Ю́рий Алексе́евич Гага́рин

El 12 de Abril de 1961 es fecha marcada a fuego en la historia científica de la humanidad.  Ese día, Yuri Alekséyevich Gagarin (Klúshino, URSS, 9 de marzo de 1934 - Novosyolovo, URSS, 27 de marzo de 1968), un petiso piloto de aviones de caza de la finada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, viajó más allá de los límites de la atmósfera terrestre para descubrir los primeros secretos del espacio exterior.  Solo tenía 26 años cuando concretó una hazaña que marcó un antes y un después.

Su vuelo duró solo 108 minutos en total: 9 minutos para entrar en órbita y luego una órbita alrededor de la Tierra. Mientras, todo lo que tenía que hacer era hablar por radio, probar un poco de comida -fue el primero en comer a bordo de una nave espacial- con el objetivo de saber si un ser humano podía sentir y comportarse de manera normal estando sin gravedad.

"Queridos amigos, conocidos y desconocidos, mis queridos compatriotas y a toda la humanidad, en los próximos y breves minutos posiblemente una nave espacial me lleve al distante espacio exterior del universo. ¿Qué puedo decirles durante estos últimos minutos antes de empezar? Toda mi vida se aparece ante mí en este único y hermoso momento. Todo lo que he hecho y he vivido ha sido para esto."

Ray Bradbury

El maestro de la ciencia ficción, fallecido esta semana, concebía en libros como Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451 un futuro dominado por la tecnología. Algunas de sus ideas son una realidad.
The Washington Post realizó un listado con las 10 predicciones que se cumplieron.

1. Auriculares
En Fahrenheit 451, las personas llevan unos particulares audífonos con micrófono con el que hablan unas con otras. Son como una previa a los actuales auriculares de teléfonos y la comunicación por Bluetooth.

2. Televisores con pantallas planas
En la recordada novela de Bradbury, la sociedad futurística está obsesionada con sus grandes televisores ultradelgados, al igual que los tecnófilos actuales.

3. El muro
El libro también menciona que los ciudadanos se comunican con sus amigos a través de un muro digital, la misma terminología y método que usa Facebook para su "wall".

4. Aislamiento social
La soledad derivada del prestar más atención al entorno digital más que a la propia vida es central en la obra de Bradbury. Así se refleja, por ejemplo, en el relato El peatón (1951), en el que el protagonista Leonard Mead es arrestado por salir a dar un paseo y no tener una tele.

5.  Autos que se manejan solos
En El Peatón (The Pedestrian, en inglés), aparece un vehículo que se conduce -y piensa- solo y que apresa al protagonista para trasladarlo a un hospital mental. Un poco menos inteligente, pero con una esencia similar es el flamante coche de Google, que prescinde de conductor.

6. Aumento de la vigilancia electrónica
La idea se refleja en los trabajos de Bradbury, en los que se describe un circuito cerrado de cámaras en las principales ciudades del mundo. Su objetivo era denunciar la situación antes de que avanzara. Fracasó.

7. Las noticias
La crítica a la cobertura de los medios de comunicación que el estadounidense hace en Fahrenheit 451 es similar a la que se les hace hoy en día, con noticias de corto alcance y sensacionalistas.

8. Cajeros automáticos
Bradbury fue un visionario en el concepto de cajeros automáticos de los bancos al plantear algo similar en el que,  más que dinero, se extraía información financiera de los usuarios las 24 horas del día.

9. Inteligencia artificial
En Crónicas Marcianas y Fantasmas de lo Nuevo (I Sing the Body Electric!, en inglés), el escritor exploró la inteligencia artificial y la robótica antes de que se hiciera extendida. Hasta contempló la posibilidad de que, algún día, las máquinas tengan sentimientos.

10. Libros electrónicos o e-books
Los libros no están prohibidos hoy en día, por suerte, aunque algo similar ocurrió para Bradbury con los nuevos lectores digitales. "Los e-books huelen a combustible quemado", sentenció una vez. Su temor era que las ediciones en papel dejaran de existir, una analogía a lo que ocurría con Fahrenheit.

La NASA más cerca de hallar vida en luna Encelado de Saturno

"Es el lugar más promisorio que conozco para una búsqueda astrobiológica. Ni siquiera necesitamos rascar la superficie. Podemos volar y tomar muestras. O podemos aterrizar en la superficie, buscar y sacar la lengua", explicó Carolyn Porco, a cargo del equipo de imágenes en Cassini.



La sonda hizo su pasada más baja sobre el polo sur de los géiseres de Encélado a una altitud de 74 kilómetros, lo que le permitió captar los chorros de vapor de agua y hielo que la luna lanza hacia el espacio.
Según los científicos, hay pruebas de que esos flujos son alimentados por un océano de agua líquida bajo la capa externa de hielo de Encélado que podría estar en contacto con el núcleo rocoso de la luna.

Titán cambia de apariencia con las estaciones

Un conjunto de trabajos recientes, muchos de los cuales se basan en datos de la nave Cassini de la NASA, revelan detalles de cómo cambia la apariencia de la luna Titán de Saturno con las estaciones del año e incluso durante el día. Los documentos, publicados en la revista Planetary and Space Science en un número especial titulado "Titán a través del Tiempo", muestran cómo la mayor luna de Saturno resulta ser un primo muy peculiar de la Tierra.
   "En conjunto, estos documentos nos dan algunas nuevas piezas en el rompecabezas que es Titán", dijo Conor Nixon, un científico del equipo Cassini de la NASA. "Nos muestran en detalle cómo la atmósfera de Titán y su superficie se comportan como la Tierra: con nubes, lluvia, valles con ríos y lagos. Nos muestran que las estaciones cambian, también, en Titán, aunque de maneras inesperadas".

LA CONDENA

Charley Dalton, astronauta procedente de la Tierra, había cometido un grave delito hacía menos de una hora tras su llegada al duodécimo planeta que orbitaba en torno a la estrella Antares. Había asesinado a un antariano. En la mayoría de los planetas, el asesinato era un delito y en otros un acto de civismo. Pero en Antares era un crimen capital.
- Se le condena a muerte - sentenció solemnemente el juez antariano -. La ejecución se llevará a cabo mediante una pistola de rayos, mañana al amanecer.
Sin posibilidad alguna de recurrir la sentencia, Charley fue confinado en el Pabellón de los Condenados.
El Pabellón se componía de 18 lujosas cámaras, todas ellas espléndidamente abastecidas de una gran variedad de viandas y bebidas de todas clases, con cómodo mobiliario y todo aquello que uno pueda imaginar, incluida compañía femenina en cada habitación.
- ¡Caramba! - dijo Charley.
El guardián antariano se inclinó y dijo:
- Es la costumbre en nuestro planeta. En su última noche, a los condenados a muerte se les concede todo lo que deseen.
- Casi ha merecido la pena el viaje - contestó Charley -. Pero, dígame, ¿cuál es la velocidad de rotación de su planeta? ¿De cuántas horas dispongo?
- ¿Horas?... Eso debe ser un concepto terrestre. Voy a telefonear al Astrónomo Real.
El guardián telefoneó y escucho atentamente durante un rato, luego dirigiéndose a Charley Dalton, informó:
- Tu planeta, la Tierra, realiza 93 revoluciones alrededor de su sol en el transcurso de un periodo de oscuridad en Antares II. Nuestra noche equivale, más o menos, a cien años terrestres.
El guardián, cuya esperanza de vida era de veinte mil años, se inclinó respetuosamente antes de retirarse.
Y Charley Dalton comenzó su larga noche de festines, de borracheras y etcétera, aunque no necesariamente en ese orden.

Fredric Brown

Calígula

Tuvo comercio incestuoso y continuo con todas sus hermanas, y las hacía sentar consigo a la mesa en el mismo lecho, mientras su esposa ocupaba otro.
Se mostró tan infame en sus matrimonios como en sus divorcios. Habiendo asistido a las bodas de C. Pisón y de Livia Orestila, dispuso que la llevasen en el acto a su casa, la repudió poco después, y pasados dos años la desterró, con el pretexto de que en este tiempo había vuelto a ver a su primer marido. Otros dicen que estando sentado en el festín de boda enfrente de Pisón, le dijo: No estreches tanto a mi esposa: terminada la comida, se la llevó, y a la mañana siguiente, publicó un edicto declarando que se había casado como Rómulo y como Augusto. Había oído decir cierto día que la abuela de Lolia Paulina, esposa del consular C. Memmio, que mandaba los ejércitos, había sido la mujer más hermosa de la época; hizo traerla en seguida de la provincia en que mandaba su marido, obligando a éste a que se la cediera; la tomó por esposa y la repudió poco después, prohibiéndole que jamás tuviese comercio con ningún hombre. Con más constancia y pasión amó a Cesonia, que no era bella ni joven, pues había tenido ya tres hijos con otro, pero que era un monstruo de lujuria y lascivia. Frecuentemente la mostró a los soldados cabalgando a su lado, revestida con la clámide y armada con casco y escudo, y a sus amigos la enseñó desnuda. Cuando fue madre, quiso honrarla con el nombre de esposa, y el mismo día se declaró marido suyo y padre de la hija que había dado a luz. Dio a ésta el nombre de Julia Drusila, la llevó a los templos de todas las diosas y la depositó en el seno de Minerva, encargándole que la criase y educase. La mejor prueba para él de que era de su misma sangre, la tenía en su crueldad, que era ya tan grande, que rasgaba con las uñas el rostro a los niños que jugaban con ella.
Nunca cuidó de su pudor ni del ajeno; y se cree que amó con amor infame a M. Lépido, al payaso Mnester y a algunos rehenes. Valerio Catulo, hijo de un consular, censuróle públicamente haber abusado de su juventud hasta lastimarle los costados. Aparte de sus incestos con sus hermanas y de su conocida pasión por la cortesana Pirralis, no respetó a ninguna mujer distinguida. Lo más frecuente era que las invitase a comer con sus esposos, las hacía pasar y volver a pasar delante de él, las examinaba con la minuciosa atención de un mercader de esclavas y si alguna bajaba la cabeza por pudor, se la levantaba él con la mano.  Llevaba luego a la que le gustaba más a una habitación inmediata y volviendo después a la sala del festín con las recientes señales del deleite elogiaba o criticaba en voz alta sus bellezas o sus defectos, y hacía público hasta el número de actos.

