La vida en Titán

En la serie Eureka, que se encuentra emitiendo la segunda parte de su cuarta temporada, los personajes están preparando una misión espacial que les llevará a Titán. Y no sólo Eureka especula sobre un posible viaje a Titán, este satélite ha llamado poderosamente la atención de los creadores de ciencia ficción desde los años cincuenta.
Robert A. Heinlein escribió en 1951 The Puppet Masters cuya acción se sitúa en Titán, al igual que la historia corta de Asimov First Law. La novela de John Varley Titan de 1979 se centraba en una expedición a las lunas de Saturno. La película Gattaca también tenía como telón de fondo una misión espacial que debía partir hacia el satélite y Star Trek (2009) podemos disfrutar de una grandiosa escena en su entorno.
¿Por qué fascina tanto esta lejana luna? Posiblemente la razón sea que es uno de los pocos entornos del Sistema Solar que puedan poseer vida. Desde que la misión espacial Cassini/Huygens llegó al satélite en 2005 muchos son los datos que se han recogido sobre Titán. Existen evidencias químicas que apoyan la afirmación de que allí hay vida, alguna forma de vida de tamaño microbiano basada en el metano y que usa el hidrógeno del mismo modo que nosotros usamos el oxígeno.
La misión espacial recogió datos en los que se mostraba una ausencia notable de gases. Faltan hidrógeno y acetileno, así pues se especula que esos gases están siendo consumidos pero no se sabe cómo. La explicación que dan algunos estudiosos es la presencia de vida en Titán. Además son los dos elementos necesarios para una forma de vida basada en el metano. Si se confirma la existencia de vida en Titán la hipótesis de la Tierra Especial sería echada por tierra, valga la redundancia. El universo podría estar plagado de vida y de razas en diferentes estadios evolutivos, una perspectiva que abre un amplio abanico de posibilidades. Si la vida basada en el metano fuese una realidad nos encontraríamos con seres nunca antes vistos ni imaginados.

Titán posee una atmósfera compuesta mayormente de nitrógeno (94%) y rica en metano. Su composición química y sus temperaturas propician que su superficie sea similar a la de la Tierra en el pasado. Por eso muchos estudios sobre la viabilidad de vida en el espacio o la posibilidad de crear asentamientos permanentes fuera de nuestro planeta se centran en él. Aunque sus mares helados de metano y sus temperaturas cercanas a los 180 grados bajo cero no parecen muy apetecibles. Titán posee ríos, llueve, tiene paisajes similares a los de nuestro planeta y hay estaciones. Al satélite sólo llega el 10% de la luz solar que llega a la tierra.

