Nuestro héroe cruza la singularidad maldita, el agujero negro o gris, el pasadizo al otro patio, que se encuentra en la esquina de Nicaragua y Arévalo, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Todo puede pasar: sexo, Historia, aventuras, guiso de lentejas o mondongo y Perón y Freud explicando las remeras rotas del Capitán Kirk. A ver si se ponen a leer, holgazanes.
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Diez grandes películas sobre zombis
- La noche de los muertos vivos (1968)
- El amanecer de los muertos (1978)
- El amanecer de los muertos (2004)
- Muertos de miedo o Braindead (1992)
- El regreso de los muertos vivos (1985)
- Muertos de risa (2004)
- Zombie: Noche de pánico (1979)
- Dead Snow (2009) ¡Zombis nazis!
- Shock Waves (1977)
- White Zombie (1932)
Vi todas menos Shock Waves y Zombie: Noche de pánico. Yo agregaría a la argentina Plaga Zombie, Zombie Strippers! (2008) y Stacy: Attack of the Schoolgirl Zombies - 2001.
Nota completa
Joder, ¡No tengo fuego!
John Hunter estaba loco.
Decidió que su pequeña morada en un ático de la ciudad había quedado obsoleta. Todas aquellas trampas en el rellano del hall y el rifle de francotirador apostado en el alféizar de la ventana principal del salón estaban llenos de polvo. Ni un solo zombi en varios días. Añoraba el toc-toc y los aporreos de los monstruos en la noche oliendo su sangre viva tras la puerta principal, o el sonido de la SPAS-12 reventando los intestinos de algunos indeseables tras activar la trampa del pasillo que daba a las escaleras del bloque…
Se miró en el espejo cuarteado del baño y observó un rostro que le recordaba más a un fantasma que a una persona cuerda. Decidió que esconderse ya no era divertido. Cogió las cosas más importantes para una salida junto con su gabardina, la SPAS-12 y una mochila repleta de postas, conservas y algo de primeros auxilios, bueno los primeros auxilios los dejó sobre la tele de catorce pulgadas; sabía que curarse resultaba inútil si te mordía alguno de esos cabrones…
Miró una última vez la foto de su familia sobre la cómoda del dormitorio y puso el marco boca abajo antes de colocarse la gorra azul de la marina a la que un día perteneció. Posteriormente salió por la puerta y desapareció por la sinuosa escalera del edificio, con la mirada perdida y el dedo en el gatillo de su recortada. Ahora sí, la sangre de nuevo en sus venas recorriéndolas como un torrente de adrenalina. Caminó durante casi dos horas por las calles bajo la luz chisporroteante de las farolas, ni un alma, esqueletos y carne putrefacta en las aceras…
Él masticaba chicle, uno caducado. Encontró una máquina expendedora con sangre seca sobre las marcas de tabaco y comenzó a golpearla con la culata del arma. Una vez abierta cogió un par de paquetes de Chester y los guardó en la mochila, no sin antes sacar un cigarro... Pero ¿y el mechero? Maldijo su puta mala suerte y tiró el cigarro al suelo. Cogió la recortada y disparó aquél pequeño rollo de hierba hasta que no quedó nada. ¡Toma fuego, toma!
Encontró el primer grupo de muertos tras girar la esquina del cine Mutt, allí estaban tirados tres hijos de puta, comiéndose la pierna de uno de ellos, el pobre cabrón gritaba con todas las jodidas fuerzas que le quedaban, pero al mismo tiempo se estaba comiendo su propio brazo. John no dejó pasar la ocasión y molió a cartuchazos a los tres caníbales y después se dirigió al mutilado, lo miró a los ojos, un cruce de miradas. Casi notó súplica en la expresión de la criatura.
—Te estaban comiendo estos mierdas —le dijo John, con la recortada apoyada al hombro, echando un vistazo a los zombis aniquilados— esto no puede quedar así, te voy a dar de comer. Hunter cogió la pierna de un muerto y la arrancó brutalmente de un tirón, se la hizo comer entera al zombi damnificado, primero metiéndole el pie en la boca, seguidamente contribuyendo con la pierna entera hasta reventarle la mandíbula mientras pasaba la rodilla por la tráquea.