Calígula, Los doce Césares,
 Suetonio

Fragmento - Un yanki en la corte del rey Arturo

Se llamaban hombres libres, pero no podían abandonar las propiedades de su señor feudal o de su obispo sin contar con un permiso expreso; no se les permitía hacer su propio pan porque tenían que trillar el maíz y cocer el pan en los molinos yhornos del respectivo señor, y además, pagarle un precio alto; no podían vender ningún artículo de su propiedad sin pagar al señor un importante porcentaje de los beneficios, ni comprar artículos de propiedad ajena sin reservar para su señor una suma en efectivo como «presente» por el privilegio de poder efectuar la transacción; debían recolectar el grano de su señor sin recibir pago alguno, y estar siempre dispuestos a acudir inmediatamente en el momento en que fuesen requeridos, abandonando sus cosechas a la destrucción por la tormenta que amenazaba, debían consentir que el señor plantara en sus campos árboles frutales y luego callar su indignación cuando los descuidados recolectores de las frutas pisoteaban el grano cercano a los árboles; tenían que tragarse la ira cuando las partidas de caza del señor galopaban a través de sus campos, arruinando los frutos de su paciente tarea; no se les permitía poseer palomas, y cuando las bandadas provenientes del pa lomar de milord se posaban sobre sus cosechas no debían perder los estribos y matar un pájaro, porque sería terrible el castigo; cuando, finalmente, se había recogido la cosecha comenzaba la procesión de ladrones para exigir sus chantajes: primero, la Igle sia separaba sus provechosos diezmos; a continuación, el comisario del rey se quedaba con un 20 por 100; después, los representantes de milord hacían una poderosa incursión en lo que restaba; después de lo cual el esquilmado hombre libre estaba en libertad de invertir los remanentes en su establo, en caso de que valiera la pena, porque había impuestos, e impuestos, e impuestos, y más impuestos, y de nuevo impuestos, y todavía otros impuestos sobre este paupérrimo hombre libre e independiente, pero ninguno sobre el lord, el barón o el obispo, ninguno sobre la derrochadora nobleza o la Iglesia voraz; si el barón quería dormir a sus anchas, el hombre libre debía pasar la noche en vela, después de un día entero de trabajo, y remover el agua de los pozos para que no croasen las ranas; si la hija del hombre libre se disponía a contraer matrimonio..., pero no, esta última infamia de los gobiernos monárquicos no se puede imprimir...

Un yanki en la corte del rey Arturo, Mark Twain

Proponen clasificar los exoplanetas según su habitabilidad

Un estudio elaborado por científicos de la NASA, SETI y el Centro Aeroespacial de Alemania propone un sistema de calificación de los exoplanetas que determine su parecido con la Tierra y su índice de habitabilidad, con el fin de describir una variedad de parámetros físicos y químicos que son, teóricamente, propicios para la vida.
   Los autores de este trabajo, han señalado que los índices de similitud constituyen una poderosa herramienta para clasificar y extraer patrones a partir de conjuntos de datos grandes y complejos. Además, han resaltado que marcan el primer intento de los científicos para clasificar los exoplanetas y muchas exolunas que se espera que se puedan estudiar de manera más detallada en un futuro.
   El científico Dirk Schulze-Makuch ha indicado que la primera pregunta que se plantea para el proyecto es si las condiciones similares a la Tierra se pueden encontrar en otros mundos; y la segunda es si las condiciones existentes en los exoplanetas sugieren la posibilidad de formar vida, ya sea con en la Tierra o no.
   Schulze-Makuch ha apuntado que "en la práctica, el interés en los exoplanetas se va a centrar inicialmente en la búsqueda de planetas como la Tierra pero sabiendo que esta decisión es restrictiva y que con el tiempo los estudios evolucionarán" para captar "la variedad de posibles formas de vida que, al menos en principio, también pueden existir en otros mundos".
   Así, ha indicado que "habitabilidad en su sentido más amplio no se limita necesariamente al agua como disolvente o a un planeta orbitando una estrella". "Por ejemplo, los lagos de hidrocarburo en Titán podrían alojar una forma diferente de vida tal y como demuestran los estudios analógicos en entornos de hidrocarburos en que se han realizado en la Tierra y que indican que éstos ambientes son habitables".
   De este modo, los científicos no descartan que un planeta "huérfano" que vague por el espacio libre de cualquier estrella también podría contar con condiciones adecuadas para albergar algún tipo de vida en su interior.
   Los autores reconocen que este estudio puede tener "una parte especulativa" pero, a su juicio, "la alternativa es correr el riesgo y estudiar mundo potencialmente habitables". "La propuesta es informado por los parámetros químicos y físicos que son propicios para la vida en general", ha insistido Schulze-Makuch.

Fragmento - La peste escarlata

El camino, de borroso trazado, seguía lo que en otro tiempo había sido el terraplén de una vía férrea que, desde hacía muchos años, ningún tren había recorrido. A derecha e izquierda, el bosque, que invadía e hinchaba las laderas del terraplén, envolvía el camino en una ola verde de árboles y matorrales. El camino no era otra cosa que un simple sendero, con anchura apenas suficiente para que dos hombres avanzaran de lado. Era algo así como una pista de bestias salvajes.

Aquí y allí se veían fragmentos de hierro oxidado que indicaban que, debajo de la maleza, seguía habiendo rieles y traviesas. En cierto punto, un árbol, al crecer, había levantado en el aire un riel entero, que quedaba al descubierto. Una pesada traviesa había seguido al riel, y seguía unida a él por medio de una tuerca. Debajo se veían las piedras del balasto, medio recubiertas de hojas muertas. El riel y la traviesa, enlazadas de aquel modo extraño, apuntaban hacia el cielo, fantasmagóricamente. Por vieja que fuera la vía férrea, se constataba sin dificultad, por su estrechez, que había sido de vía única.

Un anciano y un muchacho iban por el camino. Avanzaban con lentitud, ya que el viejo estaba doblado bajo el peso de los años. Un comienzo de parálisis hacía que sus miembros y sus ademanes temblequearan, y caminaba apoyado en su bastón.

Un gorro de piel de cabra le protegía la cabeza del sol. Por debajo de este gorro pendía una franja de ralos cabellos blancos, sucios y desgreñados.

Una especie de visera, ingeniosamente hecha con una ancha hoja curva, le protegía los ojos de un exceso de luz. Banjo esa visera, la mirada del pobre hombre, bajada hacia el suelo, seguía atentamente el movimiento de sus propios pies en el sendero. Su barba caía en greñas torrenciales hasta su cintura, y hubiera debido ser, igual que los cabellos, blanca como la nieve; pero, como ellos, testimoniaba una negligencia y una miseria extremas.

Un mísero vestido de piel de cabra, de una sola pieza, colgaba sobre el pecho y la espalda del viejo, cuyos brazos y piernas, lastimosamente descarnados, y cuya piel marchita- testimoniaban una edad muy avanzada. Las desolladuras y cicatrices que le cubrían los miembros, así como lo atezado de su piel, indicaban que hacía largo tiempo que aquel hombre estaba expuesto al choque-directo con la naturaleza y los elementos.

El muchacho andaba delante suyo, ajustando el ardoroso vigor de sus piernas a los pasos lentos del viejo que le seguía. También él tenía por única vestidura una piel de animal: un trozo de piel de oso de bordes desiguales, con un agujero central por el que se lo pasaba por la cabeza.

Aparentaba todo lo más doce años, y llevaba, coquetonamente colocada encima de una oreja, una cola de cerdo recién cortada.