http://alt1040.com/2011/09/la-vida-en-titan/pia14571

Fragmento - Las aventuras de Arthur Gordon Pym

Afortunadamente, poco antes de anochecer nos amarramos firmemente los cuatro a los restos del cabrestante, tumbándonos de este modo sobre la cubierta lo más aplastados posible. Esta precaución fue lo único que nos salvó de la muerte. De todas maneras, estábamos más o menos aturdidos por el inmenso peso de agua que nos cayó encima, y que no nos arrastró hasta que estuvimos casi exhaustos. Tan pronto corno pude recobrar el aliento, llamé en voz alta a mis compañeros. Pero sólo contestó Augustus, diciendo: ¡ Todo se ha acabado para nosotros! ¡ Dios tenga misericordia de nuestras almas! Poco a poco, los otros dos fueron recobrando el habla y nos exhortaron a tener ánimos, pues aún había esperanzas, sabiendo que era imposible que el bergantín se hundiese, debido a la naturaleza del cargamento y porque, además, parecía probable que la tempestad amainase por la mañana. Estas palabras me reanimaron; por extraño que parezca, aunque era obvio que un barco cargado de barricas de aceite vacías no puede sumergirse, yo había tenido hasta este momento tan confusa la mente, que no había caído en la cuenta, y el peligro que había temido más durante aquellas horas era el de que nos hundiésemos. Al renacer la esperanza en mi corazón, aproveché todas las ocasiones para afianzar las ligaduras que me sujetaban a los restos del cabrestante, y en esta ocupación no tardé en descubrir que mis compañeros también estaban ocupados en lo mismo. La noche era muy oscura, y no intento describir el caos y el horrible lúgubre estruendo que nos rodeaba. La cubierta se hallaba al nivel del agua, o más bien estábamos rodeados de altas crestas de espuma, parte de las cuales rompían a cada instante sobre nosotros. No sería exagerado decir que no teníamos la cabeza fuera del agua más que un segundo de cada tres. Aunque estábamos muy juntos, ninguno de nosotros podía ver a otro, ni siquiera nada de la parte del bergantín, sobre la cual éramos tan impetuosamente zarandeados. A intervalos, nos llamábamos unos a otros, intentando mantener viva la esperanza y dar consuelo y valor a quien más necesidad tenía de ello. La débil situación de Augustus le hacía objeto de la solicitud de todos nosotros; y como suponíamos que la herida en el brazo derecho había de imposibilitarle para sujetar sólidamente su amarra, nos figurábamos a cada instante que iba a ser arrastrado por las olas, y prestarle socorro era algo absolutamente imposible. Afortunadamente, se encontraba en el sitio más seguro, pues la parte superior de su cuerpo se cubría con un trozo de cabrestante roto, y las aguas, antes de caerle encima, perdían gran parte de su violencia. En cualquier otra posición que no fuese aquélla (en la que había quedado accidentalmente después de haberse atado él mismo en un sitio muy expuesto), hubiese perecido infaliblemente antes del amanecer. Debido a que el bergantín se hallaba muy echado hacia la banda, estábamos menos expuestos a ser arrebatados por las olas, como hubiese sucedido en otro caso. Como he dicho antes, el barco se inclinaba hacia babor, pero la mitad de la cubierta estaba constantemente bajo el agua. Por eso las olas, que entrechocaban por estribor, rompían contra el costado del barco, alcanzándonos solamente algunas rociadas de agua, mientras yacíamos tendidos boca abajo; por el contrario, las que venían por babor, las que se llaman olas de remanso, porque caen por la espalda. no podían cogernos con bastante ímpetu, a causa de nuestra posición, no tenían fuerza suficiente para soltarnos de nuestras amarras. En tan espantosa situación permanecimos hasta que alumbró el día, mostrándonos con todo detalle los horrores que nos rodeaban. El bergantín era un simple tronco que rodaba a merced de las olas; la tempestad no había cedido sino para soplar con la fuerza de un huracán, y parecía que no podíamos esperar salvación alguna terrenal. Durante varias horas permanecimos en silencio, esperando a cada momento que se rompieran nuestras amarras, que los restos del cabrestante irían por la borda, o que algunas de las enormes olas que rugían en todas direcciones alrededor y por encima de nosotros sumergiese de tal modo el casco, que nos ahogásemos antes de volver a la superficie.

Las aventuras de Arthur Gordon Pym, Edgar Allan Poe

Cráter de Marte contiene sedimentos de un gran lago acuoso

La Agencia Espacial Europea (ESA), informa que se encontraron sedimentos oscuros depositados en el delta de un cráter de Marte, y que son considerados como evidencias de que alguna vez, en ese lugar, hubo un lago gigante, como parte de un pasado acuoso del planeta rojo; las imágenes fueron obtenidas por el satélite Mars Expres.

Situado en las tierras altas del sur de Marte, el delta fue descubierto en el cráter Eberswalde; tiene 65 kilómetros (40millas), de diámetro y es de forma semi-circular. Se cree que este cráter  se formó cuando un asteroide chocó contra la superficie de Marte hace más de 3,7 millones de años.

