Nuestro héroe cruza la singularidad maldita, el agujero negro o gris, el pasadizo al otro patio, que se encuentra en la esquina de Nicaragua y Arévalo, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Todo puede pasar: sexo, Historia, aventuras, guiso de lentejas o mondongo y Perón y Freud explicando las remeras rotas del Capitán Kirk. A ver si se ponen a leer, holgazanes.
Hay en Marte restos de vida, dice un estudio
Hay diferentes hipótesis sobre el origen de los arándanos, pero el único dato en el que coinciden los expertos que los estudiaron es que se trata de formaciones "pertinentes a la presencia de agua".
Los sedimentos tienen el aspecto de delgadísimas láminas y sobre éstas se han centrado los esfuerzos de los especialistas italianos.
"Nuestro estudio muestra que estos sedimentos y las esferas que contienen podrían ser estructuras órgano-sedimentarias, probablemente producidas por microorganismos", dijeron.
Se trataría de microfósiles que fueron acumulándose en el tiempo hasta dar origen a delgadas capas. Una estructura que, a criterio de los científicos, "parece ser compatible con la existencia de la vida en Marte". (ANSA)
La película mostra: LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA
Aquello duró un tiempo infinitesimal, pero bastó para impulsarme a la acción.
-¡Cavor!- grité en la obscuridad - Mis nervios se rompen... Creo
que no...
Me detuve: él no contestó.
-¡Váyase usted al diablo! – gritó - ¡Soy un mentecato! ¡Qué tengo
que hacer aquí! No voy, Cavor: la cosa es demasiado arriesgada. Voy a salir de la esfera...
-No puede...- me contestó.
-¿ No puedo? ¡Ya lo veremos!
No me dio respuesta alguna, durante unos diez segundos.
-Ya es demasiado tarde para reñir, Bedford - me dijo después.-
Ese pequeño sacudimiento fue la partida. Ya estamos en viaje, volando con tanta velocidad como una bala, en el abismo del espacio.
-Yo...- dije... Y luego no supe cómo continuar.
Estuve un rato como aturdido: nada tenía que decir. Me hallaba
como si antes no hubiera oído hablar nunca de la idea de marcharnos del mundo. Luego noté un indescriptible cambio en mis sensaciones corporales. Era una impresión de ligereza, de irrealidad. Junto con ello, una rara sensación en la cabeza, casi un efecto apoplético, y un retumbar de los vasos sanguíneos de los oídos. Ninguna de esas sensaciones disminuyó con el transcurso del tiempo, pero al fin llegué a acostumbrarme tanto a ellas, que ya no me causaron la menor molestia.
Oí un crujido, y de una pequeña lámpara empañada brotó la luz.
Vi la cara de Cavor, tan blanca como sabía que estaba la mía.
Nos. miramos uno a otro en silencio. La transparente negrura del vidrio en que estaba apoyado de espaldas, lo hacía aparecer como flotando en el vacío.
-Bueno: nuestra suerte está echada - dije, por último.
LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, H. G. WELLS
Dirigida por Nathan Juran en 1964.
La pelìcula mostra: EL NIÑO MARCIANO
Comencé a repasar mi diario.
Había estado tomando notas diariamente de los incidentes interesantes, en caso de que alguna vez quisiera escribir un libro sobre nuestras experiencias. Al principio, no podía encontrar nada. La mayoría de los incidentes sobre los que había escrito eran bastante rutinarios. Ni siquiera apto como material para el Reader’s Digest.
Por ejemplo, la semana después de que se instalara, lo había llevado al partido del béisbol en el estadio de los Dodgers. Cuando entramos en el aparcamiento dije:
—Bien, chico, desea que haya alguna plaza libre.
Dennis se inclinó hacia delante en su asiento con una expresión intensa en su cara.
—Parece abarrotado. Será mejor que desees con fuerza.
Llegué al final de la hilera y giré hacia la siguiente. Había seis lugares vacíos.
—Uy. Te has pasado.
—Realicé un deseo marciano.
—Oh, bien. Bueno, hay cinco personas detrás de nosotros que también necesitan un sitio para aparcar. Ahora, vamos a ver al mejor equipo de béisbol del mundo. ¿Sabes cual es?
—¡Los Dodgers!
—¡Correcto!