Llevaba en la mano un arco de tamaño medio y una flecha, y en su espalda colgaba un carcaj lleno de flechas. De una funda que le pendía del cuello, sujeta por una correa, salía el mango nudoso de un cuchillo de caza. El muchacho era negro como una mora, y su modo ágil de moverse recordaba el de un gato. Sus ojos azules, de un azul intenso, eran vivos y penetrantes como barrenas, y su color celeste contrastaba extrañamente con la piel quemada por el sol que los enmarcaba.

Su mirada parecía saltar incesantemente hacia todos los objetos circundantes, y las aletas de su nariz palpitaban y se dilataban en un perpetuo acecho del mundo exterior, del que recogían ávidamente todos los mensajes. Su oído parecía igualmente fino, y estaba tan adiestrado que operaba automáticamente, sin ningún esfuerzo auditivo especial. Con toda naturalidad, sin la menor tensión adicional, su oído percibía, en la aparente calma reinante, los más leves sonidos, los distinguía unos de otros y los clasificaba: el roce del viento en las hojas, el zumbido de una abeja o una mosca, el rumor sordo y lejano del mar, que llegaba
atenuado en un débil murmullo, el imperceptible rascar de las patas de un pequeño roedor limpiando de tierra la entrada de su guarida...

De pronto, el cuerpo del muchacho se tensó en posición de alerta. El sonido, la visión y el olor lo habían advertido simultáneamente. Tendió la mano hacia el viejo, lo tocó, y ambos permanecieron inmóviles y silenciosos.

La peste escarlata, Jack London

El discurso del astrólogo

[...El Astrólogo] Dijo:



­ Sí, llegará un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso...


­ ¿Qué es lo que dice?...


­ Será la poda del árbol humano... una vendimia que sólo ellos, los millonarios, con la ciencia a su servicio, podrán realizar. Los dioses, asqueados de la realidad, perdida toda ilusión en la ciencia como factor de felicidad, rodeados de esclavos tigres, provocarán cataclismos espantosos, distribuirán las pestes fulminantes... Durante algunos decenios el trabajo de los superhombres y de sus servidores se concretará a destruir al hombre de mil formas, hasta agotar el mundo casi... y sólo un resto, un pequeño resto, será aislado en algún islote, sobre el que se asentarán las bases de una nueva sociedad.


Barsut se había puesto en pie. Con el entrecejo fiero, y las manos metidas en los bolsillos del pantalón, se encogió de hombros, preguntando:


­ Pero, ¿es posible que usted crea en la realidad de esos disparates?


­ No, no son disparates, porque yo los cometería aunque fuera para divertirme.


Y continuó:


­ Desdichados hay que creerán en ellos... y eso es suficiente... Pero he aquí mi idea: esa sociedad se compondrá de dos castas, en las que habrá un intervalo... mejor dicho una diferencia intelectual de treinta siglos. La mayoría vivirá mantenida escrupulosamente en la más absoluta ignorancia, circundada de milagros apócrifos, y por lo tanto mucho más interesantes que los milagros históricos, y la minoría será la depositaria absoluta de la ciencia y del poder. De esa forma queda garantizada la felicidad de la mayoría, pues el hombre de esta casta tendrá relacion con un mundo divino, en el cual hoy no cree. La minoría administrará los placeres y los milagros para el rebaño, y la edad de oro, edad en la que los ángeles merodeaban por los caminos del crepúsculo y los dioses se dejaron ver en los claros de luna, será un hecho.


[...]


­ ¿Y la idea?


­ Aquí llegamos... Mi idea es organizar una sociedad secreta, que no tan sólo propague mis ideas, si no que sea una escuela de futuros reyes de hombres. Ya sé que usted me dirá que han existido numerosas sociedades secretas... y eso es cierto... todas desaparecieron porque carecían de bases sólidas, es decir, que se apoyaban en un sentimiento o en una irrealidad política o religiosa, con exclusión de toda realidad inmediata. En cambio, nuestra sociedad se basará en un principio más sólido y moderno: el industrialismo, es decir, que la logia tendrá un elemento de fantasía, si así se quiere llamar a todo lo que le he dicho, y otro elemento positivo: la industria, que dará como consecuencia el oro.


El tono de su voz se hizo más bronco. Una ráfaga de ferocidad ponía cierta desviación de astigmatismo en su mirada. Movió la greñuda cabeza a diestra y siniestra, como si le punzara el cerebro la agudeza de una emoción extraordinaria, apoyó las manos en los riñones y renaudando el ir y venir, repitió:


­ ¡Ah! el oro... el oro... ¿Sabe cómo lo llamaban los antiguos germanos al oro? El oro rojo... El oro... ¿Se da cuenta usted? No abra la boca, Satanás. Dése cuenta, jamás, jamás ninguna sociedad secreta trató de efectuar semejante amalgama. El dinero será la soldadura y el lastre que concederá a las idea el peso y la violencia necesarios para arrastrar a los hombres. Nos dirigiremos en especial a las juventudes, porque son más estúpidas y entusiastas. Les prometeremos el imperio del mundo y del amor... Les prometeremos todo... ¿me comprende usted?... Y les daremos uniformes vistosos, túnicas esplendentes... capacetes con plumajes de variados colores... pedrerías... grados de iniciación con nombres hermosos y jerarquías... Y allá en la montaña levantaremos el templo de cartón... Eso será para imprimir una cinta... No, cuando hayamos triunfado levantaremos el templo de las siete puertas de oro... Tendrá columnas de mármol rosado y los caminos para llegar a él estarán enarenados con granos de cobre. En torno construiremos jardines... y allá irá la humanidad a adorar el dios vivo que hemos inventado.


­ Pero el dinero para hacer todo eso... los millones...


A medida que el Astrólogo hablaba, el entusiasmo de éste se contagiaba a Erdosain. Se había olvidado de Barsut, aunque éste se encontraba frente a él. Sin poderlo evitar, evocaba una tierra de posible renovación. La humanidad viviría en perpetua fiesta de simplicidad, ramilletes de estroncio tachonarían la noche de cascadas de estrellas rojas, un ángel de alas verdosas soslayaría la cresta de una nube, y bajo las botánicas arcadas de los bosques se deslizarían hombres y mujeres, envueltos en túnicas blancas, y limpio el corazón de la inmundicia que a él lo apestaba. Cerró los ojos, y el semblante de Elsa se deslizó por su memoria, mas no despertó ningún eco, porque la voz del Astrólogo llenaba la cochera con esta réplica salvaje:


­ ¿Así que le interesa de dónde sacaremos los millones? Es fácil. Organizaremos prostíbulos. El Rufián Melancólico será el Gran Patriarca Prostibulario... todos los miembros de la logia tendrán interés en las empresas... Explotaremos la usura... la mujer, el niño, el obrero, los campos y los locos. En la montaña... será en el Campo Chileno... colocaremos lavaderos de oro, la extracción de metales se efectuará por electricidad. Erdosain ya calculó una turbina de 500 caballos. Prepararemos el ácido nítrico reduciendo el nitrógeno de la atmósfera con el procedimiento del arco voltaico en torbellino y tendremos hierro, cobre y aluminio mediante las fuerzas hidroeléctricas. ¿Se da cuenta? Llevaremos engañados a los obreros, y a los que no quieran trabajar en las minas los mataremos a latigazos. ¿No sucede esto hoy en el Gran Chaco, en los yerbales y en las explotaciones de caucho, café y estaño? Cercaremos nuestras posesiones de cables electrizados y compraremos con una pera de agua a todos los polizontes y comisarios del Sur. El caso es empezar. Ya ha llegado el Buscador de Oro. Encontró placeres en el campo chileno, vagando con una prostituta llamada la Máscara. Hay que empezar. Para la comedia del dios elegiremos un adolescente... Mejor será criar un niño de excepcional belleza, y se le educará para hacer el papel de dios. Hablaremos... se hablará de él por todas partes, pero con misterio, y la imaginación de la gente multiplicará su prestigio. ¿Se imagina usted lo que dirán los papanatas de Buenos Aires cuando se propague la murmuración de que allá en las montañas del Chubut, en un templo inaccsesible de oro y de mármol, habita un dios adolescente... un fantástico efebo que hace milagros?


­ ¡Sabe que sus disparates son interesantes!


­ ¿Disparates? ¿No se creyó en la existencia del plesiosaurio que descubrió un inglés borracho, el único habitante del Neuquén a quien la policía no deja usar revólver por su espantosa puntería?... ¿No creyó la gente de Buenos Aires en los poderes sobrenaturales de un charlatán brasileño que se comprometía curar milagrosamente la parálisis de Orfilia Rico? Aquél sí que era un espectáculo grotesco y sin pizca de imaginación. E innumerables badulaques lloraban a moco tendido cuando el embrollón enarboló el brazo de la enferma, que todavía está tullido, lo cual prueba que los hombres de ésta y de todas las generaciones tienen absoluta necesidad de creer en algo. Con la ayuda de algún periódico, créame, haremos milagros. Hay varios diarios que rabian por venderse o explotar un asunto sensacional. Y nosotros les daremos a todos los sedientos de maravillas un dios magnífico, adornado de relatos que podemos copiar de la Biblia... Una idea se me ocurre: anunciaremos que el mocito es el Mesías pronosticado por los judíos... Hay que pensarlo... Sacaremos fotografías del dios de la selva... Podemos imprimir una cinta cinematográfica con el templo de cartón en el fondo del bosque, el dios conversando con el espíritu de la Tierra.