El delta se extiende por una región que abarca 115 kilómetros cuadrados de superficie, y se puede apreciar que tiene canales de alimentación cerca de la cima del cráter, los cuales habrían llenado el lago.

El satélite Mars ha estado asistiendo a la NASA para decidir sobre el mejor sitio de aterrizaje para una nueva generación de rover -tipo de robot, que se quiere enviar a Marte; un novedad que se lanzará a finales de este año, para que pueda llegar a mediados de 2012.
El cráter Eberswalde ha sido uno de los cuatro destinos, preseleccionados junto con el cráter Holden, ya que ambos tienen características que sugieren la existencia de que en alguna era hubo agua líquida y un medioambiente habitable.                                                                                                                      
Por otro lado, el cráter  Gale  fue elegido como lugar de aterrizaje, por la misión 'Mars Science Laboratoryì (Laboratorio de Ciencia de Marte), debido a su alto contenido en minerales y su diversidad estructural asociada al agua.

El Laboratorio de Cincia de Marte, es un programa de exploración del planeta que incluye un programa a largo plazo para la exploración robótica. El rover, es capaz de evaluar la habitabilidad del planeta rojo, es decir, si fue o es un medio capaz de soportar vida microbiana.

Fragmento - Un fantasma recorre Texas

Los melenudos tienen menos seso que el ganado de cuernos largos, y menos capacidad para sostenerse sobre los cuartos traseros. La mayoría de los melenudos perecieron en la guerra atómica, o fueron exiliados a ese corral para vacas enfermas, Circumluna, y a su teta indescriptible, el Saco. ¡A Dios rogando y marihuana fumando! Las batallas de El Álamo, San Jacinto, El Salvador, Sioux City, Schenectady y Saskatchewan...
(Frases entresacadas al azar del libro Cómo soportar y entender a los téjanos: sus fantasías, flaquezas, costumbres tradicionales e ideas fijas, tal como aparecen en sus escritos, Nitty-Gritty Press, Watts-Angeles, Peribluca Capicifa Gerna)
—Hijo, pareces un lejano de esos que han tomado hormonas pero han pasado hambre desde que nacieron. Como si tu mamá, que Lyndon la bendiga, hubiera levantado una pierna y te hubiera dejado caer en una gran bolsa negra, y después no hubieras tenido más que un mendrugo y un vasito de leche al mes.
—Cierto, noble señor. Me criaron en el Saco y soy un flaco —respondí al Gigante Corpulento, con voz semejante a un trueno lejano, que casi me hizo mojar los calzones, pues hasta entonces aquélla había sido de barítono alto.
Tuve la sensación de que estaba dando vueltas en una centrífuga cúbica, a razón de seis agobiantes lunagravs. Podía ver la rotación de la máquina, y la percibí en el oído interno hasta que mis sentidos, poco a poco, se adaptaron. Sobre la misma superficie en que me hallaba había dos gigantes y una giganta con ropas de vaquero, y también tres enanos descalzos, gibosos y morenos, vestidos con pantalón y camisa sucios. Todos ellos se mantenían hábilmente en equilibrio sobre los pies, conduciendo la centrífuga enérgicamente. Mientras tanto, bajo mi capa negra con capucha, yo permanecía encorvado como unos grandes alicates de filigrana de hueso y titanio, y trataba de poner en funcionamiento el motor de la rodilla izquierda de mi dermatoesqueleto. Éste, o corría alocadamente, o no respondía en absoluto a los impulsos mioeléctricos de los músculos
fantasmales de mi pierna izquierda.
Comprendí que el Gigante Corpulento debía de haberme visto sin la capa, puesta ésta, ahora, lo mismo podía ocultar un gordo, bajo y estirado, que a un flaco, alto y encorvado.
Tenía una vaga idea de cómo había desembarcado del «Tsiolkovsky». Cuando los melenudos te drogan para que adquieras aceleraciones de veinticuatro lunagravs, no emplean aspirina, aunque estés aprisionado entre colchones de agua, Pero sabía que fuera de la centrífuga se hallaba la base espacial y ciudad de Yellowknife, Canadá, Tierra.
