dos y quince".
El perro había desaparecido.
En el sótano, el incinerador resplandeció de pronto con un remolino de chispas que saltaron por la chimenea.
"Las dos y treinta y cinco".
De las paredes del patio brotaron mesas de bridge. Cayeron naipes sobre la felpa, en una lluvia de piques, diamantes, tréboles y corazones. Apareció una exposición de Martinis en una mesa de roble, y saladitos. Se oía música.
Pero las mesas estaban en silencio, y nadie tocaba los naipes.
A las cuatro, las mesas se plegaron como grandes mariposas y volvieron a entrar en los paneles de la pared.
"Cuatro y treinta"
Las paredes del cuarto de los niños brillaban.
Aparecían formas de animales: jirafas amarillas, leones azules, antílopes rosados, panteras lilas que daban volteretas en una sustancia de cristal. Las paredes eran de vidrio. Se llenaban de color y fantasía. El rollo oculto de una película giraba silenciosamente, y las paredes cobraban vida. El piso del cuarto parecía una pradera. Sobre ella corrían cucarachas de aluminio y grillos de hierro, y en el aire cálido y tranquilo las mariposas de delicada textura aleteaban entre los fuertes aromas que dejaban los animales... Había un ruido como de una gran colmena amarilla de abejas dentro de un hueco oscuro, el ronroneo perezoso de un león. Y de pronto el ruido de las patas de un okapi y el murmullo de la fresca lluvia en la jungla, y el ruido de pezuñas en el pasto seco del verano. Luego las paredes se disolvían para transformarse en campos de pasto seco, kilómetros y kilómetros bajo un interminable cielo caluroso. Los animales se retiraban a los matorrales y a los pozos de agua.
Era la hora de los niños.
"Las cinco". La bañera se llenó de agua caliente y cristalina.
"Las seis, las siete, las ocho". La vajilla de la cena se colocó en su lugar como por arte de magia, y en el estudio hubo un click. En la mesa de metal frente a la chimenea, donde en ese momento chisporroteaban las llamas, saltó un cigarro, con un centímetro de ceniza gris en la punta, esperando.
"Las nueve". Las camas calentaron sus circuitos ocultos, porque las noches eran frías en esa zona.
"Las nueve y cinco". Habló una voz desde el cielo raso del estudio: "Señora Mc Clellan, ¿qué poema desea esta noche?"
La casa estaba en silencio.
La voz dijo por fin:
"Ya que usted no expresa su preferencia, elegiré un poema al azar". Comenzó a oírse una suave música de fondo. "Sara Teasdale. Según recuerdo, su favorito..."
Vendrán las lluvias suaves y el olor a tierra
Y el leve ruido del vuelo de las golondrinas
El canto nocturno de los sapos en los charcos
La trémula blancura del ciruelo silvestre
Los ruiseñores con sus plumas de fuego
Silbando sus caprichos en la alambrada
Y ninguno sabrá si hay guerra
Ni le importará el final, cuando termine
A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol,
Si desapareciera la humanidad
Ni la primavera, al despertar al alba,
Se enteraría de que ya no estamos.
El fuego ardía en la chimenea de piedra y el cigarro cayó en un montículo de ceniza en el cenicero. Los sillones vacíos se miraban entre las paredes silenciosas, y sonaba la música. A las diez la casa comenzó a apagarse.
Soplaba el viento. Una rama caída de un árbol golpeó contra la ventana de la cocina. Un frasco de solvente se hizo añicos sobre la cocina. ¡La habitación ardió en un instante!
"¡Fuego!" gritó una voz. Se encendieron las luces de la casa, las bombas de agua de los cielos rasos comenzaron a funcionar. Pero el solvente se extendió sobre el linóleo, lamiendo, devorando, bajo la puerta de la cocina, mientras las voces continuaban gritando al unísono: "¡Fuego, fuego, fuego!"
La casa trataba de salvarse. Las puertas se cerraban herméticamente, pero el calor rompió las ventanas y el viento soplaba y avivaba el fuego.
La casa cedió mientras el fuego, en diez mil millones de chispas furiosas, se trasladaba con llameante facilidad de una habitación a otra y luego subía la escalera. Mientras las ratas de agua se escurrían y chillaban desde las paredes, proyectaban su agua, y corrían a buscar más. Y los rociadores de la pared soltaban sus chorros de lluvia mecánica.
Pero demasiado tarde. En alguna parte, con un suspiro, una bomba se detuvo. La lluvia bienhechora cesó. La reserva de agua que había llenado los baños y había lavado los platos durante muchos días silenciosos se había terminado.
El fuego subía la escalera, creciendo, se alimentaba en los Picasso y los Matisse de las salas del piso alto, como si fueran manjares, quemando los óleos, tostando tiernamente las telas hasta convertirlas en despojos negros.
¡El fuego ya llegaba a las camas, a las ventanas, cambiaba los colores de los cortinados!
Luego, aparecieron los refuerzos.
Desde las puertas-trampa del altillo, los rostros ciegos de los robots miraban con sus bocas abiertas de donde salía una sustancia química verde.
El fuego retrocedió, como habría retrocedido hasta un elefante a la vista de una serpiente muerta. En ese momento había veinte serpientes ondulando por el suelo, matando el fuego con un claro y frío veneno de espuma verde.
Pero el fuego era inteligente. Había lanzado llamas fuera de la casa, que subieron al altillo donde estaban las bombas. ¡Una explosión! El cerebro del altillo que dirigía las bombas quedó destrozado.
El fuego volvió a todos los armarios y las ropas colgadas en ellos.
La casa se estremeció, hasta sus huesos de roble, su esqueleto desnudo se encogía con el calor, sus cables, sus nervios salían a la luz como si un cirujano hubiera abierto la piel para dejar las venas y los capilares rojos temblando en el aire escaldado. "¡Auxilio, auxilio!" "¡Fuego!" "¡Rápido, rápido!"
El calor quebraba los espejos como si fueran el primer hielo delgado del invierno. Y las voces gemían, "fuego, fuego, corran, corran", como una trágica canción infantil.
Y las voces morían mientras los cables saltaban de sus envolturas como castañas calientes. Una, dos, tres, cuatro, cinco voces murieron y ya no se oyó ninguna.
En el cuarto de los niños ardió la jungla. Rugieron los leones azules, saltaron las jirafas púrpuras. Las panteras corrían en círculos, cambiando de color, y diez millones de animales, corriendo frente al fuego, se desvanecieron en un lejano río humeante...
Murieron diez voces más. En el último instante, bajo la avalancha de fuego, se oían otros coros, indiferentes, que anunciaban la hora, tocaban música, cortaban el pasto con una máquina a control remoto, o abrían y cerraban frenéticamente una sombrilla, cerraban y abrían la puerta del frente, sucedían mil cosas, como en una relojería donde cada reloj da locamente la hora antes o después de otro. Era una escena de confusión maníaca, pero sin embargo una unidad; cantos, gritos, los últimos ratones de la limpieza que se abalanzaban valientemente a llevarse las feas cenizas... y una voz, con sublime indiferencia ante la situación, leía poemas en voz alta en el estudio en llamas, hasta que se quemaron todos los rollos de películas, hasta que todos los cables se achicharraron y saltaron los circuitos.
El fuego hizo estallar la casa que se derrumbó de golpe, en medio de las olas de chispas y humo.
En la cocina, un instante antes de la lluvia de fuego y madera, pudo verse al horno preparando el desayuno en escala psicopática, diez docenas de huevos, seis panes convertidos en tostadas, veinte docenas de tajadas de panceta, que, devorados por el fuego, ponían a funcionar nuevamente al horno, que silbaba histéricamente...
La explosión. El altillo que caía sobre la cocina y la sala. La sala sobre el subsuelo, el subsuelo sobre el segundo subsuelo. El freezer, un sillón, rollos de películas, circuitos, camas, todo convertido en esqueletos en un montón de escombros, muy abajo.
Humo y silencio. Gran cantidad de humo.
La débil luz del amanecer apareció por el este. Entre las ruinas, una sola pared quedaba en pie. Dentro de la pared, una última voz decía, una y otra vez, mientras salía el sol, iluminando el humeante montón de escombros:
"Hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es..."
Vendrán las lluvias suaves, Ray Bradbury
El reloj continuó con su tic-tac, repitiendo y repitiendo sus sonidos en el vacío. "Las siete y uno, el desayuno, ¡las siete y uno!"
En la cocina, el horno del desayuno dejó escapar un silbido y arrojó de su cálido interior ocho tostadas perfectamente hechas, ocho huevos perfectamente fritos, dieciséis tajadas de panceta, dos cafés y dos vasos de leche fresca.
"Hoy es 4 de agosto de 2026", dijo una segunda voz desde el cielo raso de la cocina, "en la ciudad de Allendale, California". Repitió la fecha tres veces para que todos la recordaran. "Hoy es el cumpleaños del señor Featherstone. Hoy es el aniversario del casamiento de Tilita. Hay que pagar el seguro, y también las cuentas de agua, gas y electricidad".
En algún lugar dentro de las paredes, los transmisores cambiaban, las cintas de memorias se deslizaban bajo los ojos eléctricos.
"Ocho y uno, tictac, ocho y uno, a la escuela, al trabajo, corran, ¡ocho y uno!" Pero no se oyeron portazos, ni las suaves pisadas de las zapatillas sobre las alfombras. Afuera llovía. La caja meteorológica en la puerta de entrada recitó suavemente: "Lluvia, lluvia, gotas, impermeables para hoy..." Y la lluvia caía sobre la casa vacía, despertando ecos.
Afuera, la puerta del garaje se levantó, sonó un timbre y reveló el auto preparado. Después de una larga espera la puerta volvió a bajar.
A las ocho y treinta los huevos estaban secos y las tostadas duras como una piedra. Una pala de aluminio los llevo a la pileta, donde recibieron un chorro de agua caliente y cayeron en una garganta de metal que los digirió y los llevó hasta el distante mar. Los platos sucios cayeron en la lavadora caliente y salieron perfectamente secos.
"Nueve y quince", cantó el reloj, "hora de limpiar".
De los reductos de la pared salieron diminutos ratones robots. Los pequeños animales de la limpieza, de goma y metal, se escurrieron por las habitaciones. Golpeaban contra los sillones, giraban sobre sus soportes sacudiendo las alfombras, absorbiendo suavemente el polvo oculto. Luego, como misteriosos invasores, volvieron a desaparecer en sus reductos. Sus ojos eléctricos rosados se esfumaron. La casa estaba limpia.
"Las diez". Salió el sol después de la lluvia. La casa estaba sola en una ciudad de escombros y cenizas. Era la única casa que había quedado en pie. Durante la noche, la ciudad en ruinas producía un resplandor radiactivo que se veía desde kilómetros de distancia.
"Las diez y quince". Los rociadores del jardín se convirtieron en fuentes doradas, llenando el aire suave de la mañana de ondas brillantes. El agua golpeaba contra los vidrios de las ventanas, corría por la pared del lado oeste, chamuscado, donde la casa se había quemado en forma pareja y había desaparecido la pintura blanca. Todo el lado occidental de la casa estaba negro, excepto en cinco lugares. Allí la silueta pintada de un hombre cortando el césped. Allá, como en una fotografía, una mujer inclinada, recogiendo flores. Un poco más adelante, sus imágenes quemadas en la madera, en un instante titánico, un niñito con las manos alzadas; un poco más arriba, la imagen de una pelota arrojada, y frente a él una niña, con las manos levantadas como para recibir esa pelota que nunca bajó.
