A comienzos de los años sesenta la tecnología aeroespacial estaba dando sus primeros y vigorosos pasos en todo el mundo. Los sueños de viajes intergalácticos asomaban en la literatura, el cine y las series televisivas de ciencia-ficción, algunas de dudosa calidad. Sin embargo, la realidad parecía desmentir aquellas fantásticas aspiraciones, trocándolas en realidades tecnológicamente más limitadas pero tangibles. Las naciones competidoras en la carrera tecnológica no eran muchas y pugnaban por llegar primero a metas que vistas desde la actualidad pueden parecer modestas, pero que en aquellos años exigían titánicos esfuerzos. La tecnología aeroespacial era una ficha valiosa y esquiva en el complejo juego político y militar que las superpotencias de la época desplegaban con el planeta a modo de tablero.
Nuestro héroe cruza la singularidad maldita, el agujero negro o gris, el pasadizo al otro patio, que se encuentra en la esquina de Nicaragua y Arévalo, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Todo puede pasar: sexo, Historia, aventuras, guiso de lentejas o mondongo y Perón y Freud explicando las remeras rotas del Capitán Kirk. A ver si se ponen a leer, holgazanes.
Fragmento - Escudo invulnerable
Por un instante, mientras recorría con la vista aquella fabulosa ciudad, algo parecido a un sentimiento de terror, le dejó sobrecogido. ¿Qué haría entonces?
Enrojecido por la neblina, el sol se ocultaba ya tras un Centro cuya gigantesca mole oscura contrastaba contra el cielo, donde los diversos ingenios aéreos de la época se entrecruzaban como moscas de agua. La totalidad del horizonte se hallaba poblado de enormes torres y colosales construcciones. Koskinen comprobó que la proximidad del gran Centro, era sólo una ilusión de sus sentidos. Los grandes edificios se hallaban aparte y a distancia, separados y rodeados por un enjambre de almacenes, factorías y casas de habitación de corte modesto. Los túneles de transporte urbano se entretejían por doquier rugiendo con el inmenso tráfico de las calles, brillando los vehículos con los últimos rayos del sol poniente. A nivel más bajo, aún se advertía una enmarañada red de calles, cintas transportadoras y monorrieles. En las primeras sombras del atardecer y bajo los muros, las luces acababan de encenderse, uniéndose al parpadear de las del tráfico rodado, las de las ventanas, las lámparas de alumbrado de las aceras y trenes. El silencio en aquella habitación a cien
pisos de altura sobre el suelo, convertía el espectáculo en algo irreal, como un reflejo de un planeta extraño.
Bruscamente, Koskinen cerró el noticiario que se le proyectaba en una de las pareces de la habitación. No le gustaban en absoluto los discos que se le ofrecían, ni incluso las danzas de Hawai, ni los bailes de última moda de los cabarets de París que tanto le habían fascinado aquella mañana.
«Mejor es dejarse de sombras —pensó—. Deseo algo que pueda tocar, paladear y oler con mis propios sentidos. ¿Como qué, por ejemplo?»
Allí tenía las propias facilidades que le brindaba el hotel, en el jardín las piscinas, el gimnasio, los bares, restaurantes y casi todo lo que pudiera elegir para comprar o alquilar. Podía permitirse el lujo de tomarlo todo de primera categoría, con la paga de cinco años en el bolsillo.
Además, allí estaba la propia superciudad en sí misma, con sus infinitos atractivos. Podía muy bien tomar una estratonave que le condujese rápidamente a cualquier ciudad occidental del país, o alquilar un aparato rápido y trasladarse a cualquier parque nacional y pasar la noche junto a un lago o un hermoso bosque. O...
¿Qué? —se preguntó a sí mismo—. Puedo pagarlo todo, excepto la compañía de un amigo. Y... ¡Dios Santo! He perdido ya así veinticuatro horas. Ahora comprendo lo triste y solitario que es tener que pagarlo todo...
Se aproximó al teléfono. «Llámame —le había, dicho Dave Abrams— al edificio de Centralia, en Long Island. Aquí tienes el número de mi teléfono. Nuestra casa siempre cuenta con un sitio para alguien más y Manhattan sólo está a unos cuantos minutos más allá, con agradables lugares para pasarlo bien. Por lo menos, así era hace cinco años. Estoy seguro que puedo asegurarte, al menos, los estupendos pasteles de queso que hace mi madre».
Koskinen dejó caer la mano. Todavía no. La familia Abrams tenía derecho a su vida privada y necesitaba tiempo para conocer a su hijo. Media década en un planeta extraño podría haberle cambiado mucho. El representante del Gobierno que había acudido a esperarles en el Aeropuerto Goddard, había notado lo excesivamente tranquilo que parecía, como si toda la quietud de Marte se hubiera infiltrado en su espíritu. Por otra parte, su propio orgullo le impedía hacerlo. No tenía derecho a interrumpir la vida amable de sus semejantes, como si se encontrase en la Tierra igual que un niño perdido en el bosque.
En condiciones similares se hallaba frente a sus demás compañeros de tripulación. Sólo que ellos tenían una ventaja sobre él. Todos eran mayores en edad y tenían sus hogares y parientes. Había incluso dos que se habían casado. Pero Koskinen no tenía a nadie. La catástrofe de la guerra había hecho desaparecer su casa, allá al norte de Minnesota, donde había vivido de niño. El Instituto se hizo cargo del pequeño huérfano de ocho años y le había llevado interno a un orfanato donde se había criado y educado con varios centenares más, igualmente seleccionados con un alto coeficiente de inteligencia, previos los tests oportunos. Fue algo duro. No es que la escuela en sí fuese mala, puesto que hicieron lo imposible por suplirle la falta de su familia, ya que el país necesitaba desesperadamente un gran número de mentes bien entrenadas y a una prisa loca. Koskinen obtuvo su grado de licenciado en Ciencias Físicas a la edad de dieciocho años, y un título menor de Ciencias Simbólicas. En el mismo año, las autoridades astronáuticas aceptaron su solicitud para la novena expedición a Marte, la única que permanecería el tiempo suficiente para aprender decididamente algo
sobre los marcianos, y para tal destino salió embarcado en seguida.
Escudo invulnerable, Poul Anderson
NASA captura fotografías de Vesta
En la imagen, tomada por la nave Dawn de la NASA, el asteroide de 530 kilómetros de diámetro, el segundo con más masa en el cinturón de asteroides, se observa como una perla pequeña y brillante.
Al momento de tomar la fotografía, la nave estaba a unos 1.21 millones de kilómetros del asteroide, dijo la NASA.
"Después de estar navegando en los mares del espacio por más de mil millones de millas, el equipo Dawn vio a su objetivo finalmente", dijo la investigadora principal del equipo Carol Raymond.
La NASA aclaró que antes se habían tomado fotos de Vesta desde la tierra y desde el espacio, pero que tenían pocos detalles de su superficie.
El proyecto Dawn de la NASA consiste en una nave que se interpondrá en el camino de Vesta para que la gravedad de este asteroide atrape la nave en su órbita en donde permanecerá un año. El objetivo es estudiar la superficie del asteroide, tomar fotos y "destapar los secretos de la historia temprana de nuestro sistema solar", dijo la NASA.
Al momento de tomar la fotografía, la nave estaba a unos 1.21 millones de kilómetros del asteroide, dijo la NASA.
"Después de estar navegando en los mares del espacio por más de mil millones de millas, el equipo Dawn vio a su objetivo finalmente", dijo la investigadora principal del equipo Carol Raymond.
La NASA aclaró que antes se habían tomado fotos de Vesta desde la tierra y desde el espacio, pero que tenían pocos detalles de su superficie.
El proyecto Dawn de la NASA consiste en una nave que se interpondrá en el camino de Vesta para que la gravedad de este asteroide atrape la nave en su órbita en donde permanecerá un año. El objetivo es estudiar la superficie del asteroide, tomar fotos y "destapar los secretos de la historia temprana de nuestro sistema solar", dijo la NASA.
El misterio de la nave soviética destruida por extraterrestres
Fue una nave soviética la encargada de descubrir alguno de los secretos marcianos y de estudiar sus misteriosas lunas, Fobos y Deimos (Miedo y Terror, en griego).
Secretos que ojos humanos jamás vieron o que tal vez jamás tendrían que haber visto.
La Fobos 2, era la segunda sonda enviada por la Unión Soviética a Marte y llevaba el nombre de una de sus lunas, y que tras el fracaso de la Fobos 1, desapareció en septiembre de 1989 sin dejar rastros.
Tras la pérdida de la sonda, algunas personas aseguraron que ésta había alcanzado a transmitir datos que podrían indicar la presencia de una civilización extraterrestre. Sin embargo, la mayor parte de la comunidad científica consideró estas especulaciones carentes de fundamento y no hallaron en los datos de la misión, anomalías que sugieran presencia alienígena.
Pero los defensores de la existencia de pruebas extraterrestres en los datos de la Fobos 2 aseguran que en Marte ya se han encontrado evidencias de presencia alienígena. Según ellos la cara de Marte sería una de esas pruebas, así como las ruinas de una ciudad en la región de Cydonia Mensae.
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Fragmento - HUÉRFANOS DEL ESPACIO
–¡Cuidado! ¡Hay un amotinado!
Ante aquel grito de aviso Hugh Hoyland se zambulló sin tener un segundo que perder. Un proyectil de hierro del tamaño de un huevo se estrelló contra el mamparo, justo por encima de su cabeza, con una fuerza tal que prometía haberle fracturado el cráneo. La velocidad con que se había acurrucado levantó sus pies de las planchas del suelo de la cubierta y, antes de que su cuerpo pudiera asentarse lentamente sobre el suelo plantó los pies contra el mamparo y empujó con todas sus fuerzas.
Y salió disparado hacia abajo por el largo pasaje de una larga trayectoria, llevando el cuchillo dispuesto a entrar en acción para defender su vida.
Se retorció en el aire, comprobó la dirección con los pies contra el mamparo opuesto en la vuelta del pasaje desde el cual le había atacado el amotinado y flotó ligeramente ingrávido. La otra salida del pasaje estaba vacía. Sus dos compañeros se le unieron, deslizándose torpemente por las planchas de la cubierta.
–¿Se ha ido? –Preguntó Alan Mahoney.
–Sí –convino Hoyland–. Le he visto sólo un instante al zambullirse por la escotilla. Creo que es una hembra. Parecía como si tuviera cuatro piernas.
–Dos piernas o cuatro, nunca le echaremos el guante – comentó el tercer hombre.
–¿Quién diablos quiere echarle el guante? –Protestó Mahoney–. Yo no.
–Bien, yo lo haré, si puedo –dijo Hoyland–. Por Jordan, si su puntería hubiera sido dos pulgadas mejor, en este momento estaría dispuesto para ir al Convertidor.
–¿Es que no podéis dejar los dos de jurar en cuanto pronunciáis cuatro palabras? –protestó desaprobatoriamente el tercer hombre–. ¿Qué pasaría si el capitán os oyera? –y se tocó la frente con reverencia al mencionar al capitán.
–¡Oh!, por la memoria de Jordan – estalló Hoyland–. No seas estúpido, Mort Tyler. Tú no eres todavía un científico. Calculo que yo soy tan devoto como tú y que no existe ningún grave pecado en dar, a veces, rienda suelta a los propios pensamientos. Incluso los científicos lo hacen. Les he oído...
Tyler abrió la boca como si fuese a provocar una disputa; pero pareció pensarlo mejor.
Mahoney tocó a Hoyland en un brazo.
–Mira, Hugh –le rogó–, vámonos de aquí. Nunca tuvimos que haber subido tan alto. Me encuentro sin peso; quiero volver adonde pueda sentir algo bajo mis pies.
Hoyland miró largamente hacia la escotilla a través de la cual el asaltante había desaparecido, mientras que su mano continuaba aferrada al puño del cuchillo, y después se volvió hacia Mahoney.
–De acuerdo, muchachos –convino–. Hay un largo viaje hacia abajo, de todas formas.
Se volvió entrando por la escotilla, por donde habían alcanzado el nivel en que se encontraban entonces, con los otros dos amigos siguiéndole. Sin hacer caso de la escalera metálica por la que anteriormente hubieron subido, se dejaron caer por la abertura y cayeron flotando suavemente hacia la cubierta inferior a quince pies más abajo con Tyler y Mahoney siguiéndole de cerca.
HUÉRFANOS DEL ESPACIO, Robert A. Heinlein
Ante aquel grito de aviso Hugh Hoyland se zambulló sin tener un segundo que perder. Un proyectil de hierro del tamaño de un huevo se estrelló contra el mamparo, justo por encima de su cabeza, con una fuerza tal que prometía haberle fracturado el cráneo. La velocidad con que se había acurrucado levantó sus pies de las planchas del suelo de la cubierta y, antes de que su cuerpo pudiera asentarse lentamente sobre el suelo plantó los pies contra el mamparo y empujó con todas sus fuerzas.
Y salió disparado hacia abajo por el largo pasaje de una larga trayectoria, llevando el cuchillo dispuesto a entrar en acción para defender su vida.
Se retorció en el aire, comprobó la dirección con los pies contra el mamparo opuesto en la vuelta del pasaje desde el cual le había atacado el amotinado y flotó ligeramente ingrávido. La otra salida del pasaje estaba vacía. Sus dos compañeros se le unieron, deslizándose torpemente por las planchas de la cubierta.