—Que aproveche. El pobre diablo moribundo se desplomó en el suelo con un susurro ronco.
John siguió su camino por la avenida principal, hizo un puente a un todoterreno que estaba en mitad de la carretera y consiguió arrancarlo. “¡De puta madre, tío!”. Salió de la ciudad llevándose por delante a cuantos pudo. Más terrorífica que los muertos era la risa de John, avanzando por la avenida, haciendo saltar los miembros de los zombis por el aire. Tiró por la carretera estatal para encontrarse menos de esas cosas, y quizás evitar una barricada de coches en la autopista.
Todo estaba oscuro pero llegó a su destino tras cuatro horas de quietud en la carretera… “Base Militar de los Estados Unidos”. Se bajó del todoterreno frente al portón principal, que sorprendentemente estaba abierto. John colocó la linterna bajo el cañón del arma, cargó la recortada y sonrió: Fiesta en el cuartel. Entró y pulverizó a dos monstruos que merodeaban por el hall sin rumbo, hizo un reconocimiento con el foco del arma y avanzó por el primer pasillo a la derecha. Él conocía el lugar, pues había sido instruido allí cuando aún existía la humanidad. Encontró el cuadro de mandos que encendía el generador del lugar lo activó y corrió en dirección al almacén, bajo unas luces alógenas chisporroteantes, eliminando a tres indeseables más. Alcanzó la puerta del almacén, aún no habían forzado la entrada al lugar, curioso. Probó con algunas de las contraseñas que recordaba en el sistema de seguridad y acertó a la tercera. Una radiante sonrisa iluminó su rostro demacrado al ver las primeras cajas de M16.
—Ahora sí, hijos de puta, ahora sí.
Joder, ¡No tengo fuego!, Manuel Carlos León Rivera
Decidió que su pequeña morada en un ático de la ciudad había quedado obsoleta. Todas aquellas trampas en el rellano del hall y el rifle de francotirador apostado en el alféizar de la ventana principal del salón estaban llenos de polvo. Ni un solo zombi en varios días. Añoraba el toc-toc y los aporreos de los monstruos en la noche oliendo su sangre viva tras la puerta principal, o el sonido de la SPAS-12 reventando los intestinos de algunos indeseables tras activar la trampa del pasillo que daba a las escaleras del bloque…
Se miró en el espejo cuarteado del baño y observó un rostro que le recordaba más a un fantasma que a una persona cuerda. Decidió que esconderse ya no era divertido. Cogió las cosas más importantes para una salida junto con su gabardina, la SPAS-12 y una mochila repleta de postas, conservas y algo de primeros auxilios, bueno los primeros auxilios los dejó sobre la tele de catorce pulgadas; sabía que curarse resultaba inútil si te mordía alguno de esos cabrones…
Miró una última vez la foto de su familia sobre la cómoda del dormitorio y puso el marco boca abajo antes de colocarse la gorra azul de la marina a la que un día perteneció. Posteriormente salió por la puerta y desapareció por la sinuosa escalera del edificio, con la mirada perdida y el dedo en el gatillo de su recortada. Ahora sí, la sangre de nuevo en sus venas recorriéndolas como un torrente de adrenalina. Caminó durante casi dos horas por las calles bajo la luz chisporroteante de las farolas, ni un alma, esqueletos y carne putrefacta en las aceras…
Él masticaba chicle, uno caducado. Encontró una máquina expendedora con sangre seca sobre las marcas de tabaco y comenzó a golpearla con la culata del arma. Una vez abierta cogió un par de paquetes de Chester y los guardó en la mochila, no sin antes sacar un cigarro... Pero ¿y el mechero? Maldijo su puta mala suerte y tiró el cigarro al suelo. Cogió la recortada y disparó aquél pequeño rollo de hierba hasta que no quedó nada. ¡Toma fuego, toma!