­ Pero usted, ¿es un cínico o un loco?


Erdosain lo miró malhumorado a Barsut. ¿Era posible que fuera tan imbécil e insensible a la belleza que adornaba los proyectos del Astrólogo? Y pensó: "Esta mala bestia le envidia su magnífica locura al otro. Ésa es la verdad. No quedará otro remedio que matarlo."


­ Las dos cosas, y elegiremos un término medio entre Krishnamurti y Rodolfo Valentino, pero más místico; una criatura que tenga un rostro extraño simbolizando el sufrimiento del mundo. ¿Se imagina usted la impresión que causará al populacho el espectáculo del dios pálido resucitando a un muerto, el de los lavaderos de oro con un arcángel como Gabriel custodiando las barcas de metal y prostitutas deliciosamente ataviadas dispuestas a ser las esposas del primer desdichado que llegue? Van a sobrar solicitudes para ir a explotar la ciudad del Rey del Mundo y a gozar de los placeres del amor libre... De entre esa ralea elegiremos los más incultos... y allá abajo les doblaremos bien el espinazo a palos, haciéndolos trabajar veinte horas en los lavaderos.

El discurso del astrólogo (Los siete locos), Roberto Arlt

Rusia regresa a su peor pesadilla

Rusia va a intentar cumplir un sueño nacido en la Unión Soviética: viajar con éxito a Fobos, la luna de Marte. La nave destinada a cumplirlo, Fobos-Grunt, que se lanza hoy, hará en realidad el más difícil todavía: posarse sobre Fobos, a más de 200 millones de kilómetros, y regresar a la Tierra con un puñado de tierra del satélite. Es una misión que ningún otro país ha logrado nunca y que muchos expertos miran con escepticismo.

El cohete Zenit en el que viaja la sonda tiene previsto su despegue desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán) a las 21.16 de la noche GMT. Si hay algún problema, los rusos podrán lanzar la misión hasta el próximo 25 de noviembre. A bordo del cohete también viaja el Yinghuo 1, que será la primera nave china que orbite Marte y tome mediciones sobre su atmósfera. 

Nota completa

Ulrica

Hann tekr sverthit Gram ok
leggr i methal theira bert.
Völsunga Saga, 27

Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, o cual es lo mismo. Los hechos ocurrieron hace muy poco, pero sé que el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar  rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis. Quiero  narrar mi encuentro  con Ulrica (no supe su apellido y tal vez no lo sabré nunca) en la ciudad de York. La crónica abarcará una noche y una mañana.

Nada me costaría referir que la vi por primera vez junto a las Cinco Hermanas de York,  esos vitrales puros de toda imagen que respetaron los iconoclastas de Cromwell, pero el hecho es que nos conocimos en la salita  del Northern Inn, que está del otro lado de las murallas. Eramos pocos y ella estaba de espaldas. Alguien le ofreció una copa y rehusó.

 -Soy feminista -dijo-. No quiero  remedar  a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.

La frase quería ser ingeiosa  y adiviné  que  no era la primera vez que la pronunciaba. Supe después que no era característica de ella, pero lo que decimos no siempre se parece a nosotros.

Refirió  que había llegado tarde al museo, pero que la dejaron entrar cuando supieron  que era noruega.

Uno de los presentes comentó:
 -No es la primera vez que  los noruegos entran en York.
 -Así es -dijo ella-. Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse.

Fue entonces cuando la miré. Una línea de William Blake  habla de muchachas de suave plata o furioso oro, pero en Ulrica estaban el oro y la suavidad. Era ligera y alta, de rasgos afilados y de ojos grises. Menos  que su rostro  me impresióno su aire  de tranquilo  misterio. Sonreía fácilmente y la sonrisa parecía alejarla. Vestía de negro, lo cual es raro en tierras del Norte, que tratan de alegrar con colores lo apagado del ámbito. Hablaba un inglés nítido y preciso y acentuaba levemente las erres. No soy observador; esas cosas las descrubrí poco a poco.

Nos presentaron. Le dije que era profesor  en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré  que era colombiano.

Me preguntó de un modo pensativo:
-¿Qué es ser colombiano?
-No sé -le respondí-. Es un acto de fe.
-Como ser noruega -asintió.

Nada más  puedo recordar  de lo que se dijo esa noche. Al día siguiente bajé temprano al comedor. Por los cristales vi que había nevado; los páramos  se perdían en la mañana. No había nadie más. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.

Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
 -A mí también. Podemos salir los dos.

Nos alejamos de la casa,  sobre la nieve joven.

No había un alma en los campos. Le propusé que fuéramos a Thorgate, que queda río abajo, a unas millas. Sé que ya estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra persona.

Oí de pronto el lejano  aullido de un lobo. No he oído nunca aullar a un lobo, pero sé que era un lobo. Ulrica  no se inmutó.

Al rato dijo como si pensara en voz alta:
 -Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido  más que las grandes naves del museo de Oslo.

Nuestros caminos se cruzaban. Ulrica, esa tarde, proseguiría el viaje hacia Londres; yo, hacia Edimburgo.
 -En Oxford Street -me dijo- repetiré  los  pasos de Quincey, que buscaba  a su Anna perdida entre las muchedumbres de Londres.

 - De Quincey -respondí- dejó de buscarla.

Yo, a lo largo del tiempo, sigo buscándola.

-Tal vez -dijo en voz baja- la has encontrado.

Comprendí   que una cosa inesperada  no me estaba prohibida y le besé la boca y los ojos.

Me apartó con suave firmeza y luego declaró:
 -Seré tuya en la posada de Thorgate. Te pido mientras tanto, que no me toques. Es mejor que así sea.

Para un hombre célibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no  se espera. El milagro tiene derecho a imponer condiciones. Pensé  en mis mocedades de Popayán  y en una muchacha de Tezas, clara y esbelta como Ulrica que me había negado su amor.

No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y que no sería el último. Esa aventura, acaso la postrera para mí, sería una de tantas para esa resplandeciente y resuelta discípula de Ibsen.

Tomados de la mano seguimos.

-Todo esto es como un sueño -dije- y  yo nunca sueño.

-Como aquel rey -replicó Ulrica- que no soñó hasta que  un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.

Agregó después.

-Oye bien. Un pájaro está por cantar.
Al poco rato oímos el canto.
-En estas tierras -dije-, piensan que quien etá por morir prevé el futuro.
.Y yo estoy por morir -dijo ella.

La miré atónito.

-Cortemos por el bosque -la urgí-. Arribaremos más pronto a Thorgate.
-El bosque es peligroso -replicó.

Seguimor pos lor páramos.
-Yo querría que este momento durara siempre -murmuré.
-Siempre es una palabra que no está permitida a  los hombres -afirmó Ulrica y, para aminorar el énfasis, me pidió que le repitiera mi nombre, que no había oído bien.

-Javier Otálora -le dije.

Quiso repetirlo y no pudo. Yo fracasé, parejamente, con el nombre de Ulrikke.

-Te llamaré Sigurd -declaró con una sonrisa.
.Si soy Sigurd -le repliqué- tu serás Brynhild.

Había demorado el paso.

-¿Conoces la saga? -le pregunté.
-Por supuesto -me dijo-. La trágica historia  que los alemanes echaron a perder con sus tardíos Nibelungos.

No quise discutir y le respondí:
-Brynhild, caminas como si quisieras  que entre los dos hubiera una espada en el lecho.

Estábamos de golpe ante la posada. No me sorprendió que se llamara, como la otra, el Northern Inn.

Desde lo alto de la escalinata, Ulrica me gritó:
-¿Oíste el lobo? Ya no quedan lobos en Inglaterra. Apresúrate.

Al subir al piso alto,  noté que las paredes estaban empapeladas a la manera de William Morris, de un rojo muy profundo, con entrelazados frutos  y pájaros. Ulrica entró  primero. El aposento oscuro era bajo,  con un techo a dos aguas. El esperado lecho se duplicaba en un vago cristal y la bruñida caoba me recordó  el espejo de la Escritura. Ulrica ya se había desvestido. Me llamó por mi verdadero nombre, Javier. Sentí que la nieve  arreciaba. Ya no quedaba muebles ni espejos. No había una espada entre los dos. Como la arena se iba al tiempo. Secular  en la sombra fluyó  el amor y poseí por primera y última vez la imagen de Ulrica.