–¿Se ha ido? –Preguntó Alan Mahoney.
–Sí –convino Hoyland–. Le he visto sólo un instante al zambullirse por la escotilla. Creo que es una hembra. Parecía como si tuviera cuatro piernas.
–Dos piernas o cuatro, nunca le echaremos el guante – comentó el tercer hombre.
–¿Quién diablos quiere echarle el guante? –Protestó Mahoney–. Yo no.
–Bien, yo lo haré, si puedo –dijo Hoyland–. Por Jordan, si su puntería hubiera sido dos pulgadas mejor, en este momento estaría dispuesto para ir al Convertidor.
–¿Es que no podéis dejar los dos de jurar en cuanto pronunciáis cuatro palabras? –protestó desaprobatoriamente el tercer hombre–. ¿Qué pasaría si el capitán os oyera? –y se tocó la frente con reverencia al mencionar al capitán.
–¡Oh!, por la memoria de Jordan – estalló Hoyland–. No seas estúpido, Mort Tyler. Tú no eres todavía un científico. Calculo que yo soy tan devoto como tú y que no existe ningún grave pecado en dar, a veces, rienda suelta a los propios pensamientos. Incluso los científicos lo hacen. Les he oído...
Tyler abrió la boca como si fuese a provocar una disputa; pero pareció pensarlo mejor.
Mahoney tocó a Hoyland en un brazo.
–Mira, Hugh –le rogó–, vámonos de aquí. Nunca tuvimos que haber subido tan alto. Me encuentro sin peso; quiero volver adonde pueda sentir algo bajo mis pies.
Hoyland miró largamente hacia la escotilla a través de la cual el asaltante había desaparecido, mientras que su mano continuaba aferrada al puño del cuchillo, y después se volvió hacia Mahoney.
–De acuerdo, muchachos –convino–. Hay un largo viaje hacia abajo, de todas formas.
Se volvió entrando por la escotilla, por donde habían alcanzado el nivel en que se encontraban entonces, con los otros dos amigos siguiéndole. Sin hacer caso de la escalera metálica por la que anteriormente hubieron subido, se dejaron caer por la abertura y cayeron flotando suavemente hacia la cubierta inferior a quince pies más abajo con Tyler y Mahoney siguiéndole de cerca.
HUÉRFANOS DEL ESPACIO, Robert A. Heinlein
Atmósferas de Titán y de la Tierra tendrían un origen común
Las atmósferas de la Tierra y Titán, satélite de Saturno, se originaron a partir del último bombardeo de asteroides y cometas, el cual se dio durante la formación del sistema solar hace 3.900 millones de años.
A esta conclusión llegaron Josep María Trigo y Francisco Javier Martín, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que se encuentra en España.
Ellos se dieron a la tarea de analizar los datos de la misión Cassini-Huygens, un proyecto conjunto entre las agencias espaciales estadounidense (NASA), europea (ESA) e italiana.
Los resultados de su análisis aparecen publicados en el último número de la revista Planetary & Space Science.
Origen común.Trigo y Martín descubrieron elementos comunes y abundantes en ambas atmósferas como lo son el nitrógeno molecular, el deuterio (una de las formas que puede adoptar el hidrógeno), el hidrógeno, el carbono, el nitrógeno y el oxígeno.
Precisamente, esa riqueza devino de un bombardeo tardío de asteroides y cometas que se inició cuando Júpiter y Saturno se trasladaron a sus órbitas actuales.
Esa migración causó un impulso gravitatorio sobre los cuerpos que se habían formado en la parte externa del sistema solar. Fue así como objetos ricos en agua y materia orgánica impactaron a planetas rocosos como la Tierra. “Dado que la Tierra se formó en un entorno muy caliente próximo al Sol, ese gran bombardeo tardío resultó fundamental para enriquecerla con los ingredientes básicos para la aparición de vida”, explicó Trigo.
“La llegada de tales compuestos y partículas metálicas catalizadoras, capaces de sintetizar moléculas orgánicas más complejas bajo el influjo de la radiación solar, permitió convertir nuestro planeta en el único oasis de vida que, por ahora, conocemos”, agregó Martín.
“De hecho, la mayoría de cuencas y grandes cráteres de la Luna fueron provocados por el impacto de estos objetos, tal y como dataron las rocas lunares recogidas por las misiones Apolo”, comentó Trigo.
Otra evidencia de este bombardeo tardío se observa en la composición de la corteza y el manto terrestre. “El manto alberga metales que de no haber llegado de manera tardía, estarían en el núcleo”, dijo.
Fragmento - Dark
Mientras leía y releía los datos, un paquete de información golpeó en la puerta de su pantalla. Venía de uno de los satélites con los que habitualmente trabajaba. El MSK-332. Aceptó el paquete de datos, y vio como estos se abrían como una flor en el centro de su pantalla. Olvidó lo que estaba haciendo, y se centró en ellos. Y a medida que los datos se iban ordenando en su mente, dibujando formas y estableciéndose... a medida que eso ocurría, Mark comenzó a inquietarse.
—Esto tiene que estar mal —dijo. su voz sonó extraña en el despachó, demasiado fuerte, elevándose sobre el runrún del ordenador.
El café se consumió en su boca, y su sabor amargo permaneció unos instantes. Había algo en ese conjunto de datos que no le
gustaba ni un pelo. Pidió permiso a Central, y reorientó el satélite ligeramente. Un proceso de rutina. Le indicó a la IA del aparato que activase todos sus sistemas de medida, que previamente no habían sido utilizados, y esperó a que el satélite le
enviase nuevos paquetes de datos, más específicos y precisos que el paquete inicial. Durante los siguientes ciento noventa y un minutos, Mark se olvidó de aquella información extraña, y probablemente errónea, y siguió con sus tablas. Necesitaba que
aceptasen su nuevo artículo. De lo contrario, perdería la subvención estatal y su carrera profesional sufriría un varapalo del que quizá no fuese capaz de recuperarse. Y a saber qué opinaría de eso Dana.
Quizá fuese la gota que colmase el vaso. Quizá fuese el final.
Ya de madrugada, un nuevo paquete de datos, mucho mayor que el anterior, llegó a su ordenador.
Lo abrió con un bostezo, y les echó un vistazo. Esta vez había mucha más información. Abrió una docena de programas de cálculo, y los puso a trabajar.
Necesitaba eliminar el ruido de aquella marabunta de información, quedarse con lo esencial, y poder extraer unas conclusiones. Además de darle un respiro a su cerebro abotargado.
—Pero, ¿qué cojones...? —exclamó, acercándose a la pantalla del ordenador como si eso fuese a hacer cambiar los resultados.
Un escalofrío recorrió su espalda, y sintió que comenzaba a sudar en frío.
—No puede ser —dijo, negando con la cabeza.
Comenzó a calcular el momento angular, la intensidad de emisión de rayos X, posición y velocidad, rotación.
Pero los ordenadores no se equivocaban. Nunca lo hacían. Y menos un ordenador como el suyo. Los programas tenían una fiabilidad total, y si debían sumar dos y dos, el resultado era cuatro invariablemente. Y daba igual que fuesen sumas
sencillas o complejas ecuaciones. No fallaba. Pero los resultados... eran...
Dark, Ernesto Diéguez Casal
—Esto tiene que estar mal —dijo. su voz sonó extraña en el despachó, demasiado fuerte, elevándose sobre el runrún del ordenador.
El café se consumió en su boca, y su sabor amargo permaneció unos instantes. Había algo en ese conjunto de datos que no le
gustaba ni un pelo. Pidió permiso a Central, y reorientó el satélite ligeramente. Un proceso de rutina. Le indicó a la IA del aparato que activase todos sus sistemas de medida, que previamente no habían sido utilizados, y esperó a que el satélite le
enviase nuevos paquetes de datos, más específicos y precisos que el paquete inicial. Durante los siguientes ciento noventa y un minutos, Mark se olvidó de aquella información extraña, y probablemente errónea, y siguió con sus tablas. Necesitaba que
aceptasen su nuevo artículo. De lo contrario, perdería la subvención estatal y su carrera profesional sufriría un varapalo del que quizá no fuese capaz de recuperarse. Y a saber qué opinaría de eso Dana.
Quizá fuese la gota que colmase el vaso. Quizá fuese el final.
Ya de madrugada, un nuevo paquete de datos, mucho mayor que el anterior, llegó a su ordenador.
Lo abrió con un bostezo, y les echó un vistazo. Esta vez había mucha más información. Abrió una docena de programas de cálculo, y los puso a trabajar.
Necesitaba eliminar el ruido de aquella marabunta de información, quedarse con lo esencial, y poder extraer unas conclusiones. Además de darle un respiro a su cerebro abotargado.
—Pero, ¿qué cojones...? —exclamó, acercándose a la pantalla del ordenador como si eso fuese a hacer cambiar los resultados.
Un escalofrío recorrió su espalda, y sintió que comenzaba a sudar en frío.
—No puede ser —dijo, negando con la cabeza.
Comenzó a calcular el momento angular, la intensidad de emisión de rayos X, posición y velocidad, rotación.
Pero los ordenadores no se equivocaban. Nunca lo hacían. Y menos un ordenador como el suyo. Los programas tenían una fiabilidad total, y si debían sumar dos y dos, el resultado era cuatro invariablemente. Y daba igual que fuesen sumas
sencillas o complejas ecuaciones. No fallaba. Pero los resultados... eran...
Dark, Ernesto Diéguez Casal
Después dicen que estoy loco
El último misterio ha surgido en torno a Marte, donde David Martines, un astrónomo aficionado, asegura haber descubierto gracias a Google Mars un edificio de color blanco y franjas rojas, y de más de 210 metros de largo por 45 metros de ancho que, según él, se correspondería, nada más y nada menos, con una estación de energía creada por el hombre o por una civilización alienígena. Incluso ya la ha bautizado: 'Bio estación alfa'.
Martines, que ha intentado de forma infructuosa ponerse en contacto con la Nasa para informarle del hallazgo, considera que "podría ser una estación de carga de energía, podría ser un contenedor biológico o solamente un garaje glorificado". "Espero que no sea un arma. Quien lo puso allí tenía un propósito, estoy seguro. No puedo imaginar por qué alguien querría vivir en Marte, pero podría ser una estación de paso para los viajeros espaciales", concluye.
La respuesta de diversos expertos al descubrimiento de 'Bio estación alfa' no se ha hecho esperar. Aseguran que la figura que se aprecia no es más que un defecto de la herramienta Google Mars y que una imagen de mayor resolución demostrará que en el lugar no hay nada más que arena y piedras marcianas. Sin embargo, este nuevo hallazgo ha dado alas a los defensores de que la vida en la Tierra tuvo su origen en un meteorito venido de Marte, donde habría existido una civilización hace millones de años.
Monstruosas criaturas perfumadas
Monstruosas criaturas perfumadas
No es por azar que al armar una cartelera sobre cine y diversidad, aparezcan películas con monstruos, vampiros y muchas vampiras, escenas terroríficas con estética camp o bañadas de un romanticismo queer. Quienes contribuyeron a un cine diverso hallaron muchas veces en el placer monstruoso la posibilidad de poner en evidencia una pasión con potencia de shock. El ciclo “Cine y Diversidad” que se presenta en el Malba durante todo el mes de junio incluye un amplio espectro de películas donde se vislumbran lo raro y lo ordinario, lo cínico y lo solemne, lo estable y lo mutante de ser lo que cada cual es.
Ver más acá y aquí
Entangled
When you're asleep they may show you
Aerial views of the ground
Freudian slumber empty of sound
Over the rooftops and houses
Lost as it tries to be seen
Fields of incentive covered with green
Mesmerised children are playing
Meant to be seen but not heard
"Stop me from dreaming!"
"Don't be absurd!"
"Well if we can help you we will
You're looking tired and ill
As I count backwards
Your eyes become heavier still
Sleep, won't you allow yourself fall ?
Nothing can hurt you at all
With your consent
I can experiment further still."
Madrigal music is playing
Voices can faintly be heard
"Please leave this patient undisturbed."
Sentenced to drift far away now
Nothing is quite what it seems
Sometimes entangled in your own dreams
"Well, if we can help you we will
Soon as you're tired and ill
With your consent
We can experiment further still
Well, thanks to our kindness and skill
You'll have no trouble until
You catch your breath
And the nurse will present you the bill"
STEPHEN HACKETT / TONY BANKS
Aerial views of the ground
Freudian slumber empty of sound
Over the rooftops and houses
Lost as it tries to be seen
Fields of incentive covered with green
Mesmerised children are playing
Meant to be seen but not heard
"Stop me from dreaming!"
"Don't be absurd!"
"Well if we can help you we will
You're looking tired and ill
As I count backwards
Your eyes become heavier still
Sleep, won't you allow yourself fall ?
Nothing can hurt you at all
With your consent
I can experiment further still."
Madrigal music is playing
Voices can faintly be heard
"Please leave this patient undisturbed."
