Microorganismos de Titán podrían comer acetileno

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La luna helada de Saturno, Titán puede ser más amigable a la vida que se pensaba. Nuevos cálculos sugieren que los lagos de hidrocarburos de Titán se cargan con el acetileno, un químico que algunos científicos dicen que podría servir de alimento a microorganismos resistentes al frío.


En unos -180 ° C, la superficie de Titán es demasiado frío para el agua líquida.Sin embargo, dos pares de los científicos propusieron en 2005 que los organismos exóticos pueden vivir, en lugar en los órganos de hidrocarburos líquidos en la luna helada. Sugirieron esos organismos podría comer acetileno que cae a la superficie después de formar en la atmósfera, se combina con el hidrógeno para obtener energía.
Desde entonces, la Cassini ha detectado docenas de lagos en la superficie de Titán, que se cree ser de una mezcla de etano y metano líquidos. Pero ya que no tiene la sonda directamente a la muestra, no se sabe cuánto acetileno que pudieran contener.
Una estimación hecha en 1989 sugirió órganos de hidrocarburos líquidos en Titán contienen algunas partes de 10.000 de acetileno.
Sin embargo, una estimación actualizada sobre la base de datos de la misión Cassini-Huygens hacia Saturno sugiere los lagos contienen mucha más comida para los hambrientos de vida extraterrestre formas que pueden estar presentes. Los nuevos cálculos fueron hechos por un equipo de científicos dirigido por Daniel Cordier de la Ecole Nationale Supérieure de Chimie de Renne, Francia.

La Historia Secreta de los Mongoles CAPITULO I

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1. Los antepasados de Genghis Khan se remontan a Bort Chono, nacido del Supremo Cielo. Su esposa fue Goo Maral. Ellos viajaron a través de océanos y ríos y se asentaron en la ribera del río Onon, en la montaña Burjan Jaldung y dieron a luz a un hijo llamado Battsagaan.

2. Battsagaan tuvo como hijo a Tamacha, este a Jorichar merguen, quien a su vez fue padre de un hijo llamado Uuzhim Borojul. Uuzhim Borojul fue padre de Sali Jachagu, quien a su vez fue padre de Ije Nuden. Sem Sochi fue hijo de Ijenuden, cuyo hijo fue Jarchu.

3. Borjigiday Mergen, que era hijo de Harchu, se casó con Mongoljin Goo, quien trajo a la vida una criatura que llamaron Torgoljin Bayan, cuya esposa fue Borogchin Goo. Torgoljin Bayan tenía como hijo a Boroldoy Dialsbu y además, dos caballos, llamados Dair y Bor. De su matrimonio nacieron Duva Sohor y Dobu Mergen.

4. Duva Sojor tenía un solo ojo en la frente, no obstante veía a varias millas de distancia.

5. En una ocasión Duva Sojor y su hermano Dobu Mergen vieron desde la cima de la montaña Burjan Jaldun que por la ribera del arroyo Tunjeleg venía un grupo de gente con sus casas de fieltro a cuestas.

6. Entonces Duva Sojor le dice a su hermano: ”Entre esta gente que viene hay una hermosa mujer con quien tú puedes casarte” y manda a su hermano a que la viera.

7. Dobu Mergen, al ver a la joven, que aún no estaba casada, se queda impresionado. La joven se llama Alan Goo.


8. Aquella gente era de Bargudai Mergen, caudillo de la tribu Jul Barguzhin, cuya hija Barguzhin Goo se había casado con Jorilardai Mergen, jefe de la tribu Jori Tumed. Alan Goo era hija de Barguzhin Goo y había nacido en el lugar llamado Arig Us, tierra de Jori Tumed.

9. Horilarday Mergen alimentaba a su familia cazando cebellinas y ardillas en su lugar natal. Una vez él tuvo una discusión con otra gente sobre el lugar de caza y tuvo que mudarse a la montaña Burjan Jaldung que era rico en animales de caza y venía desde lejos para dedicarse a la caza en la montaña Burjan Jaldung.

10. El matrimonio de Dobu Mergen y Alan Goo tuvo dos hijos llamados
Bugunutey y Belgunutey.

11. Por su parte, el hermano de Dobu Mergen, Duva Sojor, tuvo cuatro hijos, quienes después de la muerte de su padre, no se llevaron bien con su tío Dobu Mergen, lo que les obligó a trasladarse a otro lugar, dando origen a la tribu Durvud1.

12. Un día Dobu Mergen escaló una montaña a cazar ciervos y vio que un hombre de la tribu Urianjay2 había atrapado uno y estaba asando costillas en el bosque.

13. Entonces Dobu Mergen le pidió que compartiera la carne con él. Como resultado el Urianjay se queda con la piel del animal y toda la carne se la entrega como regalo a Dobu Mergen.

14. En el camino de regreso, Dobu Mergen se encuentra con un hombre pobre, acompañado de su hijo.

15. “Quién eres tú” – le pregunta Dubu Mergen al hombre. Y aquel le replica “Yo soy de la tribu de Maalig Bayud3 me he empobrecido, dame de la carne de ciervo que tú tienes y a cambio te daré mi hijo”.

16. Dobu Mergen estuvo de acuerdo, le dio un muslo del ciervo y tomó al hijo, a quien convirtió en sirviente doméstico.

17. Después de la muerte de Dobu Mergen, su viuda Alan Goo dio a luz a tres varones llamados Buja Hatagi, Bujatu Salji y Bodonchar.

18. En cierta ocasión, Alan Goo escuchó que los dos hijos legítimos hablaban en secreto entre sí su sospecha de que sus medios hermanos eran probablemente hijos del único hombre-sirviente que habitaba la casa, perteneciente a la tribu Maalig.

19. Un día de primavera la madre Alan Goo les preparó a sus cinco hijos un tasajo de carnero, los hizo sentarse a su lado y les dío a cada uno de ellos una flecha de arco para que la rompieran, lo que todos hicieron fácilmente. Sin embargo, cuando ella les dio las cinco flechas juntas, ninguno pudo romperlas.

20. Entonces fue cuando dijo: “mis dos hijos Belgunutey y Bugunutey sospechan de los tres hijos míos que nacieron después. Tienen razón en hacerlo.

21. Sin embargo, no saben la verdad. Cada noche un hombre luminoso amarillo entra por el hueco de la chimenea de la tienda/casa/ y pasa su mano por mi vientre y su luz penetra en él. Y este hombre de repente sale de la casa y desaparece. Por eso deben ser hijos del cielo. ¡Cómo ustedes van a decirme que fueron gente de esta tierra! Se darán cuenta cuando ellos sean khan de khanes y rey de reyes.

22. Alan Goo también les dijo a sus hijos: “si ustedes se dividen entre sí y quieren vivir uno por uno, serán vencidos fácilmente como la flecha que rompieron, pero si se unen, se juntan , nunca serán vencidos”, y muere poco tiempo después.

23. A la muerte de su madre, los cuatro hijos dividen su rebaño de caballos y demás animales entre sí, dejando a un lado a su hermano Bodonchar, al considerarlo de poco juicio.

24. Bodonchar, que no tuvo la suerte de obtener algo de lo que su madre dejó, se separó de sus hermanos, cabalgando su único caballo y se fue hacia las orillas del río Onon, dejando su destino a riendas sueltas. Dormía bajo el heno, vivía hambriento.

25. Un día se apoderó, con el uso de lanusa, de un halcón, al que después adiestró para que le cazara golondrinas y patos para alimentarse.

26. Bodonchar, hambriento, se alimentaba de ciervos perseguidos por lobos y de restos de animales dejados por los mismos.

27. Con el tiempo llegó la primavera y con ella llegaron patos y gansos y el halcón adiestrado fue suelto a cazarlos.

28. Una tribu viajó desde la montaña Duiran y se asentó en la orilla del río Onon. Bodonchar por el día visitaba la tribu para tomar leche fermentada de yegua y por la noche regresaba a su casucho de heno para dormir.

Mitos y Leyendas - La Historia Secreta de los Mongoles (I)29. La tribu le pide a Bodonchar su halcón quien lo rechaza. La tribu nunca pregunta quien era Bodanchar, Bodonchar tampoco se interesa quienes eran los hombres de la tribu.

30. Un día, inesperadamente, vino su hermano mayor Bugu jatagi a la orilla del río Onon buscando su hermano y pregunta a la tribu por si han visto a su hermano, su caballo, explicando las características de los mismos.

31. Los hombres de la tribu le dicen: “el hombre y el caballo son similares a lo que tú dices. El tiene un halcón. Nos visita diariamente a tomar leche fermentada de yegua. No sabemos donde pasa la noche. El viento que sopla del noroeste dispersa las plumas de patos y gansos, atrapados por su halcón, por todos los lados como si estuviera nevando. Debe estar cerca. Debe venir ahora. Espere”.

32. A poco rato, un hombre a caballo venía por la orilla del arroyo Tunjeleg. Bugu hatagi reconoce a su hermano y se lo lleva consigo.

33. Bodonchar le dice a su hermano: “Los menores deben respetar a los mayores al igual que el deel4 tiene su cuello, sin el cual el deel no sería el deel”. Bugu jatagi no le hace caso.

34. Bodanchar a poco rato repite lo que dijo. El hermano tampoco dice nada. Cuando Bodonchar por tercera vez le repite la misma frase, Bugu jatagi le dice: ¿Qué es lo que estás diciendo?, ¿Por qué repites la misma cosa varias veces?

35. Bodonchar le habla a su hermano de la tribu recién arribada a la orilla del río Onon y le propone invadirla y apoderarse del grupo, puesto que, según Bodonchar, la mencionada tribu no tiene un jefe fijo y todos viven en igualdad de condiciones.

36. El hermano dice: “ Si es así, vamos a consultar con los hermanos en la casa”.

37. Los hermanos se consultan y llegan a la conclusión de invadirla.

38. Bodonchar, en la vanguardia, se adueña de una mujer embarazada y la convierte en su esposa. Ella era de la tribu Zharchuud.

39. Así, los cinco hermanos se apoderan del ganado, los alimentos y de la entera tribu.

40. Al hijo que nació lo llamaron Zhazhiraday, que significa hombre de tribu ajena. Zhazhiraday tuvo un hijo llamado Tuguudei, cuyo hijo fue Buri bulchiru, quien a su vez tuvo como hijo a Jar Jadaan. Zhamuja5 fue hijo de este último. Esta tribu se llamó Zhadaran.

41. Aquella mujer dio a luz a otro hijo, al que le llamaron Baariday, dando lugar a la tribu Baarin. Chidijul fue hijo de Baaridai y tuvo muchos hijos e hijas y fundaron la tribu Menin baarin.

42. Cada uno de los cinco hijos de Alan Goo fue formando una tribu independiente. Así, Belguntey formó la tribu Belgunud; Bugunutey, Bugunud; Bugu hatagi, Hatagin; Buhatu salzhi, Salzhid y por último Bodonchar, Borzhigin.

43. Bodanchar tuvo otro hijo llamado Jabichi, nacido de su segunda mujer. La mujer que vino como regalo de nupcias de Jabichi baatar se convierte en amante de Bodanchar y nace Zhegurudei, quien tenía mala fama entre la tribu.

44. A la muerte de Bodonchar, rehabilitan a Zhegurudei, al considerar que éste era hijo de la tribu Urianjaday, dando origen a la tribu Zhegureid.

45. Jabichi baatar tuvo como hijo a Menen tudun. Menen tudun tuvo siete hijos: Jachi hulug, Jachin, Jachigu, Jachula, Jachigun, Jaralday y Nachin baatar.

46. Jaidu fue hijo de Jachi julug y su madre se llamó Numulun. Noigidai fue hijo de Jachin y dio origen a la tribu Noigidai. Baruladai fue hijo de Jachigu y era de fisionomía fuerte por lo que le concedieron el nombre de la tribu Barulas, a la cual también pertenecían Barula, el científico y Todogen barula. Jaraldai tuvo numerosos hijos como granos, por lo que merecieron el nombre de Budaa (granos). Adarjidai fue hijo de Jachigun y como sus hijos se llevaban mal entre sí, recibieron el nombre de Adarjin. Uruuguudai y Manguudai fueron hijos de Nachin baatar y dieron origen a las tribus Uruuguud y Manguud. Shizhuudai y Dogalaadai fueron hijos de Nachin baatar.

47. Los tres hijos de Jaidu fueron Bai shinhor, el terrible, Charajai linju y
Chauzhin ertegei. Tumbinai, el sabio, fue hijo de Bai shinjor, el terrible. Sengum fue hijo de Charajai linju. Ambagaitan se llamó la tribu Taichuud. Besudei que nació de la mujer del hermano de Charajay linju creó la tribu Besud. Oronar, Jonjotan, Arulad, Sonil, Jabturjas fueron hijos de Chauzhin orteg y fundaron la tribu Geniges.

48. Tumbinai, el sabio, tuvo dos hijos llamados Jabul khan y Sem sechule.
Bultechu baatar fue hijo de Sem sechule. Jabul khan tuvo siete hijos: - Ojin
barjag, Bartan baatar, Jutugtu mongor,Jutula khan, Julan, Jadeaan y Todegen otchigin.

49. Jutugtu zhurji fue hijo de Ojin barjag. A su vez, Jutugtu zhurji tuvo dos hijos que se llamaron Sacha beji y Taichu, y fundaron la tribu Zhurji.

50. Bartan baatar tuvo cuatro hijos que se llamaron Mengetu jian, Nejun taish, Esujei baatar y Daariday otchigin. Buri boj fue hijo de Jutugtu mongor. Buri boj fue quien arremetió a Belgudei con un sablazo, cortando uno de sus hombros.