Quedaban las cinco zonas de pintura; el hombre, la mujer, los niños, la pelota. El resto era una delgada capa de carbón.
El suave rociador llenó el jardín de luces que caían.
Hasta ese día, cuánta reserva había guardado la casa. Con cuánto cuidado había preguntado: "¿Quién anda? ¿Contraseña?", y al no recibir respuesta de los zorros solitarios y de los gatos que gemían, había cerrado sus ventanas y bajado las persianas con una preocupación de solterona por la autoprotección, casi lindante con la paranoia mecánica.
La casa se estremecía con cada sonido. Si un gorrión rozaba una ventana, la persiana se levantaba de golpe. ¡El pájaro, sobresaltado, huía! ¡No, ni siquiera un pájaro debía tocar la casa!
La casa era un altar con diez mil asistentes, grandes y pequeños, que reparaban y atendían, en grupos. Pero los dioses se habían marchado, y el ritual de la religión continuaba, sin sentido, inútil.
"Las doce del mediodía".
Un perro aulló, temblando, en el pórtico de entrada.
La puerta del frente reconoció la voz del perro y abrió. El perro, antes enorme y fornido, en ese momento flaco hasta los huesos y cubierto de llagas, entró en la casa y la recorrió, dejando huellas de barro. Detrás de él se escurrían furiosos ratones, enojados por tener que recoger barro, alterados por el inconveniente.
Porque ni un fragmento de hoja seca pasaba bajo la puerta sin que se abrieran de inmediato los paneles de las paredes y los ratones de limpieza, de cobre, saltaran rápidamente para hacer su tarea. El polvo, los pelos, los papeles, eran capturados de inmediato por sus diminutas mandíbulas de acero, y llevados a sus madrigueras. De allí, pasaban por tubos hasta el sótano, donde caían en un incinerador.
El perro subió corriendo la escalera, aullando histéricamente ante cada puerta, comprendiendo por fin, lo mismo que comprendía la casa, que allí sólo había silencio.
Husmeó el aire y arañó la puerta de la cocina. Detrás de la puerta, el horno estaba haciendo panqueques que llenaban la casa de un olor apetitoso mezclado con el aroma de la miel.
El perro echó espuma por la boca, tendido en el suelo, husmeando, con los ojos enrojecidos. Echó a correr locamente en círculos, mordiéndose la cola, lanzado a un frenesí, y cayó muerto. Estuvo una hora en el living.
"Las dos", cantó una voz.
Percibiendo delicadamente la descomposición, los regimientos de ratones salieron silenciosamente, como hojas grises en medio de un viento eléctrico...
"Las dos y quince".
El perro había desaparecido.
En el sótano, el incinerador resplandeció de pronto con un remolino de chispas que saltaron por la chimenea.
"Las dos y treinta y cinco".
De las paredes del patio brotaron mesas de bridge. Cayeron naipes sobre la felpa, en una lluvia de piques, diamantes, tréboles y corazones. Apareció una exposición de Martinis en una mesa de roble, y saladitos. Se oía música.
Pero las mesas estaban en silencio, y nadie tocaba los naipes.
A las cuatro, las mesas se plegaron como grandes mariposas y volvieron a entrar en los paneles de la pared.
"Cuatro y treinta"
Las paredes del cuarto de los niños brillaban.
Aparecían formas de animales: jirafas amarillas, leones azules, antílopes rosados, panteras lilas que daban volteretas en una sustancia de cristal. Las paredes eran de vidrio. Se llenaban de color y fantasía. El rollo oculto de una película giraba silenciosamente, y las paredes cobraban vida. El piso del cuarto parecía una pradera. Sobre ella corrían cucarachas de aluminio y grillos de hierro, y en el aire cálido y tranquilo las mariposas de delicada textura aleteaban entre los fuertes aromas que dejaban los animales... Había un ruido como de una gran colmena amarilla de abejas dentro de un hueco oscuro, el ronroneo perezoso de un león. Y de pronto el ruido de las patas de un okapi y el murmullo de la fresca lluvia en la jungla, y el ruido de pezuñas en el pasto seco del verano. Luego las paredes se disolvían para transformarse en campos de pasto seco, kilómetros y kilómetros bajo un interminable cielo caluroso. Los animales se retiraban a los matorrales y a los pozos de agua.
Era la hora de los niños.
"Las cinco". La bañera se llenó de agua caliente y cristalina.
"Las seis, las siete, las ocho". La vajilla de la cena se colocó en su lugar como por arte de magia, y en el estudio hubo un click. En la mesa de metal frente a la chimenea, donde en ese momento chisporroteaban las llamas, saltó un cigarro, con un centímetro de ceniza gris en la punta, esperando.
"Las nueve". Las camas calentaron sus circuitos ocultos, porque las noches eran frías en esa zona.
"Las nueve y cinco". Habló una voz desde el cielo raso del estudio: "Señora Mc Clellan, ¿qué poema desea esta noche?"
La casa estaba en silencio.
La voz dijo por fin:
"Ya que usted no expresa su preferencia, elegiré un poema al azar". Comenzó a oírse una suave música de fondo. "Sara Teasdale. Según recuerdo, su favorito..."
Vendrán las lluvias suaves y el olor a tierra
Y el leve ruido del vuelo de las golondrinas
El canto nocturno de los sapos en los charcos
La trémula blancura del ciruelo silvestre
Los ruiseñores con sus plumas de fuego
Silbando sus caprichos en la alambrada
Y ninguno sabrá si hay guerra
Ni le importará el final, cuando termine
A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol,
Si desapareciera la humanidad
Ni la primavera, al despertar al alba,
Se enteraría de que ya no estamos.
El fuego ardía en la chimenea de piedra y el cigarro cayó en un montículo de ceniza en el cenicero. Los sillones vacíos se miraban entre las paredes silenciosas, y sonaba la música. A las diez la casa comenzó a apagarse.
Soplaba el viento. Una rama caída de un árbol golpeó contra la ventana de la cocina. Un frasco de solvente se hizo añicos sobre la cocina. ¡La habitación ardió en un instante!
"¡Fuego!" gritó una voz. Se encendieron las luces de la casa, las bombas de agua de los cielos rasos comenzaron a funcionar. Pero el solvente se extendió sobre el linóleo, lamiendo, devorando, bajo la puerta de la cocina, mientras las voces continuaban gritando al unísono: "¡Fuego, fuego, fuego!"
La casa trataba de salvarse. Las puertas se cerraban herméticamente, pero el calor rompió las ventanas y el viento soplaba y avivaba el fuego.
La casa cedió mientras el fuego, en diez mil millones de chispas furiosas, se trasladaba con llameante facilidad de una habitación a otra y luego subía la escalera. Mientras las ratas de agua se escurrían y chillaban desde las paredes, proyectaban su agua, y corrían a buscar más. Y los rociadores de la pared soltaban sus chorros de lluvia mecánica.
Pero demasiado tarde. En alguna parte, con un suspiro, una bomba se detuvo. La lluvia bienhechora cesó. La reserva de agua que había llenado los baños y había lavado los platos durante muchos días silenciosos se había terminado.
El fuego subía la escalera, creciendo, se alimentaba en los Picasso y los Matisse de las salas del piso alto, como si fueran manjares, quemando los óleos, tostando tiernamente las telas hasta convertirlas en despojos negros.
¡El fuego ya llegaba a las camas, a las ventanas, cambiaba los colores de los cortinados!
Luego, aparecieron los refuerzos.
Desde las puertas-trampa del altillo, los rostros ciegos de los robots miraban con sus bocas abiertas de donde salía una sustancia química verde.
El fuego retrocedió, como habría retrocedido hasta un elefante a la vista de una serpiente muerta. En ese momento había veinte serpientes ondulando por el suelo, matando el fuego con un claro y frío veneno de espuma verde.
Pero el fuego era inteligente. Había lanzado llamas fuera de la casa, que subieron al altillo donde estaban las bombas. ¡Una explosión! El cerebro del altillo que dirigía las bombas quedó destrozado.
El fuego volvió a todos los armarios y las ropas colgadas en ellos.
La casa se estremeció, hasta sus huesos de roble, su esqueleto desnudo se encogía con el calor, sus cables, sus nervios salían a la luz como si un cirujano hubiera abierto la piel para dejar las venas y los capilares rojos temblando en el aire escaldado. "¡Auxilio, auxilio!" "¡Fuego!" "¡Rápido, rápido!"
El calor quebraba los espejos como si fueran el primer hielo delgado del invierno. Y las voces gemían, "fuego, fuego, corran, corran", como una trágica canción infantil.
Y las voces morían mientras los cables saltaban de sus envolturas como castañas calientes. Una, dos, tres, cuatro, cinco voces murieron y ya no se oyó ninguna.
En el cuarto de los niños ardió la jungla. Rugieron los leones azules, saltaron las jirafas púrpuras. Las panteras corrían en círculos, cambiando de color, y diez millones de animales, corriendo frente al fuego, se desvanecieron en un lejano río humeante...
Murieron diez voces más. En el último instante, bajo la avalancha de fuego, se oían otros coros, indiferentes, que anunciaban la hora, tocaban música, cortaban el pasto con una máquina a control remoto, o abrían y cerraban frenéticamente una sombrilla, cerraban y abrían la puerta del frente, sucedían mil cosas, como en una relojería donde cada reloj da locamente la hora antes o después de otro. Era una escena de confusión maníaca, pero sin embargo una unidad; cantos, gritos, los últimos ratones de la limpieza que se abalanzaban valientemente a llevarse las feas cenizas... y una voz, con sublime indiferencia ante la situación, leía poemas en voz alta en el estudio en llamas, hasta que se quemaron todos los rollos de películas, hasta que todos los cables se achicharraron y saltaron los circuitos.
El fuego hizo estallar la casa que se derrumbó de golpe, en medio de las olas de chispas y humo.
En la cocina, un instante antes de la lluvia de fuego y madera, pudo verse al horno preparando el desayuno en escala psicopática, diez docenas de huevos, seis panes convertidos en tostadas, veinte docenas de tajadas de panceta, que, devorados por el fuego, ponían a funcionar nuevamente al horno, que silbaba histéricamente...
La explosión. El altillo que caía sobre la cocina y la sala. La sala sobre el subsuelo, el subsuelo sobre el segundo subsuelo. El freezer, un sillón, rollos de películas, circuitos, camas, todo convertido en esqueletos en un montón de escombros, muy abajo.
Humo y silencio. Gran cantidad de humo.
La débil luz del amanecer apareció por el este. Entre las ruinas, una sola pared quedaba en pie. Dentro de la pared, una última voz decía, una y otra vez, mientras salía el sol, iluminando el humeante montón de escombros:
"Hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es..."
Vendrán las lluvias suaves, Ray Bradbury
Cuevas gigantes para albergar a los primeros humanos de Marte
Los investigadores consideran que existen buenas razones para situar bajo tierra el desembarco del hombre en Marte. Además de la mayor facilidad para regular la temperatura, el estar rodeado de roca ayuda a mantener la radiación al nivel mínimo.
Entre las primeras ideas para el proyecto colonizador, se ha señalado el cubrir el cráter al nivel del suelo con una superficie aislante, para posteriormente sellarla y llenar el interior con aire. La presión del aire dentro ayudaría a sostener el techo. Podrían cavarse habitaciones en las paredes del pozo para proporcionar más espacio y mejor protección contra las radiaciones, e incluso hacer uso de los yacimientos minerales.