Sentenced to drift far away now
Nothing is quite what it seems
Sometimes entangled in your own dreams
"Well, if we can help you we will
Soon as you're tired and ill
With your consent
We can experiment further still
Well, thanks to our kindness and skill
You'll have no trouble until
You catch your breath
And the nurse will present you the bill"
STEPHEN HACKETT / TONY BANKS
Fragmento - LAS BRIGADAS FANTASMA
--Eh, ¿puedo hacerte una pregunta? --le dijo Cloud a Jared, después de que empezaran a descender hacia Fénix.
Jared consideró la pregunta y la ambigüedad de su estructura, que permitía múltiples interpretaciones. En un sentido, Cloud había contestado a su pregunta al preguntarla: era claramente capaz de hacerle a Jared una pregunta. El CerebroAmigo de Jared sugirió, y Jared estuvo de acuerdo, en que ésta no era probablemente la interpretación correcta a la pregunta. Presumiblemente Cloud sabía que era capaz de hacer preguntas, y si antes no lo sabía, lo sabría ahora. Mientras el CerebroAmigo de Jared desplegaba y clasificaba interpretaciones adicionales, Jared esperó poder llegar algún día a la interpretación correcta de las frases sin tener que hacer despliegues interminables. Llevaba vivo poco más de una hora y ya era agotador.
Jared consideró sus opciones y, tras un período de tiempo que a él se le antojó largo pero pareció imperceptible para el piloto, aventuró la respuesta que parecía más adecuada al contexto.
--Sí --dijo.
--Eres de las Fuerzas Especiales, ¿verdad? --preguntó Cloud.
--Sí.
--¿Qué edad tienes?
--¿Ahora mismo? --preguntó Jared.
--Claro --respondió Cloud.
El CerebroAmigo de Jared le informó que tenía un cronómetro interno; accedió a él.
--Setenta y uno --dijo.
Cloud lo miró.
--¿Setenta y un años? Entonces eres un poco viejo para las Fuerzas Especiales, por lo que me han dicho.
--No. Setenta y un años, no --dijo Jared--. Setenta y un minutos.
--No jodas --dijo Cloud.
Esto requirió otro rápido momento de opciones interpretativas.
--No jodo --respondió Jared por fin.
--Coño, eso sí que es raro --dijo Cloud.
--¿Por qué?
Cloud abrió la boca, la cerró, y miró a Jared.
--Bueno, no tienes por qué saberlo --dijo--. Pero a la mayoría de la humanidad le parecería un poco raro tener una conversación con alguien que tiene poco más de una hora de edad. Demonios, ni siquiera estabas vivo cuando empecé aquella partida de póquer hace un rato. A tu edad la mayoría de los humanos apenas saben respirar y cagar.
Jared consultó su CerebroAmigo.
--Estoy haciendo una de esas cosas ahora --dijo.
Esto provocó un ruido divertido por parte de Cloud.
--Es la primera vez que oigo a uno de vosotros hacer un chiste.
Jared lo consideró.
--No es un chiste --dijo--. Es verdad que estoy haciendo una de esas cosas ahora mismo.
--Sinceramente, espero que sea respirar.
--Lo es.
--Entonces está bien --dijo Cloud, y volvió a reírse--. Durante un momento, creí haber descubierto a un soldado de las Fuerzas Especiales con sentido del humor.
--Lo siento --dijo Jared.
--No lo sientas, por el amor de Dios --dijo Cloud--. Apenas tienes una hora de edad. Hay gente que vive hasta los cien años sin desarrollar el sentido del humor. Una ex esposa mía se pasó la mayor parte de nuestro matrimonio sin sonreír siquiera. Al menos tú tienes la excusa de que acabas de nacer. Ella no tenía excusa alguna.
Jared reflexionó sobre eso.
--Tal vez no eras gracioso.
--¿Ves? --dijo Cloud--. Ahora estás haciendo chistes. Así que de verdad tienes setenta y un minutos de edad.
--Ahora setenta y tres.
--¿Cómo te va?
--¿Cómo me va qué?
--Esto --dijo Cloud, e hizo un gesto a su alrededor--. La vida. El universo. Todo.
--Es solitario --dijo Jared.
--Ja. No has tardado mucho en darte cuenta.
--¿Por qué crees que los soldados de las Fuerzas Especiales no tienen sentido del humor? --preguntó Jared.
--Bueno, no quiero sugerir que sea imposible. Pero es que nunca lo he visto. Fíjate en tu amiga allá, en la Estación Fénix. La bella miss Curie. Llevo un año intentando hacerla reír. La veo siempre que tengo que transportar a un puñado de vosotros al Campamento Carson. Hasta ahora, no ha habido suerte. Y tal vez sea sólo ella, pero de vez en cuando trato de hacer reír a los soldados de las Fuerzas Especiales que transporto a la superficie o traigo de vuelta. Hasta ahora, nada.
--Quizá sea verdad que no eres gracioso --volvió a sugerir Jared.
--Otra vez sigues con los chistes --dijo Cloud--. No, pensé que podría ser eso. Pero no tengo ningún problema para hacer reír a los soldados corrientes, o al menos a algunos de ellos. Los soldados corrientes no tienen mucho contacto con vosotros los de las Fuerzas Especiales, pero los que sí lo tenemos estamos todos de acuerdo en que no tenéis sentido del humor. Lo único que se nos ocurre se debe a que nacéis ya crecidos, y desarrollar el sentido del humor requiere tiempo y práctica.
--Cuéntame un chiste --dijo Jared.
LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi
Jared consideró la pregunta y la ambigüedad de su estructura, que permitía múltiples interpretaciones. En un sentido, Cloud había contestado a su pregunta al preguntarla: era claramente capaz de hacerle a Jared una pregunta. El CerebroAmigo de Jared sugirió, y Jared estuvo de acuerdo, en que ésta no era probablemente la interpretación correcta a la pregunta. Presumiblemente Cloud sabía que era capaz de hacer preguntas, y si antes no lo sabía, lo sabría ahora. Mientras el CerebroAmigo de Jared desplegaba y clasificaba interpretaciones adicionales, Jared esperó poder llegar algún día a la interpretación correcta de las frases sin tener que hacer despliegues interminables. Llevaba vivo poco más de una hora y ya era agotador.
Jared consideró sus opciones y, tras un período de tiempo que a él se le antojó largo pero pareció imperceptible para el piloto, aventuró la respuesta que parecía más adecuada al contexto.
--Sí --dijo.
--Eres de las Fuerzas Especiales, ¿verdad? --preguntó Cloud.
--Sí.
--¿Qué edad tienes?
--¿Ahora mismo? --preguntó Jared.
--Claro --respondió Cloud.
El CerebroAmigo de Jared le informó que tenía un cronómetro interno; accedió a él.
--Setenta y uno --dijo.
Cloud lo miró.
--¿Setenta y un años? Entonces eres un poco viejo para las Fuerzas Especiales, por lo que me han dicho.
--No. Setenta y un años, no --dijo Jared--. Setenta y un minutos.
--No jodas --dijo Cloud.
Esto requirió otro rápido momento de opciones interpretativas.
--No jodo --respondió Jared por fin.
--Coño, eso sí que es raro --dijo Cloud.
--¿Por qué?
Cloud abrió la boca, la cerró, y miró a Jared.
--Bueno, no tienes por qué saberlo --dijo--. Pero a la mayoría de la humanidad le parecería un poco raro tener una conversación con alguien que tiene poco más de una hora de edad. Demonios, ni siquiera estabas vivo cuando empecé aquella partida de póquer hace un rato. A tu edad la mayoría de los humanos apenas saben respirar y cagar.
Jared consultó su CerebroAmigo.
--Estoy haciendo una de esas cosas ahora --dijo.
Esto provocó un ruido divertido por parte de Cloud.
--Es la primera vez que oigo a uno de vosotros hacer un chiste.
Jared lo consideró.
--No es un chiste --dijo--. Es verdad que estoy haciendo una de esas cosas ahora mismo.
--Sinceramente, espero que sea respirar.
--Lo es.
--Entonces está bien --dijo Cloud, y volvió a reírse--. Durante un momento, creí haber descubierto a un soldado de las Fuerzas Especiales con sentido del humor.
--Lo siento --dijo Jared.
--No lo sientas, por el amor de Dios --dijo Cloud--. Apenas tienes una hora de edad. Hay gente que vive hasta los cien años sin desarrollar el sentido del humor. Una ex esposa mía se pasó la mayor parte de nuestro matrimonio sin sonreír siquiera. Al menos tú tienes la excusa de que acabas de nacer. Ella no tenía excusa alguna.
Jared reflexionó sobre eso.
--Tal vez no eras gracioso.
--¿Ves? --dijo Cloud--. Ahora estás haciendo chistes. Así que de verdad tienes setenta y un minutos de edad.
--Ahora setenta y tres.
--¿Cómo te va?
--¿Cómo me va qué?
--Esto --dijo Cloud, e hizo un gesto a su alrededor--. La vida. El universo. Todo.
--Es solitario --dijo Jared.
--Ja. No has tardado mucho en darte cuenta.
--¿Por qué crees que los soldados de las Fuerzas Especiales no tienen sentido del humor? --preguntó Jared.
--Bueno, no quiero sugerir que sea imposible. Pero es que nunca lo he visto. Fíjate en tu amiga allá, en la Estación Fénix. La bella miss Curie. Llevo un año intentando hacerla reír. La veo siempre que tengo que transportar a un puñado de vosotros al Campamento Carson. Hasta ahora, no ha habido suerte. Y tal vez sea sólo ella, pero de vez en cuando trato de hacer reír a los soldados de las Fuerzas Especiales que transporto a la superficie o traigo de vuelta. Hasta ahora, nada.
--Quizá sea verdad que no eres gracioso --volvió a sugerir Jared.
--Otra vez sigues con los chistes --dijo Cloud--. No, pensé que podría ser eso. Pero no tengo ningún problema para hacer reír a los soldados corrientes, o al menos a algunos de ellos. Los soldados corrientes no tienen mucho contacto con vosotros los de las Fuerzas Especiales, pero los que sí lo tenemos estamos todos de acuerdo en que no tenéis sentido del humor. Lo único que se nos ocurre se debe a que nacéis ya crecidos, y desarrollar el sentido del humor requiere tiempo y práctica.
--Cuéntame un chiste --dijo Jared.
LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi
La superficie de Titán fue marcada por los elementos, no por los volcanes
¿Mantiene su superficie y entrañas Titán --la luna de Saturno envuelta en niebla-- a fuego lento como un caldero rebosante de volcanes de hielo, o esta lejana luna se ha vuelta fría? En un análisis recientemente publicado, un par de científicos de la NASA analiza los datos recogidos por la sonda Cassini, que sugieren que Titán puede ser mucho menos geológicamente activa de lo que algunos científicos han pensado.
En el estudio, publicado en la edición de abril de la revista Icarus, los científicos concluyen que el interior de Titán puede estar fría y dormida y es incapaz de causar la erupción de volcanes activos de hielo.
"Sería fantástico encontrar una fuerte evidencia que muestre claramente que Titán tiene una fuente de calor interna que haga que se formen volcanes de hielo y flujos de lava" dijo Jeff Moore, autor principal del estudio y científico planetario del Centro Ames de la NASA, en Moffett Field, California. "Pero encontramos que las pruebas presentadas hasta la fecha no son convincentes, y estudios recientes del interior de Titán realizados por geofísicos y expertos en gravedad también debilitan la posibilidad de que haya volcanes allí", dijo.
Los científicos coinciden en que Titán muestra evidencias de tener lagos de metano líquido y etano, y valles tallados por estos líquidos exóticos, así como cráteres de impacto. Sin embargo, el debate sigue acerca de cómo interpretar los datos de la Cassini en Titán. Algunos científicos teorizan que existen volcanes de hielo y sugieren que la energía de una fuente interna de calor puede haber causado un aumento del hielo y la liberación de vapores de metano al llegar a la superficie.
Pero en el nuevo estudio, los autores concluyen que características que se han identificado en la superficie (en la imagen) muestran inequívocamente que fueron creados por fuerzas externas, como objetos golpeando la superficie y que crearon de cráteres; viento y lluvia que erosionaron la superficie, y la formación de los ríos y los lagos de metano y etano.
"Titán es un mundo fascinante", dijo Robert Pappalardo, científico de investigación en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en Pasadena, California, y ex científico del proyecto para la misión Cassini de la NASA. "Su singularidad proviene de su atmósfera y lagos orgánicos, pero en este estudio, no encontramos una fuerte evidencia de vulcanismo de hielo en Titán."
La luna más grande de Saturno es la única conocida que tiene una densa atmósfera, compuesta principalmente por nitrógeno y metano. Uno de los objetivos de la misión Cassini es encontrar una explicación sobre el mantenimiento de este medio ambiente.
La densa atmósfera de Titán hace que su superficie sea muy difícil de estudiar con con cámaras de luz visible, pero los instrumentos infrarrojos y señales de radar pueden mirar a través de la bruma y proporcionan información sobre la composición y forma de la superficie.
En el estudio, publicado en la edición de abril de la revista Icarus, los científicos concluyen que el interior de Titán puede estar fría y dormida y es incapaz de causar la erupción de volcanes activos de hielo.