Durante la primera parte del partido, Dennis estaba más interesado en obtener un banderín y conseguir un poco de algodón de azúcar, que en lo que estaba ocurriendo abajo en el campo. Pero hacia la quinta entrada se subió en mi regazo y empecé a explicarle en que consistía el juego.
—Ves a ese hombre sujetando el bate en la base del bateador. Desea que golpee la pelota fuera del estadio.
—Está bien —dijo Dennis.
¡Cra—a—a—ack! La pelota salió disparada fuera del campo hasta los asientos situados a la derecha del recinto. Alguien en la grada más baja la atrapó y el corredor se paseó fácilmente alrededor de las bases mientras el organista tocó, “Gloria, Gloria, Aleluya”.
—Se te da bien pedir deseos, Dennis. Eso fue increíble. ¿Quieres probar otra vez?
—No.
—Está bien.
David Gerrold
Dirigida por Menno Meyjes, con John Cusack y Bobby Coleman.
Fragmento
La escalada no había sido difícil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado había envarado mis miembros, y me sentía feliz de poder descansar un poco. Visto desde allí, el tractor parecía un minúsculo insecto metálico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada.La pelìcula mostra: El día de los trífidos
Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte.John Wyndham
Dirigida por Steve Sekely en 1962. Protagoniza por Howard Keel (Bill Masen), Nicole Maurey, Janette Scott y Kieron Moore. Bill Masen, un biólogo británico, el narrador y protagonista, despierta en un hospital con los ojos cubiertos de vendas debido a sus cuidados médicos. Pero apenas despierta se da cuenta que algo anda muy mal a causa del horrible silencio que reina en el lugar.
El gigante azul
Allí, en una remota esquina del Sistema Solar (a 4.500 millones de kilómetros), se levanta una inmensa masa azulada de 210 grados bajo cero de temperatura media... allí, en una remota esquina, gira un planeta monstruoso y enigmático, que siempre fue una incógnita y que recién fue visitado por un aparato humano, demasiado humano, hace 20 años, por única y última vez. Neptuno, uno de los cuatro grandes malevos del sistema, llega hasta aquí en una evocación nostálgica de aquella visita que le hiciera, en 1989, la sonda Voyager 2. Y a pesar de todo, del frío, la oscuridad, y esa irremediable lejanía (que lo condena a no ser más que un pálido y diminuto disco, aun para los grandes telescopios), Neptuno se reveló ante los ojos de la Voyager 2 como un planeta fascinante, envuelto por una atmósfera muy violenta y cambiante, con enormes tormentas circulares y ovaladas, y vientos de una furia sin igual en toda la comarca solar. Por si fuera poco, la legendaria nave de la NASA descubrió varios anillos –pálidos, pero anillos al fin– y algunos satélites hasta entonces desconocidos. Y hasta se dio el gusto de visitar Tritón, la “joya” de Neptuno, una súper luna extraordinaria, se la mire por donde se la mire.
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La pelìcula mostra: Zombies! Zombies! Zombies!
Estelarizada por Jessica Barton como Dakota, Hollie Winnard (Harley), Lyanna Tumaneng (Dallas), Tiffany Shepis y Juliet Reeves.
¡Strippers vs Zombies! Un medicamento experimental falla y produce un grupo de zombis sedientos de sangre. Corresponde a un pequeño grupo de bailarinas exóticas atrapadas en un club de caballeros, detenerlos.
La pelìcula mostra: Cat-Women of the Moon
Cat-Women Of The Moon (1953) Dirigida por Arthur Hilton. Con Sonny Tufts (Laird Grainger), Victor Jory (Kip Reissner), Marie Windsor (Helen Salinger), William Phipps, Douglas Fowley, Carol Brewster (Alpha), Susan Morrow (Lambda) y Suzanne Alexander (Beta). Unos astronautas viajan a la Luna. ¡No se descuiden valientes terrestres!
Cat-Women of the Moon es otra más de esas típicas películas que surgen cuando llega el momento de listar las peores de la historia del cine.
Fragmento
- ¿Por qué te importa que algunas personas crean que es nombre de chica, Bob?
- No me importa.
- Entonces, ¿por qué no dejas de mencionarlo?