Encontró el primer grupo de muertos tras girar la esquina del cine Mutt, allí estaban tirados tres hijos de puta, comiéndose la pierna de uno de ellos, el pobre cabrón gritaba con todas las jodidas fuerzas que le quedaban, pero al mismo tiempo se estaba comiendo su propio brazo. John no dejó pasar la ocasión y molió a cartuchazos a los tres caníbales y después se dirigió al mutilado, lo miró a los ojos, un cruce de miradas. Casi notó súplica en la expresión de la criatura.
—Te estaban comiendo estos mierdas —le dijo John, con la recortada apoyada al hombro, echando un vistazo a los zombis aniquilados— esto no puede quedar así, te voy a dar de comer. Hunter cogió la pierna de un muerto y la arrancó brutalmente de un tirón, se la hizo comer entera al zombi damnificado, primero metiéndole el pie en la boca, seguidamente contribuyendo con la pierna entera hasta reventarle la mandíbula mientras pasaba la rodilla por la tráquea.
—Que aproveche. El pobre diablo moribundo se desplomó en el suelo con un susurro ronco.
John siguió su camino por la avenida principal, hizo un puente a un todoterreno que estaba en mitad de la carretera y consiguió arrancarlo. “¡De puta madre, tío!”. Salió de la ciudad llevándose por delante a cuantos pudo. Más terrorífica que los muertos era la risa de John, avanzando por la avenida, haciendo saltar los miembros de los zombis por el aire. Tiró por la carretera estatal para encontrarse menos de esas cosas, y quizás evitar una barricada de coches en la autopista.
Todo estaba oscuro pero llegó a su destino tras cuatro horas de quietud en la carretera… “Base Militar de los Estados Unidos”. Se bajó del todoterreno frente al portón principal, que sorprendentemente estaba abierto. John colocó la linterna bajo el cañón del arma, cargó la recortada y sonrió: Fiesta en el cuartel. Entró y pulverizó a dos monstruos que merodeaban por el hall sin rumbo, hizo un reconocimiento con el foco del arma y avanzó por el primer pasillo a la derecha. Él conocía el lugar, pues había sido instruido allí cuando aún existía la humanidad. Encontró el cuadro de mandos que encendía el generador del lugar lo activó y corrió en dirección al almacén, bajo unas luces alógenas chisporroteantes, eliminando a tres indeseables más. Alcanzó la puerta del almacén, aún no habían forzado la entrada al lugar, curioso. Probó con algunas de las contraseñas que recordaba en el sistema de seguridad y acertó a la tercera. Una radiante sonrisa iluminó su rostro demacrado al ver las primeras cajas de M16.
—Ahora sí, hijos de puta, ahora sí.
Joder, ¡No tengo fuego!, Manuel Carlos León Rivera
Por fin, toda la verdad sobre la guerra contra los muertos vivientes
Aprovechando mi convalescencia gripal, leí "Guerra Mundial Z", una novela de ciencia-ficción escrita por Max Brooks que relata la guerra mundial contra los zombis. Continúa la temática de la primera novela del autor "Zombi - Guía de superviviencia". No obstante, mientras que el planteamiento de la Guía es imitar los manuales de supervivencia para situaciones peligrosas, “World War Z” se presenta como un conjunto de entrevistas a los supervivientes, agrupadas en capítulos presentados cronológicamente, cada uno relativo a una gran época del conflicto, desde la aparición del llamado “paciente cero” hasta el fin de la guerra, una década después.
Pronto, la película.
Pronto, la película.
Festival Buenos Aires Rojo Sangre
Comienza la 10ª edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre, de cine fantástico y de terror
Habrá una sección competitiva de películas nacionales e internacionales, y una sección de cortos dedicados a los zombis. La entrada costará ocho pesos por función.
Desde este jueves y hasta el 4 de noviembre se realizará en la Capital Federal la décima edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), en el cual se podrán ver películas de los géneros terror, fantástico y bizarro. La sede elegida es la sala del cine Monumental Lavalle (Lavalle 780). Entradas a $8 x función
Habrá una sección competitiva de películas tanto nacionales como internacionales, entre las que participarán títulos de Austria, Italia, Brasil y Uruguay. Además también se realizará una sección especial dedicada a los zombis, en la que se podrán ver cortometrajes filmado en la ZombieWalk, una caminata de "muertos vivientes" realizada en la ciudad el 4 de octubre, a la cual no pude asistir.