Ulrica, Jorge Luis Borges (El libro de arena - 1975)

Marte sobre ruedas: nueva aventura científica lista para despegar

La exploración rodada de Marte está a punto de dar un importante paso adelante, esta vez con un vehículo todoterreno que es ya todo un laboratorio. Se llama Curiosity, uno de sus objetivos es intentar determinar si alguna vez hubo vida en ese planeta y su lanzamiento está fijado para el 25 de este mes desde la base espacial de Florida (EE UU). Si todo va como está previsto, el Curiosity llegará a su destino el próximo mes de agosto. No menos importante que la ambición científica de la misión son las novedades técnicas del vehículo, alimentado esta vez por un pequeño generador de radioisótopos, en lugar de los paneles solares de sus predecesores en las arenas rojas marcianas, el Pathfinder (1997) y los gemelos Spirit y Opportunity (llegaron en 2004). La NASA no enviaba una misión a Marte desde la Phoenix, que llegó en 2008.

Fragmento . Al Margen del tiempo

Mirando retrospectivamente, parece raro que nadie, salvo el profesor Minott, descubriera el asunto.
Los indicios eran más que evidentes. A principios de diciembre de 1934, el profesor Michaelson afirmó haber descubierto que la velocidad de la luz no es un límite absoluto ni puede considerarse constante. Naturalmente, éste fue uno de los primeros indicios de lo que iba a suceder.
El segundo indicio se presentó el 15 de febrero a las 12.40, hora de Greenwich, cuando el Sol emitió un súbito resplandor blanquiazul. En cuestión de cinco minutos, el enorme incremento del índice de radiación aumentó en nueve grados la temperatura de la superficie terrestre. Transcurridos los cinco minutos, el Sol retornó a su tasa normal de radiación sin mostrar otros síntomas anormales.
Luego fueron expuestas muchas teorías por los más famosos científicos, pero ninguna explicación factible del fenómeno daba cuenta de la ulterior ausencia total de perturbaciones en la fotosfera solar.
Como tercer presagio evidente de los acontecimientos de junio, el diez de marzo la jirafa macho del zoológico de Bronx, en Nueva York, dejó de comer. Durante los nueve días siguientes cambió de forma, retrayendo sus extremidades, incluso el cuello y la cabeza, hasta convertirse en una extraordinaria masa ovalada de carne y hueso aún vivientes, que el décimo día empezó a dividirse espontáneamente, y el decimosegundo quedó convertida en dos masas carnosas que latían débilmente.
Al día siguiente aparecieron en ambas masas unas protuberancias que crecieron y adquirieron forma. Al cabo de veinte días desde el comienzo del fenómeno eran patas, cuellos y cabezas. Dos jirafas idénticas, ambas machos, se movían en el coto de las jirafas. Cada una pesaba algo menos de la mitad que el peso del ejemplar original. Coincidían en todas sus marcas. Comían, se movían y a todos los efectos parecían animales normales, aunque inmaduros.
Desde la República Argentina comunicaron un fenómeno prácticamente igual, pues un novillo de las pampas había pasado por el mismo y extraordinario método de reproducción bajo la mirada incrédula de los científicos argentinos.
Hoy parece increíble que los científicos de 1935 no supieran interpretar estas singularidades. Hoy conocemos qué tipo de tensión las produjo, aunque ya no ocurran. Pero entre enero y junio de 1935, las agencias periodísticas de la nación se vieron inundadas de noticias por el estilo.
El río Ohio fluyó pendiente arriba durante dos días. Durante seis horas, los árboles del parque Euclides de Cleveland agitaron terriblemente sus hojas, como si hubiera una gran tormenta, pese a que no soplaba la menor brisa. Y en Nueva Orleans, hacia fines de mayo, los peces salieron nadando del río Mississippi para luego «ahogarse» en el aire que los sostenía inexplicablemente. Más tarde se volvieron panza arriba y flotaron inertes en un imaginario nivel de agua situado a unos cuatro metros por encima de las calles de la ciudad.
Parece claro que el profesor Minott no fue el único que sospechó el significado de estos —para nosotros— evidentes indicios de los acontecimientos que iban a sobrevenir. El profesor Minott enseñaba matemáticas en la facultad del Robinson College, de Fredericksburg, Virginia. Sabemos que predijo prácticamente todos los hechos que luego asustaron al planeta (y no sólo al nuestro).
Pero supo tener cerrada la boca.
El Robinson College era pequeño. Estaba considerado como una universidad «provinciana», sin que esto ofendiese a nadie, salvo a la facultad y a ciertos alumnos puntillosos. Si un humilde profesor de matemáticas como Minott hubiera publicado su teoría, ello ni siquiera habría sido noticia. Se habría catalogado como un acceso de locura. Y, en caso que alguien hubiera creído en ella, no habría servido sino para aterrorizarle. Por eso guardó silencio.
El profesor Minott poseía valor, obstinación y cierta sangre fría, pero carecía de riquezas e influencia. Tenía algo más que conocimientos generales de física matemática, y sus cálculos mostraban un extraordinario dominio de las leyes probabilísticas; en cambio, tenía muy poca paciencia con los problemas éticos. También sentía una pasión particularmente impetuosa hacia Maida Haynes, hija del profesor de lenguas románicas, aun sin la menor oportunidad de llamar siquiera su atención, pues ello habría significado competir con la mayoría del estudiantado del sexo masculino.
Todas estas explicaciones son necesarias, pues nadie sino una persona como el profesor Minott podría prever lo que estaba a punto de suceder y tomar sus disposiciones como él lo hizo.
Gracias a sus notas sabemos que, según sus cálculos, las probabilidades de salvación eran de una entre cuatro, o poco menos. Es realmente una pena que no poseamos los cálculos mismos. Hay muchas cosas que nuestros científicos aún no comprenden. Las notas que dejó el profesor Minott son preciosas, pero hay en ellas evidentes lagunas. Sin duda se llevó la mayor parte de sus anotaciones —y entre éstas las más valiosas— a ese lugar desconocido donde supuestamente vive y trabaja ahora.

Sin duda le divertiría la diligencia con que el menor de sus garabatos es ahora analizado, estudiado y discutido por las mayores inteligencias de nuestro tiempo y espacio. Y es muy probable que haya inventado una palabra para designar la catástrofe a la que hemos escapado. Nosotros todavía no tenemos ninguna.

No hay palabras para describir un desastre que pudo destruir, no sólo la Tierra, sino todo nuestro sistema solar. Y no sólo nuestro sistema solar, sino incluso nuestra galaxia. Y no sólo nuestra galaxia, sino cualquier universo del espacio que conocemos; más aún, pudo destruir todo el espacio tal como ahora lo concebimos, así como el tiempo. Lo cual significaría, no sólo la anulación del presente y el futuro, sino incluso la destrucción del pasado, como si nunca hubiera existido. Sin contar esas extrañas formas de la realidad que hoy conocemos, esos otros universos, esos pasados y futuros alternativos: todo reducido a la nada. No existe palabra para nombrar semejante catástrofe.

Sería interesante saber cómo la llamaba el profesor Minott mientras se preparaba fríamente para explotar aquella única posibilidad de supervivencia entre cuatro, si las cosas sucedían de acuerdo con lo previsto. Pero es más fácil suponer cómo se sintió la víspera del 5 de junio de 1935. No lo sabemos. No podemos saberlo. Sólo podemos estar seguros de lo que sentimos nosotros..., y de lo que ocurrió.


continuará...
Al Margen del tiempo, Murray Leinster

Marley tenía razón

El sabor de los insectos

Uno de los primeros registros históricos del consumo de insectos es un bajorrelieve asirio de hace 2700 años, que muestra a unos sirvientes transportando langostas ensartadas en broquetas durante una fiesta. Los antiguos griegos cocinaban pasteles de saltamontes, y en su libro Historia de los animales, Aristóteles señaló que las cigarras más sabrosas son las de mayor tamaño y las hembras embarazadas (que llevan deliciosos huevos dentro del abdomen). Entre los antiguos romanos, las orugas de cossus, un insecto que no se ha podido identificar, eran un manjar que disfrutaban después de alimentarlas con harina.

A lo largo de la historia, los miembros de la realeza también disfrutaron el sabor de los insectos. Al emperador Moctezuma le gustaba desayunar los huevos frescos de cierta chinche acuática. Este insecto vivía en un lago ubicado a varios kilómetros de la capital azteca, así que cada mañana, un sirviente corría esa distancia para que los huevos estuvieran a tiempo en la mesa de su amo. El plato preferido del emperador Hirohito era arroz mezclado con unas avispas tostadas que todavía se consiguen en los supermercados japoneses.

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La meteorología de Titán

La meteorología de Titán tiene una dinámica comparable a la que posee la meteorología tropical terrestre

Rodrigo Caballero de la Universidad de Estocolmo en Suecia, Elizabeth P. Turtle de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, y otros científicos, de la UCLA y de la Universidad de California en Berkeley, han llegado a la conclusión de que el clima global de Titán es tropical, aunque sólo en el sentido de que todo el planeta experimenta los tipos de fenómenos meteorológicos que en la Tierra se limitan a la región ecuatorial.

En el caso de Titán, el adjetivo "tropical" no se aplica a las temperaturas reinantes allí, mucho más frías que en las zonas polares de la Tierra.