Me fastidia cuando no deja de mencionarme lo que yo no dejo de mencionar. Miro hacia el techo, con sus colgantes movibles y sus piñatas, y luego miro la ventana, que en realidad no es una ventana, sino un móvil holópico del oleaje en Kaena Point; la programación de Sigfrid es bastante ecléctica. Al cabo de un rato le contesto:
- No puedo evitar que mis padres me llamaran así. He intentado escribirlo R-O-B-I-N-E-T, pero entonces todo el mundo lo pronuncia mal.
- Podrías cambiarlo por otro.
- Si lo cambiara - digo, seguro de que en esto tengo razón -, tú me dirías que llego a extremos obsesivos para defender mis dicotomías internas.
- Lo que te diría - replica Sigfrid en uno de sus torpes y mecánicos intentos de humor - es que no debes emplear términos psicoanalíticos técnicos. Te agradecería que te limitaras a decir lo que sientes.
- Lo que siento - digo yo por milésima vez - es felicidad. No tengo problemas. ¿Por qué no habría de sentirme feliz?
Jugamos mucho con ésta y otras frases parecidas y a mí no me gusta. Creo que hay un fallo en su programa. Insiste:
- Dímelo, Robbie. ¿Por qué no eres feliz?
No le contesto y él vuelve a la carga:
- Me parece que estás preocupado.
- Mierda, Sigfrid - replico, un poco harto -, siempre dices lo mismo. No estoy preocupado por nada.
Intenta convencerme:
- No hay nada malo en explicar lo que se siente.
Vuelvo a mirar hacia la ventana, enfadado porque me doy cuenta de que tiemblo y no sé por qué.
- Eres un latazo, Sigfrid, ¿lo sabías?
Dice algo, pero yo no le escucho. Me pregunto por qué vengo aquí a perder el tiempo. Si ha habido alguna vez alguien con todos los motivos para ser feliz, ése soy yo.
Rico, bastante apuesto, no demasiado viejo, y en cualquier caso, tengo el Certificado Médico Completo, por lo que durante los próximos cincuenta años puedo tener la edad que me plazca. Vivo en la ciudad de Nueva York y bajo la Gran Burbuja, donde no puede permitirse el lujo de vivir nadie que no esté bien forrado y sea, además, una especie de celebridad. Poseo un apartamento de verano con vistas al mar de Tappan y la presa de Palisades. Y las chicas se vuelven locas con mis tres brazaletes de Fuera. No se ve a muchos prospectores en la Tierra, ni siquiera en Nueva York. Todas están deseando que les cuente qué aspecto tiene la Nebulosa de Orión o la Nube Menor Magallánica. (Naturalmente, no he estado en ninguno de los dos sitios. Y no me gusta hablar del único lugar interesante donde sí he estado.)
- Entonces - dice Sigfrid, después de esperar el apropiado número de microsegundos una respuesta a lo último que ha dicho -, si de verdad eres feliz, ¿por qué vienes aquí en busca de ayuda?
PÓRTICO, Frederik Pohl
La primera tormenta tropical en Titán
La pelìcula mostra: Ciudad Implacable
Ahora ya no valía la pena preocuparse por ello. Era una persona filosófica, y el hecho de que aún estaba vivo compensaba la bebida y sus resultados. Pensó, paladeándolo, en la muchacha de pelo color castaño que lo había estado observando mientras bebía. Llevaba un corpiño escaso y ajustado, y era allí donde se habían fijado sus ojos en el último momento —en sus hermosos y tostados pechos—, hasta que se tambaleó y se sumergió en la imprecisión y luego en la nada.
La muchacha del pelo color castaño era hermosa, pero ahora se había ido, y había otros problemas más urgentes.
CIUDAD IMPLACABLE, Ivar Jorgenson
TARGET EARTH / Objetivo la Tierra (1954) Dirigida por Sherman A. Rose. Con Richard Denning (Frank Brooks), Kathleen Crowley (Nora King), Virginia Grey (Vicki Harris) y Richard Reeves (Jim Wilson)
Nora King se despierta luego de un intento de suicidio con pastillas somníferas. Pero al salir de su habitación descubre que todas las calles de la ciudad se encuentran desiertas. Nora se topa con Frank Brooks, un forastero que acaba de recuperar la conciencia luego de un intento de robo la noche anterior. Ambos deambulan por la metrópoli e intentan ubicar otros supervivientes o siquiera una radio que les alerte sobre lo que está sucediendo...