"Sería fantástico encontrar una fuerte evidencia que muestre claramente que Titán tiene una fuente de calor interna que haga que se formen volcanes de hielo y flujos de lava" dijo Jeff Moore, autor principal del estudio y científico planetario del Centro Ames de la NASA, en Moffett Field, California. "Pero encontramos que las pruebas presentadas hasta la fecha no son convincentes, y estudios recientes del interior de Titán realizados por geofísicos y expertos en gravedad también debilitan la posibilidad de que haya volcanes allí", dijo.
Los científicos coinciden en que Titán muestra evidencias de tener lagos de metano líquido y etano, y valles tallados por estos líquidos exóticos, así como cráteres de impacto. Sin embargo, el debate sigue acerca de cómo interpretar los datos de la Cassini en Titán. Algunos científicos teorizan que existen volcanes de hielo y sugieren que la energía de una fuente interna de calor puede haber causado un aumento del hielo y la liberación de vapores de metano al llegar a la superficie.
Pero en el nuevo estudio, los autores concluyen que características que se han identificado en la superficie (en la imagen) muestran inequívocamente que fueron creados por fuerzas externas, como objetos golpeando la superficie y que crearon de cráteres; viento y lluvia que erosionaron la superficie, y la formación de los ríos y los lagos de metano y etano.
"Titán es un mundo fascinante", dijo Robert Pappalardo, científico de investigación en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en Pasadena, California, y ex científico del proyecto para la misión Cassini de la NASA. "Su singularidad proviene de su atmósfera y lagos orgánicos, pero en este estudio, no encontramos una fuerte evidencia de vulcanismo de hielo en Titán."
La luna más grande de Saturno es la única conocida que tiene una densa atmósfera, compuesta principalmente por nitrógeno y metano. Uno de los objetivos de la misión Cassini es encontrar una explicación sobre el mantenimiento de este medio ambiente.
La densa atmósfera de Titán hace que su superficie sea muy difícil de estudiar con con cámaras de luz visible, pero los instrumentos infrarrojos y señales de radar pueden mirar a través de la bruma y proporcionan información sobre la composición y forma de la superficie.
El beso y la Guerra Fría
Fiodor Mijailovich ha encontrado una coartada en los museos parisienses: un cuadro por día es una eternidad para esperar el momento de despertar. Hay tantos que, aún durmiendo toda su vida, no tendrá tiempo para preguntas. Fiodor no se pregunta nada esa mañana de 1950. Su rutina le indica los pasos a seguir hasta el Louvre, sin pensar cuáles serán sus pasos –vaya descuido para un espía soviético o de cualquier nacionalidad– ni preguntarse por la existencia de un Ayuntamiento o un café.
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Detectan el "océano de fuego" de una luna de Júpiter
Cada año, la luna de Júpiter expulsa cerca de 100 veces más lava a su superficie que los volcanes de la Tierra.
Una nueva evaluación de la información proveniente de la sonda Galileo de la NASA sugiere que toda esta actividad está siendo alimentada por un gigantesco océano de magma que se encuentra debajo de la corteza de Io.
Investigadores informaron en la publicación científica Science que este reservorio extremadamente caliente tiene, probablemente, unos 50 kilómetros de espesor.
Y esa cifra es sólo un mínimo. Podría ser mucho más gruesa, indicó el autor principal del estudio, Krishan Khurana, quien está afiliado al Instituto de Geofísica y Física Planetaria de la universidad UCLA en Estados Unidos.
"Cuando los científicos comenzaron a buscar observar las imágenes de Io, desde las naves espaciales Pioneer y Voyager en los años 70, la luna parecía muy extraña", señaló a la BBC.
"De inmediato los científicos se preguntaban muchas cosas y una de las interrogantes era: '¿por qué los volcanes están presentes en toda la superficie? 'Bueno, es porque hay un acuífero gigante de magma justo debajo de la corteza. Eso es lo que nuestro estudio nos está diciendo".
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Fragmento - El almuerzo desnudo
El retrete lleva cerrado por lo menos tres horas. Creo que lo están usando de quirófano...ENFERMERA. —No le encuentro el pulso, doctor.
DR. BENWAY. —A lo mejor se lo metió en un dedil por el jebe.
ENFERMERA. —¿Adrenalina, doctor?
DR. BENWAY. —El sereno se la chutó toda para divertirse. —Mira a su alrededor y coge uno de esos desatascadores de goma con un mango que se usan para retretes atascados... Avanza sobre la paciente—. Haga una incisión, doctor Limpf —dice a su aterrado ayudante—. Voy a darle masaje cardíaco.
Limpf se encoge de hombros e inicia la incisión. El doctor Benway lava el desatascador agitándolo en la taza del water...
ENFERMERA. —¿No deberíamos esterilizarlo, doctor?
DR. BENWAY. —Probablemente, pero no hay tiempo. —Se sienta en el desatascador como si fuera un bastón-asiento, y contempla cómo el ayudante hace la incisión—. Vosotros los jóvenes sois unos inútiles que no podéis sajar un grano sin bisturí eléctrico con drenaje automático y sutura más automática todavía... Dentro de poco estaremos operando por control remoto a unos pacientes que nunca habremos visto... No serviremos más que para apretar botones. La cirugía ya no necesitará habilidad... Ni conocimientos ni técnica... ¿Les he contado que una vez realicé una apendicectomía con una lata de sardinas oxidada? Y otra vez me encontré sin instrumental alguno y quité un tumor uterino con los dientes. Eso fue en el Alto Effendi,
y además...
DR. LIMPF. —La incisión está lista, doctor.
El doctor Benway hace entrar la ventosa del desatascador por la incisión y bombea arriba y abajo. La sangre salta sobre los médicos, la enfermera y las paredes... La ventosa produce un chapoteo espantoso.
ENFERMERA. —Creo que está muerta, doctor.
DR. BENWAY. —Bueno, son gajes del oficio. —Cruza la habitación hacia el botiquín... — ¡Algún jodido drogadicto me ha cortado la cocaína con detergente! ¡Enfermera! ¡Mande al chico a buscarme esa receta a paso ligero!
El doctor Benway opera en un auditorio lleno de estudiantes:
—Bien, jóvenes, no verán ustedes realizar esta operación con mucha frecuencia y hay una buena razón para ello... No tiene el más mínimo valor médico. Nadie sabe cuál era su finalidad, ni si tenía alguna finalidad. Personalmente creo que se trató de una creación puramente artística desde el principio. Al igual que el torero logra eludir con su habilidad y sabiduría el peligro que él mismo ha provocado, el cirujano hace peligrar
deliberadamente al paciente de esta operación, para luego, con increíble rapidez y celeridad, rescatarle de la muerte en la última fracción de segundo disponible... ¿Alguno de ustedes ha visto actuar al doctor Tetrazzini? Digo actuar a sabiendas, porque sus operaciones eran auténticas. Comenzaba lanzando un bisturí sobre el paciente desde la puerta y luego hacía su entrada de bailarín de ballet. Su velocidad era increíble: «Así no
les dejo tiempo para morirse», decía. Los tumores le provocaban un frenesí de rabia. «Jodidas células sin disciplina!», refunfuñaba avanzando sobre el tumor como un navajero.
Un joven se lanza al teatro de operaciones y avanza hacia el paciente empuñando un bisturí.
DR. BENWAY. —¡Un espontáneo! ¡Deténganlo antes de que me destripe al paciente!
Los subalternos forcejean con el espontáneo al que finalmente expulsan de la sala.
El anestesista se aprovecha de la confusión para arrancar un grueso empaste de oro al
paciente...
El almuerzo desnudo, WILLIAM S. BURROUGHS
Durante la primavera llueve metano en la luna Titán
La nave espacial Cassini ha detectado signos de una primavera con lluvias de metano sobre las dunas cercanas al ecuador de Titán, la luna de Saturno, según un estudio dirigido por el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Laurel (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Science'. Aunque la luna más grande de Saturno tiene lagos de metano en altas latitudes, sus regiones ecuatoriales son en su mayoría áridas, con amplios territorios de dunas.
Los investigadores han observado canales similares a lechos de río secos en estas regiones pero se cree por norma general que estos son restos de un pasado climático más húmedo.
El equipo, dirigido por Elizabeth Turtle, utilizó el Subsistema de Ciencia de Imágenes de la Cassini y observaron súbitos descensos en la luminosidad de la superficie cercana al ecuador de Titán después del estallido de una nube.
Los autores consideran varias explicaciones posibles para estos cambios, incluyendo tormentas de viento y volcanismo, pero concluyen que la lluvia de una gran tormenta de metano en la región es probablemente responsable del oscurecimiento observado.
Las observaciones de la Cassini de Titán, de entre 2004 y 2010, suponen sólo alrededor de una cuarta parte de un año de Titán, en concreto el verano avanzado en el sur y el inicio de la primavera en el norte. Además, los modelos atmosférico predicen tales tormentas cercanas al equinoccio.
De forma global, los descubrimientos sugieren que los canales secos observados en bajas latitudes de Titán podrían haber sido creados por las precipitaciones estacionales.
Fragmento - Todos sobre Zanzíbar
¿Qué sé ya de mis hermanos los seres humanos?
Presintió una recaída en su pánico del mediodía, sintiendo una necesidad desesperada de hablar con alguien para comprobar que realmente había más gente en el mundo, no sólo marionetas movidas por hilos intangibles. Se acercó al teléfono. Pero eso no serviría... sólo conversar con una imagen en una pantalla.
Quería ver y oír a desconocidos, asegurarse de que eran independientes de él mismo.
Respirando profundamente, se dirigió a la puerta del apartamento. Al cruzarla, se detuvo y se preguntó si se olvidaba algo; volvió al dormitorio y abrió un cajón en la parte baja del armario empotrado. Debajo de un montón de camisas de papel de usar y tirar encontró lo que buscaba: un chorrevólver, la pistola de gas con cargas de cartucho comercializada por TG bajo licencia de las Industrias Japonesas de Tokio, y una karanudillera.
Se preguntó si debía ponérsela, dándole vueltas entre las manos y examinándola con curiosidad mientras se decidía, porque realmente nunca la había mirado desde que la compró. De hecho era un guante sin palma fabricado con plástico sensible a los impactos, de aproximadamente tres milímetros de grosor. Al apretarlo, pincharlo, ponérselo o quitárselo, se mantenía flexible y casi tan suave como el cuero de calidad; golpeado contra una superficie resistente, cambiaba su comportamiento como por arte de magia y, mientras la parte interior seguía igual de suave con el fin de actuar como protección contra una posible raspadura, la capa exterior se volvía tan rígida como el acero.
Se la puso y se dio la vuelta, golpeando la pared con el puño. Se oyó un golpe sordo y se le quejaron los músculos del hombro y del brazo, pero la karanudillera reaccionó como se esperaba de ella. Pasaron varios segundos antes de que pudiera volver a estirar los dedos contra la resistencia del plástico que se iba aflojando.
En la caja en que la había comprado y guardado había un panfleto que mostraba con diagramas los diversos modos habituales de utilizarlas: toscamente, como acababa él de hacer, con el puño, o más delicadamente, utilizando el canto de la mano y las puntas de los dedos unidas. Leyó todo el texto atenta y ansiosamente hasta que de pronto se dio cuenta de que se estaba comportando precisamente del modo que quería evitar: como si estuviera preparándose para una misión en territorio enemigo. Se quitó la karanudillera y se la metió en el bolsillo junto con el chorrevólver.
Si sonara el teléfono y me encontrara con el Coronel en la pantalla, activándome y diciéndome que me presentara inmediatamente a cumplir con mi deber... me sentiría asi
y no puede ser cierto. Porque, si sólo el pensar en salir de noche me asusta de este modo, el ser activado me destrozaría en pedacitos.
Cerró la puerta con un cuidado consciente y se dirigió a los ascensores.
Todos sobre Zanzíbar, John Brunner
Presintió una recaída en su pánico del mediodía, sintiendo una necesidad desesperada de hablar con alguien para comprobar que realmente había más gente en el mundo, no sólo marionetas movidas por hilos intangibles. Se acercó al teléfono. Pero eso no serviría... sólo conversar con una imagen en una pantalla.
Quería ver y oír a desconocidos, asegurarse de que eran independientes de él mismo.
Respirando profundamente, se dirigió a la puerta del apartamento. Al cruzarla, se detuvo y se preguntó si se olvidaba algo; volvió al dormitorio y abrió un cajón en la parte baja del armario empotrado. Debajo de un montón de camisas de papel de usar y tirar encontró lo que buscaba: un chorrevólver, la pistola de gas con cargas de cartucho comercializada por TG bajo licencia de las Industrias Japonesas de Tokio, y una karanudillera.
Se preguntó si debía ponérsela, dándole vueltas entre las manos y examinándola con curiosidad mientras se decidía, porque realmente nunca la había mirado desde que la compró. De hecho era un guante sin palma fabricado con plástico sensible a los impactos, de aproximadamente tres milímetros de grosor. Al apretarlo, pincharlo, ponérselo o quitárselo, se mantenía flexible y casi tan suave como el cuero de calidad; golpeado contra una superficie resistente, cambiaba su comportamiento como por arte de magia y, mientras la parte interior seguía igual de suave con el fin de actuar como protección contra una posible raspadura, la capa exterior se volvía tan rígida como el acero.
Se la puso y se dio la vuelta, golpeando la pared con el puño. Se oyó un golpe sordo y se le quejaron los músculos del hombro y del brazo, pero la karanudillera reaccionó como se esperaba de ella. Pasaron varios segundos antes de que pudiera volver a estirar los dedos contra la resistencia del plástico que se iba aflojando.