En tanto, en esta edición se estrenará el documental "Rojo Sangre, 10 años a puro género" en el que se recorrerá el crecimiento y la evolución de este festival y de este tipo de películas. Incluirá testimonio de realizadores, críticos, especialistas, distribuidores y fanáticos.
Habrá una sección competitiva de películas nacionales e internacionales, y una sección de cortos dedicados a los zombis. La entrada costará ocho pesos por función.
Desde este jueves y hasta el 4 de noviembre se realizará en la Capital Federal la décima edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), en el cual se podrán ver películas de los géneros terror, fantástico y bizarro. La sede elegida es la sala del cine Monumental Lavalle (Lavalle 780). Entradas a $8 x función
Habrá una sección competitiva de películas tanto nacionales como internacionales, entre las que participarán títulos de Austria, Italia, Brasil y Uruguay. Además también se realizará una sección especial dedicada a los zombis, en la que se podrán ver cortometrajes filmado en la ZombieWalk, una caminata de "muertos vivientes" realizada en la ciudad el 4 de octubre, a la cual no pude asistir.
En tanto, en esta edición se estrenará el documental "Rojo Sangre, 10 años a puro género" en el que se recorrerá el crecimiento y la evolución de este festival y de este tipo de películas. Incluirá testimonio de realizadores, críticos, especialistas, distribuidores y fanáticos.
La pelìcula mostra: Samurai Zombie
Una familia que es secuestrada por una pareja de psicopatas. Buscan una armadura samurai, pero el lugar esta custodiado por zombies. Por otro lado, la policía también aparece, es entonces cuando omienza un enfrentamiento entre policias, zombies y asesinos, mientras la familia trata de sobrevivir.
ZOMBI – GUIA DE SUPERVIVENCIA
I. Matar a los muertos
Aunque parezca que destruir a un zombi puede ser simple, no hay nada más lejos de la realidad. Tal y como hemos visto, los zombis no requieren ninguna de las funciones fisiológicas que los humanos necesitamos para sobrevivir. La destrucción o el daño severo al sistema circulatorio, digestivo o respiratorio no harían nada a un miembro de los muertos andantes, en tanto en cuanto esas funciones no se mantienen en el cerebro. Simplemente piensa que existen miles de formas de matar a un humano y sólo una de matar a un zombi. El cerebro debe ser destruido, de cualquier manera posible.
J. Deshacerse del cuerpo
Los estudios muestran que el Solanum puede vivir en el cuerpo de un zombi destruido durante otras cuarenta y ocho horas. Se ha de tener un cuidado extremo a la hora de deshacerse del cadáver de un no muerto. La cabeza en particular conlleva el mayor riesgo, dada su concentración del virus. Nunca cargues con el cadáver de un no muerto sin ropa protectora. Trátalo como si fuera cualquier clase de material tóxico o altamente letal. La cremación es la forma más segura y efectiva de eliminarlo. A pesar de los rumores de que quemar un grupo de cadáveres podría propagar Solanum en forma de plaga a través del aire, el sentido común nos diría que ningún virus es capaz de sobrevivir al calor intenso, por no hablar de un incendio.
K. ¿Domesticación?
Repetimos, el cerebro de un zombi ha demostrado ser, hasta el momento, inalterable. Los experimentos que se han realizado con productos químicos, cirugía e incluso descargas electromagnéticas, han dado resultados negativos. La terapia para cambiar su comportamiento y otros intentos para entrenar a los muertos vivientes como bestias de carga o algo parecido también han acabado en fracaso. De nuevo, no podemos cambiarle el chip a la máquina. Será tal como es o no será.
Max Brooks
La pelìcula mostra: Zombies! Zombies! Zombies!
Estelarizada por Jessica Barton como Dakota, Hollie Winnard (Harley), Lyanna Tumaneng (Dallas), Tiffany Shepis y Juliet Reeves.
¡Strippers vs Zombies! Un medicamento experimental falla y produce un grupo de zombis sedientos de sangre. Corresponde a un pequeño grupo de bailarinas exóticas atrapadas en un club de caballeros, detenerlos.
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