La pelìcula mostra: El día que la Tierra se detuvo
Sutherland había acabado por sentir un interés casi de propietario en la exhibición, y no sin motivo. Había sido el único fotógrafo de prensa que se hallaba en los terrenos del Capitolio cuando habían llegado los visitantes de lo Desconocido, y había obtenido las primeras fotografías profesionales de la nave. Había contemplado de cerca cada acontecimiento de los siguientes y locos días. Después, había fotografiado muchas veces al robot de dos metros y medio de alto, la nave, y al apuesto embajador muerto, Klaatu, y su imponente tumba.
Y, dado que aquel acontecimiento seguía teniendo una enorme importancia como noticia para miles de millones de personas, allí estaba de nuevo, para conseguir más fotos y, si era posible, un nuevo “ángulo”.
Esta vez quería conseguir una foto que mostrase a Gnut como extraño y amenazador. Las fotos que había tomado el día anterior no habían producido el efecto que deseaba, y esperaba lograrlo hoy; pero la luz aún no era la adecuada y tenía que esperar a que se hiciera más tarde.
Filmada como "The Day the Earth Stood Still"/“ULTIMÁTUM A LA TIERRA” por Robert Wise en 1951.
Una de las mejores películas de C-F jamás filmadas. Con Michael Rennie y Patricia Neal.
En vez de lanzar a su alrededor los habituales rayos de la muerte y planear la conquista del
mundo, el benévolo hombre del espacio Klaatu llega a la Tierra para promocionar únicamente la paz y la buena voluntad.
Sin embargo, sus rectas intenciones son acogidas con miedo, suspicacia, y finalmente ciega violencia. Klaatu, interpretado por el malogrado Michael Rennie, descubre que los terrestres no son tan civilizados como él creía. En un valeroso intento de salvar a la humanidad de destruirse a sí misma mediante armas atómicas, el hombre del espacio cae víctima de la traición, la
injusticia, y finalmente una lluvia de mortíferas balas. Sólo más tarde, con la ayuda
de su compañero robot, Gort (Gnut en la historia), es vuelto Klaatu a la vida.
¿Qué pasó en Júpiter?
Una extraña cicatriz en la pesada, turbulenta y colorida atmósfera del planeta. Algo había chocado contra el planeta. Y el primer testigo del fenómeno fue Anthony Wesley, un astrónomo amateur australiano. Inmediatamente, el hallazgo fue confirmado por astrónomos profesionales, y hasta observado por el Telescopio Espacial Hubble (hubblesite.org). El raro fenómeno no sólo trajo a la memoria un episodio –aún más notable–- ocurrido hace exactamente 15 años, sino que también alcanzó una notable repercusión mediática.
Titán, ¿el último refugio?
El agua líquida es un elemento fundamental para la vida, tal como se la conoce. Es por eso que los astrónomos creen que, con el descongelamiento de su capa helada y su relativa proximidad, el planeta podría ser en el futuro el objetivo de misiones espaciales para buscar vida extraterrestre y hasta albergar la nuestra en caso de una catástrofe global.
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La pelìcula mostra: The Incredible Shrinking Man
ojos de la araña; la vio trepar por un palo que parecía un tronco, alzando su cuerpo sobre unas patas que se movían tan deprisa que apenas eran trazos confusos. Las patas le llegaban a la altura de los hombros. De pronto, a sus espaldas, la llama encajonada en acero cobró vida con un tronido que sacudió el aire, liberando al hombre de su parálisis. Jadeando, giró sobre sus talones y echó a correr. La húmeda arena crujía bajo sus sandalias. Escapó por lagos de luz y se sumergió de nuevo en la oscuridad; su rostro era una máscara de terror. Los rayos del sol arponeaban su camino y las frías sombras lo envolvían. La araña gigante barría la arena, persiguiéndole. El increible hombre menguante (1957) de Richard Matheson. Dirigida por Jack Arnold. Scott Carey (Grant Williams) y su esposa Louisa (Randy Stuart) pasan un día relajado en el yate de su hermano Charlie (Paul Langton).