Pozos de hasta 310 metros
Las fotografías muestran dos pozos de, aproximadamente, 180 metros y 310 metros de diámetro, respectivamente. Las imágenes han sido procesadas para revelar los detalles de la superficie dentro de cada cueva. La más pequeña de las dos fosas contiene rocas y sedimentos en sus paredes y una sedimentación de color brillante en el suelo.
Un estudio cuidadoso de las paredes y el suelo, así como de los terrenos que las rodean, podría ayudar a desentrañar la complicada serie de procesos que deben haber sido responsables de su formación y posterior modificación.
Los investigadores piensan que se trata probablemente de cráteres que se formaron al derrumbarse el techo de una cámara de vacío generada por la lava.
Leer más...
Entre las primeras ideas para el proyecto colonizador, se ha señalado el cubrir el cráter al nivel del suelo con una superficie aislante, para posteriormente sellarla y llenar el interior con aire. La presión del aire dentro ayudaría a sostener el techo. Podrían cavarse habitaciones en las paredes del pozo para proporcionar más espacio y mejor protección contra las radiaciones, e incluso hacer uso de los yacimientos minerales.
Pozos de hasta 310 metros
Las fotografías muestran dos pozos de, aproximadamente, 180 metros y 310 metros de diámetro, respectivamente. Las imágenes han sido procesadas para revelar los detalles de la superficie dentro de cada cueva. La más pequeña de las dos fosas contiene rocas y sedimentos en sus paredes y una sedimentación de color brillante en el suelo.
Un estudio cuidadoso de las paredes y el suelo, así como de los terrenos que las rodean, podría ayudar a desentrañar la complicada serie de procesos que deben haber sido responsables de su formación y posterior modificación.
Los investigadores piensan que se trata probablemente de cráteres que se formaron al derrumbarse el techo de una cámara de vacío generada por la lava.
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Fragmento - PUERTA A LAS ESTRELLAS
La idea me dejó aturdido. Traté de imaginármelo. Una estrella supermasiva gira; la fuerza centrífuga y la gravedad se equilibran mutuamente a duras penas. Al girar pierde energía. Entonces se contrae para compensar esa pérdida y se torna más brillante: es como una húmeda patinadora sobre hielo que apretara los brazos contra el cuerpo, girando cada vez más rápida sobre la punta de su patín, salpicando agua. Cuando ha irradiado suficiente energía, el centro sucumbe bajo su propio peso y se convierte en una estrella de neutrones, habiendo liberado ya sus electrones y sus protones.
―¿Qué tamaño tiene? ―pregunté.
―¿Este? Diez kilómetros de diámetro.
Alguna vez había sido más grande que nuestro sol: ahora estaba comprimida en un fragmento de diez kilómetros.
―¿Qué pasará si tiene éxito? ―preguntó Smith.
El doctor Higgins meditó por un momento, con la mirada perdida en el vacío, mientras estudiaba todas las posibilidades. Asintió vagamente, murmurando: «Sí», y «Ahhh». y «Después.. claro...». Ya ordenados sus pensamientos, nos miró.
―Pueden ustedes elegir. El sol y el pulsar pueden formar una estrella doble: o el sol podría verse acelerado, permitiendo que Marte, la Tierra y algunos otros de los planetas menos importantes fueran hacia la órbita del pulsar, donde serían bombardeados, en un caos electromagnético, con dosis gigantescas de rayos X, protones y cuanto hay entre ambos. También podría ocurrir que el sol y el pulsar entraran en colisión: el sol podría convertirse en una nova, y la masa restante formaría una segunda estrella de neutrones, que perdería aún más energía y se reduciría más y más, hasta tornarse tan pequeña y densa que pasaría el radio Schwartzchild: su gravedad sería así tan inmensa que ni siquiera la luz podría escapar de ella. Entonces se formaría un Agujero Negro. ¡Un Agujero Negro, imagínenlo! Naturalmente, para entonces todos estaríamos muertos. Todo habría desaparecido de los alrededores. ¡A pesar de todo, sería magnífico! ¡Qué acontecimiento! ¡Qué endiablado acontecimiento!
El doctor Higgins me miró radiante, como si acabara de descubrir la luna.
―Si pudiésemos estar allí, Cluggins, y sumergimos en el Agujero Negro, hay quienes piensan que pasaríamos a otro universo. ¿Se lo imagina? ¡Otro universo! ¡Supera a toda imaginación!
―Si los padres de Spieler hubiesen prestado más atención a su hijo... ―suspiró Smith.
―De cualquier modo ―concluyó el doctor Higgins― es muy posible que me equivoque.
Asentí, pero no agregué nuevas suposiciones. ¿Era posible que Spieler hiciera semejante cosa? Gracias a la ayuda que Parry prestara con respecto al reactor, el Gran Portal tenía mucha más potencia que la calculada originariamente por Norton. Pero ¿sería capaz de trasladar la masa de una estrella, aunque ésta sólo midiera diez kilómetros de diámetro?
―¿Y la masa, doctor Higgins? ―pregunté.
―¿Qué pasa con ella?
―Una estrella sumida no es un simple asteroide.
―Cierto. ¿Y bien?
―¿Cuál es la diferencia esencial entre los dos?
―La estrella de neutrones está mucho más comprimida.
―¿Eso es todo? ―pregunté, meneando la cabeza.
―No es mucho. Como dicen por ahí, la materia siempre es materia. Esto no es antimateria, ¿sabe? Tiene que obedecer las leyes, por decirlo así.
―¿Se la puede mover?
―Claro que se la puede mover. Todo se puede mover. No es cuestión de pértigas y puntos de apoyo, pero dada la suficiente energía y el equipo necesario...
El doctor Higgins sacó de su bolsillo una libreta y un lápiz.
―Usted parece saber algo sobre este Portal ―observó.
Asentí.
―Dígame cuál es la máxima energía que emplea el reactor Merryweather y le diré si puede trasladar el pulsar.
―El máximo dije, con voz apagada.
―Sí.
El doctor Higgins aguardaba con el lápiz apoyado sobre el papel. Recordé súbitamente a Hilda, la técnica de cómputos, con la cara de pekinés torcida ante la perspectiva de repasar un programa.
―Yo...
El doctor Higgins levantó la vista, elevando las cejas.
―¿Sí?
Smith me miraba.
―¿Y?
―No lo sé.
―¡Vaya colaboración! ―exclamó Smith, disgustado.
―Si tuviera una computadora ―dije, tembloroso―, y tres o cuatro horas de plazo...
―Nada de eso.
El doctor Higgins cerró la libreta.
―Bueno ―dijo―, eso es todo. Si tienen bastante energía, lo harán. La materia es siempre materia.
PUERTA A LAS ESTRELLAS, Stephen Robinett
―¿Qué tamaño tiene? ―pregunté.
―¿Este? Diez kilómetros de diámetro.
Alguna vez había sido más grande que nuestro sol: ahora estaba comprimida en un fragmento de diez kilómetros.
―¿Qué pasará si tiene éxito? ―preguntó Smith.
El doctor Higgins meditó por un momento, con la mirada perdida en el vacío, mientras estudiaba todas las posibilidades. Asintió vagamente, murmurando: «Sí», y «Ahhh». y «Después.. claro...». Ya ordenados sus pensamientos, nos miró.
―Pueden ustedes elegir. El sol y el pulsar pueden formar una estrella doble: o el sol podría verse acelerado, permitiendo que Marte, la Tierra y algunos otros de los planetas menos importantes fueran hacia la órbita del pulsar, donde serían bombardeados, en un caos electromagnético, con dosis gigantescas de rayos X, protones y cuanto hay entre ambos. También podría ocurrir que el sol y el pulsar entraran en colisión: el sol podría convertirse en una nova, y la masa restante formaría una segunda estrella de neutrones, que perdería aún más energía y se reduciría más y más, hasta tornarse tan pequeña y densa que pasaría el radio Schwartzchild: su gravedad sería así tan inmensa que ni siquiera la luz podría escapar de ella. Entonces se formaría un Agujero Negro. ¡Un Agujero Negro, imagínenlo! Naturalmente, para entonces todos estaríamos muertos. Todo habría desaparecido de los alrededores. ¡A pesar de todo, sería magnífico! ¡Qué acontecimiento! ¡Qué endiablado acontecimiento!
El doctor Higgins me miró radiante, como si acabara de descubrir la luna.
―Si pudiésemos estar allí, Cluggins, y sumergimos en el Agujero Negro, hay quienes piensan que pasaríamos a otro universo. ¿Se lo imagina? ¡Otro universo! ¡Supera a toda imaginación!
―Si los padres de Spieler hubiesen prestado más atención a su hijo... ―suspiró Smith.
―De cualquier modo ―concluyó el doctor Higgins― es muy posible que me equivoque.
Asentí, pero no agregué nuevas suposiciones. ¿Era posible que Spieler hiciera semejante cosa? Gracias a la ayuda que Parry prestara con respecto al reactor, el Gran Portal tenía mucha más potencia que la calculada originariamente por Norton. Pero ¿sería capaz de trasladar la masa de una estrella, aunque ésta sólo midiera diez kilómetros de diámetro?
―¿Y la masa, doctor Higgins? ―pregunté.
―¿Qué pasa con ella?
―Una estrella sumida no es un simple asteroide.
―Cierto. ¿Y bien?
―¿Cuál es la diferencia esencial entre los dos?
―La estrella de neutrones está mucho más comprimida.
―¿Eso es todo? ―pregunté, meneando la cabeza.
―No es mucho. Como dicen por ahí, la materia siempre es materia. Esto no es antimateria, ¿sabe? Tiene que obedecer las leyes, por decirlo así.
―¿Se la puede mover?
―Claro que se la puede mover. Todo se puede mover. No es cuestión de pértigas y puntos de apoyo, pero dada la suficiente energía y el equipo necesario...
El doctor Higgins sacó de su bolsillo una libreta y un lápiz.
―Usted parece saber algo sobre este Portal ―observó.
Asentí.
―Dígame cuál es la máxima energía que emplea el reactor Merryweather y le diré si puede trasladar el pulsar.
―El máximo dije, con voz apagada.
―Sí.
El doctor Higgins aguardaba con el lápiz apoyado sobre el papel. Recordé súbitamente a Hilda, la técnica de cómputos, con la cara de pekinés torcida ante la perspectiva de repasar un programa.
―Yo...
El doctor Higgins levantó la vista, elevando las cejas.
―¿Sí?
Smith me miraba.
―¿Y?
―No lo sé.
―¡Vaya colaboración! ―exclamó Smith, disgustado.
―Si tuviera una computadora ―dije, tembloroso―, y tres o cuatro horas de plazo...
―Nada de eso.
El doctor Higgins cerró la libreta.
―Bueno ―dijo―, eso es todo. Si tienen bastante energía, lo harán. La materia es siempre materia.
PUERTA A LAS ESTRELLAS, Stephen Robinett
En la nube del Oort
No se trata de ningún planeta enano como Plutón, no. El Sistema Solar tendría un nuevo invitado: un gigantesco planeta con cuatro veces la masa del gigantón Júpiter, si se confirman nuevos cálculos de John Matese y Daniel Whitmire, físicos de la Universidad de Louisiana.
Su sitio de residencia, obvio, no es el Sistema Solar que más conocemos, sino la Nube de Oort, una región del espacio ubicada a un año luz de nosotros, ubicada aún más al exterior del cinturón de Kuiper, donde ya se han encontrado algunos cuerpos planetarios, como Eris, Makemake y Sedna.