Las nuevas observaciones y análisis refuerzan esa analogía de Titán con las zonas tropicales de la Tierra. Y el parecido no sólo se da a escala global sino también para casos de tormentas individuales.

El clima tropical global de Titán proporciona a los meteorólogos la oportunidad de estudiar este tipo de clima en un entorno más sencillo que el de la Tierra. Lo que se averigüe en Titán podría ser de ayuda para predecir mejor la meteorología de la Tierra ante el Cambio Climático Global.

La sonda Cassini ha estado en órbita alrededor de Saturno desde finales de 2004, y ha revolucionado el conocimiento humano de Titán. Este satélite de Saturno tiene un volumen más grande que el del planeta Mercurio y es la segunda mayor luna del Sistema Solar, después de Ganimedes, luna de Júpiter. Titán tiene una gruesa atmósfera de nitrógeno y experimenta lluvias de metano.

Titán es como un hermano extraño de la Tierra, ya que es el único cuerpo rocoso del sistema solar (además de la Tierra) que en la actualidad experimenta un fenómeno que merezca ser descrito como lluvia.

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Vesta y sus montañas

El asteroide Vesta alberga una de las mayores montañas del sistema solar

El asteroide Vesta alberga una de las mayores montañas del sistema solar, comparable al volcán Olympus de Marte, informó la NASA, la agencia espacial estadounidense.

Este descubrimiento se logró gracias a la misión Dawn de la NASA, que lleva orbitando alrededor del asteroide Vesta desde el pasado mes de julio, señala el portal Mother Nature Network.

"Como la Tierra, Marte, Venus y Mercurio, Vesta se ha formado a través de los flujos de lava basáltica en la superficie y un gran núcleo de hierro, por ello es tan similar a los planetas del sistema solar, con canales, acantilados, colinas y montañas", explicó Chris Russell, director de la misión.

Rusia gastará US$ 161 millones en misión a Marte

“Si repartimos este gasto entre toda la población rusa resulta que cada ciudadano ruso debería pagar 3 rublos (10 centavos de dólar) al año durante una década. No es mucho”, aseguró Víctor Jartov, diseñador jefe de la Asociación de Producción Científica Lávochkin, según las agencias rusas. Si el proyecto hubiera sido elaborado por la Agencia Espacial Europea o la NASA, costaría 300-400 millones de euros, apuntó Lev Zeleni, director del Instituto de Estudios Espaciales de Rusia.

Jartov dijo a su vez que alrededor de diez mil personas han participado en el proyecto, mientras que más de una treintena se ocuparán de tripularla tras el lanzamiento desde controles terrestres. Todos los módulos de la estación son nuevos y nunca han sido utilizados antes, precisó el diseñador jefe.

Uno de los módulos de la nave rusa aterrizaría en Fobos, la luna marciana, que, según algunos científicos, fue un asteroide capturado por la fuerza de gravedad de Marte. El diseñador jefe del proyecto, Maxim Martínov, recordó que el vuelo de la nave espacial cuyo peso es de 13,5 toneladas hacia Marte durará 11 meses y el regreso a la Tierra de 9 a 11 meses.

Mientras, en la luna marciana quedaría funcionando durante largo tiempo una estación automática que investigaría el espacio colindante y el clima del planeta.

El proyecto “Fobos-Grunt” permitirá ensayar las principales tecnologías de las futuras expediciones a Marte, como la toma de pruebas de terreno en condiciones de ingravidez y, sobre todo, la operación de aterrizaje. Además, las muestras que tome deberían servir para comprender cómo se formaron los planetas del sistema solar.

Recientemente, Roscosmos y la Agencia Espacial Europea firmaron un acuerdo para emplear los centros europeos de seguimiento con el fin de guiar a la Fobos-Grunt.

Una nueva teoría sobre la misteriosa nube de Titán

Los astrónomos en la Universidad de California en Los Angeles desarrollado una nueva teoría para explicar la pulverización de arco enigmático en una de las lunas de Saturno, que se asemeja a la de tierra llamada Titán.

El equipo de investigadores de la UCLA, dice que el enorme arco blanco que se extiende a lo largo del ecuador de Titán es probablemente el resultado de las ondas sonoras que viajan a la atmósfera de la luna y afectan a los fenómenos climáticos. La inusual forma de las nubes acompañan a las fuertes tormentas que causan la “inundación” de metano líquido es más de 20 veces mayor que el promedio de las lluvias estacionales.

Los científicos dicen que ondas planetarias causadas por las tormentas de Titán son similares a los que se producen en las regiones tropicales de la Tierra, pero no tan obvio. Los científicos describen la atmósfera de Titán como “tropicales”, porque en toda la región prevalece el clima tropical de la Tierra sólo aparecen en el ecuador.

Los nuevos descubrimientos podrían ayudar a los científicos a comprender los fenómenos climáticos de la Tierra.

La nave espacial Cassini, en órbita alrededor de Saturno, ha detectado la nube arco de Titán en septiembre de 2010.

El nuevo estudio de la UCLA se espera que sea publicado en la nueva edición de la revista Naturaleza Ciencias de la Tierra.

El relato de Utnapishtim

Gilgamesh le dijo, a Utnapishtim el Lejano: «Cuando te miro, Utnapishtim, Tus rasgos no son extraños; incluso como yo eres. Tú no eres extraño; antes bien, como yo eres. ¡Mi corazón te había imaginado como resuelto a batallar, [Pero] descansas indolente sobre tu dorso! [Dime], ¿cómo te sumaste a la Asamblea de los dioses, En tu busca de la vida?»

Utnapishtim dijo a él, a Gilgamesh: «Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta  Y un secreto de los dioses te diré: Suruppak--ciudad que tú conoces [(Y) que en las riberas del Éufrates] está situada--, Esa ciudad era antigua (como lo eran) los dioses de su interior, Cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio. Estaban Anu, su padre, El valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, su irrigador. Ninigiku-Ea también estaba presente con ellos;  [...]

 Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡Demuele (esta) casa, construye una nave! Renuncia a las posesiones, busca la vida. ¡Desiste de bienes (mundanales) y mantén el alma viva!  A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas. El barco que construirás, sus dimensiones habrá que medir.  Igual será su amplitud y su longitud. Como el Apsu lo techarás".  [...]

Samas me había fijado un tiempo: "Cuando aquel que ordena la intranquilidad nocturna, Envíe una lluvia de tizón, ¡Sube a bordo y clava la entrada! Aquel tiempo señalado llegó: "Aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envía una lluvia de tizón".

Contemplé la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco y clavé la entrada. Para clavar (todo) el barco, a Puzur-Amurri, el barquero, cedí la estructura con su contenido.

Al primer resplandor del alba, una nube negra se alzó del horizonte. En su interior Adad truena, Mientras Sullat y Hanis van delante, Moviéndose como heraldos sobre colina y llano. Erragal arranca los postes; Avanza Mnurta y hace que los diques sigan.

Los Anunnaki levantan las antorchas, Encendiendo la tierra con su fulgor. La consternación debida a Adad llega a los cielos, Pues volvió en negrura lo que había sido luz. [La vasta] tierra se hizo añicos como [una perola]. Durante un día la tormenta del sur [sopló], Acumulando velocidad a medida que bufaba [sumergiendo los montes],  Atrapando a la [gente] como una batalla.

Nadie ve a su prójimo, No puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio, Y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul. Los dioses se agazaparon como perros Acurrucados contra el muro exterior. Istar gritó como una mujer en sus dolores, La señora de dulce voz de los [dioses] gime:

"Los días antiguos se han trocado, ¡ay!, en arcilla, Porque hablé maldad en la Asamblea de los dioses.  ¿Cómo pude hablar maldad en la Asamblea de los dioses, Ordenando batalla para destrucción de mi gente, Cuando yo misma di a luz a mi pueblo? ¡Como el desove de los peces llena el mar!"

Los dioses Anunnaki lloran con ella, Los dioses, humildemente, están sentados y lloran, Con los labios apretados, [... ] uno y todos. Seis días y [seis] noches Sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra.

Al llegar al séptimo día, la tormenta del sur (transportadora) del diluvio amainó en la batalla, que había reñido como un ejército. El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó. Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, Y toda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato.

Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro. Inclinándome muy bajo, sentéme y lloré, Deslizándose las lágrimas por mi cara.

Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: En cada catorce (regiones) Emergía una comarca (montañosa). En el Monte Nisir el barco se detuvo.

(Poema de Gilgamesh; Tablilla XI (http://www.buenaluna.org.ar/ptah/hatti4.html ))

Las llanuras gigantes de Mercurio

Hace tiempo que los astrofísicos se preguntan sobre el origen de las grandes planicies que cubren hasta un 6% de la superficie de Mercurio. Pese a que algunos sospechaban que habían sido causadas por la actividad volcánica, no había evidencias claras, dado que no hay volcanes en estas zonas. La revista Science publica hoy una serie de artículos sobre este planeta, uno de los cuales confirma el origen volcánico de estas regiones.