Cuando Louisa va a buscar unas cervezas, una gigantesca nube radiactiva cubre por completo la embarcación. Unos días después, Scott comienza a preocuparse por su repentina pérdida de peso y estatura. Un film maravilloso, que me provocó más de una reflexión.La película mostra: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
—¿Pero no son solamente los especiales quienes hacen ese tipo de trabajo?
—Polokov imita a un especial muy deteriorado. Eso engañó a Dave. Creo que Polokov es tan parecido a un cabeza de chorlito que por eso Dave no lo tomó en consideración. ¿Está usted seguro del test de Voigt-Kampff? ¿Le consta absolutamente, por lo ocurrido en Seattle, que...
—Sí —respondió Rick, sin dar más explicaciones.
—Acepto su palabra —dijo Bryant—Pero no debe haber el menor error.
—Como siempre en la caza de andrillos. Este caso no es distinto.
—El Nexus-6 es distinto.

—Ya he conocido uno —dijo Rick— Y Dave ya ha visto a dos. Tres, si contamos a Polokov. Está bien. Retiraré hoy a Polokov, y quizás esta noche o mañana hable con Dave.
Cogió la copia borrosa, el informe sobre el androide Polokov.
—Otra cosa —agregó Bryant— Un policía soviético de la WPO viene hacia aquí. Llamó mientras usted estaba en Seattle; viaja en un cohete de Aeroflot que ha de llegar dentro de una hora. Su nombre es Sandor Kadalyi.
—¿Qué quiere? —los policías de la WPO no venían con frecuencia a San Francisco.
—La WPO está bastante interesada en los nuevos modelos Nexus-6, tanto como para enviar un observador.
Blade Runner (1982), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford (Rick Deckard), Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos y Daryl Hannah, entre otros.
La película mostra: Things to come, H.G. Wells
...
I think I have made a comprehensible story altogether of the course of events during the struggles and changes in world government that went on between 1980 and 2059, at which date the Air Dictatorship, properly so called, gave place to that world-wide Modern State which was still flourishing when the history was published. The reader will find large gaps, or rather he will find large abbreviations, in that portion, but none that leave the main lines of the history of world consolidation in doubt.
...
Apart from this introduction the period covered by the actual narrative is roughly from about 1929 A.D. to the end of the year 2105. The last recorded event is on New Year’s Day 2106; there is a passing mention of the levelling of the remaining “skeletons” of the famous “Skyscrapers” of Lower New York on that date. The printing and publication probably occurred early in the new year; occurred — or should I write “will occur”?
Things to come, H.G. Wells
También llamada "La vida futura" o "La forma de lo que vendrá", dirigida por William Cameron Menzies y estrenada en 1936. El guión es del mismo H.G. Wells.
La narración comienza en la Navidad de 1940, el futuro por entonces. Mientras la gente normal es feliz de una manera un tanto despreocupada, los periódicos vaticinan la guerra, que efectivamente se declara esa misma noche. El protagonista, parte a la guerra.
Durante 26 años las grandes potencias mantendrán las hostilidades, destruyendo con bombas las edificaciones, asesinando a los civiles con gases venenosos. Finalmente, cuando el enemigo está a punto de ser vencido, éste disemina un virus final, la enfermedad errante, que acabará con la mitad de los supervivientes.
Ya en 1970, el film nos sitúa al final de la guerra y una vez superada la peste, al inicio de una nueva época oscura donde reinan pequeños cabecillas locales en perpetua beligerancia con sus vecinos. Aquí vuelve a aparecer Cabal, el protagonista, más viejo pero igual de vital, como miembro de una nueva sociedad depositaria del saber científico que se dedica a erradicar a estos señores de la guerra para construir una utopía donde el hombre viva en paz y progreso.
A 40 años del primer alunizaje
La evidencia del alunizaje -de los alunizajes- es abrumadora. Sin embargo, para millones de personas sigue siendo “el mayor engaño del que ha sido víctima la Humanidad”.
Curiosa paradoja: el acontecimiento mejor documentado del siglo XX pasaba a ser el más lujoso y efectivo despliegue de efectos especiales de todos los tiempos. ¿Como no íbamos a creer, décadas después, en conspiraciones aún más extrañas?
