China espera pisar por primera vez la Luna en 2025, así como enviar sondas de exploración a Marte en 2013 y a Venus en 2015 y fletar su primer módulo espacial sin tripulación, el "Tiangong-1", el próximo año, informó hoy el diario "Global Times".
Además, el satélite de exploración lunar chino, el "Chang'e-2", será lanzado antes de fin de año, anunció Wu Weiren, el ingeniero jefe del Programa Chino de Exploración Lunar.
Se trata de un proyecto de exploración robótica y misiones tripuladas a la luna dirigido por la Administración Espacial Nacional China.
Fuentes oficiales del programa afirmaron con anterioridad que el "Chang'e-2" será lanzado en octubre, alrededor del Festival chino de Medio Otoño, que se celebra el 22 de septiembre, según el diario.
Además, este satélite llevará a cabo una prueba de aterrizaje en vistas de la preparación del lanzamiento del "Chang'e-3", previsto para el 2013.
"Chang E", el nombre con el que son bautizados los satélites artificiales, alude a una tradición china según la cual una diosa con ese nombre habita en la Luna desde tiempos inmemoriales.
El científico Ouyang Ziyuan, miembro de este proyecto de satélites lunares, dijo al "Global Times" que se está planeando establecer una estación espacial de satélites para el 2020, basada en la tecnología aeroespacial y el éxito de las futuras misiones tripuladas.
El primer módulo espacial sin tripulación, el "Tiangong-1" (que en mandarín significa "Palacio Celestial"), se lanzará el próximo año y en él se acoplarán otros lanzamientos previstos en el futuro, dentro del exitoso programa "Shenzhou", que en 2008 logró realizar el primer paseo espacial con un astronauta chino.
El "Tiangong-1" se convertirá en un laboratorio y muelle de aterrizaje para tres futuras expediciones espaciales chinas, la Shenzhou-8, en 2011, y la Shenzhou-9 y la no tripulada Shenzhou-10 en 2012.
El gigante asiático lanzó su primer astronauta al espacio en 2003, honor que recayó en Yang Liwei, a bordo del "Shenzhou V".
En septiembre de 2008 uno de los tres cosmonautas que viajaron en el "Shenzhou VII", Zhai Zhigang, fue el primero que llevó a cabo un paseo espacial, convirtiendo a China en el tercer país del mundo que logró tal hazaña.
Nuestro héroe cruza la singularidad maldita, el agujero negro o gris, el pasadizo al otro patio, que se encuentra en la esquina de Nicaragua y Arévalo, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Todo puede pasar: sexo, Historia, aventuras, guiso de lentejas o mondongo y Perón y Freud explicando las remeras rotas del Capitán Kirk. A ver si se ponen a leer, holgazanes.
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La película mostra: LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA
Sentí un ligero estremecimiento, un golpecito seco como si destaparan una botella de champaña en una habitación contigua, y un ruido débil, una especie de zumbido. Por un instante experimenté la sensación de una tensión enorme, una intuitiva convicción de que mis pies apretaban el suelo con una fuerza de inconmensurables toneladas.
Aquello duró un tiempo infinitesimal, pero bastó para impulsarme a la acción.
-¡Cavor!- grité en la obscuridad - Mis nervios se rompen... Creo
que no...
Me detuve: él no contestó.
-¡Váyase usted al diablo! – gritó - ¡Soy un mentecato! ¡Qué tengo
que hacer aquí! No voy, Cavor: la cosa es demasiado arriesgada. Voy a salir de la esfera...
-No puede...- me contestó.
-¿ No puedo? ¡Ya lo veremos!
No me dio respuesta alguna, durante unos diez segundos.
-Ya es demasiado tarde para reñir, Bedford - me dijo después.-
Ese pequeño sacudimiento fue la partida. Ya estamos en viaje, volando con tanta velocidad como una bala, en el abismo del espacio.
-Yo...- dije... Y luego no supe cómo continuar.
Estuve un rato como aturdido: nada tenía que decir. Me hallaba
como si antes no hubiera oído hablar nunca de la idea de marcharnos del mundo. Luego noté un indescriptible cambio en mis sensaciones corporales. Era una impresión de ligereza, de irrealidad. Junto con ello, una rara sensación en la cabeza, casi un efecto apoplético, y un retumbar de los vasos sanguíneos de los oídos. Ninguna de esas sensaciones disminuyó con el transcurso del tiempo, pero al fin llegué a acostumbrarme tanto a ellas, que ya no me causaron la menor molestia.
Oí un crujido, y de una pequeña lámpara empañada brotó la luz.
Vi la cara de Cavor, tan blanca como sabía que estaba la mía.
Nos. miramos uno a otro en silencio. La transparente negrura del vidrio en que estaba apoyado de espaldas, lo hacía aparecer como flotando en el vacío.
-Bueno: nuestra suerte está echada - dije, por último.
-Sí - contestó él,- está echada. ¡ No se mueva usted !- exclamó, al verme iniciar un ademán.- Deje usted sus músculos en completa flojedad...como si estuviera usted en la cama. Estamos en un pequeño universo enteramente nuestro.¡ Mire usted todo eso!
LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, H. G. WELLS
Dirigida por Nathan Juran en 1964.
Aquello duró un tiempo infinitesimal, pero bastó para impulsarme a la acción.
-¡Cavor!- grité en la obscuridad - Mis nervios se rompen... Creo
que no...
Me detuve: él no contestó.
-¡Váyase usted al diablo! – gritó - ¡Soy un mentecato! ¡Qué tengo
que hacer aquí! No voy, Cavor: la cosa es demasiado arriesgada. Voy a salir de la esfera...
-No puede...- me contestó.