51. Jutula khan tuvo tres hijos que se llamaron Zhochi, Girmagu y Altan. Ij
Cheren fue hijo de Julan baatar. Badai y Jishileg fueron antecesores de la tribu Darjad. Jadaan y Todegen nunca se llevaron bien entre sí.

52. Jabul khan imperaba en toda Mongolia. Jabul khan, al morir, a pesar de que tenía siete hijos, eligió a Ambagai khan, hijo de Sengum bilgeg, a dirigir Mongolia.

53. En una ocasión, Ambagai khan viaja a entregar su hija a los Airiguud,
Buiruguud y Tártaros que habitaban la orilla del río Orshuun, situado entre los lagos Buir y Jolon. Sin embargo, es capturado por los tártaros y llevado a Altan khan de Jiatan. Entonces Ambagai khan como mensajero manda Besudei Balajachi a Jadaan taishi a decir que elijan a Jutula como Khan de Mongolia.
Jutula era uno de los siete hijos de Ambagai khan. ¨Los tártaros me han capturado. Siendo khan he cometido un error imperdonable a acompañar mi hija a casarla. ¡Que mi error nunca se repita! ¡Qué venguen la ofensa!
No importa si para eso las uñas de vuestros dedos se les separen
No importa si vuestros diez dedos se les corten¨ - fue su mensaje

54. En aquel entonces el padre de Temuuzhin, Esujey Baatar, fue a cazar pájaros a la orilla del río Onon y se encuentra con un señor llamado Merkid Ij Chiledu que regresaba de escoger a una mujer para sí de la tribu Oljonud. Esujey se da cuenta de la hermosura de aquella mujer y decide raptarla con la ayuda de su hermano mayor Nejun taish y su hermano menor Daaridai otchighin.

Mitos y Leyendas - La Historia Secreta de los Mongoles (I)55. Chiledu se asusta al ver a los tres hermanos y se escapa a la carrera, dando latigazos a su veloz caballo marrón atravesando la loma. Los hermanos le persiguen. Chiledu, dando vuelta a la loma, regresa al carruaje. Entonces Ogulun uzhin le dice: ¿Supiste algo de los tres hombres? Por sus caras, no son gente buena. Son peligrosos. Pueden atentar contra tu vida.
Si eres vivo en cada carruaje encontrarás muchachas, en cada casa hallarás mujeres. Si encuentras otra mujer, que le des mi nombre Ogulun. Ahora piensa en salvar tu vida. Que siempre tengas presente mi olor¨.
Diciendo esto Ogulun quita su camisa y se la da. En el momento los tres jinetes aparecen en el horizonte y Chiledu se da a la fuga cuesta arriba del río Onon.

56. Los tres hermanos le persiguen pero sin alcanzarlo. Los tres hombres regresan al carruaje para llevar a Ogulun uzhin, quien dice: “Mi marido Chiledu debe de estar galopando a rienda suelta contra el viento, solitario en estepa, con la barriga vacía.
Yo con mis dos ramales de pelo entretejidos, tirando uno adelante y el otro, atrás, ¿qué haré ahora?. ¿Qué será de mí? Y lloraba. Su llantera se oía a través de las montañas y el valle del río Onon. Entonces Daaridai otchigin se arrima al carruaje y le dice:
“Tú supuesto esposo se ha ido atravesando montañas,
Tú esposo por el que lloras se ha ido atravesando ríos.
Tú esposo por el que lloras ya no te verá,
Tú esposo por el que lloras, ya no te podrá encontrar. Cállate.”
Así fue la historia de cómo Esujey baatar trae a Ogulun uzhin a su casa.

57. Acorde al mensaje de Ambagai khan, los Mongoles y los Taichuud se congregaron en el valle Jorjonag a la orilla del río Onon y proclamaron Khan a Jutula. Los mongoles celebraron el acontecimiento, en torno al macizo y hojoso árbol de Jorjonag y bailaron de tal manera que se les quebrantaron las costillas y se les rindieron las rodillas.

58. Jutula se convierte en Khan. Jutula y Jadaan taish visitan a los tártaros. Los hermanos visitaron trece veces a los tártaros Joton baraja y Zhali buja, no pudiendo vengarse de la ofensa en los tártaros.

59. Cuando Esujey baatar viene acompañado de los jefes tártaros Temuuzhin Uge y Jori buja, Ogulun uzhin dio a luz a Temuuzhin en un lugar llamado Deluun Boldog a orillas del río Onon. Al nacer, Temuuzhin apretaba en uno de sus puños sangre coagulada del tamaño de una taba. Y como Temuuzhin nació cuando Esujei vino acompañado del jefe tártaro Temuuzhin Uge, le dieron el nombre de Temuuzhin.

60. Ogulun Uzhin le parió a Esujey cuatro varones: Temuuzhin, Hasar, Hachiun y Temuge y finalmente una hija a la que llamaron Temulin. Cuando Temuuzhin tenía nueve años, Hasar, siete, Hachiun, cinco, Temuge, tres y Temulin, recién nacida.

61. Cuando Temuuzhin cumplió nueve años su padre Esujey Baatar lo llevó a escoger una esposa de entre los parientes de su esposa Ogulun uzhin, quien era de la tribu Oljunud. Por el camino se encuentra con Dai Sesen de la tribu Jongirad.

62. Dai Sesen le pregunta a Temuuzhin a dónde iba, al cual Temuuzhin le informa sobre su propósito de escoger esposa para su hijo. Entonces Dai Sesen dice: “En los ojos de tu hijo brilla el fuego y en su cara, la luz”.

63. Dai Sesen siguió diciendo que anoche había tenido un sueño. Había soñado que un halcón blanco que agarraba en sus garras el sol y la luna había posado sobre sus manos. Sabéis que podemos ver la luna y el sol. “No obstante, en esta ocasión un halcón me los trae y posa sobre mis manos. Un augurio bueno. Resulta ser que tú Esujey vendrías con tu hijo. Mi sueño supo adivinar. Fue un buen sueño”.

64. La tribu Jongirad desde tiempos remotos era famosa por sus bellas mujeres y solían ser reinas.

65. Los jóvenes deben velar por su tierra pero las jóvenes deben casarse con hombres ajenos a la tribu Jongirad6. Informa a Esujey que tiene una hija y le propone pasar por su casa.

66. Esujey, al ver a la muchacha se da cuenta que la joven tiene fuego en susojos y luz en su cara. La joven se llama Borte y tiene diez años, un año más que Temuuzhin.
Esujey pernocta en la casa de Dai Sesen y el día siguiente le pide la mano de la joven. Dai Sesen dice: “el destino de las muchachas no es su casa natal. Daré mi hija. Dejarás tu hijo en mi casa para ayudarnos. Esujey Baatar le regala a Dai Sesen un caballo que traía en calidad de presente y le dice a Dai Sesen: “Mi hijo tiene mucho miedo a los perros, cuídemelo de ellos”.

67. Esujey Baatar se prepara para regresar cabalgando hacia su propio campo. En el camino se tropieza con los tártaros que celebraban una fiesta de boda.
Como tenía mucha sed, Esujey decide bajarse de su caballo y los tártaros, pensando en su viejo odio hacia Esujey y la venganza, le ofrecen bebida. A sus espaldas, los tártaros envenenan los alimentos. Esujey, mortalmente envenenado, apenas llega a su campamento al cabo de tres días.

68. Esujey dice: “Me siento muy mal. ¿Quién está a mi lado? Le dice que Menlig, hijo del viejo Jonjatday Charaja estaba cerca. Esujey invita Menlig y le dice: “Mis hijos aún son pequeños. Los tártaros me han envenenado mientras iba casar a mi hijo Temuuzhin” y se desploma en los brazos de su esposa Ogulun.
Siguiendo las órdenes de Esujey, de inmediato salen en busca de Temuuzhin, pero es demasiado tarde. A consecuencia del veneno que ingirió, Esuhey Baatar muere, pero antes comunicó a sus hijos que Temuuzhin se encargaría de ellos y de la familia en general.

Anónimo

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Nunca en su vida había hablado con una de las Nueve Inteligencias, que eran las más altas entre las mentes sofotec; pero ésta era una representante de una mente aún más exaltada, aquélla que se sostenía merced al poder mental combinado de las nueve.
—Por favor, Atkins —dijo el avatar—, no te cuadres ante mí. No soy tu oficial superior. Ambos servimos a la misma causa.
El guantelete izquierdo de Atkins se replegó. En un movimiento perfecto y bien practicado, abrió un tajo doloroso en la palma, ensangrentó la katana y la envainó. El soldado entornó los ojos, apretando el puño para impedir que el tajo goteara. Faetón comprendió que éste debía ser el verdadero Atkins.
—Gracias —dijo Atkins—. ¿Puedes ayudarme? De lo contrario, tendré que pedirte que te retires.
Ella sonrió con tristeza.
—No es mucho lo que puedo hacer, Atkins. Aun una inteligencia muy rápida se siente impotente sin información para manipular. Así que te deja­ré en paz para que cumplas tu tarea. Sin embargo, tengo una idea para una nueva ciencia analítica y forense que, con tu autorización, cargaré en tu sistema. Tengo autorización del avatar parlamentario.
—Adelante —dijo Atkins.
Las esferas negras irradiaron antojadizas caracolas semejantes a nautilos, y tejieron hebras sobre la hierba. Las luminarias que rodeaban al avatar abandonaron su órbita para ayudar a las esferas negras en su labor. El avatar se volvió hacia Faetón.
—Querido muchacho, como cortesía para Atkins, te pediré que también te marches. No tienes la obligación legal de no mencionar lo que has visto, pero hay una obligación moral aún más profunda y constrictiva. Nuestras leyes e instituciones se han habituado a siglos de paz y placer, y nuestra civilización puede sostenerse en el peligro sólo mediante la devoción volun­taria de sus ciudadanos.
—¡Amo la Ecumene Dorada —exclamó Faetón— y nunca haría nada para dañarla!
Atkins lo miró con escepticismo, resopló y miró hacia otro lado.
—No seas infiel a tus principios, Faetón —dijo el avatar—, pues podrías perjudicar a tu mundo y a ti mismo.
—¿Perjudicar? Por favor, dime de qué se trata.
—Tus viejos recuerdos están almacenados, no destruidos. Si decides sobrellevar esa carga una vez más, no puedo aconsejarte. Seré sabia, pero no soy Faetón.
El avatar dio un paso adelante, apoyó las suaves manos en los hombros de Faetón, se encorvó (Faetón no había advertido la altura de esa silueta selénica hasta que ella se le acercó) y le besó la frente.
—¿Aceptarás este regalo mío? Te concedo el vuelo. Es un honor destina­do a demostrarte que las inteligencias mecánicas no te tienen inquina, Fae­tón. Quizá también te recuerde viejos sueños que has abandonado.
—Señora, este maniquí en el cual estoy es demasiado pesado para vo­lar. Necesitaría otro...
De pronto sintió el cosquilleo de una sensación flotante que comenzaba en la cabeza, donde el avatar lo había besado, y se expandía como vino tibio en el torso y las extremidades. El asombrado Faetón pestañeó y alzó un pie. Sin peso, se alejó de la hierba.
Gritó atemorizado, pero luego sonrió, y trató de fingir que gritaba de ale­gría. Poco después una ráfaga caprichosa lo invirtió como un globo. Faetón cogió una rama de árbol y quedó enredado en las hojas plateadas, riendo.
—¡Extraordinario! —jadeó—. Excúsame, señora, pero hay importantes preguntas sobre lo que sucedió esta noche que yo...
Pero cuando miró por encima del hombro hacia el suelo, el avatar se había ido. Sólo quedaba Atkins, el rostro hosco, rígido en su armadura, caminando por la hierba con sus máquinas negras.

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En seguida, las cosas empezaron a elevarse en el agua que rodeaba a los hombres. Desde entonces, el señor Fison ha descripto al escritor esta alarmante erupción surgida del ondulante banco de laminaria. A él le pareció que duraba un tiempo considerable, pero es probable que fuera un asunto de pocos segundos. Luego estas cosas se hicieron más grandes hasta que el fondo del mar se perdió bajo sus formas entremezcladas, y la punta de los tentáculos se elevó aquí y allá por encima del oleaje.


Una de las criaturas se acercó audazmente al bote y, aferrándose de él con tres de sus tentáculos prestos a succionar, lanzó otros cuatro por encima de la borda, como si tuviera la intención de hacer zozobrar el bote o encaramarse en él. De inmediato, el señor Fison tomó el bichero y, golpeando con furia los tentáculos, la obligó a desistir. Fue golpeado en la espalda y casi lanzado sobre la borda por el botero, quien estaba usando el remo para resistir un ataque similar al otro costado del bote. Pero ante esto, los tentáculos de ambos lados soltaron su presa de inmediato, se deslizaron fuera de la vista y chapotearon en el agua.

- Será mejor que salgamos de aquí - dijo el señor Fison, que temblaba con violencia. Se dirigió a la barra del timón, mientras que el botero y uno de los trabajadores se sentaban y comenzaban a remar. El otro trabajador permaneció a proa del bote, con el bichero, presto a golpear cualquier tentáculo que apareciera. Nada más parece haberse dicho. El señor Fison había expresado el sentimiento común sin necesidad de rectificación. De talante sombrío y temeroso, con rostros blancos y demudados, los cuatro hombres se dispusieron a escapar de la posición en que tan imprudentemente se habían colocado.