Los dos extremos de la centrífuga y los dos costados contiguos (pero, ¿cuál era cuál?) estaban cubiertos con un mural de pueril simplicidad, compuesto de enormes vaqueros de color blanco tiza persiguiendo, sobre caballos como elefantes, a diminutos indios de color carmín, montados en caballitos como chihuahuas a través de un paisaje tachonado de cactus. Esta batalla de cucarachas y monstruos llevaba la inmensa firma de «Abuela Aaron». Las figuras y la escena parecían tan impropias de la helada Yellowknife como los trajes de mis acompañantes, que más bien deberían llevar pellizas esquimales y raquetas
para la nieve.
Pero ¿puede un novato, que ha pasado toda su vida en caída libre a unos miles de kilómetros de la madre Luna, opinar sobre las costumbres de la terrible Tierra? La superficie opuesta estaba repleta de cegadores rayos de sol, como un racimo de
estrellas transformándose en novas.
En una de las superficies contiguas había dos aberturas rectangulares adyacentes. Ambas tenían casi un metro de anchura, pero una tenía más de tres metros de altura y la otra menos de metro y medio. En vano me asomé a ellas por si veía pasar velozmente estrellas o segmentos de tierra; los rectángulos no eran sino compuertas que daban a otra parte de la centrífuga. No alcanzaba a comprender por qué había dos, y de forma y tamaño tan diferentes, donde una habría bastado.
Mientras trataba de engatusar al motor de mi rodilla para que funcionara como es debido y sentía en las axilas, los muslos, la entrepierna, etcétera, la cruel presión que los seis lunagravs centrífugos ejercían sobre las bandas de sujeción de mi dermatoesqueleto hundiéndomelas en la piel y los huesos, me preguntaba:
«Si es así como te endurecen en el ascenso a la Tierra, ¿qué aspecto tendrá la superficie desnuda de ese planeta?» Entre tanto hablé en voz alta, con el mismo tono profundo, sepulcral y casi inaudible que tan bien cuadraba con la apariencia de túmulo funerario cubierto de negro que me daba la protuberancia central de mi cabeza encapuchada. Y pedí:
—Tenga la bondad de guiarme al Registro de Reclamaciones Mineras de Yellowknife.
El Gigante Corpulento me miró con condescendencia. Realmente, conducía la centrífuga con serenidad; me asombró su habilidad para manejar con tanta indiferencia una masa por lo menos cinco veces mayor que la mía, dermatoesqueleto incluido. Los
tres enanos gibosos acechaban tras él con aprensión, y el temor les hacía fruncir el entrecejo bajo los grasientos cabellos negros. El Gigante Cuadrado —le bauticé con este nombre porque se distinguía por los hombros puntiagudos y las mandíbulas angulosas, como William S. Hart en los tiempos heroicos del cine— lanzó una mirada suspicaz desde mi abierto equipaje.
La giganta comenzó a alborotar. 
—¡Otra vez va hacia allá! —dijo con voz lastimera—. Intentaré servirle de azafata lo mejor que pueda. AI fin y al cabo, es usted nuestro primer visitante del espacio desde hace cientos de años. Pero se empeña en hablarme con voz atronadora como los demás extranjeros, los terribles rusos velludos y los africanos tamborileros. Y sigue vociferando misterios. En nombre de Jack, ¿dónde está Yellowknife? 
Fuera de su traje minifaldero y casi militar de vaquera tenía una larga cabellera rubia, y en su interior grandes senos, o un simulacro de ellos; pero su agitada estupidez refrenaba mi libido y también mi cordura. Recordé que mi padre me decía que las jovencitas que marchaban al frente de las bandas de música habían sido una de las plagas principales de la Tierra, junto con los atletas comunistas de cualquier sexo vestidos de mujer.
—Aquí —grité con voz estruendosa a través de la capucha—. Justamente aquí, donde el «Tsiolkovsky» me desembarcó en órbita directa desde Circumluna. A propósito: no soy ruso, sino de ascendencia anglosajona, si bien es verdad que en Circumluna hay tantos rusos como americanos.