Nota completa
La película mostra: The Midwich Cuckoos, John Wyndham
En medio de la carretera había un cartel: Carretera Cortada. Cerca del cartel había un policía que
levantó una mano.
Me detuve. El policía avanzó hacia mi lado. Lo reconocí: era de Trayne.
- Lo siento, señor, pero la carretera está cortada.
- ¿Quiere decir que hay que dar la vuelta por la carretera de Oppley?
- Me temo que también esté cerrada, señor.
- Pero...
Un claxon sonó tras nosotros.
Obedecí, no muy convencido de todo aquello, y un camión militar de tres toneladas pasó a nuestro lado. En la parte trasera iba gente de caqui.
- ¿Ha ocurrido algo en Midwich? - pregunté.
- Maniobras - respondió -. No se puede pasar por esta carretera.
- ¿Por ninguna de las dos carreteras? Sepa usted, agente, que yo vivo en Midwich.
- Lo sé, señor, pero no puede ir hasta allí por ahora. Si yo fuera usted, señor, regresaría a Trayne hasta que la carretera quedara libre. No puedo dejarle estacionar aquí a causa de la circulación.
Janet abrió la puerta y tomó su bolsa de provisiones.
- Yo iré a pie, y tu ya me alcanzarás cuando la carretera quede libre - me dijo.
El policía vaciló. Luego bajó la voz.
- Puesto que usted vive allí, señora, le diré algo que en cierto modo es confidencial. Es inútil que lo intente, señora: nadie puede llegar hasta Midwich, se lo aseguro.
Nos miramos, sorprendidos.
- Pero, por todos los santos, ¿por qué? - dijo Janet.
- Esto es precisamente lo que están intentando saber. En su lugar, señores, yo iría al hotel del Águila, en Trayne, mientras aguardan; ya les haré saber cuando la carretera quede libre.
Janet y yo nos miramos.
- Bueno - dijo ella al agente -, todo esto parece más bien extraño, pero si está usted completamente seguro de que no podemos ir hasta allí...
The Midwich Cuckoos, John Wyndham
En esta novela se basó el excelente film de 1960 "Village of the Damned" y sus remakes de 1993 (de Miguel Marte) y 1995 (de John Carpenter con Christopher Reeve y Kirstie Alley).
Fragmento
...
Después de haberles contado lo que sé, no les sirvo actualmente de nada- no haría más que molestarles. Por eso, aunque conozco la disposición general del campo y estoy muy al tanto de los experimentos eléctricos que se realizan en él, sé, en cambio, lo mismo que ustedes acerca de los experimentos dimensionales que ahora se llevan allí a cabo.
Ni tampoco puedo explicarme mejor que ustedes lo que sucedió allí.
Pero sí sé, y soy el único que lo sabe, la historia completa del impacto de la "nueva cosa" en un ser humano, y quiero contar aquí esa historia.
Ustedes han leído ya los nombres de las víctimas. A Mary de Sellers la conocí desde niña. Me crié con su esposo Tom, del cual era su mejor amigo. Estaba en el campo con ellos, en el momento de la muerte de Mary, cuando lo "desconocido" asestó su golpe.
Eran aproximadamente las nueve y veinte de una noche muy serena. La luna llena nos permitía ver claramente los detalles más grandes del área. A unos cuantos cientos de metros de distancia, hacia el oeste, en la dirección de Nueva York, se hallaba el grupo de edificios que componían la parte interior de los Laboratorios Wilson. Entre ellos se extendía el campo empleado para los experimentos exteriores: una superficie rectangular de unas tres hectáreas, un campo de trigo en otros tiempos, ahora una llanura cubierta de hierbajos y surcada irregularmente por profundas zanjas. En un gran
óvalo se erguían media docena de altas torres de hierro, y en el centro de ellas, dos más altas aún: era el área del misterio. El campo estaba rodeado por una alta alambrada, en la que se veían, a intervalos regulares, unos carteles que decían:
La Dimension Fatal, Harry Bates
Fragmento
Fue sólo durante las primeras décadas de la Liga, cuando los terráqueos, quizás en un intento de fortalecer su vapuleado ego colectivo, enviaron naves en viajes tremendamente largos, más allá de la bóveda del cielo, allende las estrellas y aún más allá.Buscaban mundos que no hubiesen sido, como todos los mundos conocidos, colonizados o expoliados por los Fundadores de Hain, mundos realmente ignotos; y todos los tripulantes de estas Exploraciones a los Confines eran mentalmente desequilibrados. ¿Quiénes si no, estarían dispuestos a partir en busca de datos que no serían recibidos hasta dentro de cuatro, cinco o seis siglos? ¿Recibidos por quiénes?