Pero apenas si los remos llegaron a tocar el agua antes que fueran inmovilizados por oscuras y serpentinas sogas ahusadas, que también rodearon el timón; y otra vez volvieron los tentáculos, reptando por los lados con un movimiento rizado. Los hombres asieron los remos y tiraron, pero era como tratar de mover un bote en una flotante balsa de algas.
- ¡Auxilio aquí! - gritó el botero, y el señor Fison y el segundo trabajador corrieron a añadir sus fuerzas al remo.

Luego el hombre del bichero - su nombre era Ewan, o Ewen - saltó con una maldición, y comenzó a golpear hacia abajo, por encima de la borda, hacia el banco de tentáculos que ahora se apiñaba contra el fondo del bote. Y, al mismo tiempo, ambos remeros se pusieron de pie para tratar de conseguir una oportunidad mejor de recobrar sus remos. El botero le entregó el suyo al señor Fison, quien se esforzó desesperadamente, en tanto el hombre sacaba una enorme navaja y, recostándose sobre la borda, comenzaba a acuchillar los brazos que brotaban del mango del remo.

LOS DEPREDADORES DEL MAR, H. G. Wells

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Un psicópata, un carnicero, un libertino, un hipócrita y un payaso.
—¡Vosotros me habéis hecho esto! ¿Por qué?
La rabia ahogaba sus palabras. Las cabezas-flores adoptaron la forma concreta de los hedonistas responsables de la loca y sangrienta aventura en la noche de 1888.
Van Cleef, la mujer-gardenia, se mofó:
—¿Y qué creías, pedazo de paleto? (Es paleto, ¿no, Hernon? Con los dialectos antiguos siempre me pierdo.) Después de haberte hecho liquidar a su Juliette, Hernon quería dejarte ir. ¿Pero por qué no aprovechar la ocasión? Nos debía al menos tres formz, y para empezar tú servías tan bien como cualquier otro.
Jack se puso a gritar hasta que sus cuerdas vocales se hincharon en el interior de su garganta.
—¿Era necesario esta vez? Respondedme. ¿Era indispensable para hacer llegar las reformas?
Hernon se echó a reír.
—Por supuesto que no.
Jack cayó de rodillas. La ciudad le dejó hacer.
—Oh, Dios mío, oh, Dios todopoderoso, he hecho lo que he hecho, me he cubierto de sangre… y todo ello para nada, absolutamente para nada…
Cashio, que había sido uno de los phlox, parecía perplejo.
—Diría que se preocupa tan sólo por esta última vez y no por todas las demás. ¿Cómo explicáis eso?
Nosy Verlag, que había sido una celidonia silvestre, respondió vivamente:
—No es cierto. No se trata tan sólo de esta última vez. Todas lo atormentan. Sondéalo y verás.
Los ojos de Cashio giraron unos instantes hacia arriba, luego hacia abajo, y finalmente se concentraron en Jack. Éste sintió como un estremecimiento de mercurio en su mente, luego nada. Y Cashio concluyó, con una afectada mueca:
—Mmm… sí.
Jack manipuló rabiosamente el cierre de su maletín. Lo abrió y sacó el bocal conteniendo el feto. Aquel que había retirado el 9 de noviembre de 1888 del cuerpo de Mary Jane Kelly. Lo mantuvo unos instantes a la altura de su rostro, luego lo lanzó con todas sus fuerzas contra el suelo de metal. No llegó a tocarlo. Al llegar a menos de un centímetro del limpio y aséptico revestimiento de la ciudad, desapareció sin dejar ninguna huella.
—¡Qué maravillosa sensación de repugnancia! —exultó Rose, que había sido una rosa.
—Hernon —advirtió Van Cleef—, está concentrándose en ti. Te está haciendo responsable de todo lo que le ocurre.
En el momento en que Jack sacaba del maletín el escalpelo eléctrico de Juliette y se lanzaba hacia él, Hernon estaba riéndose, sin mover los labios. Las palabras de Jack eran ininteligibles, pero mientras golpeaba estaba diciendo:
—¡Basura! Os mostraré lo que sois; os mostraré que no podéis hacerme esto, ¡os lo mostraré! ¡Vais a reventar todos, todos vosotros, todos!
Eso era lo que decía, pero las palabras no surgieron de su boca más que como un prolongado rugido de venganza, de frustración, de odio y de impetuoso furor.
Hernon seguía riendo cuando Jack le hundió en el pecho la hoja zumbante de electricidad, delgada como un ingrávido suspiro. Casi sin ninguna manipulación por parte de Jack, delimitó una abertura de 360º, de abiertos y carbonizados labios, que puso al descubierto el palpitante corazón de Hernon y el húmedo interior de su caja torácica. Aún tuvo tiempo de lanzar un desconcertado aullido antes de recibir el segundo golpe, que seccionó limpiamente las ataduras del corazón. Vena cava superior. Aorta. Arteria pulmonalis. Bronchus principalis.

EL MERODEADOR EN LA CIUDAD AL BORDE DEL MUNDO, Harlan Ellison

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Casi podría decirse que por tratarse de un Boca-River, esa tarde las cosas venían demasiado tranquilas. En una parrilla cercana llamada La 12 hubo un «ajuste de cuentas» entre dos hinchas, uno de los cuales tuvo que ser hospitalizado en el Argerich con una puñalada en el abdomen. De puro aburridos, los policías apaleaban a alguno que otro, pero sin lograr que nadie se tomara en serio la cuestión.
Cuando ya eran más o menos las cuatro y media de la tarde de aquel domingo, los dos marcianos entraron a la Bombonera. Por supuesto, los de seguridad no los palparon de armas porque el único ropaje que tenían era el cinturón ése atravesado en el pecho, con la cartuchera chiquita donde llevan sus cosas. Además, sintieron un poco de asco cuando los vieron llegar.
De acuerdo a sus costumbres iban desnudos, y ésa fue la causa.
No es justo cargar toda la culpa al pobre Facundo Solari, como hacen los periodistas. Sí cabe, en todo caso, hablar de una culpa más difusa, que abarque la frustración de Solari, pero también la soberbia despectiva de los marcianos, la malevolencia de los funcionarios del club pero, por sobre todo, la mezquindad de los políticos que siempre hacen las cosas para su propio interés y no por el de un pueblo ignorante, que aún no está preparado para recibir a quienes debemos considerar personas aunque no parezcan.
Tampoco es creíble, en realidad, que los encargados de la seguridad ignoraran lo que hacían. Son gente de experiencia y, según dijeron, Cumplían órdenes y entonces, cuando vieron las figuras verdes de los “marcianos”, les dieron la voz de alto.
-Señores, acá no pueden entrar así...desnudos- dijo el encargado de la seguridad, haciendo seguramente un gesto de asco ante esos grotescos órganos sexuales que tienen y los marcianos exhiben sin pudor alguno.
Ya hubo, en otros lados, problemas por eso. Ellos acostumbran a utilizar, cuando están ante nosotros, ropajes generalmente holgados para no ofender nuestra humana sensibilidad. Ninguna ley, ni acá ni en ningún otro país los obliga a vestirse, pero lo hacen suponemos que sólo por una cuestión de urbanidad, para evitar discusiones cuando hay cosas más importantes de que hablar.

INCIDENTE CON MARCIANOS EN LA BOMBONERA, Luis Barroso

Festival Buenos Aires Rojo Sangre

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Comienza la 10ª edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre, de cine fantástico y de terror

Habrá una sección competitiva de películas nacionales e internacionales, y una sección de cortos dedicados a los zombis. La entrada costará ocho pesos por función.

Desde este jueves y hasta el 4 de noviembre se realizará en la Capital Federal la décima edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), en el cual se podrán ver películas de los géneros terror, fantástico y bizarro. La sede elegida es la sala del cine Monumental Lavalle (Lavalle 780).  Entradas a $8 x función

Habrá una sección competitiva de películas tanto nacionales como internacionales, entre las que participarán títulos de Austria, Italia, Brasil y Uruguay. Además también se realizará una sección especial dedicada a los zombis, en la que se podrán ver cortometrajes filmado en la ZombieWalk, una caminata de "muertos vivientes" realizada en la ciudad el 4 de octubre, a la cual no pude asistir.

En tanto, en esta edición se estrenará el documental "Rojo Sangre, 10 años a puro género" en el que se recorrerá el crecimiento y la evolución de este festival y de este tipo de películas. Incluirá testimonio de realizadores, críticos, especialistas, distribuidores y fanáticos.

Fragmento

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—¿Desde cuándo para tener alucinaciones necesitás ingerir reboxina? —preguntó la mujer—. Tu vida ya es una continua alucinación sin tomar porquerías como ésa.
—No puedo evitar que me encuentren —dijo él, eludiendo la pregunta—. Pero puedo hacer que no me importe.

—Encontrarán al checheno en la bañera y te encerrarán en un manicomio. —El gesto de la mujer era de reprobación. Solía comportarse como una madre severa, a pesar de que tenían la misma edad y ella también era adicta a los estimulantes. Lila pintaba obsesivamente el paisaje del páramo sombrío en el que vivía. Construía las imágenes en pequeñas tablas de treinta centímetros de lado, pero sólo podía hacerlo cuando diluía anfetaminas en los sienas y tostados de su paleta.
—Durará sólo algunos minutos. ¿Por qué no pueden hacer que el efecto dure para siempre? —Daniel empujó suavemente a la mujer y entró en la cabaña. Un farol de queroseno era la única fuente de iluminación. Los muebles lucían tan mustios y apagados como los de él, en la ciudad. ¿Había recorrido toda esa distancia para averiguar si algo dicho o escrito se adecuaba a su visión del mundo? Segundo a segundo, la sensación de vacío que lo separaba de la mujer se iba haciendo mayor. Giró la cabeza para sermonearla, pero en el lugar de la pintora se había materializado Ruslan, el gigantesco checheno que, según todas las presunciones, trabajaba para los iraníes. ¿Cómo se había enredado con ese hombre? Y algo peor: ¿para qué?
Ruslan lanzó una risotada, como si fuese capaz de adivinarle los pensamientos. —¿Otra vez perdido en la niebla, Daniel? —dijo acentuando su ya marcado acento. Era el estereotipo del borrachín caucásico, sentimental y burlón. Odiaba a los rusos de un modo aberrante.
—Estabas muerto —dijo Daniel—. Te vi en la bañera. Rígido y frío.
—Estar vivo, estar muerto —respondió el checheno moviendo las manos como las aspas de un ventilador—. Eso es tan relativo cuando uno tiene algunos gramos de ribuxina circulando por los canales...
—Reboxina.
—Ribuxina, reboxina. Fenotiacina, estelacina, anfetaminas. Igual, todo lo que hacemos e ingerimos es relativo. —Ruslan cerró la puerta y se movió hacia un rincón de la cabaña. Regresó con un tablero bajo el brazo y una caja de madera entre las manos—. Juguemos una partida mientras esperamos. Es una droga más limpia.
—¿Qué esperamos? —Daniel se sentía aturdido. ¿Eso era todo lo que le iba a obsequiar la droga, una pasiva partida de ajedrez en la que las piezas danzarían por el tablero sin atenerse a las reglas establecidas del juego? ¿Se dejaría cazar pasivamente por los agentes de la CST?
Pero esta vez podría ser distinto. Si el checheno perdía el tiempo con la partida, era posible que hubiera otra salida. Ruslan era un tipo práctico y no haría algo por nada.
—Hay niveles; todo es cuestión de niveles. Si te grabas eso podrás avanzar en alguna dirección. En cambio si no grabas... —Ruslan empezó a acomodar las piezas y lo invitó a hacer lo mismo. Le había asignado las negras, aunque eso a Daniel lo tenía sin cuidado—. Si ponemos dos o más niveles entre nosotros y los que nos persiguen hasta es posible que logremos burlarlos.
—Nadie me persigue —dijo Daniel—. O eso creí hasta ahora. ¿Quien me persigue, me lo dirás?
—Cuando termine el efecto de lo que tomaste lo sabrás —dijo el checheno, usando un tono ominoso, aunque suficiente para penetrar la coraza de histeria de Daniel—. Apertura Bird —anunció moviendo el peón del alfil del rey—. Exótica. Extravagante como árbol lleno de pájaros mecánicos, ¿no te parece?

PAISAJE PERDIDO, Sergio Gaut vel Hartman

La pelìcula mostra: Samurai Zombie

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Una familia que es secuestrada por una pareja de psicopatas. Buscan una armadura samurai, pero el lugar esta custodiado por zombies. Por otro lado, la policía también aparece, es entonces cuando omienza un enfrentamiento entre policias, zombies y asesinos, mientras la familia trata de sobrevivir.