Un fantasma recorre Texas, Fritz Leiber

El Deseo

Después de haber huído de quien, recién llegada a la Contratierra, le puso un collar y de haber pasado por las manos de otros Amos había dado con sus huesos en una taberna de Ar, no lucía ningún collar ni en su cuerpo se podía apreciar ninguna marca y no estaba muy segura de si es que ningún Amo había sentido el suficiente interés en ella como para marcarla, o era ella misma la que había ido huyendo de la realidad de esta tierra extraña para ella.
Muchas lunas llevaba sin desear ningún cambio en su vida, había aprendido a vivir con la resignación de quien no encuentra, la sabiduria de quien no busca y la indiferencia de quien entrega su cuerpo sin pestañear en cada embestida...
Y una mañana más las tres lunas dejaron paso a un brillante sol que iluminó la estancia de las esclavas de la taberna y una a una, fueron despertando con las primeras luces, conversaciones en susurros, comentarios sobre quién no durmió esa noche allí, alguna risita ahogada y la seguridad de una nueva jornada de trabajo agotador era todo lo que se podía sentir en esas primeras horas de un nuevo día en la taberna.
Se incorporó y miró a su compañera de suelo, dormía todavía, sonrió divertida y la empezó a empujar con los pies hasta despertarla. ..habían llegado juntas y juntas pasaban los días, cuando por fin consiguió ponerla en pie se dirigieron a la parte pública de la taberna y tarareando viejas canciones, sin cruzar palabra entre ellas, se dedicaron a limpiar, ordenar, vaciar, reponer, colocar, cocinar...a dejar la taberna lista para nuevas risas, bailes y canciones.
Ellas no eran esclavas de placer, servían, sonreían y callaban...y alguna vez, algún hombre miraba a alguna de las dos o a ambas y decía que era con ellas con quien deseaba pasar unas horas, el Amo de la taberna no tenía ningún reparo en entregarlas, ¿si alguien deseaba disfrutar del cuerpo de una esclava, qué más daba para qué las utilizara él? Al principio las utilizó como esclavas de placer, pero una no gustaba a los clientes, era bella y servicial pero parecía que no sabía muy bien qué hacer con el cuerpo cansado de un cliente y la otra, aquella esclava que llegó sin marca ni collar...bueno a esa después de marcar su espalda a latigazos por morder la oreja de un cliente, que había pagado por tenerla unas horas, hasta arrancarle un trozo, después de haberla tenido sin comer durante varios días por haber intentado matar a otro...en fin...había decidido recuperar el dinero invertido en su compra haciéndola trabajar sin descanso y cuando algún hombre se interesaba en ella él siempre decía la misma cantinela "Señor...se que es una esclava de gran belleza y que seguro sus ojos lo embrujan...pero no se la lleve, es traicionera como un giani" y pasaba entonces a relatar lo que a otros había hecho aquella estúpida esclava y entre risas e insultos la mayoría la dejaban de lado, aquellos pocos que decidían usarla se aseguraban de atarla bien, amordazarla y usarla con brutalidad como si con ello pudiesen vengar a los hombres mordidos, arañados, golpeados o engañados por aquella esclava.
El día había pasado entre tareas y ambas esclavas abrieron las puertas de la taberna cuando el sol se desvanecía y las luces de las calles de Ar empezaban a encenderse.. .corrieron dentro mientras las esclavas de placer salían a las mesas desde el interior dejando tras ellas un perfume embriagador, se bañaron en el agua que quedaba de asearse las demás, vistieron sus ropas grises y apartaron el cabello de sus rostros sin mirarse en ningún espejo, volvieron a la gran sala donde algunos hombres ya habían entrado y se hicieron pequeñas en un rincón hasta que alguien las necesitase.
Vieron a las esclavas bailar, reir, comentar, besar, servir...y en un momento de la noche su compañera le preguntó; -dime ¿no las envidias tanto como yo?
Miró a su compañera, a su amiga, sonrió y le contestó; -sólo envidio su deseo, ese que sienten y del que yo hace lunas me deshice, ese que añoro y que cada noche espero cruce esas puertas de madera.
Se miraron un instante a los ojos y volvieron a perderse en sus pensamientos entre la música de la taberna, los bailes de las esclavas, las risas de los hombres y el olor a deseo que inundaba toda la estancia.