En la caja en que la había comprado y guardado había un panfleto que mostraba con diagramas los diversos modos habituales de utilizarlas: toscamente, como acababa él de hacer, con el puño, o más delicadamente, utilizando el canto de la mano y las puntas de los dedos unidas. Leyó todo el texto atenta y ansiosamente hasta que de pronto se dio cuenta de que se estaba comportando precisamente del modo que quería evitar: como si estuviera preparándose para una misión en territorio enemigo. Se quitó la karanudillera y se la metió en el bolsillo junto con el chorrevólver.
Si sonara el teléfono y me encontrara con el Coronel en la pantalla, activándome y diciéndome que me presentara inmediatamente a cumplir con mi deber... me sentiría asi
y no puede ser cierto. Porque, si sólo el pensar en salir de noche me asusta de este modo, el ser activado me destrozaría en pedacitos.
Cerró la puerta con un cuidado consciente y se dirigió a los ascensores.
Todos sobre Zanzíbar, John Brunner
Fragmento - LA VENGANZA DE CHANUR
-Naur, Jimun y Schunan -murmuró Haral-. Los maravillosos patrones de Ehrran.
-Eso es justamente lo que ha ocurrido. Estábamos mucho mejor teniendo a Tahar como enemiga. Su clan estaba formado por una pandilla de bastardas, pero al menos eran bastardas que navegaban por el espacio. Lo que ahora tenemos es a las viejas sorbehuevos que nunca han salido del planeta, como Naur; y a esas viejas gordas les encantaría vernos de nuevo a todas con faldellines y sofhyn.
-Eso se refiere a mí -dijo Khym.
-Aguántate, Khym.
-Mira, si me hubiera quedado en Anuurn...
-Sí no hubiera sido por eso hubieran encontrado cualquier otra excusa. Hicimos que especies de otros mundos entraran en el sistema de Anuurn...
-...y sacamos de ahí a un macho.
LA VENGANZA DE CHANUR, C. J. CHERRYH
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La energía oculta de Hijitus
Un proyecto desarrollado en el INTI avanza hacia la construcción de pequeños generadores de energía eléctrica que funcionarán sin ningún combustible: aprovecharán diferencias realmente ínfimas en la fuerza gravitacional de la Tierra. Sucede que la atracción terrestre es ligerísimamente menor, pongamos, en el primer piso de una casa que en su planta baja, que está más cerca del centro de la tierra; esa variación minúscula se aprovechará –utilizando las mismas ecuaciones que se usan para diseñar aviones supersónicos– para acelerar el aire hasta una velocidad superior a cien kilómetros por hora, en el interior de un tubo de refinado diseño que no supera los cuatro metros de largo y que, grafican sus desarrolladores, “se parece al sombrero de Hijitus”. Cada dispositivo cuenta con una turbina que transforma ese aire en movimiento en energía eléctrica suficiente para proveer a cuatro casas de familia. El aparato podría funcionar indefinidamente, sólo con mantenimiento en sus partes móviles. Su utilidad social, según los diseñadores, es “proveer a muchas localidades del interior del país a las que el sistema interconectado nacional no llega suficientemente”.
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LOS PLANES ARGENTINOS DE EXPANSION ESPACIAL
El país tiene una larga tradición en cohetería. En la década del sesenta, un par de experiencias exitosas –un ratón viajó a bordo de un cohete Orión II, y un mono tripuló un cohete Rigel que alcanzó setenta kilómetros de altura– convirtió a la Argentina en uno de los cinco países del mundo que por entonces habían desarrollado experimentos biológicos en el espacio. Esas experiencias querían inaugurar una estrategia escalonada cuyo objetivo era el desarrollo de un lanzador satelital, y ya en 1971 la prensa publicaba que el país se preparaba para poner un satélite en órbita.
Con la infausta llegada del Proceso hubo recursos inéditos en materia de investigación espacial, pero los dos conflictos bélicos de la época hicieron que esa línea de cohetería con propósitos científicos se viera atravesada por otra distinta. Como recuerda el historiador Diego Hurtado de Mendoza en La ciencia argentina (un proyecto inconcluso), pocas semanas después de la rendición de Malvinas, en una reunión secreta de brigadieres y comodoros en la sede del comando de la Fuerza Aérea, se tomó la decisión de desarrollar un misil balístico de alcance medio, el Cóndor II, que podría transportar una cabeza explosiva de quinientos kilogramos a mil kilómetros de distancia.
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Con la infausta llegada del Proceso hubo recursos inéditos en materia de investigación espacial, pero los dos conflictos bélicos de la época hicieron que esa línea de cohetería con propósitos científicos se viera atravesada por otra distinta. Como recuerda el historiador Diego Hurtado de Mendoza en La ciencia argentina (un proyecto inconcluso), pocas semanas después de la rendición de Malvinas, en una reunión secreta de brigadieres y comodoros en la sede del comando de la Fuerza Aérea, se tomó la decisión de desarrollar un misil balístico de alcance medio, el Cóndor II, que podría transportar una cabeza explosiva de quinientos kilogramos a mil kilómetros de distancia.
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Fuego
Sabe que tiene que irse.
-Apure, profesor -llaman desde afuera.
-Ya voy. -Ajusta la lente del telescopio y sigue mirando. Contra el negro de la nada los rayos se descomponen en mil colores.
La luz. Siempre la misma y sin embargo distinta. El hombre la contempla con ojos de enamorado.
Y el calor.
Hasta ayer, con una toalla grande y gesto indiferente, secaba el sudor que corría por su cara, por su cuerpo. Hoy ya ha renunciado al intento de mantenerse seco. Al esfuerzo de tomar notas también.
-No queda mucho tiempo -insiste la misma voz, ya lejana.
Mira en derredor. Instrumentos de laboratorio y algunos efectos personales. Amados objetos que debe abandonar. El saxo de su padre. "Esta es una familia de músicos, el científico es nuestra oveja negra", bromeaba, orgulloso, el viejo. También está la pintura. Lara, preciosa como era. Viva.
Su equipaje ya ha sido cargado.
-Sólo lo imprescindible, profesor, menos, si puede. Usted comprende -él entiende perfectamente.
Las diez de la noche. Sale al horno que es la calle. Cierra con llave. ¿Para qué? Nadie se queda. En pocos días quedará nada.
Aún peor que la temperatura es el silencio. La ciudad ya ha sido evacuada. La ciudad y el mundo.
Quita el cerrojo que acaba de poner, abre la puerta, se sienta en el suelo bajo el marco.
Aguarda un rato.
De pronto, ciento veinte segundos de ruido ensordecedor. Luego, la más absoluta calma. La nave ha despegado en el horario previsto.
Pasan un par de perros, ahora sin dueño, desorientados.
Mira el cielo. En una hora, a los sumo dos, no será necesario el telescopio. Se podrá observar un bello espectáculo a simple vista.
El Sol continúa agigantándose.
No cree estar solo. En algún lugar del planeta habrá otro ser humano que, como él, haya decidido quedarse a esperar el amanecer en casa.
-Apure, profesor -llaman desde afuera.
-Ya voy. -Ajusta la lente del telescopio y sigue mirando. Contra el negro de la nada los rayos se descomponen en mil colores.
La luz. Siempre la misma y sin embargo distinta. El hombre la contempla con ojos de enamorado.
Y el calor.
Hasta ayer, con una toalla grande y gesto indiferente, secaba el sudor que corría por su cara, por su cuerpo. Hoy ya ha renunciado al intento de mantenerse seco. Al esfuerzo de tomar notas también.
-No queda mucho tiempo -insiste la misma voz, ya lejana.
Mira en derredor. Instrumentos de laboratorio y algunos efectos personales. Amados objetos que debe abandonar. El saxo de su padre. "Esta es una familia de músicos, el científico es nuestra oveja negra", bromeaba, orgulloso, el viejo. También está la pintura. Lara, preciosa como era. Viva.
Su equipaje ya ha sido cargado.
-Sólo lo imprescindible, profesor, menos, si puede. Usted comprende -él entiende perfectamente.
Las diez de la noche. Sale al horno que es la calle. Cierra con llave. ¿Para qué? Nadie se queda. En pocos días quedará nada.
Aún peor que la temperatura es el silencio. La ciudad ya ha sido evacuada. La ciudad y el mundo.
Quita el cerrojo que acaba de poner, abre la puerta, se sienta en el suelo bajo el marco.
Aguarda un rato.
De pronto, ciento veinte segundos de ruido ensordecedor. Luego, la más absoluta calma. La nave ha despegado en el horario previsto.
Pasan un par de perros, ahora sin dueño, desorientados.Mira el cielo. En una hora, a los sumo dos, no será necesario el telescopio. Se podrá observar un bello espectáculo a simple vista.
El Sol continúa agigantándose.
No cree estar solo. En algún lugar del planeta habrá otro ser humano que, como él, haya decidido quedarse a esperar el amanecer en casa.
50 años del primer hombre en el espacio
Se cumplen 50 años desde que el astronauta ruso Yuri Gagarin, se convirtiera en el primer ser humano que viajaba al espacio en una "gesta" que, según ha explicado el director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jean Jaques Dordain, sería "la impulsora de que el ser humano tenga actualmente un concepto de futuro global".
En 1961 Gagarin, con 27 años, se convirtió en el primer ser humano que viajó al espacio a bordo de la nave Vostok 1, una aventura de 108 minutos para la que el astronauta se había estado preparando de manera específica desde hacía un año. A pesar del entrenamiento, las autoridades soviéticas "no estaban del todo seguras de que Gagarin sobreviviera" al descenso, pero finalmente el astronauta aterrizaba sin problemas en Tajtarova (Siberia) tras salir despedido de la cápsula del Vostok.
Entre las anécdotas que se han comentado sobre esta hazaña está la de una campesina que se encontró a Gagarin tras su 'aterrizaje' y que le preguntó si venía del "espacio exterior" a lo que el ruso contestó "sí, pero no se alarme, soy soviético". Dordain ha confirmado también que el astronauta gritó "Poyekhali" ("Vamos"), nada más ponerse en órbita. Posteriormente comentó a los que le seguían a través del puesto de control: "veo la Tierra, que hermosa es".
De hecho, tras su experiencia en el espacio, el astronauta comenzó una campaña para proteger el planeta, ha explicado la ESA. "Dando vueltas a la Tierra en mi nave espacial orbital me maravillé de la belleza de nuestro planeta. Pueblos del mundo, protejamos y aumentemos esa belleza, no la destruyamos", declaró Gagarin a los medios.
El director general de la ESA ha señalado que la experiencia de Gagarin tiene un significado diferente 50 años después "cuando la mayoría de las agencias espaciales del mundo discuten una estrategia común para la exploración pacífica del espacio tanto tripulada como robótica, e investigan destinos del Sistema Solar donde los seres humanos podrían algún día vivir y trabajar".
En cuanto al futuro, Dordain señala que en los próximos 50 años los países tendrán "una mayor cooperación". "Vamos a salir, hacia la Luna o a Marte, juntos", ha concluido.
Por su parte, Gagarin nunca volvió al espacio. Después de una gira mundial para hablar sobre su experiencia regresó a su vida como astronauta del programa espacial ruso para preparase para el primer vuelo de la nueva nave Soyuz en 1967. Sin embargo, la ESA señala que pero los altos directivos lo dejaron en tierra porque no querían arriesgar la vida de un héroe de la Unión Soviética en otra misión peligrosa.
El astronauta perdió la vida durante un vuelo rutinario de entrenamiento el 27 de marzo de 1968, cuando su avión se estrelló y tanto él como su instructor fallecieron.
En 1961 Gagarin, con 27 años, se convirtió en el primer ser humano que viajó al espacio a bordo de la nave Vostok 1, una aventura de 108 minutos para la que el astronauta se había estado preparando de manera específica desde hacía un año. A pesar del entrenamiento, las autoridades soviéticas "no estaban del todo seguras de que Gagarin sobreviviera" al descenso, pero finalmente el astronauta aterrizaba sin problemas en Tajtarova (Siberia) tras salir despedido de la cápsula del Vostok.
Entre las anécdotas que se han comentado sobre esta hazaña está la de una campesina que se encontró a Gagarin tras su 'aterrizaje' y que le preguntó si venía del "espacio exterior" a lo que el ruso contestó "sí, pero no se alarme, soy soviético". Dordain ha confirmado también que el astronauta gritó "Poyekhali" ("Vamos"), nada más ponerse en órbita. Posteriormente comentó a los que le seguían a través del puesto de control: "veo la Tierra, que hermosa es".
De hecho, tras su experiencia en el espacio, el astronauta comenzó una campaña para proteger el planeta, ha explicado la ESA. "Dando vueltas a la Tierra en mi nave espacial orbital me maravillé de la belleza de nuestro planeta. Pueblos del mundo, protejamos y aumentemos esa belleza, no la destruyamos", declaró Gagarin a los medios.
El director general de la ESA ha señalado que la experiencia de Gagarin tiene un significado diferente 50 años después "cuando la mayoría de las agencias espaciales del mundo discuten una estrategia común para la exploración pacífica del espacio tanto tripulada como robótica, e investigan destinos del Sistema Solar donde los seres humanos podrían algún día vivir y trabajar".