Gracias a los datos obtenidos por la sonda Messenger de la NASA, un equipo de científicos ha concluido que estas zonas se han formado por flujos de lava que, sorprendentemente, "no han formado volcanes", como sucedería en la Tierra, explica James Head III, autor principal del estudio y profesor de la Universidad de Brown (EEUU). Según Head, para generar las grandes planicies la lava tiene que fluir muy rápido y en grandes cantidades, algo que difiere de la actividad volcánica terrestre y que podría dar pistas que ayuden a entender lo que sucede en el interior del planeta.

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Fragmento - MUJER DE PIE

—¡Michiko! —le grité al oído.
Mi esposa me miró, y la sangre le invadió las mejillas. Se pasó una mano por el cabello enredado.
—¿Viniste otra vez? No tendrías que hacerlo, en serio.
La empleada de la ferretería, que vigilaba el negocio, me vio. Con aire de fingida indiferencia, apartó los ojos y se retiró al fondo del local. Lleno de gratitud por su consideración, me acerqué unos pasos más a Michiko y la enfrenté.
—¿Te vas acostumbrando?
Reunió todas para lograr una sonrisa en el rostro endurecido.
—Mmmm. Estoy acostumbrada.
—Anoche llovió un poco.
Mirándome aún con ojos amplios, oscuros, asintió levemente.
—Por favor no te preocupes. Apenas si siento algo.
—Cuando pienso en ti no puedo dormir —dejé caer la cabeza—. Siempre estás de pie, afuera. Cuando pienso en eso, me resulta imposible dormir. Anoche hasta pensé en traerte un paraguas.
—Por favor, no hagas nada de eso —mi esposa frunció apenas el entrecejo—. Seria terrible que hicieras algo así.
Un camión grande pasó detrás de mí. El polvo blanco cubrió el cabello y los hombros de mi esposa con un tenue velo, pero a ella no pareció molestarle.
—En realidad estar de pie no es tan desagradable —habló con deliberada despreocupación, esforzándose por impedir que yo me preocupara.
Percibí un cambio sutil en las expresiones y el modo de hablar de mi esposa respecto a dos días antes. Parecía como si sus palabras hubiesen perdido algo de delicadeza, y como si el alcance de sus emociones se hubiese empobrecido hasta cierto punto. Observarla así, desde afuera, ver como se vuelve poco a poco inexpresiva, es aún más desolador por haberla conocido como era antes: las respuestas agudas, su alegre vivacidad, las expresiones ricas, plenas.
—Esa gente —le pregunté, señalando con los ojos hacia la ferretería—, ¿se portan bien contigo?
—Bueno, sí. Tienen buen corazón. Sólo una vez me dijeron que les pidiera cualquier cosa que necesitara. Pero aún no han hecho nada por mí.
—¿No tienes hambre?
Sacudió la cabeza.
—Es mejor no comer.
Eso es. Incapaz de soportar ser una mujergajo, esperaba convertirse en mujerárbol aunque fuera un solo día antes.
—Así que por favor no me traigas nada de comer. —Clavó los ojos en mí—. Por favor olvídame. Estoy segura de que incluso sin hacer ningún esfuerzo en especial, voy a olvidarte. Me alegra que hayas venido a verme, pero después la tristeza dura mucho más. Para los dos.
—Tienes razón, desde luego, pero... —Despreciando a ese ser que no podía hacer nada por su propia esposa, dejé caer otra vez la cabeza—. Pero no te olvidaré —hice un movimiento afirmativo con la cabeza. Llegaron las lágrimas—. No olvidaré. Nunca.
Cuando alcé la cabeza y la miré otra vez, ella tenía clavados en mí ojos que habían perdido algo de su brillo, con todo el rostro resplandeciendo en una sonrisa tenue como una imagen tallada de Buda. Era la primera vez que la veía sonreír así.

MUJER DE PIE, Yasutaka Tsutsui

Amanecer en un asteroide

Su nombre es Vesta y, con más de 500 km de diámetro, es el mayor asteroide del Sistema Solar. La sonda, llamada Dawn (“amanecer” en inglés), está actualmente en órbita a sólo 800 km de la superficie de Vesta. Y allí permanecerá durante varios meses antes de trasladarse a su próximo objetivo: el planeta enano Ceres.

Los científicos especialistas en geología planetaria confían en que Vesta y Ceres aportarán claves para entender cómo se formaron los planetas del Sistema Solar (ver entrevista a Carol Raymond). Y las primeras imágenes enviadas por Dawn muestran escenarios que prometen importantes revelaciones para los próximos meses y años.

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Fragmento - CÁNTICO POR LEIBOWITZ


En aquel siglo había nuevamente naves espaciales, y las naves estaban tripuladas por imposibilidades peludas que caminaban sobre dos piernas y a las que les crecían mechones de cabello en inverosímiles regiones anatómicas. Eran una especie habladora. Pertenecían a una raza muy capaz de admirar su propia imagen en un espejo e igualmente capaz de cortarse su propio cuello ante el altar de cualquier dios tribal, tal como la deidad del Afeitado Diario. Era un espécimen que a menudo se consideraba, básicamente, una raza de fabricantes de herramientas de inspiración divina; cualquier ente inteligente de Arturo instantáneamente se habría dado cuenta de que eran básicamente una especie de apasionados oradores de banquete.

Era inevitable, era su destino manifiesto, presentían — y no por primera vez — que tal especie avanzaba a la conquista de las estrellas. Para conquistarlas varias veces, si era necesario, y para ciertamente hacer discursos sobre las conquistas. Pero también era inevitable que la especie sucumbiese otra vez a la vieja enfermedad en un nuevo mundo como antes había ocurrido en la Tierra, en la letanía de la vida y en la liturgia especial del hombre: versículos por Adán, respuestas del Crucificado.
Somos los siglos.
Somos los charlatanes y los fanfarrones, y pronto hablaremos de cortarte la cabeza. Somos tu coro de desperdicios, señor y señora, y marcamos el paso detrás de ti, cantando tonadas que algunos creen extrañas.
¡Un, dos, tres, cuat!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
Te—ní—a—u—na—bue—na—es—po—sa—pe—ro—él.
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Derecha!
¡Izquierda!
Wir, como dicen en la vieja patria, marschieren weiter wenn alles in Scherben fällt.
Tenemos tus eolitos y tus mesolitos y tus neolitos. Tenemos tus Babilonias y tus Pompeyas, tus Césares y tus artefactos cromados (impregnados—de—ingrediente—vital).
Tenemos tus sangrientas hachas y tus Hiroshimas. Avanzamos, a pesar del infierno, hacemos...
Atrofia, Entropía y Proteus vulgaris.
Contando chistes obscenos acerca de una granjera llamada Eva y un agente de ventas llamado Lucifer.
Enterraremos a tus muertos y sus reputaciones. Te enterraremos a ti. Somos los siglos.
Nace, pues, respira viento, chilla al golpe del cirujano, busca la virilidad, prueba un poco de bondad, siente dolor, da a luz, lucha un poco, sucumbe.
(Al morir sal silenciosamente por la salida de atrás, por favor.)
Generación, regeneración, otra vez, otra vez, como en un ritual, con investiduras manchadas de sangre y manos sin uñas, hijos de Merlín persiguiendo un resplandor. Hijos también de Eva construyendo para siempre paraísos... y destrozándolos con furia enloquecida porque no resultan ser lo mismo. (¡Ah!, ¡ah!, ¡ah!, un idiota grita su necia angustia en medio de los desperdicios. ¡Pero aprisa! Que el coro lo apague, cantando aleluyas a noventa decibelios.)
Oíd, entonces, el último cántico de los hermanos de la Orden de San Leibowitz, como cantado por el siglo que se tragó su nombre:
V: Lucifer ha caído
R: Kyrie eleison
V: Lucifer ha caído
R: Christie eleison
V: Lucifer ha caído
R: Kyrie eleison, eleison ¡mas!
«Lucifer ha caído»; las palabras cifradas, enviadas eléctricamente a través del continente, eran susurradas en salas de conferencias, donde circulaban en forma de memorandos con el título de «Supreme secretissimo» y eran prudentemente ocultados a la prensa. Las palabras se alzaban como una marea amenazadora detrás de un dique de secreto oficial. Había varios agujeros en el dique, pero quedaban impávidamente obturados por los burocráticos mentores cuyos dedos índices se volvían excesivamente henchidos mientras esquivaban los proyectiles verbales disparados por la prensa.
Cantico por Leibowitz, Walter M. Miller