Kajira Angzalais

Fragmento - ATAQUE DESDE LA CUARTA DIMENSION


Steve Waldron pensaba, no sin cierta desazón, que si hubiese sido un detective profesional a estas horas le habrían suspendido de empleo y sueldo. No obstante ni la misma policía había podido hacer más que él. Pero ésta no tenía que encararse con Lucy
y reconocer la absoluta carencia de indicios que condujeran a descubrir lo que le había sucedido a su padre. La única hipótesis que podía avanzar era que se había esfumado en pleno aire. Y esto no parecía hallarse dentro de una lógica racional pura.
Hacía cuatro días que el desaparecido faltaba de sus ocupaciones. Según Fran Dutt, quien fué el último en verle en su laboratorio, contestó a una llamada telefónica, se puso el sombrero, dijo que volvía en seguida y desapareció del ámbito que le rodeaba. No tenía motivos para huir de nada ni de nadie. Se le desconocían amistades secretas. Y no era dado a contactos equívocos. Nadie pudo explicar la razón de la misteriosa llamada telefónica. Se descartaba, también, la posibilidad de que alguien quisiera quitarle de en medio.
Waldron torció hacia la puerta de Lucy y recorrió un camino de cemento que conducía a la entrada de la casa. El lugar en que se hallaba emplazada, gozaba de la tranquilidad característica de los sectores residenciales de una ciudad pequeña. El área de Forest Hills en Newark, Nueva Jersey, empezaba a mostrar trazas de perder su beatífica serenidad, si bien todavía retenía algo de su encanto de antaño. El sol se estaba poniendo al otro lado del parque de Branchbrook y ya empezaban a brillar luces en diversos hogares. En la calle se oían sonidos que no tardarían en enmudecer: la blgarabía de los chiquillos en el proceso de sus juegos; el ronco bramido de los motores de los automóviles, que se perdían de vista con la misma rapidez con que aparecieran; el rumor de la ciudad en movimiento, que provenía de la suma de las actividades de sus ocupantes.
Waldron pulsó el timbre de la puerta. Esta se abrió al instante y, tras ella, apareció Lucy. Le estaba esperando y en su cara se dibujaba el deseo de que fuera portador de alguna buena noticia. Mas, al ver el desánimo del recién llegado, su mirada se nubló.
- ¿Algo nuevo, Steve? - preguntó.
- Nada, mejor dicho, peor que nada. Los periódicos están urdiendo sensacionalismos.
Pero no hay que tomar en serio sus noticias, imprimen tonterías.
Steve dijo esto sin ofrecer a la muchacha el periódico que asomaba por el bolsillo de su americana. Lucy bajó la vista y se fijó en el trozo de papel plegado.
- No dice más que tonterías - dijo Waldron, entregándoselo entonces. La noticia no venía encabezada con letras de tamaño impresionante. El Profesor Blair no era persona lo bastante importante corno para poder competir, en el espacio de las columnas de un periódico, con las noticias que provenían de Washington o de las Naciones Unidas. Sin embargo, el suceso abarcaba dos columnas. Decía:
POSIBLE INTROMISION ROJA EN EL CASO BLAIR
Se avisa al F.B. I.
La policía especulaba hoy con la posibilidad de que el Profesor Erasmo Blair, el hombre de ciencia desaparecido misteriosamente, haya sido raptado por los sicarios rojos con la intención de trasladarlo a la Unión Soviética y obligarle a trabajar allí. La probabilidad de esta conjetura viene respaldada por la desaparición, en Europa, de varios científicos de reconocida valía cuya suerte, se teme, sea el trabajo forzado en laboratorios-cárceles.
Rumores no confirmados, abundan en la creencia de que los accidentes, todos ellos fatales, ocurridos recientemente a investigadores científicos americanos no han sido tales, por lo que se ha pedido al F.B.I. que investigue las posibles causas de dichos accidentes.
Un portavoz del F.B.I. ha negado toda...