En cuanto al futuro, Dordain señala que en los próximos 50 años los países tendrán "una mayor cooperación". "Vamos a salir, hacia la Luna o a Marte, juntos", ha concluido.
LA ESTELA DE GAGARIN
La hazaña de Gagarin provocó que la NASA se apresurara a poner un astronauta en el espacio y un mes después, en mayo de 1961, Alan Shepard se convirtió en el primer astronauta estadounidense en el espacio, aunque haciendo un vuelo balístico suborbital. Hasta el año siguiente no estuvo en órbita un astronauta americano, fue John Glenn el que dio la vuelta a la Tierra a bordo del Mercury Friendship (7 en febrero de 1962).Por su parte, Gagarin nunca volvió al espacio. Después de una gira mundial para hablar sobre su experiencia regresó a su vida como astronauta del programa espacial ruso para preparase para el primer vuelo de la nueva nave Soyuz en 1967. Sin embargo, la ESA señala que pero los altos directivos lo dejaron en tierra porque no querían arriesgar la vida de un héroe de la Unión Soviética en otra misión peligrosa.
El astronauta perdió la vida durante un vuelo rutinario de entrenamiento el 27 de marzo de 1968, cuando su avión se estrelló y tanto él como su instructor fallecieron.
EE UU y Rusia planean para ir a Marte un transbordador atómico
Rusia y Estados Unidos trabajarán conjuntamente en la construcción de un nuevo transbordador espacial propulsado con energía atómica. Sería imprescindible en vuelos de larga duración a la Luna, Marte u otros planetas. Así lo acaba de anunciar el director de la agencia espacial rusa (Roskosmos), Anatoli Perminov, en el cosmódromo kazajo de Baikonur.
«Un vuelo a Marte con los actuales propulsores requeriría demasiado tiempo», afirmó Perminov. Según sus palabras, en el proyecto participarán, no sólo Rusia y EEUU, sino también «países dotados de un alto nivel tecnológico en el desarrollo de reactores» tales como Alemania, China, Francia y Japón. El máximo responsable de Roskosmos no incluyó a España, pese a estar también entre los países punteros en el sector nuclear.
El calendario elaborado inicialmente prevé que el diseño de la turbina espacial atómica esté concluido en 2012 y que la primera nave salga de la factoría en 2019. El proyecto tendrá un coste aproximado de 17.000 millones de rublos (unos 425 millones de euros).
Las conversaciones para negociar todos los aspectos entre Roskosmos y la NASA comenzarán el próximo 15 de abril. La agencia espacial estadounidense ha propuesto además que este año se celebre en Moscú una gran conferencia sobre la utilización de la energía nuclear en el espacio.
En la década de los 60, Mstislav Kéldish, Ígor Kurchátov y Serguéi Koroliov ya desarrollaron un programa para la utilización de la energía atómica en el cosmos. Se construyeron satélites espías para localizar submarinos con pequeños motores nucleares de baja potencia. Tenían una autonomía de un año nada más y se decidió después prohibir su utilización por razones de seguridad.
Esta vez, subrayó Perminov, «se trata de crear propulsores mucho más potentes, capaces de recorrer grandes distancias». El director de Roskosmos lanzó la idea en octubre de 2009 argumentando que la exploración de Marte y la instalación de una base permanente en la Luna no podrán realizarse sin el concurso de la energía atómica. Lo primero que habrá que hacer ahora será levantar la prohibición existente sobre el empleo en el espacio de ingenios nucleares.
Fragmento - LA AVENTURA DE CHANUR
-Calma -sintió que Tully estaba temblando y le dio una palmadita en la pierna mientras se volvía hacia el-. Estás a salvo, Tully, todo va bien -el traductor había dejado de funcionar hacía unos minutos, al salir de su radio de alcance, pero Tully era capaz de entender algunas palabras por sí solo-. Estás a salvo, ¿me has
entendido?
Tully asintió, mirándola como si en realidad fuera incapaz de verla. Sus dedos sujetaban firmemente la bolsa de plástico y tanto Hilfy como Chur habían pegado sus cuerpos al de Tully, lo máximo posible, para mantenerle caliente. El relámpago blanquecino emitido por la luz del vehículo iluminaba la palidez de su piel y su
cabello descolorido, convirtiendo sus movimientos nerviosos en algo irreal.
-Yo... -empezó a decir y entonces el vehículo giró bruscamente, oscilando, y les lanzó a todos hacia la izquierda y hacia adelante. Fue tan brusco que la parte trasera del vehículo que las escoltaba llenó todo el campo visual de Hilfy, en tanto que el conductor mahendo'sat luchaba con el volante y los guardias alzaban los brazos para protegerse del impacto. El vehículo giró, patinando, perdido el control y un segundo después se estrelló, como dotado de una perversa voluntad propia, contra el primer vehículo. Luego salió despedido con un chirrido metálico y siguió patinando mientras una rueda era arrancada del eje y daba vueltas sobre las planchas del suelo. Todo se volvió confuso y de pronto se oyó un aullido en el asiento de los mahendo'sat y fue como si un puño les golpeara. El respaldo del asiento voló hacia el rostro de Hilfy y ella extendió la mano hacia Tully justo cuando su cabeza golpeaba el acolchado asiento, el eco de la explosión agitaba todavía el aire y el vehículo oscilaba y, recibía un nuevo impacto.
-¡Están disparando! -gritó Chur y ese grito hizo que la realidad penetrara de nuevo en el cerebro de Hilfy y sus dedos engarfiados se arrastraron hacia el arma que tenía en el bolsillo. Sentía el brazo entumecido, hasta la altura del codo, a causa de un golpe que había recibido durante las oscilaciones y sacudidas del vehículo. Ahora se habían detenido. La ventanilla delantera estaba hecha pedazos, el conductor se había derrumbado sobre el panel de control pero los dos guardias seguían vivos. -¡Quédate dentro! -estaba gritando Chur desde el otro lado, mientras un guardia luchaba para abrir la portezuela. Algo golpeó el vehículo y una flor de fuego desplegó sus pétalos al otro lado de la ventanilla. Hilfy logró sacar por fin el arma cuando una humareda
plateada penetraba por la portezuela con un acre aroma de ozono. La puerta, en posición manual, se abrió lentamente y luego volvió a cerrarse tras haber dejado entrar una buena dosis de humo. El mahe cayó a! suelo entre una salva de disparos y la humareda le hizo invisible. Su compañero disparó desde el interior del vehículo y algo les golpeó de nuevo, hubo otra flor de fuego y un estruendo ensordecedor.
-¡Hilfy! -Tully tiraba de ella mientras desde e! otro lado, le llegaba un soplo de aire fresco. Chur había logrado abrir la portezuela por el lado que no estaba expuesto al fuego y había salido del vehículo. Hilfy miró fugazmente hacia el otro lado y empezó a disparar una y otra vez hacia el confuso remolino de negras capas kif que distinguía entre el humo, pensando a cada disparo que después de acabar con ellos saldría de! vehículo.
De pronto, unas manos la agarraron por la cintura de los pantalones y tiraron de ella. Lo hacían con tal fuerza que la arrastraron por encima del asiento, mientras seguía disparando. Un brazo le rodeó la cintura y la hizo salir por la portezuela. Logró disparar un par de veces más. Tully intentó llevarla en brazos, pero Hilfy se liberó con un manotazo, se puso en pie y echó a correr, con Tully al lado y Chur...
Otra explosión junto a ella y se encontró volando por los aires. Las placas metálicas del suelo parecieron materializarse repentinamente bajo sus manos y su rostro. Algo muy pesado cayó sobre ella y se quedó inmóvil.
LA AVENTURA DE CHANUR, C. J. CHERRYH
entendido?
Tully asintió, mirándola como si en realidad fuera incapaz de verla. Sus dedos sujetaban firmemente la bolsa de plástico y tanto Hilfy como Chur habían pegado sus cuerpos al de Tully, lo máximo posible, para mantenerle caliente. El relámpago blanquecino emitido por la luz del vehículo iluminaba la palidez de su piel y su
cabello descolorido, convirtiendo sus movimientos nerviosos en algo irreal.
-Yo... -empezó a decir y entonces el vehículo giró bruscamente, oscilando, y les lanzó a todos hacia la izquierda y hacia adelante. Fue tan brusco que la parte trasera del vehículo que las escoltaba llenó todo el campo visual de Hilfy, en tanto que el conductor mahendo'sat luchaba con el volante y los guardias alzaban los brazos para protegerse del impacto. El vehículo giró, patinando, perdido el control y un segundo después se estrelló, como dotado de una perversa voluntad propia, contra el primer vehículo. Luego salió despedido con un chirrido metálico y siguió patinando mientras una rueda era arrancada del eje y daba vueltas sobre las planchas del suelo. Todo se volvió confuso y de pronto se oyó un aullido en el asiento de los mahendo'sat y fue como si un puño les golpeara. El respaldo del asiento voló hacia el rostro de Hilfy y ella extendió la mano hacia Tully justo cuando su cabeza golpeaba el acolchado asiento, el eco de la explosión agitaba todavía el aire y el vehículo oscilaba y, recibía un nuevo impacto.
-¡Están disparando! -gritó Chur y ese grito hizo que la realidad penetrara de nuevo en el cerebro de Hilfy y sus dedos engarfiados se arrastraron hacia el arma que tenía en el bolsillo. Sentía el brazo entumecido, hasta la altura del codo, a causa de un golpe que había recibido durante las oscilaciones y sacudidas del vehículo. Ahora se habían detenido. La ventanilla delantera estaba hecha pedazos, el conductor se había derrumbado sobre el panel de control pero los dos guardias seguían vivos. -¡Quédate dentro! -estaba gritando Chur desde el otro lado, mientras un guardia luchaba para abrir la portezuela. Algo golpeó el vehículo y una flor de fuego desplegó sus pétalos al otro lado de la ventanilla. Hilfy logró sacar por fin el arma cuando una humareda
plateada penetraba por la portezuela con un acre aroma de ozono. La puerta, en posición manual, se abrió lentamente y luego volvió a cerrarse tras haber dejado entrar una buena dosis de humo. El mahe cayó a! suelo entre una salva de disparos y la humareda le hizo invisible. Su compañero disparó desde el interior del vehículo y algo les golpeó de nuevo, hubo otra flor de fuego y un estruendo ensordecedor.
-¡Hilfy! -Tully tiraba de ella mientras desde e! otro lado, le llegaba un soplo de aire fresco. Chur había logrado abrir la portezuela por el lado que no estaba expuesto al fuego y había salido del vehículo. Hilfy miró fugazmente hacia el otro lado y empezó a disparar una y otra vez hacia el confuso remolino de negras capas kif que distinguía entre el humo, pensando a cada disparo que después de acabar con ellos saldría de! vehículo.
De pronto, unas manos la agarraron por la cintura de los pantalones y tiraron de ella. Lo hacían con tal fuerza que la arrastraron por encima del asiento, mientras seguía disparando. Un brazo le rodeó la cintura y la hizo salir por la portezuela. Logró disparar un par de veces más. Tully intentó llevarla en brazos, pero Hilfy se liberó con un manotazo, se puso en pie y echó a correr, con Tully al lado y Chur...
Otra explosión junto a ella y se encontró volando por los aires. Las placas metálicas del suelo parecieron materializarse repentinamente bajo sus manos y su rostro. Algo muy pesado cayó sobre ella y se quedó inmóvil.