Fragmento

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En la noche centésimo primera de la Celebración Milenaria, Faetón se alejó de las luces y la música, del movimiento y del alborozo de la dorada ciudad palacio, y salió a la soledad de los bosquecillos y jardines. En esa época de alegría, no las tenía todas consigo y no sabía por qué.
Su nombre completo era Faetón Primo Radamanto Humodificado (realce) Incompuesto, Indepconsciencia, Neuromorfa Básica, Escuela Señorial Gris Plata, Era 7043 («Nuevo Despertar»).
Esa noche habían escogido el ala occidental de la ciudad palacio de Aureliano para una Presentación de Visiones de la élite de la Mansión Radamanto. Faetón había recibido la invitación a participar en el panel de jueces de sueños y, ansioso de experimentar las historias futuras que se presentarían, había aceptado gustosamente. Había pensado que esa velada representaría en miniatura, para la Casa Radamanto, aquello que la Alta Trascendencia de diciembre representaría para toda la humanidad.
Pero quedó defraudado. El desfile de adocenadas y trilladas extrapolaciones había agotado su paciencia.
Había un futuro donde todos los hombres eran registrados como información cerebral en un cristal lógico de diamante que ocupaba el núcleo de la Tierra; en otro futuro, toda la humanidad existía en las hebras de un despliegue arborescente de velas y paneles que formaban una esfera de Dyson alrededor del Sol; un tercero prometía titánicas viviendas para billones de mentes y supermentes en el frío absoluto del espacio transneptuniano (el frío era necesario para cualquier obra de ingeniería subatómica realmente precisa) pero con raíles o ascensores de material inconcebiblemente denso que se extendían a lo largo de cientos de unidades astronómicas, por toda la anchura del sistema solar, hasta el manto del Sol, para explotar la ceniza de hidrógeno como material de construcción y para aprovechar la vasta energía del astro, por si alguna vez los ordenadores inmóviles del espacio profundo que albergaban las mentes de la humanidad necesitaban materia o energía.
Cualquiera de estas visiones tendría que haber sido sobrecogedora. Las obras de ingeniería estaban presentadas con exquisito detalle. Faetón no podía identificar aquello que deseaba, pero sabía que no quería ninguno de esos futuros que le ofrecían.
No habían invitado a Dafne, su esposa, que era sólo miembro colateral de la casa; y Helión, su progenitor, estaba presente sólo como versión parcial, pues su primario había acudido a un cónclave de los Pares.
Así, en el centro de una multitud bullanguera y jovial de telepresencias, maniquíes y personas reales con trajes brillantes, y con las cien altas ventanas de la Sala de Presencia pobladas por el fulgor de futuros monótonos, y con mil canales que lo acribillaban con mensajes, requerimientos e invitaciones, Faetón comprendió que estaba totalmente solo.
Afortunadamente estaban en mascarada, y él podía asignar su rostro y su papel a una copia de seguridad de sí mismo. Se puso un disfraz de Arlequín, con encaje en la garganta y antifaz en el rostro, y se escabulló por una entrada lateral antes que los lugartenientes o escuderos de honor de Helión pensaran en detenerlo.
Sin una palabra ni una señal para nadie, Faetón partió y atravesó parques y jardines silenciosos en el claro de luna, acompañado sólo por sus pensamientos.

La edad de oro, John C. Wright

ZOMBI – GUIA DE SUPERVIVENCIA

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I. Matar a los muertos
Aunque parezca que destruir a un zombi puede ser simple, no hay nada más lejos de la realidad. Tal y como hemos visto, los zombis no requieren ninguna de las funciones fisiológicas que los humanos necesitamos para sobrevivir. La destruc­ción o el daño severo al sistema circula­torio, digestivo o respiratorio no harían nada a un miembro de los muertos andan­tes, en tanto en cuanto esas funciones no se mantienen en el cerebro. Simplemente piensa que existen miles de formas de matar a un humano y sólo una de matar a un zombi. El cerebro debe ser destruido, de cualquier manera posible.


J. Deshacerse del cuerpo
Los estudios muestran que el Solanum puede vivir en el cuerpo de un zombi destruido durante otras cuarenta y ocho horas. Se ha de tener un cuidado extremo a la hora de deshacerse del cadáver de un no muerto. La cabeza en particular conlleva el mayor riesgo, dada su concentración del virus. Nunca cargues con el cadáver de un no muerto sin ropa protectora. Trátalo como si fuera cualquier clase de material tóxico o altamente letal. La cremación es la forma más segura y efectiva de eliminarlo. A pesar de los rumores de que quemar un grupo de cadá­veres podría propagar Solanum en forma de plaga a través del aire, el sentido común nos diría que ningún virus es capaz de sobrevivir al calor intenso, por no hablar de un incendio.

K. ¿Domesticación?
Repetimos, el cerebro de un zombi ha demostrado ser, hasta el momento, inalterable. Los experimentos que se han realizado con productos químicos, cirugía e incluso descargas electromag­néticas, han dado resultados negativos. La terapia para cambiar su comportamiento y otros intentos para entrenar a los muertos vivientes como bestias de carga o algo parecido también han acabado en fracaso. De nuevo, no podemos cambiarle el chip a la máquina. Será tal como es o no será.

Max Brooks




Fragmento

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Una forma llegó brincando sobre Cloudmoor. Tenía dos brazos y dos piernas, pero las piernas eran largas y terminaban en zarpas, y estaba cubierto de plumas hasta el extremo de una cola y anchas alas. El rostro era medio humano, dominado por sus ojos. Si Ayoch hubiese sido capaz de erguirse del todo, hubiera llegado al hombro del muchacho.
La muchacha se puso en pie.

- Lleva un bulto - dijo.
Su visión no estaba hecha para el crepúsculo como la de un ser nacido en el septentrión, pero había aprendido a utilizar todas las señales que sus sentidos le proporcionaban. Aparte del hecho de que normalmente un puk hubiera volado, había cierta pesadez en su apresuramiento.
- Y llega del sur - dijo el muchacho con visible excitación, repentina como una verde llama que cruzara la constelación Lyrth. Descendió rápidamente por la ladera del túmulo -. ¡Ohoi, Ayoch! - gritó -. ¡Soy yo, Mistherd!
- Y Sombra-de-un-Sueño - rió la muchacha, siguiéndole.
El puk se paró. Respiró más ruidosamente que la vegetación que susurraba a su alrededor. En el lugar en que se había detenido se alzó un olor a hierba aplastada.
- Saludos en el umbral del invierno - silbó -. Podéis ayudarme a llevar esto a Carheddin.
Levantó lo que portaba. Sus ojos eran fanales amarillos encima. El bulto se movió y gimió.
- ¡Es un niño! - dijo Mistherd.
- Lo mismo que lo fuiste tú, hijo mío, lo mismo que lo fuiste tú. ¡Jo, jo, qué proeza! - alardeó Ayoch -. Eran muchos en el campamento de Fallow wood, armados, y además de máquinas de vigilar tenían perros grandes y feos, de guardia mientras ellos dormían. Sin embargo, me acerqué por el aire, después de haberles espiado hasta que supe que un puñado de polvo...
- ¡Pobrecillo! - Sombra-de-un-Sueño cogió al niño y lo apretó contra sus menudos pechos -. Tienes mucho sueño, ¿verdad? - Ciegamente, el niño buscó un pezón. Ella sonrió a través del velo de sus cabellos -. No, soy demasiado joven, y tú eres ya demasiado mayor. Pero, cuando despiertes en Carheddin debajo de la montaña, tendrás un banquete.
- Yo, ah - dijo Ayoch muy suavemente -. Ella está fuera y ha oído y visto. Está llegando.
Se agachó, con las alas plegadas. Al cabo de unos instantes Mistherd se arrodilló, y lo mismo hizo Sombra-de-un-Sueño, aunque no soltó al niño.
La alta forma de la Reina bloqueó las lunas. Miró en silencio a los tres y a su botín. Los sonidos de la colina y del páramo dejaron de existir para ellos hasta que les pareció que podían oír sisear las luces del norte.
Finalmente, Ayoch susurró:
- ¿Lo he hecho bien, Estrellamadre?
- Si has robado un niño de un campamento lleno de máquinas - dijo la hermosa voz -, es que eran gente del lejano sur que podría no soportarlo tan resignadamente como los hacendados.
- Pero, ¿qué pueden hacer, Elaboradora-de-Nieve? - preguntó el puk -. ¿Cómo podrían localizarnos?
Mistherd irguió la cabeza y habló en tono de orgullo.
- Ahora, también ellos aprenderán a temernos.
- Y es un niño encantador - dijo Sombra-de-un-Sueño -. Y nosotros necesitamos más como él, ¿no es cierto, Dama Cielo?
- Tenía que ocurrir en algún crepúsculo - asintió la Reina -. Llevadle hacia abajo y cuidad de él. Por esta señal - que ella hizo -, es reclamado por los Moradores.
Su alegría se manifestó libremente. Ayoch se revolcó por el suelo hasta que encontró un árbol de hojas temblonas. Encaramándose por el tronco se colgó de una rama, semioculto por el pálido follaje. El joven y la muchacha llevaron el niño hacia Carheddin, a un paso rítmico que les permitía a él tocar la flauta y a ella cantar:
¡Wahaii, wahaii! ¡Wayala, laii!
Ala en el viento alta sobre el cielo,
con grito estridente, avanzando a través de la lluvia,
a través del tumulto.
avanzando a través de los árboles bañados por la luz de la luna
y las sombras cargadas de sueños debajo de ellos,
confundiéndose con el tintinearte cabrilleo de los lagos
en los que se ahogan los rayos de las estrellas.

LA REINA DEL AIRE Y LA OSCURIDAD, Poul Anderson

Hay en Marte restos de vida, dice un estudio

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Florencia - Las pequeñas esferas denominadas arándanos que fueron descubiertas en la zona del planeta Marte llamada Meridiani Planus -la gran llanura al sur del ecuador marciano-, son restos de vida muy antiguos y primitivos, indica un estudio de investigadores italianos publicado en la Revista Internacional de Astrobiología.


Hay diferentes hipótesis sobre el origen de los arándanos, pero el único dato en el que coinciden los expertos que los estudiaron es que se trata de formaciones "pertinentes a la presencia de agua".

Los sedimentos tienen el aspecto de delgadísimas láminas y sobre éstas se han centrado los esfuerzos de los especialistas italianos.

"Nuestro estudio muestra que estos sedimentos y las esferas que contienen podrían ser estructuras órgano-sedimentarias, probablemente producidas por microorganismos", dijeron.

Se trataría de microfósiles que fueron acumulándose en el tiempo hasta dar origen a delgadas capas. Una estructura que, a criterio de los científicos, "parece ser compatible con la existencia de la vida en Marte". (ANSA)

La película mostra: LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA

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Sentí un ligero estremecimiento, un golpecito seco como si destaparan una botella de champaña en una habitación contigua, y un ruido débil, una especie de zumbido. Por un instante experimenté la sensación de una tensión enorme, una intuitiva convicción de que mis pies apretaban el suelo con una fuerza de inconmensurables toneladas.
Aquello duró un tiempo infinitesimal, pero bastó para impulsarme a la acción.
-¡Cavor!- grité en la obscuridad - Mis nervios se rompen... Creo
que no...
Me detuve: él no contestó.
-¡Váyase usted al diablo! – gritó - ¡Soy un mentecato! ¡Qué tengo
que hacer aquí! No voy, Cavor: la cosa es demasiado arriesgada. Voy a salir de la esfera...
-No puede...- me contestó.
-¿ No puedo? ¡Ya lo veremos!
No me dio respuesta alguna, durante unos diez segundos.
-Ya es demasiado tarde para reñir, Bedford - me dijo después.-
Ese pequeño sacudimiento fue la partida. Ya estamos en viaje, volando con tanta velocidad como una bala, en el abismo del espacio.
-Yo...- dije... Y luego no supe cómo continuar.
Estuve un rato como aturdido: nada tenía que decir. Me hallaba
como si antes no hubiera oído hablar nunca de la idea de marcharnos del mundo. Luego noté un indescriptible cambio en mis sensaciones corporales. Era una impresión de ligereza, de irrealidad. Junto con ello, una rara sensación en la cabeza, casi un efecto apoplético, y un retumbar de los vasos sanguíneos de los oídos. Ninguna de esas sensaciones disminuyó con el transcurso del tiempo, pero al fin llegué a acostumbrarme tanto a ellas, que ya no me causaron la menor molestia.
Oí un crujido, y de una pequeña lámpara empañada brotó la luz.
Vi la cara de Cavor, tan blanca como sabía que estaba la mía.
Nos. miramos uno a otro en silencio. La transparente negrura del vidrio en que estaba apoyado de espaldas, lo hacía aparecer como flotando en el vacío.
-Bueno: nuestra suerte está echada - dije, por último.
-Sí - contestó él,- está echada. ¡ No se mueva usted !- exclamó, al verme iniciar un ademán.- Deje usted sus músculos en completa flojedad...como si estuviera usted en la cama. Estamos en un pequeño universo enteramente nuestro.¡ Mire usted todo eso!

LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, H. G. WELLS

Dirigida por Nathan Juran en 1964.

La pelìcula mostra: EL NIÑO MARCIANO

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Empecé a buscar pruebas.
Comencé a repasar mi diario.
Había estado tomando notas diariamente de los incidentes interesantes, en caso de que alguna vez quisiera escribir un libro sobre nuestras experiencias. Al principio, no podía encontrar nada. La mayoría de los incidentes sobre los que había escrito eran bastante rutinarios. Ni siquiera apto como material para el Reader’s Digest.
Por ejemplo, la semana después de que se instalara, lo había llevado al partido del béisbol en el estadio de los Dodgers. Cuando entramos en el aparcamiento dije:
Bien, chico, desea que haya alguna plaza libre.
Dennis se inclinó hacia delante en su asiento con una expresión intensa en su cara.
Parece abarrotado. Será mejor que desees con fuerza.
Llegué al final de la hilera y giré hacia la siguiente. Había seis lugares vacíos.
Uy. Te has pasado.
Realicé un deseo marciano.
Oh, bien. Bueno, hay cinco personas detrás de nosotros que también necesitan un sitio para aparcar. Ahora, vamos a ver al mejor equipo de béisbol del mundo. ¿Sabes cual es?
—¡Los Dodgers!
—¡Correcto!
Durante la primera parte del partido, Dennis estaba más interesado en obtener un banderín y conseguir un poco de algodón de azúcar, que en lo que estaba ocurriendo abajo en el campo. Pero hacia la quinta entrada se subió en mi regazo y empecé a explicarle en que consistía el juego.
Ves a ese hombre sujetando el bate en la base del bateador. Desea que golpee la pelota fuera del estadio.
—Está bien —dijo Dennis.
¡Cra—a—a—ack! La pelota salió disparada fuera del campo hasta los asientos situados a la derecha del recinto. Alguien en la grada más baja la atrapó y el corredor se paseó fácilmente alrededor de las bases mientras el organista tocó, “Gloria, Gloria, Aleluya”.
—Se te da bien pedir deseos, Dennis. Eso fue increíble. ¿Quieres probar otra vez?
—No.
—Está bien.