- ¡Ni aún los comunistas estarían interesados en la teoría de Straussman! - atajó
Waldron molesto -. ¡La prensa no dice más que tonterías! Su desaparición se debe a causas muy otras que, tarde o temprano, saldrán a la luz del día. A propósito – se interrumpió en un tono de voz que no logró fuese tan casual como quería -, ¿ha vuelto
Fran?
- No - repuso Lucy -. ¿Por qué?
Steve se encogió de hombros.
- Según él - replicó -, tu padre salió del laboratorio tras contestar a una llamada telefónica. La policía ha descubierto esta mañana que el cable estaba cortado. Fue reparado en seguida. Es posible que esto no tenga nada que ver con la desaparición de tu
padre, pero por otro lado puede no ser así. De todos modos la policía no quiere dar publicidad a este hecho hasta haber interrogado a Fran. Quieren saber cuándo fue cortado el cable telefónico, por qué, y por quién.
Lucy sacudió la cabeza, como si quisiera apartar ideas que no le dejaban coordinar libremente sus pensamientos.
- No sé nada de él - dijo -. Llamó esta mañana diciendo que había cogido tu coche para ir a no se adónde con objeto de confirmar una idea que se le había ocurrido. No dejó dicho nada más y esto es cuanto sé de él.
La muchacha apartó de sí el periódico, como si quisiera deshacerse de la idea que implicaban las líneas que en él hacían referencia a su padre.
- No me gusta esta segunda desaparición - dijo Waldron -, aunque sea voluntaria. Fran parece un buen muchacho, pero no sabemos gran cosa de él. Se comprende que la policía quiera interrogarle. No hubo necesidad de que el F.B.I. indagara su pasado porque el trabajo de tu padre es de investigación privada y no interesa al Gobierno. No obstante ha habido momentos en que he opinado, ante mí mismo, que Fran Dutt provenía de otros lares que los nuestros; sí, habla y se porta como nosotros, pero tiene detalles, ínfimos si quieres, contrarios a nuestra idiosincrasia. En fin, la policía quiere saber por qué se cortó la línea telefónica y creen que él puede ayudarles a esclarecer este punto. Si se descubre que fué cortada antes de desaparecer tu padre...
Lucy negó con la cabeza. Estaba pálida y en los últimos cuatro días había perdido peso.
- Fran no tuvo nada que ver con la desaparición de papá, Steve - dijo -. Está enamorado de mí.
Waldron gruñó algo ininteligible.