Estos físicos de la Universidad de Louisiana detectaron anomalías en la distribución de cometas que sugieren que al menos un 20 por ciento de ellos sufren el tirón gravitatorio de un enorme cuerpo, al que denominaron Tycho.
La Nube de Oort se encuentra en los límites del Sistema Solar. Es una extensa región casi esférica de la cual procede la mayoría de los cometas conocidos: albergaría entre 1.000 millones y 100.000 millones de estos llamativos viajeros celestiales. Muchos de esos cometas son enviados al Sistema Solar interior por diversas fuerzas.
Nota completa
Su sitio de residencia, obvio, no es el Sistema Solar que más conocemos, sino la Nube de Oort, una región del espacio ubicada a un año luz de nosotros, ubicada aún más al exterior del cinturón de Kuiper, donde ya se han encontrado algunos cuerpos planetarios, como Eris, Makemake y Sedna.
Estos físicos de la Universidad de Louisiana detectaron anomalías en la distribución de cometas que sugieren que al menos un 20 por ciento de ellos sufren el tirón gravitatorio de un enorme cuerpo, al que denominaron Tycho.
La Nube de Oort se encuentra en los límites del Sistema Solar. Es una extensa región casi esférica de la cual procede la mayoría de los cometas conocidos: albergaría entre 1.000 millones y 100.000 millones de estos llamativos viajeros celestiales. Muchos de esos cometas son enviados al Sistema Solar interior por diversas fuerzas.
Nota completa
Se encontró oxígeno en la atmósfera de Rea
Los resultados, publicados en Science, muestran que Rea, la segunda luna más grande de Saturno, tiene una atmósfera compuesta por un 70% de oxígeno y un 30% de dióxido de carbono. Esto se suma a la imagen de los cráteres de Rea que Cassini ya había proporcionado y al descubrimiento de sus anillos.
“Esta es la primera vez que vemos el oxígeno directamente en la atmósfera de otro mundo”, dijo al diario The Guardian Andrew Coates, del Laboratorio de Ciencia Espacial Mullard del Colegio Universitario de Londres. Ya se habían detectado capas que contienen oxígeno en las lunas jovianas Europa y Ganímedes, en la década de 1990, pero sólo a la distancia utilizando el Telescopio Espacial Hubble de la NASA.
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“Esta es la primera vez que vemos el oxígeno directamente en la atmósfera de otro mundo”, dijo al diario The Guardian Andrew Coates, del Laboratorio de Ciencia Espacial Mullard del Colegio Universitario de Londres. Ya se habían detectado capas que contienen oxígeno en las lunas jovianas Europa y Ganímedes, en la década de 1990, pero sólo a la distancia utilizando el Telescopio Espacial Hubble de la NASA.
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China planea pisar por primera vez la Luna en 2025
China espera pisar por primera vez la Luna en 2025, así como enviar sondas de exploración a Marte en 2013 y a Venus en 2015 y fletar su primer módulo espacial sin tripulación, el "Tiangong-1", el próximo año, informó hoy el diario "Global Times".
Además, el satélite de exploración lunar chino, el "Chang'e-2", será lanzado antes de fin de año, anunció Wu Weiren, el ingeniero jefe del Programa Chino de Exploración Lunar.
Se trata de un proyecto de exploración robótica y misiones tripuladas a la luna dirigido por la Administración Espacial Nacional China.
Fuentes oficiales del programa afirmaron con anterioridad que el "Chang'e-2" será lanzado en octubre, alrededor del Festival chino de Medio Otoño, que se celebra el 22 de septiembre, según el diario.
Además, este satélite llevará a cabo una prueba de aterrizaje en vistas de la preparación del lanzamiento del "Chang'e-3", previsto para el 2013.
"Chang E", el nombre con el que son bautizados los satélites artificiales, alude a una tradición china según la cual una diosa con ese nombre habita en la Luna desde tiempos inmemoriales.
El científico Ouyang Ziyuan, miembro de este proyecto de satélites lunares, dijo al "Global Times" que se está planeando establecer una estación espacial de satélites para el 2020, basada en la tecnología aeroespacial y el éxito de las futuras misiones tripuladas.
El primer módulo espacial sin tripulación, el "Tiangong-1" (que en mandarín significa "Palacio Celestial"), se lanzará el próximo año y en él se acoplarán otros lanzamientos previstos en el futuro, dentro del exitoso programa "Shenzhou", que en 2008 logró realizar el primer paseo espacial con un astronauta chino.
El "Tiangong-1" se convertirá en un laboratorio y muelle de aterrizaje para tres futuras expediciones espaciales chinas, la Shenzhou-8, en 2011, y la Shenzhou-9 y la no tripulada Shenzhou-10 en 2012.
El gigante asiático lanzó su primer astronauta al espacio en 2003, honor que recayó en Yang Liwei, a bordo del "Shenzhou V".
En septiembre de 2008 uno de los tres cosmonautas que viajaron en el "Shenzhou VII", Zhai Zhigang, fue el primero que llevó a cabo un paseo espacial, convirtiendo a China en el tercer país del mundo que logró tal hazaña.
Además, el satélite de exploración lunar chino, el "Chang'e-2", será lanzado antes de fin de año, anunció Wu Weiren, el ingeniero jefe del Programa Chino de Exploración Lunar.
Se trata de un proyecto de exploración robótica y misiones tripuladas a la luna dirigido por la Administración Espacial Nacional China.
Fuentes oficiales del programa afirmaron con anterioridad que el "Chang'e-2" será lanzado en octubre, alrededor del Festival chino de Medio Otoño, que se celebra el 22 de septiembre, según el diario.
Además, este satélite llevará a cabo una prueba de aterrizaje en vistas de la preparación del lanzamiento del "Chang'e-3", previsto para el 2013.
"Chang E", el nombre con el que son bautizados los satélites artificiales, alude a una tradición china según la cual una diosa con ese nombre habita en la Luna desde tiempos inmemoriales.
El científico Ouyang Ziyuan, miembro de este proyecto de satélites lunares, dijo al "Global Times" que se está planeando establecer una estación espacial de satélites para el 2020, basada en la tecnología aeroespacial y el éxito de las futuras misiones tripuladas.
El primer módulo espacial sin tripulación, el "Tiangong-1" (que en mandarín significa "Palacio Celestial"), se lanzará el próximo año y en él se acoplarán otros lanzamientos previstos en el futuro, dentro del exitoso programa "Shenzhou", que en 2008 logró realizar el primer paseo espacial con un astronauta chino.
El "Tiangong-1" se convertirá en un laboratorio y muelle de aterrizaje para tres futuras expediciones espaciales chinas, la Shenzhou-8, en 2011, y la Shenzhou-9 y la no tripulada Shenzhou-10 en 2012.
El gigante asiático lanzó su primer astronauta al espacio en 2003, honor que recayó en Yang Liwei, a bordo del "Shenzhou V".
En septiembre de 2008 uno de los tres cosmonautas que viajaron en el "Shenzhou VII", Zhai Zhigang, fue el primero que llevó a cabo un paseo espacial, convirtiendo a China en el tercer país del mundo que logró tal hazaña.
Fragmento - Los cuatro jinetes del Apocalipsis

—Es la guerra —dijo con entusiasmo—, la guerra que llega...¡Ya era hora!
Desnoyers hizo un gesto de asombro. ¡La guerra!... ¿Qué guerra es esa?... Había leído, como todos, en la tablilla de anuncios del antecomedor un radiograma dando cuenta de que el gobierno austriaco acababa de enviar un ultimátum a Serbia, sin que esto le produjese la menor emoción. Menospreciaba las cuestiones de los Balkanes. Eran querellas de pueblos piojosos, que acaparaban la atención del mundo, distrayéndolo de empresas más serias. ¿Cómo podía interesar este suceso al belicoso consejero? Las dos naciones acabarían por entenderse. La diplomacia sirve algunas veces para algo.
—No —insistió ferozmente el alemán—; es la guerra, la bendita guerra. Rusia sostendrá a Serbia, y nosotros apoyaremos a nuestra aliada... ¿Qué hará Francia? ¿Usted sabe lo que hará Francia?...
Julio levantó los hombros con mal humor, como pidiendo que le dejase en paz.
—Es la guerra —continuó el consejero—, la guerra preventiva que necesitamos. Rusia crece demasiado aprisa y se prepara contra nosotros. Cuatro años más de paz, y habrá terminado sus ferrocarriles estratégicos y su fuerza militar, unida a la de sus aliados, valdrá tanto como la nuestra. Mejor es darle ahora un buen golpe. Hay que aprovechar la ocasión... ¡La guerra! ¡La guerra preventiva!
...
—¿No serán los otros pueblos —preguntó— los que se ven obligados a defenderse, y ustedes los que representan un peligro para el mundo?...
—Tuve el honor de manifestarle, joven —dijo, imitando la cortante frialdad de los diplomáticos—, que usted no es más que un sudamericano, e ignora las cosas de Europa.
No le llamó «indio», pero Julio oyó interiormente la palabra lo mismo que si el alemán la hubiese proferido.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis, VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
Churchill ocultó el avistamiento de ovnis para evitar un "pánico masivo"
Londres, década de los años 50. Los más altos jefes de la inteligencia británica se reúnen en secreto no para discutir asuntos de seguridad nacional, sino el presunto avistamiento de Objetos Voladores No Identificados (ovnis).
No es un capítulo de La guerra de los mundos de H. G. Wells, donde la Tierra es invadida por extraterrestres. De hecho, el gobierno del Reino Unido se tomó tan en serio la posible amenaza de ovnis que ordenó a un comité de expertos en inteligencia redactar un informe semanal sobre la supuesta presencia de platillos voladores.
Los archivos se mantuvieron clasificados por 50 años. Así lo exigió el primer ministro británico Winston Churchil para prevenir "el pánico masivo". Sin embargo, el ministerio de Defensa del Reino Unido publicó hoy los documentos reveladores en la página de internet del Archivo Nacional.
Las evidencias dan cuenta de que durante 1957 el comité conjunto de inteligencia recibió, como promedio, un reporte semanal sobre algún avistamiento de ovnis. Algunos aún hoy no tienen explicación.
Los informes desclasificados muestran también que durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill presidió varias reuniones para debatir el tema. Le preocupaban posibles encuentros entre aviones bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica y ovnis.
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y acá
No es un capítulo de La guerra de los mundos de H. G. Wells, donde la Tierra es invadida por extraterrestres. De hecho, el gobierno del Reino Unido se tomó tan en serio la posible amenaza de ovnis que ordenó a un comité de expertos en inteligencia redactar un informe semanal sobre la supuesta presencia de platillos voladores.
Los archivos se mantuvieron clasificados por 50 años. Así lo exigió el primer ministro británico Winston Churchil para prevenir "el pánico masivo". Sin embargo, el ministerio de Defensa del Reino Unido publicó hoy los documentos reveladores en la página de internet del Archivo Nacional.
Las evidencias dan cuenta de que durante 1957 el comité conjunto de inteligencia recibió, como promedio, un reporte semanal sobre algún avistamiento de ovnis. Algunos aún hoy no tienen explicación.
Los informes desclasificados muestran también que durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill presidió varias reuniones para debatir el tema. Le preocupaban posibles encuentros entre aviones bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica y ovnis.
