Fragmento

Según el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, Xpiyacoc y Xmucane engendraron a dos hijos, llamados Un Hunahpu y Siete Hunahpu. Un Hunahpu creció hasta hacerse un nombre, se casó y su esposa Xbaquiyalo dio a luz dos hijos: Un Mono y Un Artesano. Siete Hunahpu nunca creció; antes de que pudiera convertirse en hombre, su hermano y él fueron sacrificados en el campo de pelota donde perdieron ante Una y Siete Muertes. Entonces la cabeza de Un Hunahpu fue colgada de una calabacera, que nunca antes había dado fruto. Y cuando lo dio, el fruto pareció una cabeza, y la cabeza de Un Hunahpu llegó a parecerse al fruto, así que fueron lo mismo.
Entonces una joven virgen llamada Mujer Sangre llegó al templo de los sacrificios para ver el árbol, y le habló a la cabeza de Un Hunahpu, y la cabeza de Un Hunahpu le habló a ella. Cuando tocó el hueso de su cabeza, su semilla se le quedó en la mano, y pronto concibió un hijo. Siete Hunahpu consintió en esto, y fue también el padre de lo que llenaba su vientre.
Mujer Sangre se negó a decirle a su padre cómo había llegado el niño a su vientre, ya que estaba prohibido ir a la calabacera donde estaba colgada la cabeza de Un Hunahpu. Indignado porque había concebido un bastardo, su padre la envió a ser sacrificada. Pero para salvar su vida, ella les dijo a los Guardianes Militares de la Estera, que iban a matarla, que el niño procedía de la cabeza de Un Hunahpu. Entonces ellos no quisieron matarla, pero tenían que llevar su corazón a su padre, Recogedor de Sangre. Así que Mujer Sangre lo engañó llenando un cuenco con la roja savia del árbol crotón, que cuajó hasta parecer un corazón humano. Todos los dioses de Xibalba fueron engañados por el corazón falso.
Mujer Sangre fue a la casa de la viuda de Un Hunahpu, Xbaquiyalo, para parir a su hijo. Cuando el niño nació, fueron dos niños, dos varones, a quienes llamó Hunahpu y Xbalanque. A Xbaquiyalo no le gustaba el ruido que hacían los bebés y los expulsó de la casa. Sus hijos, Un Mono y Un Artesano, no tenían ningún deseo de nuevos hermanos, así que los metieron en un hormiguero. Como los bebés no murieron allí, los hermanos mayores los echaron a unas zarzas, pero sobrevivieron. El odio entre los hermanos mayores y los hermanos más jóvenes continuó a lo largo de los años, mientras los bebés se convertían en hombres.
Los hermanos mayores eran flautistas, cantantes, artistas, hacedores y conocedores. Por encima de todo, eran conocedores. Cuando nacieron sus hermanos sabían exactamente quiénes y qué eran y en qué se convertirían, pero por celos no se lo dijeron a nadie. Así que fue de justicia cuando Hunahpu y Xbalanque valiéndose de un engaño los hicieron trepar a un árbol y los dejaron allí, donde los dos hermanos mayores se convirtieron en monos y nunca volvieron a pisar el suelo. Entonces Hunahpu y Xbalanque, grandes guerreros y jugadores de pelota, fueron a competir en la lucha entre sus padres, Un y Siete Hunahpu, y los dioses de Xibalba.
Al final del juego, Xbalanque se vio obligado a sacrificar a su hermano Hunahpu. Envolvió el corazón de su hermano en una hoja, y entonces bailó solo en el campo de pelota hasta que gritó el nombre de su hermano y Hunahpu se levantó de entre los muertos y ocupó su lugar junto a él. Al ver esto, sus dos oponentes en el juego, los grandes señores Una y Siete Muertes, demandaron a su vez ser sacrificados. Así que Hunahpu y Xbalanque arrancaron el corazón de Una Muerte; pero éste no se levantó de entre los muertos. Al ver esto, Siete Muertes se aterrorizó y suplicó que lo eximieran de su sacrificio. Así, con vergüenza, su corazón fue arrancado sin coraje y sin consentimiento. Y fue así cómo Hunahpu y Xbalanque vengaron a sus padres, Uno y Siete Hunahpu, y quebrantaron el gran poder de los señores de Xibalba.
Así se dice en el Popol Vuh.

Orson Scott Card, Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón

2 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Me gustan mucho estas leyendas de caracter mítico que escribes en tu blog. Son enriquecedoras. Saludos!

El Mostro dijo...

¡Gracias! pero ojo que esta no es mía, eh!