Esto ocurría antes del invento del comunicador instantáneo; en ese entonces los viajeros quedaban aislados en el tiempo y en el espacio. Ninguna persona en su sano juicio que hubiese experimentado deslizamientos de tiempo aunque sólo fuese de unas pocas décadas entre mundos cercanos se postularía como voluntario para un viaje de ida y vuelta de medio milenio. Los Exploradores eran escapistas, inadaptados, locos.
Más Vasto Que Los Imperios, Y Más Lento, Ursula K. Leguin
Fragmento
El Rey del Tibet estaba haciendo el amor con una gorda blanca.Se había tirado hacia las profundidades de un túnel de gelatina, milenios antes, y periódicamente, mientras la pistoneaba, un suave conejito blanco y rosa con levita y botines hacía temblar el túnel a su paso, estudiando un reloj de bolsillo que llevaba colgado de una pesada cadena de oro.
La mujer blanca era suave como el sebo, con ojillos negros hundidos bajo prominentes cejas. La muy puerca gruñía en un éxtasis insatisfecho, tratando desesperadamente, y sabiendo que nunca podría. Pues nunca había podido.
El Rey del Tibet tenia dolor de tripas. ¡Oh, estar en otro lugar, haciendo otra cosa, solo!
El paisaje exterior temblaba en oleadas de miedo, que irradiaban desde las cimas de las montañas muy lejanas. En las cimas de las montañas, parduscos y marchitos viejos consideraban medios y fines, consideraban ruinas y portentos, consideraban porqués y porconsiguientes... Lo ignoraban todo... y se dedicaban a enviar más miedo a lugares más alejados.
El paisaje temblaba en la noche, comenzando a estremecerse con un terror que era mayor que el miedo que había pasado antes.
—¿Que hora es? —preguntó, y no recibió respuesta.
Hacia treinta y siete años, cuando el Rey del Tibet había sido un muchacho, había un hombre con una pierna, que había sido su padre por corto tiempo, y una mujer con algo de sangre de negro en ella, que le había servido de madre.
—Puedes ser cualquier cosa, Charles —le había dicho—. Lo que prefieras ser. Un hombre puede ser cualquier cosa que desee: el Tío Wiggly, Jomo Kenyatta, el Rey del Tibet, si es que así lo deseas. Blanco o negro, Charles, eso no importa. Tan solo tienes que seguir tu camino, ser bueno y hacer. Eso es lo único que debes recordar.
El Circo Del Ratón, Harlan Ellison
Fragmento
El mundo de 1870 resultó bueno para James Thomas, tal como lo había deseado, y vivió una vida feliz, apacible, como un hombre de recursos. En 1876 se casó con una dulce jovencita, y ella, subsecuentemente, lo obsequió con cuatro fuertes hijos. Finalmente, después de una vida de felicidad y entrega, ella murió pacíficamente a causa de su edad avanzada. El mismo James Thomas la siguió no mucho después, en 1929.
El mundo continuó.
Problemas Con El Pasado, Alex y Phillis Einsenstein
Fragmento
Lo mismo ocurría con "bombas" y "granadas", dispositivos diseñados para que se produjera una reacción química lo suficientemente violenta como para matar en lugares cerrados. Y la lista seguía y seguía.
La Alianza pensaba que nosotros no podíamos desplazarnos porque todos los vehículos estaban codificados y trabajaban con el sistema de radiodifusión.
¿Alguna vez oyó hablar de "bicicletas"? Son aparatos que transforman la energía mecánica en movimiento y funcionan sobre ruedas que usted hace girar con esfuerzo físico. Y las bicicletas no tenían suficiente metal/volumen para gatillar zonas custodiadas o para aparecer en las sondas barredoras de manera que podíamos ir sin ser detectados a lugares a los que ellos pensaban que nadie podía llegar.
¿Para comunicarnos? Nos enviábamos mensajes que se reflejaban en espejos, usábamos señales de humo como códigos, teníamos gente que de verdad llevaba mensajes de un lugar a otro.