David Gerrold 

Dirigida por Menno Meyjes, con John Cusack y Bobby Coleman.

Fragmento

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A primera vista, aquellas paredes parecían prácticamente inescalables, pero cualquiera que tuviera un poco de experiencia sabía que la escalada no presenta serias dificultades en un mundo donde el peso queda reducido a una sexta parte. El auténtico peligro del alpinismo lunar reside en el exceso de confianza: una caída desde cien metros en la Luna es tan mortal como una caída desde quince metros en la Tierra.
Hicimos nuestro primer alto en una cornisa a unos mil quinientos metros de la llanura.
La escalada no había sido difícil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado había envarado mis miembros, y me sentía feliz de poder descansar un poco. Visto desde allí, el tractor parecía un minúsculo insecto metálico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada.
...
Me encontraba en una explanada de unos treinta metros de profundidad. En alguna ocasión había sido lisa, demasiado lisa para ser natural, pero los impactos de los meteoritos habían mordido y cribado su superficie a través de incontables eones. Y había sido nivelada para poder sostener una estructura translúcida, burdamente piramidal, de dos veces la altura de un hombre, encajada en la roca como una gigantesca gema facetada.
Probablemente no experimenté ninguna sensación durante los primeros segundos. Luego, inexplicablemente, sentí una extraña alegría. Porque yo amaba la Luna, y ahora sabía que el musgo que trepaba en Aristarco y Eratóstenes no era la única forma de vida que había producido cuando era joven. Los antiguos y desacreditados sueños de los primeros exploradores eran ciertos. Después de todo había existido una civilización lunar, y yo había sido el primero en descubrirla. El hecho de haber llegado con un millón de años de retraso no me preocupaba; tenía bastante con haber llegado.


Mi cerebro comenzaba a funcionar de nuevo normalmente, analizando, planteando preguntas. ¿Qué era aquella construcción? ¿Un santuario... o alguna otra cosa que en mi lengua no tenía nombre? Si era una construcción habitable, ¿por qué la habían edificado en aquel lugar casi inaccesible?
 
EL CENTINELA, Arthur C. Clarke incluido en VINIERON DEL ESPACIO EXTERIOR, Jim Winorski

La pelìcula mostra: El día de los trífidos

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Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte.
Lo sentí tan pronto como desperté. Y sin embargo, cuando se me aclaró un poco la mente, comencé a dudar. Al fin y al cabo, era muy posible que fuese yo el que estaba equivocado, y no algún otro. Seguí esperando, acicateado por la duda. Pero pronto tuve mi primera prueba objetiva: me pareció oír que un reloj distante daba las ocho. Escuché con atención y desconfianza. Pronto otro reloj comenzó a emitir unas notas altas y perentorias. Con gran tranquilidad dio ocho indiscutibles campanadas. Entonces supe que pasaba algo raro.
Sólo por accidente no asistí al fin del mundo; bueno, el mundo que había conocido durante treinta años. A casi todos los sobrevivientes les pasó lo mismo. Está en la naturaleza de las cosas que haya siempre un buen número de enfermos en los hospitales: la ley de los promedios había decidido la semana anterior que yo fuese una de esas personas. Sí eso hubiese ocurrido una semana antes, yo no estaría escribiendo estas líneas; no estaría aquí.
Pero la casualidad no sólo quiso que yo estuviese en el hospital en ese preciso momento, sino también que una venda me cubriese los ojos, y toda la cabeza. Tengo, por tanto, que estar agradecido a quienquiera que sea el que decide la regularidad de esos promedios. Pero aquella mañana yo solo sentía cierto mal humor, preguntándome qué diablos habría ocurrido, pues ya había pasado allí bastante tiempo como para saber que, después de la jefa de enfermeras, lo más sagrado en un hospital era el reloj.

John Wyndham

Dirigida por Steve Sekely en 1962.  Protagoniza por Howard Keel (Bill Masen), Nicole Maurey, Janette Scott y Kieron Moore.  Bill Masen, un biólogo británico, el narrador y protagonista, despierta en un hospital con los ojos cubiertos de vendas debido a sus cuidados médicos. Pero apenas despierta se da cuenta que algo anda muy mal a causa del horrible silencio que reina en el lugar.

El gigante azul

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Allí, en una remota esquina del Sistema Solar (a 4.500 millones de kilómetros), se levanta una inmensa masa azulada de 210 grados bajo cero de temperatura media... allí, en una remota esquina, gira un planeta monstruoso y enigmático, que siempre fue una incógnita y que recién fue visitado por un aparato humano, demasiado humano, hace 20 años, por única y última vez. Neptuno, uno de los cuatro grandes malevos del sistema, llega hasta aquí en una evocación nostálgica de aquella visita que le hiciera, en 1989, la sonda Voyager 2.

Y a pesar de todo, del frío, la oscuridad, y esa irremediable lejanía (que lo condena a no ser más que un pálido y diminuto disco, aun para los grandes telescopios), Neptuno se reveló ante los ojos de la Voyager 2 como un planeta fascinante, envuelto por una atmósfera muy violenta y cambiante, con enormes tormentas circulares y ovaladas, y vientos de una furia sin igual en toda la comarca solar. Por si fuera poco, la legendaria nave de la NASA descubrió varios anillos –pálidos, pero anillos al fin– y algunos satélites hasta entonces desconocidos. Y hasta se dio el gusto de visitar Tritón, la “joya” de Neptuno, una súper luna extraordinaria, se la mire por donde se la mire.
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La pelìcula mostra: Zombies! Zombies! Zombies!

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Zombies! Zombies! Zombies! (2008) dirigida por Jason Murphy.
Estelarizada por Jessica Barton como Dakota, Hollie Winnard (Harley), Lyanna Tumaneng (Dallas), Tiffany Shepis y Juliet Reeves.
¡Strippers vs Zombies! Un medicamento experimental falla y produce un grupo de zombis sedientos de sangre. Corresponde a un pequeño grupo de bailarinas exóticas atrapadas en un club de caballeros, detenerlos.



La pelìcula mostra: Cat-Women of the Moon

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Cat-Women Of The Moon (1953) Dirigida por Arthur Hilton. Con Sonny Tufts (Laird Grainger), Victor Jory (Kip Reissner), Marie Windsor (Helen Salinger), William Phipps, Douglas Fowley, Carol Brewster (Alpha), Susan Morrow (Lambda) y Suzanne Alexander (Beta). Unos astronautas viajan a la Luna. Durante todo el vuelo, la única mujer que integra el grupo parece poseer conocimientos especiales sobre la ruta a seguir, y una vez llegados, conduce a los hombres por unas grutas, donde toman contacto con una civilización sólo constituida por atractivas mujeres en pantys negras.
¡No se descuiden valientes terrestres!

Cat-Women of the Moon es otra más de esas típicas películas que surgen cuando llega el momento de listar las peores de la historia del cine.


Fragmento

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Me llamo Robinette Broadhead, pese a lo cual soy varón. A mi analista (a quien doy el nombre de Sigfrid von Schrink, aunque no se llama así, carece de nombre por ser una máquina) hace mucha gracia este hecho:
- ¿Por qué te importa que algunas personas crean que es nombre de chica, Bob?
- No me importa.
- Entonces, ¿por qué no dejas de mencionarlo?

Me fastidia cuando no deja de mencionarme lo que yo no dejo de mencionar. Miro hacia el techo, con sus colgantes movibles y sus piñatas, y luego miro la ventana, que en realidad no es una ventana, sino un móvil holópico del oleaje en Kaena Point; la programación de Sigfrid es bastante ecléctica. Al cabo de un rato le contesto:

- No puedo evitar que mis padres me llamaran así. He intentado escribirlo R-O-B-I-N-E-T, pero entonces todo el mundo lo pronuncia mal.
- Podrías cambiarlo por otro.
- Si lo cambiara - digo, seguro de que en esto tengo razón -, tú me dirías que llego a extremos obsesivos para defender mis dicotomías internas.
- Lo que te diría - replica Sigfrid en uno de sus torpes y mecánicos intentos de humor - es que no debes emplear términos psicoanalíticos técnicos. Te agradecería que te limitaras a decir lo que sientes.
- Lo que siento - digo yo por milésima vez - es felicidad. No tengo problemas. ¿Por qué no habría de sentirme feliz?

Jugamos mucho con ésta y otras frases parecidas y a mí no me gusta. Creo que hay un fallo en su programa. Insiste:
- Dímelo, Robbie. ¿Por qué no eres feliz?
No le contesto y él vuelve a la carga:
- Me parece que estás preocupado.
- Mierda, Sigfrid - replico, un poco harto -, siempre dices lo mismo. No estoy preocupado por nada.
Intenta convencerme:
- No hay nada malo en explicar lo que se siente.

Vuelvo a mirar hacia la ventana, enfadado porque me doy cuenta de que tiemblo y no sé por qué.
- Eres un latazo, Sigfrid, ¿lo sabías?
Dice algo, pero yo no le escucho. Me pregunto por qué vengo aquí a perder el tiempo. Si ha habido alguna vez alguien con todos los motivos para ser feliz, ése soy yo.
Rico, bastante apuesto, no demasiado viejo, y en cualquier caso, tengo el Certificado Médico Completo, por lo que durante los próximos cincuenta años puedo tener la edad que me plazca. Vivo en la ciudad de Nueva York y bajo la Gran Burbuja, donde no puede permitirse el lujo de vivir nadie que no esté bien forrado y sea, además, una especie de celebridad. Poseo un apartamento de verano con vistas al mar de Tappan y la presa de Palisades. Y las chicas se vuelven locas con mis tres brazaletes de Fuera. No se ve a muchos prospectores en la Tierra, ni siquiera en Nueva York. Todas están deseando que les cuente qué aspecto tiene la Nebulosa de Orión o la Nube Menor Magallánica. (Naturalmente, no he estado en ninguno de los dos sitios. Y no me gusta hablar del único lugar interesante donde sí he estado.)

- Entonces - dice Sigfrid, después de esperar el apropiado número de microsegundos una respuesta a lo último que ha dicho -, si de verdad eres feliz, ¿por qué vienes aquí en busca de ayuda?

PÓRTICO, Frederik Pohl

La primera tormenta tropical en Titán

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La primera tormenta tropical que se observa en Titán ha sorprendido y también tranquilizado a los expertos en tormentas planetarias. Las nubes a las que dio lugar, que aparecieron días después cerca del polo Sur y del ecuador de la luna de Saturno, serían la fuente de la lluvia de metano líquido que, en ocasiones anteriores, habría causado los surcos y canales observados por la sonda europea Huygens cuando descendió allí en 2005.


La gran tormenta fue observada durante tres semanas en abril a través de telescopios terrestres. Tuvo su origen a unos 30 grados de latitud sur y se extendió por unos tres millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de la India. Habitualmente el clima es bastante tranquilo en Titán y las nubes son escasas. "Después de tres años de observar Titán y no ver apenas nubes, de repente se produjo el gran espectáculo", dice Emily Schaller, la astrónoma que ha realizado el grueso del trabajo, ayudada por otros colegas estadounidenses.


Nuno in Monsterland

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La pelìcula mostra: Ciudad Implacable

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Debía tratarse de una gente prudente, puesto que el golpe en la cabeza no hubiera sido necesario. La bebida preparada que le habían dado hubiera podido derribar a un buey. Recordó haberse sumido en la oscuridad inmediatamente después de haberla bebido, sabiendo qué era lo que le estaba ocurriendo. Recordó la sensación de impotencia.
Ahora ya no valía la pena preocuparse por ello. Era una persona filosófica, y el hecho de que aún estaba vivo compensaba la bebida y sus resultados. Pensó, paladeándolo, en la muchacha de pelo color castaño que lo había estado observando mientras bebía. Llevaba un corpiño escaso y ajustado, y era allí donde se habían fijado sus ojos en el último momento —en sus hermosos y tostados pechos—, hasta que se tambaleó y se sumergió en la imprecisión y luego en la nada.

La muchacha del pelo color castaño era hermosa, pero ahora se había ido, y había otros problemas más urgentes.

CIUDAD IMPLACABLE, Ivar Jorgenson

TARGET EARTH / Objetivo la Tierra (1954) Dirigida por Sherman A. Rose. Con Richard Denning (Frank Brooks), Kathleen Crowley (Nora King), Virginia Grey (Vicki Harris) y Richard Reeves (Jim Wilson)

Nora King se despierta luego de un intento de suicidio con pastillas somníferas. Pero al salir de su habitación descubre que todas las calles de la ciudad se encuentran desiertas. Nora se topa con Frank Brooks, un forastero que acaba de recuperar la conciencia luego de un intento de robo la noche anterior. Ambos deambulan por la metrópoli e intentan ubicar otros supervivientes o siquiera una radio que les alerte sobre lo que está sucediendo...