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Por fin, toda la verdad sobre la guerra contra los muertos vivientes
Aprovechando mi convalescencia gripal, leí "Guerra Mundial Z", una novela de ciencia-ficción escrita por Max Brooks que relata la guerra mundial contra los zombis. Continúa la temática de la primera novela del autor "Zombi - Guía de superviviencia". No obstante, mientras que el planteamiento de la Guía es imitar los manuales de supervivencia para situaciones peligrosas, “World War Z” se presenta como un conjunto de entrevistas a los supervivientes, agrupadas en capítulos presentados cronológicamente, cada uno relativo a una gran época del conflicto, desde la aparición del llamado “paciente cero” hasta el fin de la guerra, una década después.
Pronto, la película.
Pronto, la película.
Cine de Terror. Cosa Mostra presenta: “Se nos cae la Bava”
Miércoles 21 a las 19.30 Hipólito Yrigoyen 1440, Capital
Homenaje al maestro Mario Bava, director italiano. Proyectaremos “Un hacha para la luna de miel” (1969) Un modista de novias, perturbado por el asesinato de su madre cuando era niño, seduce mujeres y las mata para recordar la escena y llegar a la verdad que lo obsesiona.
Homenaje al maestro Mario Bava, director italiano. Proyectaremos “Un hacha para la luna de miel” (1969) Un modista de novias, perturbado por el asesinato de su madre cuando era niño, seduce mujeres y las mata para recordar la escena y llegar a la verdad que lo obsesiona.
Un lago de metano, etano y propano
El lago Ontario ubicado en el hemisferio sur de Titán -una de las lunas de Saturno- es lo que podemos apreciar gracias a las imágenes obtenidas por la sonda Cassini de la NASA.
El lago posee una superficie de unos 15.000 kilómetros cuadrados y esta compuesto por metano, etano y propano.
La primera vez que Cassini obtuvo una imagen del lago fue en el año 2004. A partir de esa fecha se han realizado diversas investigaciones, algunas de ellas han concluido que la costa del lago ha retrocedido unos 10 kilómetros. La explicación de este retroceso estaría dada por la evaporación del metano líquido, junto con la filtración de los líquidos a través del material poroso que compone el suelo de Titán (aunque los investigadores se muestran confiados de que esto se revertirá durante el invierno austral).
Gracias a los sobrevuelos realizados por la sonda Cassini el 22 de junio de 2009, el 8 de julio de 2009 y el 12 de enero de 2010; los científicos han logrado crear un video en donde nos explican en detalle las características del lago junto con el medio ambiente que lo rodea.
El lago posee una superficie de unos 15.000 kilómetros cuadrados y esta compuesto por metano, etano y propano.
La primera vez que Cassini obtuvo una imagen del lago fue en el año 2004. A partir de esa fecha se han realizado diversas investigaciones, algunas de ellas han concluido que la costa del lago ha retrocedido unos 10 kilómetros. La explicación de este retroceso estaría dada por la evaporación del metano líquido, junto con la filtración de los líquidos a través del material poroso que compone el suelo de Titán (aunque los investigadores se muestran confiados de que esto se revertirá durante el invierno austral).
Gracias a los sobrevuelos realizados por la sonda Cassini el 22 de junio de 2009, el 8 de julio de 2009 y el 12 de enero de 2010; los científicos han logrado crear un video en donde nos explican en detalle las características del lago junto con el medio ambiente que lo rodea.
Fragmento - LAS SIRENAS DE TITÁN
Había una multitud.
La multitud se había reunido porque iba a producirse una materialización. Un hombre y un perro se materializarían, saldrían del aire sutil, vapores al principio, tan sustanciales al final como cualquier hombre y perro vivientes.
La multitud no conseguiría ver la materialización. La materialización era estrictamente asunto privado, en propiedad privada, y la multitud no estaba, decididamente, invitada a recrearse los ojos.
La materialización, como una ejecución moderna, civilizada, iba a producirse entre paredes altas, desnudas, custodiadas. Y del otro lado de las paredes la multitud era como la multitud que está del otro lado de las paredes en una ejecución.
La multitud sabía que no iba a ver nada, pero sus integrantes se complacían en estar cerca, en contemplar las desnudas paredes e imaginar lo que estaba sucediendo adentro. Los misterios de la materialización, como los misterios de una ejecución, eran encarecidos por la pared; diapositivas de la linterna mágica de una imaginación enfermiza, diapositivas proyectadas por la multitud en las desnudas paredes de piedra, los volvían pornográficos.
La ciudad era Newport, Rhode Island, U.S.A., la Tierra, Sistema Solar, Vía Láctea. Las paredes eran las de la propiedad de Rumfoord.
Diez minutos antes de que la materialización hubiera de producirse, unos agentes de policía difundieron el rumor de que la materialización había ocurrido prematuramente, fuera de las paredes, y que el hombre y su perro podían verse tan claros como el día a dos cuadras de distancia. La multitud se precipitó para ver el milagro en el cruce.
La multitud se volvía loca por los milagros. En el extremo más alejado de la multitud había una mujer que pesaba ciento cincuenta kilos. Tenía bocio, una manzana acaramelada y una niña gris de seis años. Llevaba a la niña de la mano y se abría paso a empujones, como una pelota en la punta de un elástico.
—Wanda June —dijo—, si no empiezas a portarte bien, no te traeré nunca más a una materialización.
Infundibula crono-sinclásticos. Imagina que tu papá es el hombre más inteligente de la tierra, y que conoce todo lo que existe, tiene razón en todo y puede probarlo. Imagina ahora a otro chico en otro lindo mundo, a millones de años luz de distancia, y que el papá de ese chico es el hombre más inteligente de ese lindo mundo tan alejado. Y que es tan inteligente y tiene tanta razón como tu papá. Los dos papas son inteligentes, los dos papas tienen razón.
Sólo que si llegaran a encontrarse, se pelearían muchísimo, porque no estarían de acuerdo en nada. Tú puedes decir que tu papá tiene razón y que el papá del otro chico está equivocado, pero el Universo es un lugar enormemente grande. Hay espacio bastante para una inmensa cantidad de gente que tiene razón y sin embargo no se pone de acuerdo.
La razón de que los dos papas tengan razón y sin embargo se peleen tanto es la de que hay muchísimas maneras de tener razón. Pero hay lugares en el Universo donde cada papá puede al fin pescar lo que el otro papá está diciendo. En esos lugares todas las clases diferentes de verdades se ajustan tan bien como las piezas del reloj solar de tu papá. A esos lugares se les llama infundibula crono-sinclásticos.
Según parece, el Sistema Solar está lleno de infundibula crono-sinclásticos. Estamos seguros de que hay uno enorme situado entre la Tierra y Marte. Lo sabemos porque allí estuvieron un hombre terrestre y su perro terrestre.
Quizá pienses que seria lindo ir a un infundibulum crono-sinclástico para ver las maneras diferentes que hay de tener toda la razón, pero es algo muy peligroso. El pobre hombre y su no menos pobre perro se desperdigaron en todas direcciones, no sólo del espacio, sino también del tiempo.
Crono significa tiempo. Sinclástico significa curvado hacia el mismo lado en todas direcciones, como la cascara de una naranja. Infundibulum es lo que los antiguos romanos como Julio César y Nerón llamaban un embudo. Si no sabes lo que es un embudo, pídele a tu mamá que te muestre uno.
LAS SIRENAS DE TITÁN, Kurt Vonnegut
La multitud se había reunido porque iba a producirse una materialización. Un hombre y un perro se materializarían, saldrían del aire sutil, vapores al principio, tan sustanciales al final como cualquier hombre y perro vivientes.
La multitud no conseguiría ver la materialización. La materialización era estrictamente asunto privado, en propiedad privada, y la multitud no estaba, decididamente, invitada a recrearse los ojos.
La materialización, como una ejecución moderna, civilizada, iba a producirse entre paredes altas, desnudas, custodiadas. Y del otro lado de las paredes la multitud era como la multitud que está del otro lado de las paredes en una ejecución.
La multitud sabía que no iba a ver nada, pero sus integrantes se complacían en estar cerca, en contemplar las desnudas paredes e imaginar lo que estaba sucediendo adentro. Los misterios de la materialización, como los misterios de una ejecución, eran encarecidos por la pared; diapositivas de la linterna mágica de una imaginación enfermiza, diapositivas proyectadas por la multitud en las desnudas paredes de piedra, los volvían pornográficos.
La ciudad era Newport, Rhode Island, U.S.A., la Tierra, Sistema Solar, Vía Láctea. Las paredes eran las de la propiedad de Rumfoord.
Diez minutos antes de que la materialización hubiera de producirse, unos agentes de policía difundieron el rumor de que la materialización había ocurrido prematuramente, fuera de las paredes, y que el hombre y su perro podían verse tan claros como el día a dos cuadras de distancia. La multitud se precipitó para ver el milagro en el cruce.
La multitud se volvía loca por los milagros. En el extremo más alejado de la multitud había una mujer que pesaba ciento cincuenta kilos. Tenía bocio, una manzana acaramelada y una niña gris de seis años. Llevaba a la niña de la mano y se abría paso a empujones, como una pelota en la punta de un elástico.
—Wanda June —dijo—, si no empiezas a portarte bien, no te traeré nunca más a una materialización.

Sólo que si llegaran a encontrarse, se pelearían muchísimo, porque no estarían de acuerdo en nada. Tú puedes decir que tu papá tiene razón y que el papá del otro chico está equivocado, pero el Universo es un lugar enormemente grande. Hay espacio bastante para una inmensa cantidad de gente que tiene razón y sin embargo no se pone de acuerdo.
La razón de que los dos papas tengan razón y sin embargo se peleen tanto es la de que hay muchísimas maneras de tener razón. Pero hay lugares en el Universo donde cada papá puede al fin pescar lo que el otro papá está diciendo. En esos lugares todas las clases diferentes de verdades se ajustan tan bien como las piezas del reloj solar de tu papá. A esos lugares se les llama infundibula crono-sinclásticos.
Según parece, el Sistema Solar está lleno de infundibula crono-sinclásticos. Estamos seguros de que hay uno enorme situado entre la Tierra y Marte. Lo sabemos porque allí estuvieron un hombre terrestre y su perro terrestre.
Quizá pienses que seria lindo ir a un infundibulum crono-sinclástico para ver las maneras diferentes que hay de tener toda la razón, pero es algo muy peligroso. El pobre hombre y su no menos pobre perro se desperdigaron en todas direcciones, no sólo del espacio, sino también del tiempo.
Crono significa tiempo. Sinclástico significa curvado hacia el mismo lado en todas direcciones, como la cascara de una naranja. Infundibulum es lo que los antiguos romanos como Julio César y Nerón llamaban un embudo. Si no sabes lo que es un embudo, pídele a tu mamá que te muestre uno.
LAS SIRENAS DE TITÁN, Kurt Vonnegut
Sonda Hayabusa regresa del asteroide Itokawa
Una cápsula que podría contener las primeras muestras provenientes de la superficie de un asteroide regresó este domingo a la Tierra.
Fue lanzada por la sonda Hayabusa, al ingresar en la capa exterior de la atmósfera a las 1530GMT.Los científicos de la agencia espacial japonesa (JAXA) buscan ahora la localización exacta de la cápsula, que cayó en un área utilizada para la prueba de misiles y cohetes en Woomera, Australia.
Es posible que pasen varias horas hasta que la encuentren y puedan verificar si sufrió o no algún daño al ingresar a la Tierra.
La misión Hayabusa comenzó en 2003, cuando la sonda fue lanzada hacia el asteroide Itokawa.
Llegó a la roca de 500 metros de longitud en 2005 y pasó allí 3 meses.
Hayabusa debería haber vuelto a la Tierra en 2007, pero una sucesión de problemas técnicos demoró el retorno.
Inclusive es incierto si efectivamente consiguió tomar muestras del asteroide, porque el mecanismo diseñado para tal fin no funcionó como se esperaba.
¿Qué está consumiendo hidrógeno y acetileno en Titán?

Una clave procede de un artículo on-line en la revista Icarus que demuestra que las molécula de hidrógeno caen desde la atmósfera de Titán y desaparecen en la superficie. Otro artículo on-line en la revista Journal of Geophysical Research cartografía los hidrocarburos en la superficie de Titán y encuentra que hay una carencia de acetileno.
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Bolas brillantes
Millares de bolas de hielo de apariencia luminosa han sido descubiertas por la sonda de la NASA Cassini-Huygens sobre la superficie de Titán, una de las lunas de Saturno. Las esferas pavimentan la zona de Xabadu, surcada por numerosos canales. Pulidas por las tormentas, su tamaño varía desde varios centímetros hasta los dos metros de diámetro, según la agencia estadounidense.
Estas esferas proceden probablemente de un lecho de rocas ubicadas en el terreno más alto de Xanadu. En principio, las esferas están formadas, entre otros elementos, por amoníaco, capaz de reflejar la luz exterior. En cuanto a su formación, los expertos creen que son el resultado del choque de la arena contra las rocas de metano. Además, las bajas temperaturas que se registran en Titán contribuyen a la deformación y fractura de las mismas.
En palabras de una de los expertos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL, por sus siglas en inglés) en California, Alice Le Gall, "las esferas tienen la apariencia de las rocas pulidas que se encuentran en los ríos de la Tierra, donde el agua allana sus bordes". Los científicos creen que, al igual que en la Tierra se producen lluvias torrenciales que hay en la Tierra, en Titán se registraron precipitaciones de metano líquido y etanol que erosionaron la superficie del satélite provocando una serie de canales 'brillantes' en el sur de Xanadu. Asimismo, equiparan algunos de los sucesos atmosféricos que se producen en Titán con los de la Tierra ya que han sido capaces de registrar diferentes estaciones.
Fragmento - PESADILLA EN BLANCO
Se despertó de pronto, preguntándose por qué dormía si no quería hacerlo. Echó una rápida ojeada a la esfera luminosa de su reloj de pulsera. Los números, que brillaban en una oscuridad casi absoluta, le indicaron que pasaban unos minutos de las once. Había descansado; fue suficiente una breve cabezada. Se había quedado dormido en el sofá, menos de media hora antes. Si su esposa realmente quería estar con él, habría de ser más tarde. Tendría que esperar hasta estar segura de que la condenada hermana de él estuviera dormida, profundamente dormida.
Resultaba una situación ridícula. Sólo llevaban casados tres semanas, volvían de la luna de miel, y era la primera vez que dormía solo durante ese tiempo. Y todo porque su hermana Débora había insistido absurdamente en que pasaran la noche en su apartamento. Cuatro horas más de viaje y hubieran llegado a casa, pero insistió tanto Débora que tuvieron que aceptar. Después de todo, se confesó, una noche de abstinencia no le vendría mal; de hecho, estaba fatigado y sería mucho mejor aprovechar esta oportunidad para conducir descansado y fresco a la mañana siguiente.
Por supuesto, el apartamento de Debie sólo tenía un dormitorio y él sabía de antemano, antes de aceptar su invitación, que no podría acceder a su ofrecimiento de dormir fuera y dejarles a él y a Betty en la habitación. Hay formas de hospitalidad que uno no puede aceptar, ni siquiera de nuestra dulce y cariñosa hermana soltera. Pero estaba seguro, o casi seguro, que Betty esperaría a que Débora se durmiera para ir a reunirse con él, aunque fuera breve el momento de intimidad, ya que se sentiría cohibida pensando que algún ruido podía despertar a su cuñada.
Seguramente vendría, por lo menos para darle un beso de buenas noches, y quizá se arriesgara a ir un poco más lejos, como él estaba decidido a hacer. Por esa razón la esperaba en silencio.
Claro que ella vendría, sí... la puerta se abrió despacio en la oscuridad y se cerró de nuevo silenciosamente, oyéndose únicamente el chasquido de la cerradura y el suave roce de la negligeé o camisón, o lo que fuera, al caer al suelo. Un momento más tarde, el cuerpo desnudo se estrechaba contra el suyo y la única conversación fue un murmullo.
- Querido... - y después no fueron necesarias más palabras.
Ninguna palabra durante los interminables minutos que pasaron hasta que la puerta se abrió nuevamente, esta vez dejando pasar una luz blanca y delineando, con blanco horror, la silueta de su esposa de pie en el marco de la puerta comenzando a gritar.PESADILLA EN BLANCO, Fredric Brown
Fragmento - El Señor de la Luz
Pese a haber caído en desgracia, Yama seguía siendo considerado como el más poderoso de los artificieros, aunque no se dudaba que los Dioses de la Ciudad le harían morir de muerte real si sabían lo de la máquina de oraciones. Y se suponía igualmente que de todos modos le harían morir la muerte real sin la excusa de la máquina de oraciones si alguna vez llegaban a echarle la mano encima.
Bien, la forma en que arreglara este asunto con los Señores del Karma era cosa suya, pero nadie dudaba que cuando llegara el momento encontraría una forma de salirse. Tenía la mitad de la edad de la propia Ciudad Celestial y apenas diez de los dioses recordaban la fundación de esa residencia. Era considerado más sabio incluso que el Señor Kubera en los asuntos del Fuego Universal. Pero ésos eran sólo sus atributos menores. Era mas conocido por otra cosa, aunque pocos hombres hablaban de ella. Era alto, aunque no demasiado, robusto, pero no pesado, sus movimientos eran lentos y fluidos. Vestía de rojo y hablaba poco.
Cuidaba de la maquina de oraciones y el gigantesco loto de metal que había instalado en la parte más alta del techo del monasterio giraba y giraba sobre su alvéolo.
Caía una ligera lluvia sobre el edificio, el loto, y la jungla a los pies de las montañas. Durante seis días había ofrecido muchos kilovatios de plegarias pero la estática impedía que le oyeran en Las Alturas. Casi sin aliento apelo a las más notables deidades de la fertilidad de la corriente invocándolas por sus más prominentes Atributos.
El retumbar del trueno respondió a su petición y el pequeño mono que le ayudaba lanzo una risita.
Dio unos pequeños saltos a su alrededor.
—Tus plegarias y tus maldiciones dan el mismo resultado Señor Yama —comento el mono— Es decir, nada.
—¿Has necesitado diecisiete encamaciones para llegar a esta verdad? —dijo Yama— Entonces puedo ver por qué sigues siendo un mono.
—No es así —dijo el mono, cuyo nombre era Tak— Mi caída, aunque menos espectacular que la tuya, implicó de todos modos elementos de malicia personal por parte de...
—¡Ya basta! —exclamó Yama, volviéndose bruscamente de espaldas a él.
Tak se dio cuenta de que debía haber tocado un punto sensible. En un intento por encontrar otro tema de conversación, se dirigió a la ventana, saltó á su amplio alféizar y miró hacia arriba.
—Hay una brecha en la capa de nubes, hacia el oeste —dijo.
Yama se acercó, siguió la dirección de su mirada, frunció el ceño y asintió.
—Sí —dijo— Quédate donde estás y avísame.
Se dirigió a un panel de controles.
El loto dejó de girar sobre sus cabezas, se enfocó hacia el trozo de cielo libre.
—Muy bien —dijo— Estamos consiguiendo algo.
Su mano se agitó sobre un panel de control separado del resto de la maquinara, accionando una serie de interruptores y ajustando dos diales.
Debajo de ellos, en los cavernosos subterráneos del monasterio, fue recibida la señal y se iniciaron otros preparativos: fue avisada la anfitriona.
—¡Las nubes se están cerrando de nuevo! —exclamó Tak
—No importa ahora —dijo el otro— Hemos pescado a nuestro pez. Ahí viene, fuera del Nirvana y hacia el loto.
Hubo otro trueno, y la lluvia empezó a caer con un sonido como de granizo contra el loto. Las azules serpientes de los relámpagos zebraron las cimas de las montañas, silbando.
Yama cerró un último circuito.
El Señor de la Luz, Roger Zelazny
Bien, la forma en que arreglara este asunto con los Señores del Karma era cosa suya, pero nadie dudaba que cuando llegara el momento encontraría una forma de salirse. Tenía la mitad de la edad de la propia Ciudad Celestial y apenas diez de los dioses recordaban la fundación de esa residencia. Era considerado más sabio incluso que el Señor Kubera en los asuntos del Fuego Universal. Pero ésos eran sólo sus atributos menores. Era mas conocido por otra cosa, aunque pocos hombres hablaban de ella. Era alto, aunque no demasiado, robusto, pero no pesado, sus movimientos eran lentos y fluidos. Vestía de rojo y hablaba poco.
Cuidaba de la maquina de oraciones y el gigantesco loto de metal que había instalado en la parte más alta del techo del monasterio giraba y giraba sobre su alvéolo.
Caía una ligera lluvia sobre el edificio, el loto, y la jungla a los pies de las montañas. Durante seis días había ofrecido muchos kilovatios de plegarias pero la estática impedía que le oyeran en Las Alturas. Casi sin aliento apelo a las más notables deidades de la fertilidad de la corriente invocándolas por sus más prominentes Atributos.
El retumbar del trueno respondió a su petición y el pequeño mono que le ayudaba lanzo una risita.
Dio unos pequeños saltos a su alrededor.
—Tus plegarias y tus maldiciones dan el mismo resultado Señor Yama —comento el mono— Es decir, nada.
—¿Has necesitado diecisiete encamaciones para llegar a esta verdad? —dijo Yama— Entonces puedo ver por qué sigues siendo un mono.
—No es así —dijo el mono, cuyo nombre era Tak— Mi caída, aunque menos espectacular que la tuya, implicó de todos modos elementos de malicia personal por parte de...
—¡Ya basta! —exclamó Yama, volviéndose bruscamente de espaldas a él.
Tak se dio cuenta de que debía haber tocado un punto sensible. En un intento por encontrar otro tema de conversación, se dirigió a la ventana, saltó á su amplio alféizar y miró hacia arriba.
—Hay una brecha en la capa de nubes, hacia el oeste —dijo.
Yama se acercó, siguió la dirección de su mirada, frunció el ceño y asintió.
—Sí —dijo— Quédate donde estás y avísame.
Se dirigió a un panel de controles.
El loto dejó de girar sobre sus cabezas, se enfocó hacia el trozo de cielo libre.
—Muy bien —dijo— Estamos consiguiendo algo.
Su mano se agitó sobre un panel de control separado del resto de la maquinara, accionando una serie de interruptores y ajustando dos diales.
Debajo de ellos, en los cavernosos subterráneos del monasterio, fue recibida la señal y se iniciaron otros preparativos: fue avisada la anfitriona.
—¡Las nubes se están cerrando de nuevo! —exclamó Tak
—No importa ahora —dijo el otro— Hemos pescado a nuestro pez. Ahí viene, fuera del Nirvana y hacia el loto.
Hubo otro trueno, y la lluvia empezó a caer con un sonido como de granizo contra el loto. Las azules serpientes de los relámpagos zebraron las cimas de las montañas, silbando.