Una Mañana Especial, Gardner Dozois
Pesadilla en rojo
Se despertó sin saber que había despertado hasta que el segundo temblor, sólo un minuto después del primero, sacudió la cama ligeramente y derribó los objetos que había sobre la mesilla.
Descubrió que estaba totalmente despierto y que probablemente no sería capaz de volver a dormirse. Miró al dial luminoso del reloj y vio que eran ya las tres en punto: la mitad de la noche. Salió de la cama y caminó en pijama hasta la ventana. Estaba abierta, una fría brisa la cruzó y él pudo ver luces titilantes y parpadeantes en el negro cielo, a la vez que escuchaba los sonidos de la noche. Por alguna parte, campanas ¿A aquella hora? ¿Advertían de algún desastre? ¿Se habría producido un terremoto, en algún punto cercano, y de él provenían los ligeros temblores? ¿O quizá se acercaba un verdadero terremoto y las campanas advertían a la gente para que saliera de las casas y se quedara a salvo al aire libre?
Súbitamente, no a causa del miedo, sino por algún extraño impulso que no quiso analizar, deseó estar en cualquier parte menos allí. Y echó a correr.
Corrió, bajando al vestíbulo y cruzando la puerta principal, apresurándose silenciosamente, descalzo, por la ancha calzada que conducía a la entrada del jardín. A través de la puerta, llegó a un campo... ¿un campo? ¿Desde cuándo había una pradera justa al salir de su casa? Especialmente una como aquella, con postes, tan gruesos como si fueran telefónicos, cortados a su altura. Antes de que pudiera organizar sus pensamientos y se preguntase dónde estaba, quién era él mismo y qué estaba haciendo allí, se produjo otro temblor. Este fue más violento: le hizo tambalearse y trastabilló hasta uno de los postes; chocó con él y se hizo daño en el hombro; salió despedido en otra dirección, y estuvo a punto de caerse definitivamente. ¿Qué era aquel extraño impulso que le obligaba a ir hacia... dónde?
Fredric Brown
Fragmento
«Este es Marte, el planeta amado. Marte, sus montañas, sus mares congelados, sus volcanes extintos, su viento infatigable. Vamos a realizar nuestro último reportaje en esta segunda patria del hombre.
«Visitemos primero a algunos de los viejos marcianos que han preferido quedarse. Según los científicos, dentro de muy poco tiempo Marte ya no podrá albergar ninguna forma de vida, excepto algún liquen, algún anaerobio. La permanencia de formas superiores será cada vez más costosa, y finalmente imposible. Podemos incluso decir que en los últimos siglos, en los últimos milenios, contando a partir de los grandes dislocamientos de glaciares, Marte llevaba una existencia artificial. Hablando con mayor exactitud, los terrestres nunca pudieron vivir aquí fuera de las ciudades-cúpulas. Para los propios marcianos, la llegada del hombre fue la redención de una raza que iba fatalmente a desaparecer. Vamos a descender un poco y a hablar con ese viejo habitante. ¿Cómo se llama, por favor?
- Ghoz.
- Perfectamente, Ghoz. ¿Por qué decidió quedarse? Usted ya sabe que esas cúpulas no resistirán muchos años. Ni siquiera los subterráneos resistirán mucho tiempo la presión del hielo.
- Siempre extraños esos marcianos. Milenios de contacto con nosotros, y continúan siendo casi iguales que en el período del Desembarco. Ghoz está diciendo que un viejo sueño de sus antepasados era ver Marte como era antes de la llegada de los hombres. El no tiene nada contra nosotros, y supone que nuestras equivocaciones fueron cometidas por el ansia de mostrarnos buenos con ellos. Ahora que se presenta una oportunidad de quedarse nuevamente solos, aún con la certeza de una muerte próxima, quieren aprovecharla. Dice que millones y millones de marcianos murieron y fueron sepultados aquí. Cuando el lienzo de hielo cubra el planeta y ninguna forma de vida perturbe ya la Paz Superior, entonces los Zenghiis - los Altos Espíritus - bajarán para explicarles a los que duermen bajo tierra su destino. Ghoz estará entre ellos. Muchas gracias, Ghoz. