Fragmento

El impacto desintegró la roca y una modesta parte de la llanura, excavando un cráter igualmente modesto. La llanura rocosa, que se extendía durante una distancia importante por encima y por debajo de la superficie del planeta, resonó por el impacto como una campana, cuyas notas repicaron varias octavas por debajo de la gama auditiva de la mayoría de las especies inteligentes conocidas.
El suelo tembló.
Y en la distancia, bajo la superficie del planeta, alguien finalmente reparó en la roca.
--Temblor --dijo Sharan. No levantó la cabeza de su monitor.
Varios momentos más tarde, se produjo otro temblor.
--Temblor --dijo Sharan.
Ante su propio monitor, Cainen miró a su ayudante.
--¿Piensas decir eso cada vez que pase? --preguntó.
--Quiero mantenerte informado de los acontecimientos a medida que ocurran --respondió Sharan.
--Agradezco tu intención --dijo Cainen--, pero no tienes que mencionarlo todas y cada una de las veces. Soy científico. Comprendo que cuando el suelo se mueve estamos experimentando un terremoto. Tu primera declaración fue útil. Pero a la quinta o sexta vez, se vuelve monótono.
Otro rumor.
--Temblor --dijo Sharan--. Es el séptimo. De todas formas, no eres tectónico. Eso queda fuera de tus muchos campos de experiencia.
A pesar de la típica seriedad de Sharan, era difícil no advertir el sarcasmo.
Si Cainen no se hubiera estado acostando con su ayudante, podría haberse sentido irritado. Tal como estaban las cosas, se permitió sentirse tolerantemente divertido.
--No recuerdo que tú seas especialista tectónica.
--Es un hobby --dijo Sharan.
Cainen abrió la boca para responder y entonces el terreno se alzó súbita y violentamente para encontrarse con él. Tardó un momento en comprender que no era el suelo el que había saltado hacia él, sino que él mismo se había precipitado al suelo. Ahora se hallaba despatarrado sobre las losas, junto con la mitad de los objetos que antes estaban colocados en su puesto de trabajo. El taburete de Cainen yacía volcado a su derecha, todavía estremeciéndose por la sacudida.

LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi

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