-¿ No puedo? ¡Ya lo veremos!
No me dio respuesta alguna, durante unos diez segundos.
-Ya es demasiado tarde para reñir, Bedford - me dijo después.-
Ese pequeño sacudimiento fue la partida. Ya estamos en viaje, volando con tanta velocidad como una bala, en el abismo del espacio.
-Yo...- dije... Y luego no supe cómo continuar.
Estuve un rato como aturdido: nada tenía que decir. Me hallaba
como si antes no hubiera oído hablar nunca de la idea de marcharnos del mundo. Luego noté un indescriptible cambio en mis sensaciones corporales. Era una impresión de ligereza, de irrealidad. Junto con ello, una rara sensación en la cabeza, casi un efecto apoplético, y un retumbar de los vasos sanguíneos de los oídos. Ninguna de esas sensaciones disminuyó con el transcurso del tiempo, pero al fin llegué a acostumbrarme tanto a ellas, que ya no me causaron la menor molestia.
Oí un crujido, y de una pequeña lámpara empañada brotó la luz.
Vi la cara de Cavor, tan blanca como sabía que estaba la mía.
Nos. miramos uno a otro en silencio. La transparente negrura del vidrio en que estaba apoyado de espaldas, lo hacía aparecer como flotando en el vacío.
-Bueno: nuestra suerte está echada - dije, por último.
LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, H. G. WELLS
Dirigida por Nathan Juran en 1964.
Fragmento
A primera vista, aquellas paredes parecían prácticamente inescalables, pero cualquiera que tuviera un poco de experiencia sabía que la escalada no presenta serias dificultades en un mundo donde el peso queda reducido a una sexta parte. El auténtico peligro del alpinismo lunar reside en el exceso de confianza: una caída desde cien metros en la Luna es tan mortal como una caída desde quince metros en la Tierra.
Hicimos nuestro primer alto en una cornisa a unos mil quinientos metros de la llanura.
La escalada no había sido difícil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado había envarado mis miembros, y me sentía feliz de poder descansar un poco. Visto desde allí, el tractor parecía un minúsculo insecto metálico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada....
Me encontraba en una explanada de unos treinta metros de profundidad. En alguna ocasión había sido lisa, demasiado lisa para ser natural, pero los impactos de los meteoritos habían mordido y cribado su superficie a través de incontables eones. Y había sido nivelada para poder sostener una estructura translúcida, burdamente piramidal, de dos veces la altura de un hombre, encajada en la roca como una gigantesca gema facetada.
Probablemente no experimenté ninguna sensación durante los primeros segundos. Luego, inexplicablemente, sentí una extraña alegría. Porque yo amaba la Luna, y ahora sabía que el musgo que trepaba en Aristarco y Eratóstenes no era la única forma de vida que había producido cuando era joven. Los antiguos y desacreditados sueños de los primeros exploradores eran ciertos. Después de todo había existido una civilización lunar, y yo había sido el primero en descubrirla. El hecho de haber llegado con un millón de años de retraso no me preocupaba; tenía bastante con haber llegado.
Mi cerebro comenzaba a funcionar de nuevo normalmente, analizando, planteando preguntas. ¿Qué era aquella construcción? ¿Un santuario... o alguna otra cosa que en mi lengua no tenía nombre? Si era una construcción habitable, ¿por qué la habían edificado en aquel lugar casi inaccesible?
EL CENTINELA, Arthur C. Clarke incluido en VINIERON DEL ESPACIO EXTERIOR, Jim Winorski
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La pelìcula mostra: Cat-Women of the Moon
Cat-Women Of The Moon (1953) Dirigida por Arthur Hilton. Con Sonny Tufts (Laird Grainger), Victor Jory (Kip Reissner), Marie Windsor (Helen Salinger), William Phipps, Douglas Fowley, Carol Brewster (Alpha), Susan Morrow (Lambda) y Suzanne Alexander (Beta). Unos astronautas viajan a la Luna. ¡No se descuiden valientes terrestres!
Cat-Women of the Moon es otra más de esas típicas películas que surgen cuando llega el momento de listar las peores de la historia del cine.
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A 40 años del primer alunizaje
En total, el programa lunar tripulado de la NASA visitó a la Luna seis veces, transportando a doce astronautas norteamericanos, quienes recorrieron 95 kilómetros a pie o en jeeps, transmitieron al mundo cientos de horas de imágenes televisadas, tomaron más de 30 mil fotos, instalaron instrumentos para efectuar 60 experiencias científicas (entre ellos reflectores láser que permitieron medir con extraordinaria precisión la distancia entre la Tierra y la Luna) y regresaron con 382 kilos de roca extraterrestre, que se tradujeron en miles de páginas en publicaciones científicas que aportaron nuevos datos sobre la composición del suelo lunar.
La evidencia del alunizaje -de los alunizajes- es abrumadora. Sin embargo, para millones de personas sigue siendo “el mayor engaño del que ha sido víctima la Humanidad”.
Curiosa paradoja: el acontecimiento mejor documentado del siglo XX pasaba a ser el más lujoso y efectivo despliegue de efectos especiales de todos los tiempos. ¿Como no íbamos a creer, décadas después, en conspiraciones aún más extrañas?
Nota completa
La evidencia del alunizaje -de los alunizajes- es abrumadora. Sin embargo, para millones de personas sigue siendo “el mayor engaño del que ha sido víctima la Humanidad”.
Curiosa paradoja: el acontecimiento mejor documentado del siglo XX pasaba a ser el más lujoso y efectivo despliegue de efectos especiales de todos los tiempos. ¿Como no íbamos a creer, décadas después, en conspiraciones aún más extrañas?
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