La pelìcula mostra: El día que la Tierra se detuvo

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Desde su posición en lo alto de la escalera, sobre el piso del museo, Cliff Sutherland estudió con cuidado cada línea y sombra del gran robot, y luego se volvió y miró pensativamente a la masa de visitantes llegados de todas partes del mundo para ver a Gnut y la nave, y oír, una vez más, su asombrosa y trágica historia.
Sutherland había acabado por sentir un interés casi de propietario en la exhibición, y no sin motivo. Había sido el único fotógrafo de prensa que se hallaba en los terrenos del Capitolio cuando habían llegado los visitantes de lo Desconocido, y había obtenido las primeras fotografías profesionales de la nave. Había contemplado de cerca cada acontecimiento de los siguientes y locos días. Después, había fotografiado muchas veces al robot de dos metros y medio de alto, la nave, y al apuesto embajador muerto, Klaatu, y su imponente tumba.
Y, dado que aquel acontecimiento seguía teniendo una enorme importancia como noticia para miles de millones de personas, allí estaba de nuevo, para conseguir más fotos y, si era posible, un nuevo “ángulo”.
Esta vez quería conseguir una foto que mostrase a Gnut como extraño y amenazador. Las fotos que había tomado el día anterior no habían producido el efecto que deseaba, y esperaba lograrlo hoy; pero la luz aún no era la adecuada y tenía que esperar a que se hiciera más tarde.

El amo ha muerto, Harry Bates

Filmada como "The Day the Earth Stood Still"/“ULTIMÁTUM A LA TIERRA” por Robert Wise en 1951.
Una de las mejores películas de C-F jamás filmadas. Con Michael Rennie y Patricia Neal.
En vez de lanzar a su alrededor los habituales rayos de la muerte y planear la conquista del
mundo, el benévolo hombre del espacio Klaatu llega a la Tierra para promocionar únicamente la paz y la buena voluntad.
Sin embargo, sus rectas intenciones son acogidas con miedo, suspicacia, y finalmente ciega violencia. Klaatu, interpretado por el malogrado Michael Rennie, descubre que los terrestres no son tan civilizados como él creía. En un valeroso intento de salvar a la humanidad de destruirse a sí misma mediante armas atómicas, el hombre del espacio cae víctima de la traición, la
injusticia, y finalmente una lluvia de mortíferas balas. Sólo más tarde, con la ayuda
de su compañero robot, Gort (Gnut en la historia), es vuelto Klaatu a la vida.

¿Qué pasó en Júpiter?

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Hace unas semanas, cuando la Luna acaparaba todas las miradas y todos los festejos, algo sensacional ocurrió en otro rincón del Sistema Solar: el 19 de julio, Júpiter apareció con una mancha negra en la zona austral.
Una extraña cicatriz en la pesada, turbulenta y colorida atmósfera del planeta. Algo había chocado contra el planeta. Y el primer testigo del fenómeno fue Anthony Wesley, un astrónomo amateur australiano. Inmediatamente, el hallazgo fue confirmado por astrónomos profesionales, y hasta observado por el Telescopio Espacial Hubble (hubblesite.org). El raro fenómeno no sólo trajo a la memoria un episodio –aún más notable–- ocurrido hace exactamente 15 años, sino que también alcanzó una notable repercusión mediática.

Titán, ¿el último refugio?

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Titán, podría albergar a la raza humana ante una eventual catástrofe global

El agua líquida es un elemento fundamental para la vida, tal como se la conoce. Es por eso que los astrónomos creen que, con el descongelamiento de su capa helada y su relativa proximidad, el planeta podría ser en el futuro el objetivo de misiones espaciales para buscar vida extraterrestre y hasta albergar la nuestra en caso de una catástrofe global.

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La pelìcula mostra: The Incredible Shrinking Man

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La araña corría hacia él sobre la oscura arena, agitando enloquecida unas patas que parecían tallos. Su cuerpo era un huevo gigante y satinado que temblaba lúgubremente mientras se deslizaba entre aquellos montículos por los que no corría ni un soplo de aire, dejando a su paso una estela de puntos. El hombre se quedó paralizado. Vio el destello venenoso de los ojos de la araña; la vio trepar por un palo que parecía un tronco, alzando su cuerpo sobre unas patas que se movían tan deprisa que apenas eran trazos confusos. Las patas le llegaban a la altura de los hombros. De pronto, a sus espaldas, la llama encajonada en acero cobró vida con un tronido que sacudió el aire, liberando al hombre de su parálisis. Jadeando, giró sobre sus talones y echó a correr. La húmeda arena crujía bajo sus sandalias. Escapó por lagos de luz y se sumergió de nuevo en la oscuridad; su rostro era una máscara de terror. Los rayos del sol arponeaban su camino y las frías sombras lo envolvían. La araña gigante barría la arena, persiguiéndole.

El increible hombre menguante
(1957) de Richard Matheson. Dirigida por Jack Arnold.
Scott Carey (Grant Williams) y su esposa Louisa (Randy Stuart) pasan un día relajado en el yate de su hermano Charlie (Paul Langton). Cuando Louisa va a buscar unas cervezas, una gigantesca nube radiactiva cubre por completo la embarcación. Unos días después, Scott comienza a preocuparse por su repentina pérdida de peso y estatura. Un film maravilloso, que me provocó más de una reflexión.

La película mostra: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick

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—Polokov ha conseguido un empleo oficial como recolector de basuras.
—¿Pero no son solamente los especiales quienes hacen ese tipo de trabajo?
—Polokov imita a un especial muy deteriorado. Eso engañó a Dave. Creo que Polokov es tan parecido a un cabeza de chorlito que por eso Dave no lo tomó en consideración. ¿Está usted seguro del test de Voigt-Kampff? ¿Le consta absolutamente, por lo ocurrido en Seattle, que...
—Sí —
respondió Rick, sin dar más explicaciones.
—Acepto su palabra —dijo Bryant—Pero no debe haber el menor error.
—Como siempre en la caza de andrillos. Este caso no es distinto.
—El Nexus-6 es distinto.
—Ya he conocido uno
—dijo Rick— Y Dave ya ha visto a dos. Tres, si contamos a Polokov. Está bien. Retiraré hoy a Polokov, y quizás esta noche o mañana hable con Dave.
Cogió la copia borrosa, el informe sobre el androide Polokov.
—Otra cosa —agregó Bryant— Un policía soviético de la WPO viene hacia aquí. Llamó mientras usted estaba en Seattle; viaja en un cohete de Aeroflot que ha de llegar dentro de una hora. Su nombre es Sandor Kadalyi.
—¿Qué quiere?
—los policías de la WPO no venían con frecuencia a San Francisco.
—La WPO está bastante interesada en los nuevos modelos Nexus-6, tanto como para enviar un observador.

Blade Runner (1982), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford (Rick Deckard), Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos y Daryl Hannah, entre otros.

La película mostra: Things to come, H.G. Wells

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It is, or at least it professes to be, a Short History of the World for about the next century and a half. (I can quite understand that the reader will rub his eyes at these words and suspect the printer of some sort of agraphia.) But that is exactly what this manuscript is. It is a Short History of the Future. It is a modern Sibylline book.
...
I think I have made a comprehensible story altogether of the course of events during the struggles and changes in world government that went on between 1980 and 2059, at which date the Air Dictatorship, properly so called, gave place to that world-wide Modern State which was still flourishing when the history was published. The reader will find large gaps, or rather he will find large abbreviations, in that portion, but none that leave the main lines of the history of world consolidation in doubt.
...
Apart from this introduction the period covered by the actual narrative is roughly from about 1929 A.D. to the end of the year 2105. The last recorded event is on New Year’s Day 2106; there is a passing mention of the levelling of the remaining “skeletons” of the famous “Skyscrapers” of Lower New York on that date. The printing and publication probably occurred early in the new year; occurred — or should I write “will occur”?

Things to come, H.G. Wells
También llamada "La vida futura" o "
La forma de lo que vendrá", dirigida por William Cameron Menzies y estrenada en 1936. El guión es del mismo H.G. Wells.
La narración comienza en la Navidad de 1940, el futuro por entonces. Mientras la gente normal es feliz de una manera un tanto despreocupada, los periódicos vaticinan la guerra, que efectivamente se declara esa misma noche. El protagonista, parte a la guerra.
Durante 26 años las grandes potencias mantendrán las hostilidades, destruyendo con bombas las edificaciones, asesinando a los civiles con gases venenosos. Finalmente, cuando el enemigo está a punto de ser vencido, éste disemina un virus final, la enfermedad errante, que acabará con la mitad de los supervivientes.
Ya en 1970, el film nos sitúa al final de la guerra y una vez superada la peste, al inicio de una nueva época oscura donde reinan pequeños cabecillas locales en perpetua beligerancia con sus vecinos. Aquí vuelve a aparecer Cabal, el protagonista, más viejo pero igual de vital, como miembro de una nueva sociedad depositaria del saber científico que se dedica a erradicar a estos señores de la guerra para construir una utopía donde el hombre viva en paz y progreso.

A 40 años del primer alunizaje

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En total, el programa lunar tripulado de la NASA visitó a la Luna seis veces, transportando a doce astronautas norteamericanos, quienes recorrieron 95 kilómetros a pie o en jeeps, transmitieron al mundo cientos de horas de imágenes televisadas, tomaron más de 30 mil fotos, instalaron instrumentos para efectuar 60 experiencias científicas (entre ellos reflectores láser que permitieron medir con extraordinaria precisión la distancia entre la Tierra y la Luna) y regresaron con 382 kilos de roca extraterrestre, que se tradujeron en miles de páginas en publicaciones científicas que aportaron nuevos datos sobre la composición del suelo lunar.

La evidencia del alunizaje -de los alunizajes- es abrumadora. Sin embargo, para millones de personas sigue siendo “el mayor engaño del que ha sido víctima la Humanidad”.
Curiosa paradoja: el acontecimiento mejor documentado del siglo XX pasaba a ser el más lujoso y efectivo despliegue de efectos especiales de todos los tiempos. ¿Como no íbamos a creer, décadas después, en conspiraciones aún más extrañas?

Nota completa

La película mostra: The Midwich Cuckoos, John Wyndham

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A la mañana siguiente, regresamos sin apresurarnos a Midwich. Una breve parada en Trayne, nuestro más próximo lugar de avituallamiento, y luego seguimos por la carretera principal, atravesamos Stouch, y giramos a la derecha en dirección a... Pero no.
En medio de la carretera había un cartel: Carretera Cortada. Cerca del cartel había un policía que
levantó una mano.
Me detuve. El policía avanzó hacia mi lado. Lo reconocí: era de Trayne.
- Lo siento, señor, pero la carretera está cortada.
- ¿Quiere decir que hay que dar la vuelta por la carretera de Oppley?
- Me temo que también esté cerrada, señor.
- Pero...
Un claxon sonó tras nosotros.
Obedecí, no muy convencido de todo aquello, y un camión militar de tres toneladas pasó a nuestro lado. En la parte trasera iba gente de caqui.
- ¿Ha ocurrido algo en Midwich? - pregunté.
- Maniobras - respondió -. No se puede pasar por esta carretera.
- ¿Por ninguna de las dos carreteras? Sepa usted, agente, que yo vivo en Midwich.
- Lo sé, señor, pero no puede ir hasta allí por ahora. Si yo fuera usted, señor, regresaría a Trayne hasta que la carretera quedara libre. No puedo dejarle estacionar aquí a causa de la circulación.
Janet abrió la puerta y tomó su bolsa de provisiones.
- Yo iré a pie, y tu ya me alcanzarás cuando la carretera quede libre - me dijo.
El policía vaciló. Luego bajó la voz.
- Puesto que usted vive allí, señora, le diré algo que en cierto modo es confidencial. Es inútil que lo intente, señora: nadie puede llegar hasta Midwich, se lo aseguro.
Nos miramos, sorprendidos.
- Pero, por todos los santos, ¿por qué? - dijo Janet.
- Esto es precisamente lo que están intentando saber. En su lugar, señores, yo iría al hotel del Águila, en Trayne, mientras aguardan; ya les haré saber cuando la carretera quede libre.
Janet y yo nos miramos.
- Bueno - dijo ella al agente -, todo esto parece más bien extraño, pero si está usted completamente seguro de que no podemos ir hasta allí...

The Midwich Cuckoos, John Wyndham
En esta novela se basó el excelente film de 1960 "Village of the Damned" y sus remakes de 1993 (de Miguel Marte) y 1995 (de John Carpenter con Christopher Reeve y Kirstie Alley).


Fragmento

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A muchos nos ha asustado. A otros muchos nos ha conmovido y aturdido. ¿Y por qué no? Las cuatro dimensiones del espacio-tiempo nos han traicionado. Siempre fueron inseparables, y ahora ha ocurrido lo imposible.
...
Después de haberles contado lo que sé, no les sirvo actualmente de nada- no haría más que molestarles. Por eso, aunque conozco la disposición general del campo y estoy muy al tanto de los experimentos eléctricos que se realizan en él, sé, en cambio, lo mismo que ustedes acerca de los experimentos dimensionales que ahora se llevan allí a cabo.