LA AVENTURA DE CHANUR, C. J. CHERRYH
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Fragmento - CÁNTICO POR LEIBOWITZ
«Y así fue en aquellos días», dijo el hermano lector: Que los príncipes de la Tierra habían endurecido sus corazones contra la Ley del Señor y su orgullo no tenía fin. Y cada uno pensó para sí que era mejor que todo fuese destruido que permitir que la voluntad de otro príncipe prevaleciese sobre la suya. Porque los poderosos de la Tierra contendían entre ellos sobre todo por el poder supremo. Por medio del robo, la traición y el engaño buscaban gobernar y temían mucho la guerra y temblaban; porque el Señor Dios les había permitido a los sabios de aquella época aprender los medios con los cuales el mundo podía ser destruido, y en sus manos había sido depositada la espada del arcángel con la cual Lucifer había sido expulsado. Aquellos hombres y príncipes podían temer a Dios y humillarse ante el Altísimo. Pero no eran humildes. Y Satanás habló con cierto príncipe diciendo: «No temas emplear la espada, porque los hombres sabios te han engañado al decir que el mundo sería destruido por ella. No escuches el consejo de los débiles, porque te temen excesivamente y sirven a tus enemigos al frenar tu mano en contra de ellos. Ataca y gobernarás sobre todas las cosas». Y el príncipe prestó atención a la palabra de Satanás, hizo llamar a todos los hombres sabios de aquel reino, y les pidió que le indicasen los medios con que el enemigo podía ser destruido sin atraer la ira sobre su propio reino. Pero la mayoría de los hombres sabios dijeron: «Señor, no es posible, porque vuestros enemigos también tienen la espada con que os hemos armado y su fiereza es como la llama del infierno y como la furia de la estrella solar en la que fue encendida». «Entonces me fabricaréis un arma que sea siete veces más ardiente que el propio infierno», ordenó el príncipe, cuya arrogancia era ya superior a la de los faraones. Y muchos de ellos dijeron: «No, señor, no nos pidáis esto; porque hasta el humo de un fuego como éste, si lo obtuviésemos para ti, haría perecer a muchos». Aquella respuesta enfureció al príncipe, sospechó que le traicionaban y colocó espías entre ellos para tentarlos y desafiarlos; debido a ello los sabios se asustaron. Algunos cambiaron sus respuestas, para que su ira no fuese invocada en contra suya. Tres veces lo preguntó y tres veces contestaron: «No, señor, hasta los vuestros morirán si hacéis tal cosa». Pero uno de los magos era como judas Iscariote, y su testimonio fue falso, y habiendo traicionado a sus hermanos, les mintió a todos, aconsejando no temer al demonio del Fallout. El príncipe prestó atención a este sabio falso, cuyo nombre era Blackeneth y envió espías para acusar a varios de los magos ante el pueblo. Asustados, los menos sabios entre los magos aconsejaron al príncipe, complaciendo su capricho, diciendo: «Las armas pueden ser empleadas, pero no os excedáis de tales y tales límites o moriremos todos». Y el príncipe asoló las ciudades de sus enemigos con el nuevo fuego, y durante tres días y tres noches sus grandes catapultas y pájaros metálicos lanzaron la ira sobre ellas. Sobre cada ciudad apareció un sol más brillante que el del cielo e inmediatamente aquella ciudad palideció y se fundió como la cera bajo la antorcha, y sus habitantes se detuvieron en las calles y su piel humeó y se convirtieron en haces lanzados sobre carbones. Y cuando la furia del sol hubo disminuido, la ciudad estaba en llamas; y un gran trueno bajó del cielo, como el gran ariete de batir PIK—A—DON, para aplastarla totalmente. Humos venenosos cayeron sobre toda la Tierra, y la Tierra brillaba en la noche con las brasas. La maldición de las brasas formó una costra en la piel e hizo que el cabello cayese y que la sangre muriese en las venas. Y una gran peste fue por la Tierra y hasta por el cielo. Como en Sodoma y Gomorra fue la tierra y las ruinas de aquello, aun en la tierra de ese cierto príncipe, porque sus enemigos no negaron su venganza, enviando el fuego a su vez para sumergir sus ciudades como lo habían sido las de ellos. La peste de la carnicería fue excesivamente ofensiva para el Señor, quien habló al príncipe, Nombre, diciendo: «¿Qué ofrenda de fuego es esta que has preparado ante mi? ¿Qué es este sabor que se alza del lugar del holocausto? ¿Me has ofrecido un holocausto de corderos o cabras, o le has ofrecido un becerro a Dios?». Pero el príncipe no le contestó y Dios dijo: «Me has ofrecido a mis hijos en holocausto». Y el Señor le quitó la vida junto con la de Blackeneth, el traidor, y hubo pestilencia en la Tierra, y la locura se posesionó de la humanidad, que lapidó a los sabios junto a los poderosos que aún habían quedado con vida. CÁNTICO POR LEIBOWITZ, Walter M. Miller
Misión Marte en Marambio
La misión “Marte en Marambio”, liderada por el investigador espacial argentino Pablo Gabriel de León ya es un éxito. Desde ayer, científicos de la NASA, acompañados de técnicos e investigadores de Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica (INMAE) y de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), llevan adelante dicha misión en el territorio antártico argentino.
Por primera vez, un traje espacial llegará a la Antártida; se trata del NDX-1, diseñado por Pablo de León, Investigador Principal de NASA y Director del Laboratorio de Vuelos Espaciales Tripulados de la Universidad de North Dakota.
“El NDX-1 ha pasado por diferentes pruebas en condiciones de simulación similares a las del planeta rojo; ahora hemos elegido el continente antártico por su ambiente similar al planeta Marte” - explica de León, quien dirige las pruebas.
“La Antártida es uno de los últimos lugares del planeta que han sido minimamente modificados por el hombre. Sumado a esto la temperatura, los vientos y la sequedad de la atmósfera, el continente antártico se convierte en el lugar ideal para realizar este tipo de experimentación”.
Como parte del Programa NASA-ASTEP (Astrobiology, Science and Technology for Exploring Planets) y en misión del Centro Espacial AMES de la NASA, se trabajará para perfeccionar un mecanismo que permita la toma de muestras estériles, reduciendo al mínimo la denominada cross-contamination.
En este sentido, el equipo de científicos se encuentra realizando una serie de pruebas con el traje de exploración planetaria NDX-1; en que ensayarán tareas que los astronautas deberán realizar durante futuras misiones tripuladas al planeta Marte.
De León se encuentra acompañado por Jon Rask, Científico Senior, y la Dra. Margarita Marinova, Científica Planetaria, ambos pertenecientes al Centro Espacial NASA Ames, en California.
Marte es uno de los planetas del sistema solar que posee condiciones similares a la Tierra, de esta manera, las misiones tripuladas tendrán como uno de sus objetivos investigar la posibilidad de vida, la existencia de microorganismos o restos fósiles.
La localización de la Base Vicecomodoro Marambio en el extremo Norte del continente, permite la búsqueda de vestigios de vida, dado que se puede acceder directamente al suelo, obteniendo muestras que han permanecido sin contaminación durante decenas de miles de años.
La Misión Marte en Marambio, es un proyecto que llevó más de un año de preparativos entre la NASA, la Universidad de North Dakota, la Fuerza Aérea Argentina y otros organismos.
Pablo de León es un investigador argentino, radicado en Estados unidos, quien lleva más de 20 años dedicado a la labor espacial. Periódicamente regresa a nuestro país y a través de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial -entidad privada, sin fines de lucro- promueve el desarrollo de la ciencia y tecnología; actividades que se desarrollan sin apoyo, ni subsidio de entes gubernamentales. Entre estas actividades se encuentra la organización del Congreso Argentino de Tecnología Espacial, cuya sexta edición se realizará en la provincia de San Luís en mayo de este año.
Por primera vez, un traje espacial llegará a la Antártida; se trata del NDX-1, diseñado por Pablo de León, Investigador Principal de NASA y Director del Laboratorio de Vuelos Espaciales Tripulados de la Universidad de North Dakota.
“El NDX-1 ha pasado por diferentes pruebas en condiciones de simulación similares a las del planeta rojo; ahora hemos elegido el continente antártico por su ambiente similar al planeta Marte” - explica de León, quien dirige las pruebas.
“La Antártida es uno de los últimos lugares del planeta que han sido minimamente modificados por el hombre. Sumado a esto la temperatura, los vientos y la sequedad de la atmósfera, el continente antártico se convierte en el lugar ideal para realizar este tipo de experimentación”.
Como parte del Programa NASA-ASTEP (Astrobiology, Science and Technology for Exploring Planets) y en misión del Centro Espacial AMES de la NASA, se trabajará para perfeccionar un mecanismo que permita la toma de muestras estériles, reduciendo al mínimo la denominada cross-contamination.
En este sentido, el equipo de científicos se encuentra realizando una serie de pruebas con el traje de exploración planetaria NDX-1; en que ensayarán tareas que los astronautas deberán realizar durante futuras misiones tripuladas al planeta Marte.
De León se encuentra acompañado por Jon Rask, Científico Senior, y la Dra. Margarita Marinova, Científica Planetaria, ambos pertenecientes al Centro Espacial NASA Ames, en California.
Marte es uno de los planetas del sistema solar que posee condiciones similares a la Tierra, de esta manera, las misiones tripuladas tendrán como uno de sus objetivos investigar la posibilidad de vida, la existencia de microorganismos o restos fósiles.
La localización de la Base Vicecomodoro Marambio en el extremo Norte del continente, permite la búsqueda de vestigios de vida, dado que se puede acceder directamente al suelo, obteniendo muestras que han permanecido sin contaminación durante decenas de miles de años.
La Misión Marte en Marambio, es un proyecto que llevó más de un año de preparativos entre la NASA, la Universidad de North Dakota, la Fuerza Aérea Argentina y otros organismos.
Pablo de León es un investigador argentino, radicado en Estados unidos, quien lleva más de 20 años dedicado a la labor espacial. Periódicamente regresa a nuestro país y a través de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial -entidad privada, sin fines de lucro- promueve el desarrollo de la ciencia y tecnología; actividades que se desarrollan sin apoyo, ni subsidio de entes gubernamentales. Entre estas actividades se encuentra la organización del Congreso Argentino de Tecnología Espacial, cuya sexta edición se realizará en la provincia de San Luís en mayo de este año.
Fragmento - El Orgullo de Chanur
Su primer golpe, fruto de la sorpresa, habría dejado algo aturdido a un hani, pero la piel sin vello del intruso se desgarró como si fuera de papel y éste, más alto que ella, la rebasó tambaleándose. Dio la vuelta en el final de la rampa curvada y, patinando a causa del impulso de su carrera, se coló de un salto en la nave, dejando sangre a su paso y marcando con la huella de una mano ensangrentada la blanca pared de plástico.
Pyanfar, boquiabierta y más que enfadada, se lanzó tras él arañando con las garras las placas del suelo para no patinar.
-¡Hilfy! -gritó a plena potencia. Hilfy, su sobrina, estaba antes en el pasillo inferior. Pyanfar llegó hasta la esclusa y, con un golpe brusco en el panel de comunicaciones, se puso en contacto con todos los puestos de la nave-. ¡Alerta! ¡Hilfy! ¡Llamada a toda la tripulación! Algo se ha metido en la nave. Enciérrate en el compartimiento más cercano y llama a la tripulación.
Abrió con un golpe seco el panel que había junto a la unidad de comunicaciones, agarró una pistola y partió a la caza del intruso. El seguirlo no era ningún problema, dado el rastro de manchas rojas que había dejado en el blanco suelo. El rastro torcía a la izquierda en la primera encrucijada de corredores, y no se veía a nadie: el intruso debía de haberse desviado nuevamente a la izquierda, siguiendo la forma del cuadrado de pasillos que circundaba las cubiertas de los ascensores. Pyanfar siguió corriendo y oyó un grito procedente de esa intersección de corredores. Apretó el paso; /Hilfy! Rebasó la esquina a toda velocidad y frenó de golpe para encontrarse con la imagen, como congelada, del intruso con su espalda lampiña por la que corrían riachuelos rojizos y de Hilfy Chanur, defendiendo el corredor vacío sin más armas que sus garras y su osadía de adolescente.
-¡Idiota! -le dijo Pyanfar a Hilfy con un bufido y el intruso se volvió como un rayo hacia ella. Ahora lo tenía mucho más cerca que antes: su cuerpo se quedó encogido, como a punto de saltar, al ver el arma que Pyanfar sostenía con las dos manos apuntándole. Quizá fuera lo bastante inteligente como para no arremeter contra un arma; quizá... pero eso le haría revolverse contra Hilfy, que seguía inmóvil y desarmada detrás del intruso. Pyanfar se dispuso a hacer fuego al menor movimiento de éste.
El intruso seguía agazapado, el cuerpo tenso, jadeando a causa de la carrera y sus heridas.
-Sal de ahí -le dijo Pyanfar a Hilfy-, retrocede.
El intruso había trabado ya conocimiento con las garras hani y ahora acababa de conocer sus armas, pero sus acciones seguían siendo imprevisibles. Hilfy, un manchón confuso en el límite de su campo visual, centrado por completo en el intruso, permanecía tozudamente inmóvil.
-¡Muévete! -gritó Pyanfar.
Y el intruso gritó igualmente, con un rugido que a punto estuvo de ganarle un disparo. Con el cuerpo ya erguido, se llevó la mano por dos veces al pecho en un gesto desafiante. ¡Venga, dispara!, parecía invitarle.
Eso intrigó a Pyanfar. El intruso no era nada atractivo: una revuelta melena dorada, barba del mismo color y un poco de vello en el pecho, tan escaso que casi resultaba invisible, bajando en una línea decreciente hasta su vientre que subía y bajaba velozmente impulsado por sus jadeos y desvaneciéndose por fin en lo que indudablemente era tela, aunque reducida a tal estado de harapo como para ser casi inexistente y tan ennegrecida por la suciedad que apenas se la distinguía de su piel lampiña. El olor del intruso era agrio pero...
Ese modo de comportarse, la invitación al enemigo hecha por sus ojos llameantes... sí, eso merecía ser meditado. Conocía las armas; llevaba encima un pedazo de tela; sabía trazar su territorio y estaba decidido a defenderlo. Quizá fuera un macho: en sus ojos había esa expresión tozuda y atolondrada típica de ellos.
-¿Quién eres? -le preguntó Pyanfar, pronunciando lentamente las palabras y usando varios lenguajes en sucesión, incluyendo el kif. El intruso no dio señales de entender ninguno de ellos-. ¿Quién? -le repitió.
De pronto el intruso se agachó con una mueca huraña hasta tocar el suelo y con un dedo, provisto de una gruesa uña, empezó a escribir con su propia sangre, profusamente esparcida alrededor de sus pies descalzos. Trazó una hilera de símbolos, diez en total, y luego otra que empezaba con el primer símbolo precedido por el segundo, luego el segundo con el segundo, el segundo con el tercero... escribía con gestos pacientes y cada vez más absortos en su tarea pese a los crecientes temblores de su mano, mojando el dedo en la sangre y escribiendo, como un loco incapaz de abandonar algo que ha empezado.