Yama cerró un último circuito.
El Señor de la Luz, Roger Zelazny
20 años no es nada
El Telescopio Espacial Hubble es el instrumento científico más popular del mundo. Y, probablemente, el mayor icono de la astronomía contemporánea. Y no por casualidad: gracias a su vista de águila y, fundamentalmente, a su posición privilegiada –por encima de la atmósfera terrestre–, esta máquina extraordinaria ha cambiado para siempre nuestra forma de ver y entender el Universo. Ha estudiado y fotografiado, con lujo de detalles, los mundos vecinos de la Tierra, clavó su mirada aguda y penetrante en las entrañas de muchas nebulosas de la Vía Láctea, para ver cómo nacen las estrellas.
El Hubble exploró galaxias cercanas, lejanas, y lejanísimas (ubicadas a 12 o 13 mil millones de años luz, ya en los límites del Universo observable). Y sus precisas mediciones nos ayudaron a entender mejor la escala del cosmos, su velocidad de expansión y, en consecuencia, su edad. No es poco. Pero quizás el mayor aporte del ya legendario cilindro plateado sean todas esas fabulosas imágenes que han encendido la curiosidad de cientos –o miles– de millones de seres humanos. Imágenes que cautivan, emocionan y nos dejan pensando. Desde que abrió sus ojos por primera vez, el Hubble fue un gran provocador.
Nota completa
El Hubble exploró galaxias cercanas, lejanas, y lejanísimas (ubicadas a 12 o 13 mil millones de años luz, ya en los límites del Universo observable). Y sus precisas mediciones nos ayudaron a entender mejor la escala del cosmos, su velocidad de expansión y, en consecuencia, su edad. No es poco. Pero quizás el mayor aporte del ya legendario cilindro plateado sean todas esas fabulosas imágenes que han encendido la curiosidad de cientos –o miles– de millones de seres humanos. Imágenes que cautivan, emocionan y nos dejan pensando. Desde que abrió sus ojos por primera vez, el Hubble fue un gran provocador.
Nota completa
Fragmento - Camino a Bizancio
Se levantó al amanecer y salió al patio para echar su primera mirada a Alejandría, la ciudad que aún no había visto. Este año las cinco ciudades eran Chang-an, Asgard, Nueva Chicago, Tombuctú y Alejandría: la mezcla de épocas, culturas y realidades habitual.
Él y Gioia, tras efectuar el largo vuelo desde Asgard, en el distante norte, la noche anterior, habían llegado tarde, mucho después de la puesta del sol, y se habían ido directamente a la cama. Ahora, a la suave luz color melocotón de la mañana, las orgullosas torres y almenas de Asgard parecían simplemente algo que habían soñado. De todos modos, corría el rumor de que el momento de Asgard había terminado. Había oído decir que dentro de poco iban a desmantelarla y reemplazarla, en algún otro lugar, por Mohenjo-daro. Aunque nunca había más de cinco ciudades, éstas cambiaban constantemente. Podía recordar una época en la que habían tenido la Roma de los Césares en vez de Chang-an, y Río de Janeiro en vez de Alejandría. Esa gente no veía ninguna utilidad en mantener algo durante mucho tiempo.
...
Sabía muy poco sobre sí mismo, pero sabía que no era uno de ellos. Eso lo sabía. Sabía que su nombre era Charles Phillips y que antes de empezar a vivir entre aquella gente había vivido en el año 1984, cuando existían cosas tales como ordenadores y aparatos de televisión y béisbol y aviones a reacción, y el mundo estaba lleno de ciudades, no solamente cinco sino miles de ellas. Nueva York y Londres y Johannesburgo y París y Liverpool y Bangkok y San Francisco y Buenos Aires y una multitud de otras, todas a la vez. Por aquel entonces el mundo tenía cuatro mil quinientos millones de habitantes; ahora dudaba que tuviera más de cuatro millones y medio. Casi todo había cambiado más allá de cualquier comprensión. La luna seguía pareciendo la misma, y el sol; pero por la noche buscaba en vano las constelaciones familiares. No tenía la menor idea de cómo lo habían traído de entonces a ahora, o por qué. No servía de nada preguntar. Nadie tenía ninguna respuesta para él; nadie parecía comprender qué era lo que quería saber. Al cabo de un tiempo había dejado de preguntar; al cabo de un tiempo había dejado casi completamente de desear saber.
Camino A Bizancio, Robert Silverberg
Él y Gioia, tras efectuar el largo vuelo desde Asgard, en el distante norte, la noche anterior, habían llegado tarde, mucho después de la puesta del sol, y se habían ido directamente a la cama. Ahora, a la suave luz color melocotón de la mañana, las orgullosas torres y almenas de Asgard parecían simplemente algo que habían soñado. De todos modos, corría el rumor de que el momento de Asgard había terminado. Había oído decir que dentro de poco iban a desmantelarla y reemplazarla, en algún otro lugar, por Mohenjo-daro. Aunque nunca había más de cinco ciudades, éstas cambiaban constantemente. Podía recordar una época en la que habían tenido la Roma de los Césares en vez de Chang-an, y Río de Janeiro en vez de Alejandría. Esa gente no veía ninguna utilidad en mantener algo durante mucho tiempo.
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Sabía muy poco sobre sí mismo, pero sabía que no era uno de ellos. Eso lo sabía. Sabía que su nombre era Charles Phillips y que antes de empezar a vivir entre aquella gente había vivido en el año 1984, cuando existían cosas tales como ordenadores y aparatos de televisión y béisbol y aviones a reacción, y el mundo estaba lleno de ciudades, no solamente cinco sino miles de ellas. Nueva York y Londres y Johannesburgo y París y Liverpool y Bangkok y San Francisco y Buenos Aires y una multitud de otras, todas a la vez. Por aquel entonces el mundo tenía cuatro mil quinientos millones de habitantes; ahora dudaba que tuviera más de cuatro millones y medio. Casi todo había cambiado más allá de cualquier comprensión. La luna seguía pareciendo la misma, y el sol; pero por la noche buscaba en vano las constelaciones familiares. No tenía la menor idea de cómo lo habían traído de entonces a ahora, o por qué. No servía de nada preguntar. Nadie tenía ninguna respuesta para él; nadie parecía comprender qué era lo que quería saber. Al cabo de un tiempo había dejado de preguntar; al cabo de un tiempo había dejado casi completamente de desear saber.
Camino A Bizancio, Robert Silverberg
Fragmento - LA ODISEA DE CATADONIA
Catay, Caledonia. Unid las dos palabras: Catadonia. Eso precisamente fue lo que hizo el hombre que bautizó el planeta, un asesino con la sensibilidad de un poeta. Unió las dos exóticas palabras, Catay y Caledonia, en forma tal que el lugar que designaban pudiera tener un nombre adecuado a su propia y encantadora belleza. Catadonia. Exótico, lejano, mágico, impenetrable. Un mundo de innumerables lagunas. Un mundo de «huertos» grotescamente formados, un mundo con un gran océano angustioso.
Catadonia.
Y la primera cosa que los hombres hicieron allí, abajo en la superficie, fue matar a tantos pequeños, exóticos y trípedos nativos como sus pistolas láser les permitieron.
Los hombres de la nave mercante los denominaron pseudocalamares. Y también usaron otros imaginativos nombres, tal vez inspirados por el sensible asesino que había acuñado el nombre del planeta. Trífidos. Ondipúrpuras. Coliagudos. Gatosauces. Monos diablo.
No importan los nombres. Los hombres mataron a las criaturas desenfrenada, brutal, risueñamente. Por deporte. Por nada que no fuera deporte. Viajaban en la nave mercante Áurea, dirigiéndose hacia el hogar desde una región colonizada del brazo galáctico. Aterrizaron porque realmente nadie había advertido Catadonia antes y porque querían descansar. En la superficie, con el fin de relajarse, mataron a los pseudocalamares de ridícula apariencia. O trífidos. U ondipúrpuras. O coliagudos. Elegid el nombre que más os guste. No importan los nombres.
Ya de vuelta, el capitán de la Áurea informó del nuevo planeta a las autoridades. Utilizó el nombre Catadonia, la invención del asesino, y ese fue el que constó en los archivos. El capitán no habló para nada de la sanguinaria recreación de sus tripulantes con el planeta. ¿Cómo podía? En lugar de eso, dio las coordenadas, informó que el aire era respirable, y añadió la información de que Catadonia era hermoso. «Hermoso, realmente hermoso»
Los hombres de la Áurea, después de todo, no eran salvajes. ¿No había dejado uno de ellos que la palabra Catadonia vibrara en sus labios en un momento de éxtasis sanguinario? ¿No perdonaba el universo a sus poetas, a quienes le ponían nombres?
Posteriormente, La Tierra envió a la nave de reconocimiento Nobel hacia la virginal lactaesencia de las Nubes de Magallanes en dirección a Catadonia. La Nobel, una vez llegada allí, mandó una nave de descenso hacia el gran océano del planeta. Los tres científicos dentro de ella debían establecer una estación flotante cuyo fin sería determinar la probabilidad de encontrar vida en Catadonia. El capitán de la Áurea no había informado sobre ello. Los científicos no conocían su existencia. Las pruebas sensoras preeliminares de la Nobel sugirieron la presencia de especies botánicas y la posibilidad de que hubiera algún tipo de vida acuática en germen. Nada sensible, seguramente.
Fuera cual fuese la situación allí, los científicos a bordo de la estación flotante la aclararían.
LA ODISEA DE CATADONIA, Michael Bishop
Catadonia.
Y la primera cosa que los hombres hicieron allí, abajo en la superficie, fue matar a tantos pequeños, exóticos y trípedos nativos como sus pistolas láser les permitieron.
Los hombres de la nave mercante los denominaron pseudocalamares. Y también usaron otros imaginativos nombres, tal vez inspirados por el sensible asesino que había acuñado el nombre del planeta. Trífidos. Ondipúrpuras. Coliagudos. Gatosauces. Monos diablo.
No importan los nombres. Los hombres mataron a las criaturas desenfrenada, brutal, risueñamente. Por deporte. Por nada que no fuera deporte. Viajaban en la nave mercante Áurea, dirigiéndose hacia el hogar desde una región colonizada del brazo galáctico. Aterrizaron porque realmente nadie había advertido Catadonia antes y porque querían descansar. En la superficie, con el fin de relajarse, mataron a los pseudocalamares de ridícula apariencia. O trífidos. U ondipúrpuras. O coliagudos. Elegid el nombre que más os guste. No importan los nombres.
Ya de vuelta, el capitán de la Áurea informó del nuevo planeta a las autoridades. Utilizó el nombre Catadonia, la invención del asesino, y ese fue el que constó en los archivos. El capitán no habló para nada de la sanguinaria recreación de sus tripulantes con el planeta. ¿Cómo podía? En lugar de eso, dio las coordenadas, informó que el aire era respirable, y añadió la información de que Catadonia era hermoso. «Hermoso, realmente hermoso»
Los hombres de la Áurea, después de todo, no eran salvajes. ¿No había dejado uno de ellos que la palabra Catadonia vibrara en sus labios en un momento de éxtasis sanguinario? ¿No perdonaba el universo a sus poetas, a quienes le ponían nombres?