ATAQUE DESDE LA CUARTA DIMENSION, Murray Leinster

Fragmento - Yui


El adolescente delgado hincó ambas tablas de surf en la arena.
—Debe haber mil familias —miró en derredor.
Su compañero, más bajo y grueso, se sentó a la sombra de las tablas y puso ante sí doce cartones de refresco diferentes.
—Por eso a ella le gusta este domo —le tendió un cartón al otro—. Es para familias. Está bien criada.
—Si no viene hoy, nos rendimos —el delgado se dejó caer en la arena y aceptó el refresco—. El destino no quiere que suceda.
—Dices eso porque te aburres esperando—el gordo abrió su bebida—. Pero hoy alquilamos tablas.
—Aquí en el Getotsu sólo ponen la máquina de olas tarde en la noche.
—Mientras tanto, bebe y espera.
Se tomaron cuatro refrescos antes de volver a hablar.
—¿Qué tal esos sabores nuevos? —preguntó el flaco.
—Orina de perro. Oye, ¿y si vemos el feed?
—No. Estoy harto de verla en imagen, quiero verla de cerca.
El gordo se recostó sobre un lado.
—Yo también quiero verla de verdad, respirar el mismo aire —suspiró—. Pero no por eso me canso de ver su feed.
—Toma —el flaco se sacó un collar del que pendía un pod—, sé feliz.
—Si no gastara tanto en comida —el otro tomó el aparato—, podría pagarme una cuenta de feed.
—El mío es pirata, barato.
Concentrado en teclear, el adolescente no respondió. Después se dio vuelta y proyectó el haz del pod contra la tabla de surf.
—Buen truco —dijo el dueño.
—Con luz de playa, los holos no se ven bien en el aire.
El gordo graduó la imagen para máxima amplitud.
—Dioses, es perfecta —se extasió—. Vamos, no te hagas el duro.
La barbilla del otro bajó hasta el pecho.
—¿Dónde estará? —se preguntó el gordo—. Ha entrado por una puerta y dejó a toda la tropa fuera… parece la puerta de un vestidor.
El giro del flaco fue tan violento que cubrió al amigo de arena.
—¿Dijiste que un vestidor?
—Nunca muestra nada —dijo el gordo, malicioso, y se sacudió.
—¡No seas grosero! Además, eso no importa. ¿No te das cuenta? Es un vestidor. ¡Un vestidor de domo-playa!
En la imagen, dos chicas asiáticas conversaban ante un vestidor sobre cuya puerta se leía “Feliz en el domo playa Getotsu”. Los amigos se acercaron a la proyección.
—Ya salió —dijo el gordo—. Oh, Amitaba-sama, gracias te damos por los trajes de dos piezas…
—Deja oír… está hablando.
Ambos acercaron las cabezas al pod.
—¡Van a su colina! —exclamaron al unísono.
Se pusieron de pie, volcando tanto los refrescos como las tablas de surf, y echaron a correr hacia el otro extremo de la media luna que era la playa artificial. En el apuro, no prestaron atención a las protestas de las familias a las que sus zancadas cubrían de arena.
—¡Hay alguien arriba! —jadeó el gordo—. ¡En la colina!
El delgado apretó los dientes y el paso.
En la cima de una pequeña colina había una niña de seis años y un magnífico fuerte de arena, al parecer modelado a partir del Castillo de Osaka en la era Sengoku. La construcción cayó ante la embestida del adolescente delgado, la niña se echó a llorar mientras el chico terminaba con el castillo a patadas.
—¡Mamá, papá! —clamó la niña, al ver a una pareja subir la pendiente.
—Llévense a su mocosa a otra parte —el adolescente adoptó una pose retadora, viril—. Ésta es la colina de Yui-san.
—¡Yo hice el castillo para ella! —dijo la niña entre sollozos—. ¡Papá, él rompió el castillo de Yui-san!
La madre se apresuró a consolarla mientras el padre, un treintañero en excelente forma física, saltaba sobre el chico y le ponía ambas manos al cuello.
—Gamberrito de mierda —masculló—, te salvas porque está aquí la niña.
Las manos del jovencito aferraron los antebrazos que lo atenazaban.
—Que se la lleve la mamá —dijo con presumida frialdad—, que no vea…
Un empujón lo hizo caer, rodar pendiente abajo, quedar tendido cuan largo era en la base de la colina. La arena redujo el impacto, pero la sacudida lo dejó tan atontado que demoró en abrir los párpados y enfocar la vista.

Yui, Juan Pablo Noroña Lamas