Fragmento - El Fin de la Infancia

Fue, por supuesto, una operación sin importancia desde el punto de vista de los superseñores, pero para la Tierra no hubo, en toda su historia, un acontecimiento más extraordinario. Las grandes naves descendieron desde los inmensos y desconocidos abismos del espacio sin ningún aviso previo. Innumerables veces se había descrito ese día en cuentos y novelas, pero nadie había creído que llegaría a ocurrir. Y ahora allí estaban: las formas silenciosas y relucientes, suspendidas sobre todos los países como símbolos de una ciencia que el hombre no podría dominar hasta después de muchos siglos. Durante seis días habían flotado inmóviles sobre las ciudades, sin reconocer, aparentemente, la existencia del hombre. Pero no era necesario. Esas naves no habían ido a pararse tan precisamente y sólo por casualidad sobre Nueva York, Londres, París, Moscú, Roma, Ciudad del Cabo, Tokio, Camberra...
Aún antes que aquellos días aterradores terminaran, algunos ya habían sospechado la verdad. No se trataba de un primer intento de contacto por parte de una raza que nada sabía del hombre. Dentro de esas naves inmóviles y silenciosas, unos expertos psicólogos estaban estudiando las reacciones humanas. Cuando la curva de la tensión alcanzase su cima, algo iba a ocurrir.
Y en el sexto día, Karellen, supervisor de la Tierra, se hizo conocer al mundo entero por medio de una transmisión de radio que cubrió todas las frecuencias. Habló en un inglés tan perfecto que durante toda una generación las más vivas controversias se sucedieron a través del Atlántico. Pero el contexto del discurso fue aún más sorprendente que su forma. Fue, desde cualquier punto de vista, la obra de un genio superlativo, con un dominio total y completo de los asuntos humanos. No cabía duda alguna de que su erudición y su virtuosismo habían sido deliberadamente planeados para que la humanidad supiese que se hallaba ante una abrumadora potencia intelectual. Cuando Karellen concluyó su discurso las naciones de la Tierra comprendieron que sus días de precaria soberanía habían concluido. Los gobiernos locales podrían retener sus poderes, pero en el campo más amplio de los asuntos internacionales las decisiones supremas habían
pasado a otras manos. Argumentos, protestas, todo era inútil. Era difícil que todas las naciones fuesen a aceptar mansamente semejante limitación de sus poderes. Pero una resistencia activa presentaba dificultades insuperables, pues la destrucción de las naves, si eso fuese posible, aniquilaría a las ciudades que estaban
debajo. Sin embargo, una gran potencia hizo la prueba. Quizá los responsables pensaban matar dos pájaros de un tiro, pues el blanco se hallaba suspendido sobre las capital de una vecina nación enemiga.


El Fin de la Infancia, Arthur C. Clarke

La vida en Titán

En la serie Eureka, que se encuentra emitiendo la segunda parte de su cuarta temporada, los personajes están preparando una misión espacial que les llevará a Titán. Y no sólo Eureka especula sobre un posible viaje a Titán, este satélite ha llamado poderosamente la atención de los creadores de ciencia ficción desde los años cincuenta.
Robert A. Heinlein escribió en 1951 The Puppet Masters cuya acción se sitúa en Titán, al igual que la historia corta de Asimov First Law. La novela de John Varley Titan de 1979 se centraba en una expedición a las lunas de Saturno. La película Gattaca también tenía como telón de fondo una misión espacial que debía partir hacia el satélite y Star Trek (2009) podemos disfrutar de una grandiosa escena en su entorno.
¿Por qué fascina tanto esta lejana luna? Posiblemente la razón sea que es uno de los pocos entornos del Sistema Solar que puedan poseer vida. Desde que la misión espacial Cassini/Huygens llegó al satélite en 2005 muchos son los datos que se han recogido sobre Titán. Existen evidencias químicas que apoyan la afirmación de que allí hay vida, alguna forma de vida de tamaño microbiano basada en el metano y que usa el hidrógeno del mismo modo que nosotros usamos el oxígeno.
La misión espacial recogió datos en los que se mostraba una ausencia notable de gases. Faltan hidrógeno y acetileno, así pues se especula que esos gases están siendo consumidos pero no se sabe cómo. La explicación que dan algunos estudiosos es la presencia de vida en Titán. Además son los dos elementos necesarios para una forma de vida basada en el metano. Si se confirma la existencia de vida en Titán la hipótesis de la Tierra Especial sería echada por tierra, valga la redundancia. El universo podría estar plagado de vida y de razas en diferentes estadios evolutivos, una perspectiva que abre un amplio abanico de posibilidades. Si la vida basada en el metano fuese una realidad nos encontraríamos con seres nunca antes vistos ni imaginados.

Titán posee una atmósfera compuesta mayormente de nitrógeno (94%) y rica en metano. Su composición química y sus temperaturas propician que su superficie sea similar a la de la Tierra en el pasado. Por eso muchos estudios sobre la viabilidad de vida en el espacio o la posibilidad de crear asentamientos permanentes fuera de nuestro planeta se centran en él. Aunque sus mares helados de metano y sus temperaturas cercanas a los 180 grados bajo cero no parecen muy apetecibles. Titán posee ríos, llueve, tiene paisajes similares a los de nuestro planeta y hay estaciones. Al satélite sólo llega el 10% de la luz solar que llega a la tierra.

http://alt1040.com/2011/09/la-vida-en-titan/pia14571

Fragmento - Las aventuras de Arthur Gordon Pym

Afortunadamente, poco antes de anochecer nos amarramos firmemente los cuatro a los restos del cabrestante, tumbándonos de este modo sobre la cubierta lo más aplastados posible. Esta precaución fue lo único que nos salvó de la muerte. De todas maneras, estábamos más o menos aturdidos por el inmenso peso de agua que nos cayó encima, y que no nos arrastró hasta que estuvimos casi exhaustos. Tan pronto corno pude recobrar el aliento, llamé en voz alta a mis compañeros. Pero sólo contestó Augustus, diciendo: ¡ Todo se ha acabado para nosotros! ¡ Dios tenga misericordia de nuestras almas! Poco a poco, los otros dos fueron recobrando el habla y nos exhortaron a tener ánimos, pues aún había esperanzas, sabiendo que era imposible que el bergantín se hundiese, debido a la naturaleza del cargamento y porque, además, parecía probable que la tempestad amainase por la mañana. Estas palabras me reanimaron; por extraño que parezca, aunque era obvio que un barco cargado de barricas de aceite vacías no puede sumergirse, yo había tenido hasta este momento tan confusa la mente, que no había caído en la cuenta, y el peligro que había temido más durante aquellas horas era el de que nos hundiésemos. Al renacer la esperanza en mi corazón, aproveché todas las ocasiones para afianzar las ligaduras que me sujetaban a los restos del cabrestante, y en esta ocupación no tardé en descubrir que mis compañeros también estaban ocupados en lo mismo. La noche era muy oscura, y no intento describir el caos y el horrible lúgubre estruendo que nos rodeaba. La cubierta se hallaba al nivel del agua, o más bien estábamos rodeados de altas crestas de espuma, parte de las cuales rompían a cada instante sobre nosotros. No sería exagerado decir que no teníamos la cabeza fuera del agua más que un segundo de cada tres. Aunque estábamos muy juntos, ninguno de nosotros podía ver a otro, ni siquiera nada de la parte del bergantín, sobre la cual éramos tan impetuosamente zarandeados. A intervalos, nos llamábamos unos a otros, intentando mantener viva la esperanza y dar consuelo y valor a quien más necesidad tenía de ello. La débil situación de Augustus le hacía objeto de la solicitud de todos nosotros; y como suponíamos que la herida en el brazo derecho había de imposibilitarle para sujetar sólidamente su amarra, nos figurábamos a cada instante que iba a ser arrastrado por las olas, y prestarle socorro era algo absolutamente imposible. Afortunadamente, se encontraba en el sitio más seguro, pues la parte superior de su cuerpo se cubría con un trozo de cabrestante roto, y las aguas, antes de caerle encima, perdían gran parte de su violencia. En cualquier otra posición que no fuese aquélla (en la que había quedado accidentalmente después de haberse atado él mismo en un sitio muy expuesto), hubiese perecido infaliblemente antes del amanecer. Debido a que el bergantín se hallaba muy echado hacia la banda, estábamos menos expuestos a ser arrebatados por las olas, como hubiese sucedido en otro caso. Como he dicho antes, el barco se inclinaba hacia babor, pero la mitad de la cubierta estaba constantemente bajo el agua. Por eso las olas, que entrechocaban por estribor, rompían contra el costado del barco, alcanzándonos solamente algunas rociadas de agua, mientras yacíamos tendidos boca abajo; por el contrario, las que venían por babor, las que se llaman olas de remanso, porque caen por la espalda. no podían cogernos con bastante ímpetu, a causa de nuestra posición, no tenían fuerza suficiente para soltarnos de nuestras amarras. En tan espantosa situación permanecimos hasta que alumbró el día, mostrándonos con todo detalle los horrores que nos rodeaban. El bergantín era un simple tronco que rodaba a merced de las olas; la tempestad no había cedido sino para soplar con la fuerza de un huracán, y parecía que no podíamos esperar salvación alguna terrenal. Durante varias horas permanecimos en silencio, esperando a cada momento que se rompieran nuestras amarras, que los restos del cabrestante irían por la borda, o que algunas de las enormes olas que rugían en todas direcciones alrededor y por encima de nosotros sumergiese de tal modo el casco, que nos ahogásemos antes de volver a la superficie.

Las aventuras de Arthur Gordon Pym, Edgar Allan Poe