Ni tampoco puedo explicarme mejor que ustedes lo que sucedió allí.
Pero sí sé, y soy el único que lo sabe, la historia completa del impacto de la "nueva cosa" en un ser humano, y quiero contar aquí esa historia.
Ustedes han leído ya los nombres de las víctimas. A Mary de Sellers la conocí desde niña. Me crié con su esposo Tom, del cual era su mejor amigo. Estaba en el campo con ellos, en el momento de la muerte de Mary, cuando lo "desconocido" asestó su golpe.
Eran aproximadamente las nueve y veinte de una noche muy serena. La luna llena nos permitía ver claramente los detalles más grandes del área. A unos cuantos cientos de metros de distancia, hacia el oeste, en la dirección de Nueva York, se hallaba el grupo de edificios que componían la parte interior de los Laboratorios Wilson. Entre ellos se extendía el campo empleado para los experimentos exteriores: una superficie rectangular de unas tres hectáreas, un campo de trigo en otros tiempos, ahora una llanura cubierta de hierbajos y surcada irregularmente por profundas zanjas. En un gran
óvalo se erguían media docena de altas torres de hierro, y en el centro de ellas, dos más altas aún: era el área del misterio. El campo estaba rodeado por una alta alambrada, en la que se veían, a intervalos regulares, unos carteles que decían:
NO ACERCARSE. EXPERIMENTOS ELÉCTRICOS. PELIGRO.


La Dimension Fatal
, Harry Bates

Fragmento

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Fue sólo durante las primeras décadas de la Liga, cuando los terráqueos, quizás en un intento de fortalecer su vapuleado ego colectivo, enviaron naves en viajes tremendamente largos, más allá de la bóveda del cielo, allende las estrellas y aún más allá.
Buscaban mundos que no hubiesen sido, como todos los mundos conocidos, colonizados o expoliados por los Fundadores de Hain, mundos realmente ignotos; y todos los tripulantes de estas Exploraciones a los Confines eran mentalmente desequilibrados. ¿Quiénes si no, estarían dispuestos a partir en busca de datos que no serían recibidos hasta dentro de cuatro, cinco o seis siglos? ¿Recibidos por quiénes?
Esto ocurría antes del invento del comunicador instantáneo; en ese entonces los viajeros quedaban aislados en el tiempo y en el espacio. Ninguna persona en su sano juicio que hubiese experimentado deslizamientos de tiempo aunque sólo fuese de unas pocas décadas entre mundos cercanos se postularía como voluntario para un viaje de ida y vuelta de medio milenio. Los Exploradores eran escapistas, inadaptados, locos.

Más Vasto Que Los Imperios, Y Más Lento, Ursula K. Leguin

Fragmento

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El Rey del Tibet estaba haciendo el amor con una gorda blanca.
Se había tirado hacia las profundidades de un túnel de gelatina, milenios antes, y periódicamente, mientras la pistoneaba, un suave conejito blanco y rosa con levita y botines hacía temblar el túnel a su paso, estudiando un reloj de bolsillo que llevaba colgado de una pesada cadena de oro.
La mujer blanca era suave como el sebo, con ojillos negros hundidos bajo prominentes cejas. La muy puerca gruñía en un éxtasis insatisfecho, tratando desesperadamente, y sabiendo que nunca podría. Pues nunca había podido.
El Rey del Tibet tenia dolor de tripas. ¡Oh, estar en otro lugar, haciendo otra cosa, solo!
El paisaje exterior temblaba en oleadas de miedo, que irradiaban desde las cimas de las montañas muy lejanas. En las cimas de las montañas, parduscos y marchitos viejos consideraban medios y fines, consideraban ruinas y portentos, consideraban porqués y porconsiguientes... Lo ignoraban todo... y se dedicaban a enviar más miedo a lugares más alejados.
El paisaje temblaba en la noche, comenzando a estremecerse con un terror que era mayor que el miedo que había pasado antes.
—¿Que hora es? —preguntó, y no recibió respuesta.
Hacia treinta y siete años, cuando el Rey del Tibet había sido un muchacho, había un hombre con una pierna, que había sido su padre por corto tiempo, y una mujer con algo de sangre de negro en ella, que le había servido de madre.
—Puedes ser cualquier cosa, Charles —le había dicho—. Lo que prefieras ser. Un hombre puede ser cualquier cosa que desee: el Tío Wiggly, Jomo Kenyatta, el Rey del Tibet, si es que así lo deseas. Blanco o negro, Charles, eso no importa. Tan solo tienes que seguir tu camino, ser bueno y hacer. Eso es lo único que debes recordar.

El Circo Del Ratón, Harlan Ellison

Fragmento

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James Thomas, el segundo temponauta del universo entero, levantó un maletín con veinte kilos de oro. Un peso satisfactorio, que prestó seguridad emocional a su plan de establecerse definitivamente en el pasado. Utilizando una pared como espejo, dedicó los minutos que le restaban en el siglo vigésimo cuarto a una última evaluación de su elegante (circa 1870) atuendo; sin duda, era tan adecuado como lo permitían los dibujos y fotografías de épocas remotas. Con un gesto apartó la superficie de plata y observó la esfera enrejada de su máquina del tiempo de dos metros y medio; sólo necesitaba introducirse en ella para desterrar de la existencia la resplandeciente pseudo vida del 12 de junio de 2314. Pero antes que pudiera moverse nueve pares de brazos idénticos, vestidos con mangas del siglo diecinueve, lo asieron por detrás.

El mundo de 1870 resultó bueno para James Thomas, tal como lo había deseado, y vivió una vida feliz, apacible, como un hombre de recursos. En 1876 se casó con una dulce jovencita, y ella, subsecuentemente, lo obsequió con cuatro fuertes hijos. Finalmente, después de una vida de felicidad y entrega, ella murió pacíficamente a causa de su edad avanzada. El mismo James Thomas la siguió no mucho después, en 1929.
El mundo continuó.

Problemas Con El Pasado, Alex y Phillis Einsenstein

Fragmento

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Al menos las "armas de fuego" funcionaban. Incluso había ventajas insospechadas. Descubrimos que los escudos protectores, redes magnéticas y cortinas electrónicas, protectores personales, las defensas usuales, no podían detener las "balas" (los pequeños misiles arrojados por las "armas de fuego"); eran demasiado sofisticados como para detener algo tan rudimentario como una masa de metal que se mueve a una velocidad casi insignificante.
Lo mismo ocurría con "bombas" y "granadas", dispositivos diseñados para que se produjera una reacción química lo suficientemente violenta como para matar en lugares cerrados. Y la lista seguía y seguía.
La Alianza pensaba que nosotros no podíamos desplazarnos porque todos los vehículos estaban codificados y trabajaban con el sistema de radiodifusión.
¿Alguna vez oyó hablar de "bicicletas"? Son aparatos que transforman la energía mecánica en movimiento y funcionan sobre ruedas que usted hace girar con esfuerzo físico. Y las bicicletas no tenían suficiente metal/volumen para gatillar zonas custodiadas o para aparecer en las sondas barredoras de manera que podíamos ir sin ser detectados a lugares a los que ellos pensaban que nadie podía llegar.
¿Para comunicarnos? Nos enviábamos mensajes que se reflejaban en espejos, usábamos señales de humo como códigos, teníamos gente que de verdad llevaba mensajes de un lugar a otro.

Una Mañana Especial, Gardner Dozois

Pesadilla en rojo

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Se despertó sin saber que había despertado hasta que el segundo temblor, sólo un minuto después del primero, sacudió la cama ligeramente y derribó los objetos que había sobre la mesilla.

Descubrió que estaba totalmente despierto y que probablemente no sería capaz de volver a dormirse. Miró al dial luminoso del reloj y vio que eran ya las tres en punto: la mitad de la noche. Salió de la cama y caminó en pijama hasta la ventana. Estaba abierta, una fría brisa la cruzó y él pudo ver luces titilantes y parpadeantes en el negro cielo, a la vez que escuchaba los sonidos de la noche. Por alguna parte, campanas ¿A aquella hora? ¿Advertían de algún desastre? ¿Se habría producido un terremoto, en algún punto cercano, y de él provenían los ligeros temblores? ¿O quizá se acercaba un verdadero terremoto y las campanas advertían a la gente para que saliera de las casas y se quedara a salvo al aire libre?

Súbitamente, no a causa del miedo, sino por algún extraño impulso que no quiso analizar, deseó estar en cualquier parte menos allí. Y echó a correr.

Corrió, bajando al vestíbulo y cruzando la puerta principal, apresurándose silenciosamente, descalzo, por la ancha calzada que conducía a la entrada del jardín. A través de la puerta, llegó a un campo... ¿un campo? ¿Desde cuándo había una pradera justa al salir de su casa? Especialmente una como aquella, con postes, tan gruesos como si fueran telefónicos, cortados a su altura. Antes de que pudiera organizar sus pensamientos y se preguntase dónde estaba, quién era él mismo y qué estaba haciendo allí, se produjo otro temblor. Este fue más violento: le hizo tambalearse y trastabilló hasta uno de los postes; chocó con él y se hizo daño en el hombro; salió despedido en otra dirección, y estuvo a punto de caerse definitivamente. ¿Qué era aquel extraño impulso que le obligaba a ir hacia... dónde?

Pero, en aquel momento, se produjo el terremoto más grande de todos; el suelo pareció levantarse bajo sus pies, le sacudió y acabó cayendo de espaldas mirando a un cielo monstruoso en el que repentinamente apareció con brillantes letras rojas una palabra. La palabra era FALTA y, mientras la miraba, las demás luces empezaron a titilar, las campanas dejaron de sonar y allí terminó todo.

Fredric Brown

Fragmento

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- Están viendo y oyendo a Hiox, A-11, directamente desde Campo Vhur, en Marte. La evacuación está tocando a su fin. Algunos marcianos van a quedarse. Ya no queda ningún terrestre en el planeta. Tras casi un millón de años, la historia se repite. No había hombres en Marte. Ya no hay más hombres en Marte.

«Este es Marte, el planeta amado. Marte, sus montañas, sus mares congelados, sus volcanes extintos, su viento infatigable. Vamos a realizar nuestro último reportaje en esta segunda patria del hombre.

«Visitemos primero a algunos de los viejos marcianos que han preferido quedarse. Según los científicos, dentro de muy poco tiempo Marte ya no podrá albergar ninguna forma de vida, excepto algún liquen, algún anaerobio. La permanencia de formas superiores será cada vez más costosa, y finalmente imposible. Podemos incluso decir que en los últimos siglos, en los últimos milenios, contando a partir de los grandes dislocamientos de glaciares, Marte llevaba una existencia artificial. Hablando con mayor exactitud, los terrestres nunca pudieron vivir aquí fuera de las ciudades-cúpulas. Para los propios marcianos, la llegada del hombre fue la redención de una raza que iba fatalmente a desaparecer. Vamos a descender un poco y a hablar con ese viejo habitante. ¿Cómo se llama, por favor?

- Ghoz.

- Perfectamente, Ghoz. ¿Por qué decidió quedarse? Usted ya sabe que esas cúpulas no resistirán muchos años. Ni siquiera los subterráneos resistirán mucho tiempo la presión del hielo.

- Siempre extraños esos marcianos. Milenios de contacto con nosotros, y continúan siendo casi iguales que en el período del Desembarco. Ghoz está diciendo que un viejo sueño de sus antepasados era ver Marte como era antes de la llegada de los hombres. El no tiene nada contra nosotros, y supone que nuestras equivocaciones fueron cometidas por el ansia de mostrarnos buenos con ellos. Ahora que se presenta una oportunidad de quedarse nuevamente solos, aún con la certeza de una muerte próxima, quieren aprovecharla. Dice que millones y millones de marcianos murieron y fueron sepultados aquí. Cuando el lienzo de hielo cubra el planeta y ninguna forma de vida perturbe ya la Paz Superior, entonces los Zenghiis - los Altos Espíritus - bajarán para explicarles a los que duermen bajo tierra su destino. Ghoz estará entre ellos. Muchas gracias, Ghoz. Y Paz Superior a nuestros hermanos dormidos.

ULTIMO VUELO A MARTE, Fausto Cunha

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En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba.
El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
Sentí infinita veneración, infinita lástima.

EL ALEPH, Jorge Luis Borges

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La Historia Humana nos demuestra que no todos los humanos son hombres; hay algunos que son mulas otros que son lobos... y siempre hay algunas pocas ratas.

Cuando la puerta de la oficina se abrió repentinamente, supe que todo había terminado. Había sido un buen filón... pero se había acabado. Mientras entraba el policía, me recosté en el sillón y esbocé una alegre sonrisa. Tenía la misma expresión sombría y el mismo paso pesado que tienen todos... y la misma falta de sentido del humor. Casi podía adivinar lo que iba a decir antes de que abriese la boca.

- James Bolívar diGriz, le arresto bajo la acusación...

Estaba esperando la palabra bajo. Pensé que eso le daba un toque desenfadado al asunto. Mientras la decía, apreté el botón de ignición de la carga de pólvora negra situada en el techo, en el punto exacto bajo el cual se hallaba, y así se dobló la viga y la caja de caudales, de tres toneladas de peso, cayó justo sobre su coronilla. Quedó bien aplastado, sí señor. La nube de yeso se posó y todo lo que pude ver de él fue una mano, algo retorcida. Se agitaba un poco, y el dedo índice me apuntaba acusadoramente. Su voz sonaba algo ahogada por la caja de caudales, y parecía un tanto preocupada. En realidad, se repetía un poco.

- …bajo la acusación de entrada ilegal, robo, falsificación...

Siguió así durante un cierto tiempo. Era una lista impresionante, pero ya la había oído antes. No me molestaba en absoluto mientras llenaba mi maleta con el dinero de los cajones. La lista terminaba con una acusación nueva, y podría haberme jugado un montón así de alto de billetes de mil créditos a que sonaba un tanto dolida:

- Además, le será añadido a su expediente la acusación de ataque a un policía robot, lo cual ha sido una tontería, ya que mi cerebro y mi laringe están acorazados, y en mi cavidad ventral...

- Todo eso ya lo sé, muchacho; pero tu pequeño emisor-receptor está en la punta de tu aguzada cabeza, y lo que no quería era que dieses aún aviso a tus amigos.

Una buena patada hizo saltar la puerta de escape de la pared, y me dio acceso a las escaleras que bajaban al sótano. Mientras pasaba sobre cascotes esparcidos por el suelo los dedos del robot trataron de alcanzar mi pierna, pero ya me lo esperaba, por lo que fallaron por algunos centímetros. Ya he sido perseguido por los suficientes policías robot como para no saber lo indestructibles que son. Puedes volarlos, o derribarlos, y continúan persiguiéndote, aunque tengan que arrastrarse impelidos tan solo por un dedo incólume, y escupiéndote durante todo el tiempo moralidad azucarada. Esto es lo que estaba haciendo éste. Que si debía abandonar mi vida de crímenes y pagar me deuda con la sociedad, y todas esas paparruchadas.
Todavía podía oír los ecos de su voz resonando escaleras abajo cuando llegué al sótano.

LA RATA DE ACERO INOXIDABLE, Harry Harrison

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Yo me encuentro ahora en el Espacio Oscuro. Pero no como endoanalista. Yo soy el soñado.

La mente soñante de Cheryl ha formado en el Espacio Oscuro un bosque que revierte en sí mismo, y una colina sin cima. Como barrera, ella usa una corriente de agua.

Ella me asesinó y ahora continúa soñando que yo me oculto en una cueva, esperando para matarla. Pero su mente durmiente sigue olvidando que estoy aquí e, ignorante de mi presencia, su yo soñante sigue subiendo la colina hasta mi cueva.

¿Por qué me asesinó?

¿Cómo?

No puedo recordarlo. Las paredes de la cueva parecen cernirse sobre mí cuando intento pensar. La boca de la cueva se oscurece. Justo antes de que los últimos rastros de conciencia desaparezcan, un relámpago de terror cruza mi mente. ¡Si ella no vuelve a soñar ese sueño estaré verdaderamente muerto!

Aquel día salimos de caza. Sí, ahora lo recuerdo.

Hace poco que Cheryl desapareció más allá de la corriente/barrera. Estoy sentado en el suelo de mi cueva.

Sí, aquel día salimos de caza.

Ella y yo.

El día es oscuro. Mis pensamientos me llevan más allá de él. Vuelvo a ser lo que era antes de mi asesinato. Un endoanalista. Estoy sentado en mi consultorio de Beech Street, escuchando el relato de los sueños de mis pacientes. Soy cada vez más rico. En los círculos profesionales se dice que mis honorarios son exorbitantes. Tal vez lo son. Pero si un médico no roba a sus pacientes, su prestigio profesional se verá resentido. En cualquier caso, lo que cobro está perfectamente justificado. Hube de pasar cinco largos años adquiriendo la experiencia que ahora poseo. Incluso con el cuirano, uno no se adentra alegremente en los sueños. Y cada sueño es diferente, y uno debe aprender del paciente qué es lo que habrá de encontrar antes de entrar en el sueño, y debes saber de antemano qué hay que hacer para destruir el sueño o para alterarlo de un modo tal que él o ella no vuelva a soñarlo y se cure de la enfermedad que le ha provocado el sueño.

¡Yo he entrado en esos sueños!

Espacio oscuro
, Robert F. Young

Titán

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Impresionante foto de Titán, asomándose tras los anillos de Saturno. Cerca de los anillos y justo por encima de Titán estaba Epimeteo, una luna que orbita justo por fuera del anillo F.

Relatos de la plaga

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Hace un tiempo escribí unas cosas, basándome en una posible pandemia machaza:

Fragmento

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—¡Addi! —gritó y echó a correr hacia el hombre con deseos de ayudarle—. Dijeron por la televisión que estabas muerto. ¡Que todos habíais muerto!
El hombre se detuvo y con una mano esbozó el gesto de echarse hacia atrás el pelo, que ya no era largo. Se lo habían cortado antes del lanzamiento. Pero sin duda lo había olvidado.
—¿Crees algo de lo que ves en la televisión? —dijo, y siguió avanzando, con pausas y vacilante, pero sonriendo ahora. Alargó la mano hacia ella.
«Dios, qué bueno es poder tocarle y sentir sus manos en mí —pensó la joven—. Aún tiene más fuerzas de las que yo creía.»
—Estaba a punto de buscar a alguien —jadeó—. Alguien que te reemplazase.
—Te rompo la cabeza si lo haces —contestó él—. De todas formas no es posible, nadie puede reemplazarme.
—Pero ¿qué pasó con la implosión, al volver? Dicen que...
—Lo he olvidado —contestó él con el tono que solía usar cuando quería decir: no voy a hablar de ello. Este tono la había irritado siempre antes, pero no ahora. Esta vez
se dio cuenta de lo horrible que debía de ser el recuerdo—. Voy a quedarme en tu casa un par de días —continuó él diciendo, mientras avanzaban juntos por el sendero hacia la puerta abierta de la casa, en forma de A—. Quiero decir, si estás de acuerdo. Benz y Crayne se reunirán conmigo más tarde. Quizá esta misma noche. Tenemos mucho que hablar y que calcular.
—Entonces, sobrevivisteis los tres —dijo ella mirando su rostro demacrado—. Nada de lo que dijeron en la televisión... —Comprendió al fin, O creyó comprender—. Era una historia inventada. Por razones políticas o para engañar a los rusos, me imagino. Para que la Unión Soviética crea que el lanzamiento fue un fracaso, debido a vuestra
entrada, al volver...
—No —dijo él—. Un crononauta ruso se reunirá con nosotros, probablemente. Para ayudarnos a calcular lo que ha sucedido. El general Toad dice que hay ya uno en
camino hacia aquí. Ya le han concedido el pase. A causa de la gravedad de la situación.
—¡Dios mío! —exclamó la muchacha, sorprendida—. Entonces, ¿para quién inventaron esa historia?
—Vamos a beber algo primero —dijo Addison—, y luego intentaré explicarte lo que yo sé.
—Lo único que tengo de momento es un poco de brandy californiano.
Addison dijo:
—No importa lo que sea. Bebería cualquier cosa, tal y como me siento.

ALGO PARA NOSOTROS, TEMPONAUTAS, Philip K. Dick

Edgar Mitchell, que viajó a bordo de la nave Apollo 14 en 1971

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Un ex astronauta afirma que los "alien" existen y que EE.UU. oculta ovnis


El ex astronauta de la NASA Edgar Mitchell, que viajó a bordo de la nave Apollo 14 en 1971, aseguró en una conferencia dedicada a los ovnis y extraterrestes, que los 'alien' existen y que el Gobierno de EEUU tiene ocultos OVNIS, según publica el 'Daily Telegraph'.

El ex astronauta, de 78 años, dijo: "No estamos solos. Nuestro destino, en mi opinion, es terminar formando parte de una comunidad planetaria... Tenemos que estar dispuestas a ir más allá de nuestro planeta y más allá de nuestro sistema solar para averiguar que es lo que está ocurriendo realmente allí fuera".

Por su parte, la Nasa no tardó en reaccionar a las palabras de Mitchell. Según la agencia, la NASA "no realiza ningún tipo de seguimiento a ovnis", ni forma parte "de ningún encubrimiento sobre vida más allá de la Tierra".

Fragmento

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El impacto desintegró la roca y una modesta parte de la llanura, excavando un cráter igualmente modesto. La llanura rocosa, que se extendía durante una distancia importante por encima y por debajo de la superficie del planeta, resonó por el impacto como una campana, cuyas notas repicaron varias octavas por debajo de la gama auditiva de la mayoría de las especies inteligentes conocidas.
El suelo tembló.
Y en la distancia, bajo la superficie del planeta, alguien finalmente reparó en la roca.
--Temblor --dijo Sharan. No levantó la cabeza de su monitor.
Varios momentos más tarde, se produjo otro temblor.
--Temblor --dijo Sharan.
Ante su propio monitor, Cainen miró a su ayudante.
--¿Piensas decir eso cada vez que pase? --preguntó.
--Quiero mantenerte informado de los acontecimientos a medida que ocurran --respondió Sharan.
--Agradezco tu intención --dijo Cainen--, pero no tienes que mencionarlo todas y cada una de las veces. Soy científico. Comprendo que cuando el suelo se mueve estamos experimentando un terremoto. Tu primera declaración fue útil. Pero a la quinta o sexta vez, se vuelve monótono.
Otro rumor.
--Temblor --dijo Sharan--. Es el séptimo. De todas formas, no eres tectónico. Eso queda fuera de tus muchos campos de experiencia.
A pesar de la típica seriedad de Sharan, era difícil no advertir el sarcasmo.
Si Cainen no se hubiera estado acostando con su ayudante, podría haberse sentido irritado. Tal como estaban las cosas, se permitió sentirse tolerantemente divertido.
--No recuerdo que tú seas especialista tectónica.
--Es un hobby --dijo Sharan.
Cainen abrió la boca para responder y entonces el terreno se alzó súbita y violentamente para encontrarse con él. Tardó un momento en comprender que no era el suelo el que había saltado hacia él, sino que él mismo se había precipitado al suelo. Ahora se hallaba despatarrado sobre las losas, junto con la mitad de los objetos que antes estaban colocados en su puesto de trabajo. El taburete de Cainen yacía volcado a su derecha, todavía estremeciéndose por la sacudida.

LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi

Fragmento

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— Entonces, ¿ha estado usted estudiando la leyenda de Yig, eh? — reflexionó sentenciosamente—. Sé que muchos de nuestros etnólogos de Oklahoma han intentado conectarlo con Quetzalcóatl, pero no sé de nadie que haya cubierto tan bien los pasos intermedios. Para alguien tan joven como parece ser usted, ha realizado un notable trabajo, y ciertamente merece todos los datos que yo pueda proporcionarle.
...
Un débil hedor brotó de la tronera al abrirla el doctor y fantaseé con que su aporreo provocaba una especie de respuesta baja y siseante. Finalmente, me hizo un gesto para que lo reemplazara en la mirilla, y así lo hice, con un injustificado temblor que iba en aumento.
La ventana barrada y a ras de suelo, cerrada al exterior, admitía tan sólo un débil e incierto resplandor y estuve observando la maloliente madriguera durante algunos segundos antes de ver lo que reptaba y se retorcía por el suelo cubierto de paja, emitiendo de vez en cuando un siseo débil y vacuo. Entonces, la silueta entre las sombras comenzó a perfilarse y capté que la contorsionada entidad poseía cierta y remota semejanza con una forma humana que se arrastrara sobre su vientre. Me aferré a la manilla de la puerta para sostenerme mientras trataba de no caer desvanecido.
Lo que se movía era de un tamaño casi humano y totalmente desprovisto de vestiduras. Carecía por completo de pelo, y su espalda de tonos leonados parecía algo escamosa bajo la luz tenue y gohulesca. Los hombros parecían moteados y oscurecidos, y la cabeza era curiosamente plana. Mientras alzaba la cabeza para sisear en mi dirección, pude ver que los ojos, pequeños y negros como abalorios, eran condenadamente antropoides, pero no fui capaz de estudiarlos durante mucho tiempo. Me buscaron con horrible persistencia, hasta que cerré boqueando la mirilla...

LA MALDICIÓN DE YIG,H. P. LOVECRAFT y ZEALIA BISHOP

Un científico anunció el terremoto, pero fue denunciado

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Un científico italiano predijo que habría un terremoto importante en la zona de L´Aquila semanas antes de que el desastre llegara hoy a la ciudad del centro del país, pero fue denunciado a las autoridades por causar pánico en la población.

Hace un mes, unas camionetas con altavoces comenzaron a circular por L´Aquila pidiendo a sus habitantes que evacuaran sus casas, después de que el sismólogo Gioacchino Giuliani predijera que se iba a producir un gran terremoto, desatando la ira del alcalde.

Giuliani, que basó sus pronósticos en las concentraciones de gas radón en zonas sísmicamente activas, fue denunciado a la policía por "extender la alarma" y se vio obligado a quitar sus conclusiones de Internet.

Fragmento

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Una extraña vibración despertó de un sueño inquieto a Perry Bergman, que tuvo al instante un mal presentimiento. Aquel desagradable murmullo le recordó unas uñas arañando una pizarra. Apartó la fina sábana con un escalofrío y se levantó descalzo sobre la cubierta de acero. Ahora el ruido le parecía un torno de dentista de fondo se detectaba el zumbido normal de los generadores de la nave y los ventiladores del aire acondicionado.

-¿Qué demonios? -se preguntó en voz alta, aunque no había nadie que pudiera responderle.
Había llegado la tarde anterior al buque, el Benthix Explorer, en helicóptero, después de un largo vuelo de Los Ángeles a Nueva York y luego a Punta Delgada, en la isla de San Miguel en las Azores. Entre el recorrido por las distintas zonas horarias y el largo informe recibido sobre los problemas técnicos que sufría la tripulación, estaba agotado, como era de suponer.
No le hacía ninguna gracia que le hubieran despertado después de sólo cuatro horas de sueño, y menos con aquella discordante vibración.

ABDUCCIÓN, Robin Cook