-¿Qué está haciendo? -preguntó Hilfy, que no podía verlo dada su posición.
-Es un sistema de escritura, probablemente algún tipo de notación por cifras. No se trata de un animal, sobrina.
Al oír el intercambio de palabras el intruso alzó los ojos... y se levantó con una brusquedad que resultó excesiva después de su pérdida de sangre, Sus ojos se vidriaron y con una expresión desesperada el intruso se derrumbó sobre el charco de sangre y los signos que había trazado, resbalando sobre ellos cada vez que intentaba levantarse de nuevo.
-Llama a la tripulación -dijo Pyanfar con voz calmada, y esta vez Hilfy se apresuró a obedecerla. Pyanfar se quedó donde estaba, pistola en mano, hasta que Hilfy hubo desaparecido por el corredor y luego, asegurándose bien de que nadie la veía faltar de tal modo a su dignidad, se inclinó sobre el intruso dejando descansar el arma, aún agarrada con las dos manos, entre sus rodillas. El intruso seguía debatiéndose y finalmente logró apoyar su espalda ensangrentada en la pared, apretándose con el codo la herida del flanco de la que brotaba mayor cantidad de sangre. Aunque algo extraviados, sus ojos, de un azul claro, no parecían haber perdido el sentido de lo real y la observaban, cautelosos, con lo que en su situación parecía un cinismo irracional.
-¿Hablas kif? -le preguntó de nuevo Pyanfar. Un fugaz centelleo en sus ojos, lo cual podía significar cualquier cosa, pero ni una palabra. Su cuerpo empezó a temblar violentamente con los primeros efectos de un shock por hemorragia. Su piel carente de vello se estaba cubriendo de sudor, Pero el intruso no apartaba los ojos de ella.
Ruido de pasos en los corredores. Pyanfar se incorporó rápidamente, no deseando que nadie le viera en tal posición junto al intruso. Hilfy apareció por un pasillo a toda velocidad y en dirección opuesta, al mismo tiempo, llegó la tripulación. Pyanfar se apartó unos pasos al verlas y el intruso intentó moverse sin demasiado éxito. Varias manos se apoderaron de él rápidamente y lo arrastraron sobre el charco de sangre. Lanzó un grito, intentando luchar, pero no tardaron en darle la vuelta y aturdirle de un golpe.
-¡Con suavidad! -gritó Pyanfar, pero ya no era necesario, Le ataron los brazos a la espalda con un cinturón y luego otro le rodeó los tobillos, apartándose luego de él con el pelaje tan ensangrentado como el cuerpo del intruso, que seguía removiéndose lentamente-. No le hagáis más daño -dijo Pyanfar-. Lo quiero limpio, naturalmente. Dadle agua y comida y curadle, pero que esté bien encerrado. Id preparando alguna explicación de cómo logró darse de bruces conmigo en la rampa y si alguien habla de esto fuera de la nave, aunque sólo sea una palabra, me encargaré de vender la a los kif.
-Capitana... -murmuraron, agachando las orejas en deferencia. Eran sus primas en segundo y tercer grado: dos parejas de hermanas, una grande y una pequeña, y las cuatro estaban igualmente apenadas.
-¡Fuera! -les dijo. Cogieron al intruso por el cinturón que le ataba los brazos y se dispusieron a llevárselo a rastras-. ¡Con cuidado! -siseó Pyanfar, y su transporte fue algo menos brusco-. Y tú... -le dijo después Pyanfar a Hilfy, la hija de su hermana, mientras que ésta agachaba las orejas y apartaba el rostro de corta melena en el que ya empezaba a despuntar la barba de una adolescente, con cierta expresión de mártir-. Si desobedeces otra orden mía te enviaré de vuelta a casa con la melena afeitada. ¿Me has entendido?
Hilfy le hizo una reverencia con el debido aire de contrición.
El Orgullo de Chanur, C.J.Cherryh
EXTINCIÓN INMINENTE
Desde niño mostró una especial sensibilidad por los seres delicados y dignos que poblaban los relatos ilustrados de su solitaria infancia. Unicornios, sirenas, dragones y centauros suplieron el bullicio propio de las familias numerosas y fueron una inmejorable compañía para el único hijo de la familia Costa-Formiga.
Más tarde se interesó por los dinosaurios y conoció a los habitantes de las más remotas mitologías. Fue creciendo mientras su biblioteca se expandía como una ameba que extiende sus seudópodos, y él se dejó fagocitar, encantado por las historias sobre otros universos que le envolvían y ocupaban todos los rincones de su alma. Es comprensible, pues, que sus parientes se sorprendieran cuando se enteraron que quería ingresar en la Facultad de Biología. Al principio lo tomaron como otra de sus muchas excentricidades, pero tras recapacitar unos segundos concluyeron que, una vez agotado el tema de los seres fantásticos, no estaba de más que dejase entrar en su cabeza un poco de realidad. Inmediatamente siguieron con sus ocupaciones.
Se especializó en zoología, y se dedicó con pasión a la desagradecida tarea de catalogar y recuperar insólitas especies de ranas, tortugas, tritones, insectos y simios abocados a una inminente extinción.
Compaginó, durante casi cincuenta años, la alta investigación en dinámica de ecosistemas con la divulgación pragmática (y en ocasiones oportunista) de los efectos devastadores de tanta desaparición. Aunque con su empeño logró prolongar unos años la presencia en la tierra de algunos de los animales, la larga lista prendida en la pared de su despacho iba disminuyendo, y muchas de las especies a las que trató de salvar desaparecieron definitivamente a lo largo de su dilatada y prestigiosa carrera. Cada vez que había una baja en la lista, el doctor Costa-Formiga colgaba una fotografía del animal extinguido en una vitrina en la que, a modo de mausoleo, posaban los animales que no pudieron ser.
No había día en el que no se avergonzara de pertenecer a una especie tan depredadora y codiciosa como la suya. Cada fotografía que accedía a la vitrina era una inyección de adrenalina que impulsaba al doctor a investigar más a fondo los factores de estrés en los sistemas naturales, a escribir más artículos, a participar en más foros internacionales y a viajar allá donde su presencia fuera requerida. La rabia actuó como el acicate más potente contra cualquier atisbo de pereza y le convirtió —sin él quererlo— en la mayor eminencia del mundo sobre animales en peligro de extinción. Solamente en su vejez —cuando la vitrina ya tenía demasiadas capas de fotografías y apenas recordaba el aspecto de los primeros animales que colocó— esa rabia dio paso a una creciente melancolía.
La Academia de las Ciencias quiso concederle, cuando ya era un anciano y él mismo podía ser considerado un ser en peligro de desaparición, el máximo galardón en reconocimiento a una vida dedicada a la ciencia y a la conservación de la biodiversidad del planeta.
Lo podemos ver, frágil y hermoso como una pieza de porcelana, acercándose con paso lento al estrado para leer el discurso de agradecimiento. La palidez de su piel casi transparente contrasta con el terciopelo azulado de su frac.
El anciano se detiene ante el micrófono y, sin prisas, observa a la audiencia. No puede evitar una sonrisa al pensar en un gran arrecife repleto de focas monje. Los miembros de la Academia, los científicos y las demás autoridades también sonríen, ayudándole a visualizar la imagen al enseñar levemente los colmillos.
Tras un suave carraspeo comienza a leer el discurso, con mano temblorosa pero voz firme. Un discurso corto pero ancho, tan ancho que caben todos.
Tras dar las gracias por el premio empiezan a desfilar por entre sus palabras una larga procesión de seres que ya no existen. Nombra, como si fuera un segundo Noé tratando de llenar su arca, a los animales que querría llevarse con él. Los llama por su nombre y ellos, sumisos, entran en la sala y la recorren.
En primer lugar un recuerdo emocionado y en clave de vergonzosa disculpa para algunos de los últimos expulsados: el delfín de río chino y el coqui dorado.
A continuación, un réquiem en memoria de los ya casi legendarios bisontes, dodos y tigres de Tasmania. También menciona en voz baja —para evitar que se acerquen y desbaraten la comida de gala— a dinosaurios y mamuts.
Por último —y con la libertad que otorga el no tener ya nada más que perder— un gutural y lacerante reclamo sale de su garganta.
Se oye un extraño rumor de pasos y batir de alas que crece desde el suelo. Una legión de sirenas, faunos, dragones y arpías se deslizan por entre los comensales para acudir gozosos a su llamada y rodearle. Un minotauro y un Yeti clausuran el desfile.
Para cerrar el discurso ninguna mención a la universidad, a los políticos ni a los investigadores que le escuchan con los colmillos ahora escondidos y los ojos muy abiertos. Solamente una caricia en el hocico del unicornio que se ha sentado a su izquierda.
EXTINCIÓN INMINENTE - Paz Monserrat Revillo
Más tarde se interesó por los dinosaurios y conoció a los habitantes de las más remotas mitologías. Fue creciendo mientras su biblioteca se expandía como una ameba que extiende sus seudópodos, y él se dejó fagocitar, encantado por las historias sobre otros universos que le envolvían y ocupaban todos los rincones de su alma. Es comprensible, pues, que sus parientes se sorprendieran cuando se enteraron que quería ingresar en la Facultad de Biología. Al principio lo tomaron como otra de sus muchas excentricidades, pero tras recapacitar unos segundos concluyeron que, una vez agotado el tema de los seres fantásticos, no estaba de más que dejase entrar en su cabeza un poco de realidad. Inmediatamente siguieron con sus ocupaciones.
Se especializó en zoología, y se dedicó con pasión a la desagradecida tarea de catalogar y recuperar insólitas especies de ranas, tortugas, tritones, insectos y simios abocados a una inminente extinción.
Compaginó, durante casi cincuenta años, la alta investigación en dinámica de ecosistemas con la divulgación pragmática (y en ocasiones oportunista) de los efectos devastadores de tanta desaparición. Aunque con su empeño logró prolongar unos años la presencia en la tierra de algunos de los animales, la larga lista prendida en la pared de su despacho iba disminuyendo, y muchas de las especies a las que trató de salvar desaparecieron definitivamente a lo largo de su dilatada y prestigiosa carrera. Cada vez que había una baja en la lista, el doctor Costa-Formiga colgaba una fotografía del animal extinguido en una vitrina en la que, a modo de mausoleo, posaban los animales que no pudieron ser.
No había día en el que no se avergonzara de pertenecer a una especie tan depredadora y codiciosa como la suya. Cada fotografía que accedía a la vitrina era una inyección de adrenalina que impulsaba al doctor a investigar más a fondo los factores de estrés en los sistemas naturales, a escribir más artículos, a participar en más foros internacionales y a viajar allá donde su presencia fuera requerida. La rabia actuó como el acicate más potente contra cualquier atisbo de pereza y le convirtió —sin él quererlo— en la mayor eminencia del mundo sobre animales en peligro de extinción. Solamente en su vejez —cuando la vitrina ya tenía demasiadas capas de fotografías y apenas recordaba el aspecto de los primeros animales que colocó— esa rabia dio paso a una creciente melancolía.
La Academia de las Ciencias quiso concederle, cuando ya era un anciano y él mismo podía ser considerado un ser en peligro de desaparición, el máximo galardón en reconocimiento a una vida dedicada a la ciencia y a la conservación de la biodiversidad del planeta.
Lo podemos ver, frágil y hermoso como una pieza de porcelana, acercándose con paso lento al estrado para leer el discurso de agradecimiento. La palidez de su piel casi transparente contrasta con el terciopelo azulado de su frac.
El anciano se detiene ante el micrófono y, sin prisas, observa a la audiencia. No puede evitar una sonrisa al pensar en un gran arrecife repleto de focas monje. Los miembros de la Academia, los científicos y las demás autoridades también sonríen, ayudándole a visualizar la imagen al enseñar levemente los colmillos.
Tras un suave carraspeo comienza a leer el discurso, con mano temblorosa pero voz firme. Un discurso corto pero ancho, tan ancho que caben todos.
Tras dar las gracias por el premio empiezan a desfilar por entre sus palabras una larga procesión de seres que ya no existen. Nombra, como si fuera un segundo Noé tratando de llenar su arca, a los animales que querría llevarse con él. Los llama por su nombre y ellos, sumisos, entran en la sala y la recorren.
En primer lugar un recuerdo emocionado y en clave de vergonzosa disculpa para algunos de los últimos expulsados: el delfín de río chino y el coqui dorado.
A continuación, un réquiem en memoria de los ya casi legendarios bisontes, dodos y tigres de Tasmania. También menciona en voz baja —para evitar que se acerquen y desbaraten la comida de gala— a dinosaurios y mamuts.
Se oye un extraño rumor de pasos y batir de alas que crece desde el suelo. Una legión de sirenas, faunos, dragones y arpías se deslizan por entre los comensales para acudir gozosos a su llamada y rodearle. Un minotauro y un Yeti clausuran el desfile.
Para cerrar el discurso ninguna mención a la universidad, a los políticos ni a los investigadores que le escuchan con los colmillos ahora escondidos y los ojos muy abiertos. Solamente una caricia en el hocico del unicornio que se ha sentado a su izquierda.
EXTINCIÓN INMINENTE - Paz Monserrat Revillo
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