Posteriormente, La Tierra envió a la nave de reconocimiento Nobel hacia la virginal lactaesencia de las Nubes de Magallanes en dirección a Catadonia. La Nobel, una vez llegada allí, mandó una nave de descenso hacia el gran océano del planeta. Los tres científicos dentro de ella debían establecer una estación flotante cuyo fin sería determinar la probabilidad de encontrar vida en Catadonia. El capitán de la Áurea no había informado sobre ello. Los científicos no conocían su existencia. Las pruebas sensoras preeliminares de la Nobel sugirieron la presencia de especies botánicas y la posibilidad de que hubiera algún tipo de vida acuática en germen. Nada sensible, seguramente.
Fuera cual fuese la situación allí, los científicos a bordo de la estación flotante la aclararían.
LA ODISEA DE CATADONIA, Michael Bishop
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Una nube volcánica nórdica que amenaza la modernidad
Este fin de semana, la sombra nociva e impronunciable del Eyjafjallajökull pone en riesgo, desde el Ártico, el destino del planeta. No sólo del arco hoy extendido sobre Islandia, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Escandinavia, etc.
Resulta irónico que esto suceda mientras, en Washington, Barack Obama promete poner hombres sobre Marte en 2023, una empresa tan costosa como poco práctica. La paralización de vuelos, entretanto, genera dos tipos de reacción.
Algunos se refugian en un sentimiento de admiración por fuerzas naturales desatadas ante la impotencia tecnológica y mentan sombras del Krakatoa, el Etna y similares desastres. Otros, en cambio, se agitan, pierden la chaveta y atormentan al personal de las aerolíneas, que casi nunca tiene respuestas convincentes.
La ausencia del factor humano es desoladora, proclaman millones de “blogs” y mensajes por Internet. La turba incluye seguidores apocalípticos de Moisés o Jesús, fatalistas musulmanes y contempladores de Avalokitashvara o Maitreya, respectivamente bodhisatvas de esta era y la futura (si en efecto llega).
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Resulta irónico que esto suceda mientras, en Washington, Barack Obama promete poner hombres sobre Marte en 2023, una empresa tan costosa como poco práctica. La paralización de vuelos, entretanto, genera dos tipos de reacción.
Algunos se refugian en un sentimiento de admiración por fuerzas naturales desatadas ante la impotencia tecnológica y mentan sombras del Krakatoa, el Etna y similares desastres. Otros, en cambio, se agitan, pierden la chaveta y atormentan al personal de las aerolíneas, que casi nunca tiene respuestas convincentes.
La ausencia del factor humano es desoladora, proclaman millones de “blogs” y mensajes por Internet. La turba incluye seguidores apocalípticos de Moisés o Jesús, fatalistas musulmanes y contempladores de Avalokitashvara o Maitreya, respectivamente bodhisatvas de esta era y la futura (si en efecto llega).
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Se sumarían a Plutón hasta 50 planetas enanos más
Para ser etiquetado como planeta enano, un objeto debe cumplir dos criterios, según lo determinado por la Unión Astronómica Internacional (UAI): debe ser “casi redondo” y debe orbitar al Sol.
Hasta ahora, sin embargo, no se ha definido formalmente hasta qué punto los cuerpos en “forma de patata” pueden convertirse en “casi redondos’, dijo el astrónomo Charley Lineweaver del Australian National University (ANU) en Canberra.
Proporción de papa
Lineweaver usó la frase “Proporción de papa” para describir el punto en el que los objetos con forma de patata se ven involucrados en formas esféricas casi por su propia gravedad, en un artículo publicado en las Actas de la 9 ª Conferencia Australiana de Ciencia Espacial.
De manera informal, se ha utilizado como proporción de papa un valor de 400 kilómetros. Sin embargo, esto no es apropiado para la mayoría de los objetos. “La resistencia del material es una característica importante que determina qué tan grande tienes que ser para ser una esfera”, dijo Lineweaver.
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Hasta ahora, sin embargo, no se ha definido formalmente hasta qué punto los cuerpos en “forma de patata” pueden convertirse en “casi redondos’, dijo el astrónomo Charley Lineweaver del Australian National University (ANU) en Canberra.
Proporción de papa

De manera informal, se ha utilizado como proporción de papa un valor de 400 kilómetros. Sin embargo, esto no es apropiado para la mayoría de los objetos. “La resistencia del material es una característica importante que determina qué tan grande tienes que ser para ser una esfera”, dijo Lineweaver.
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Cassini sobrevuela dos lunas de Saturno en 48 horas
En un doble sobrevuelo especial tiene lugar esta semana, la nave espacial Cassini de la NASA visita dos lunas de Saturno, Titán y Dione, en un plazo de aproximadamente un día y medio, sin maniobras intermedias.
Una alineación cósmica fortuita permite a Cassini intentar esta doble visita, y el interés en pivotar por Dione (derecha, en la imagen) ha influido en el diseño de su misión prolongada. El sobrevuelo de Titán (a la izquierda en la imagen), previsto para este lunes, ha hecho pasar a Cassini a unos 7.500 kilómetros (4.700 millas) de la superficie de la luna. La distancia es relativamente lgrande para esta clase de encuentros, pero es válida para el subsistema de captura de imágenes de Cassini, que podrán observar la bruma de Titán durante más tiempo y capturar imágenes de alta resolución de las regiones Belet y Senkyo, zonas oscuras alrededor del ecuador, donde dominan las dunas de arena.
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Una alineación cósmica fortuita permite a Cassini intentar esta doble visita, y el interés en pivotar por Dione (derecha, en la imagen) ha influido en el diseño de su misión prolongada. El sobrevuelo de Titán (a la izquierda en la imagen), previsto para este lunes, ha hecho pasar a Cassini a unos 7.500 kilómetros (4.700 millas) de la superficie de la luna. La distancia es relativamente lgrande para esta clase de encuentros, pero es válida para el subsistema de captura de imágenes de Cassini, que podrán observar la bruma de Titán durante más tiempo y capturar imágenes de alta resolución de las regiones Belet y Senkyo, zonas oscuras alrededor del ecuador, donde dominan las dunas de arena.
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Iapetus

Científicos de la Universidad de Cornell analizaron imáganes tomadas por Cassini, particularmente durante el sobrevuelo realizado en septiembre de 2007, y han llegado a la conclusión de que una capa de polvo oscuro, de sólo unos metros de espesor, es capaz de cubrir parcialmente la blanca y helada superficie de Iapetus.
El profesor Joseph Burns, autor principal del estudio, recuerda que este hallazgo confirma otro reciente realizado por otros astrónomos de Cornell, consistente en un enorme anillo de escombros rodeando Saturno, cerca del lugar que ocupa Phoebe, y que actúa como una pistola de humo dirigiendo el polvo hacia Iapetus y otras lunas del planeta.
El trabajo, publicado en el último número de la revista Science, revela igualmente que la transición de la oscuridad a la luz no se produce a lo largo de una línea estable, sino más bien en forma de pequeños puntos intercalados brillantes y oscuros. Este patrón, dicen los científicos, apoya la teoría descrita en un trabajo que también se publica en Science de que las partes oscuras de Iapetus tienden a calentarse cuando son afectadas por la luz del Sol, provocando la evaporación del hielo acumulado en la superficie que se encuentra debajo. Esto causa que cualquier punto oscuro se haga aún más oscuro, creando una apariencia de mancha.
Sonda Mars Express pasa a solo 67 kilómetros de una luna de Marte
La sonda Mars Express, de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), pasó a solo 67 kilómetros de la superficie de Fobos, la luna de Marte, lo más cerca que ha estado nunca un objeto creado por el hombre.
Las imágenes enviadas por la Mars Express muestran que Fobos no es un satélite completamente sólido. Todo lo contrario, los acercamientos a su superficie han mostrado que es porosa en un 25-35%.
"Todos los instrumentos a bordo de Mars Express pueden enseñarnos algo nuevo sobre Fobos", comenta Olivier Witasse, científico del Proyecto Mars Express para la ESA.
Cabe precisar que los resultados científicos de estas aproximaciones serán publicados en las próximas semanas o meses, a medida que los equipos finalicen el análisis de los datos.
Las imágenes enviadas por la Mars Express muestran que Fobos no es un satélite completamente sólido. Todo lo contrario, los acercamientos a su superficie han mostrado que es porosa en un 25-35%.
"Todos los instrumentos a bordo de Mars Express pueden enseñarnos algo nuevo sobre Fobos", comenta Olivier Witasse, científico del Proyecto Mars Express para la ESA.
Cabe precisar que los resultados científicos de estas aproximaciones serán publicados en las próximas semanas o meses, a medida que los equipos finalicen el análisis de los datos.
Fauna goliciana
El calamar vampiro (Vampyroteuthis infernalis) puede colocar su cuerpo invertido con lo de adentro hacia afuera, como cuando se da vuelta un guante, para evitar a los depredadores. Esto se puede ver en un video que publicó el Instituto de Investigación del Monterey Bay Aquarium, haciendo hincapié en la necesidad de proteger especies de aguas profundas de los efectos de actividades humanas
Este calamar de aspecto amenazante es sólo una de muchas especies que podrían verse amenazadas por las actividades humanas lejos de la parte del océano en el que viven. El Instituto de Investigación del acuarium de Monterey Bay ha publicado este vídeo para hacer hincapié en un informe que pune una bandera roja sobre los océanos de la Tierra.
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Este calamar de aspecto amenazante es sólo una de muchas especies que podrían verse amenazadas por las actividades humanas lejos de la parte del océano en el que viven. El Instituto de Investigación del acuarium de Monterey Bay ha publicado este vídeo para hacer hincapié en un informe que pune una bandera roja sobre los océanos de la Tierra.
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Fragmento

E1 diecinueve, las autoridades recibieron una denuncia; el mismo diecinueve, al atardecer, Jaromir Hladik fue arrestado. Lo condujeron a un cuartel aséptico y blanco, en la ribera opuesta del Moldau. No pudo levantar uno solo de los cargos de la Gestapo: su apellido materno era Jaroslavski, su sangre era judía, su estudio sobre Boehme era judaizante, su firma dilataba el censo final de una protesta contra el Anschluss. En 1928, había traducido el Sepher Yezirahl para la editorial Hermann Barsdorf; el efusivo catálogo de esa casa había exagerado comercialmente el renombre del traductor; ese catálogo fue hojeado por Julius Rothe, uno de los jefes en cuyas manos estaba la suerte de Hladik. No hay hombre que, fuera de su especialidad, no sea crédulo; dos o tres adjetivos en letra gótica bastaron para que Julius Rothe admitiera la preeminencia de Hladik y dispusiera que lo condenaron a muerte, pour encourager les autres. Se fijó el dia veintinueve de marzo, a las nueve a.m. Esa demora (cuya importancia apreciará después el lector) se debía al deseo administrativo de obra impersonal y pausadamente, como los vegetales y los planetas.
El primer sentimiento de Hladik fue de mero terror. Pensó que no lo hubieran arredrado la horca, la
decapitación o el degüello, pero que morir fusilado era intolerable. En vano se redijo que el acto puro y
general de morir era lo temible, no las circunstancias concretes. No se cansaba de imaginar esas
circunstancias: absurdamente procuraba agotar todas las variaciones. Anticipaba infinitamente el proceso, desde el insomne amanecer haste la misteriosa descarga. Antes del die prefijado por Julius Rothe, murió centenares de muertes, en patios cuyas formas y cuyos ángulos fatigaban la geometria, ametrallado por soldados variables, en número cambiante, que a veces lo ultimaban desde lejos; otras, desde moy cerca.
EL MILAGRO SECRETO, Jorge Luis Borges
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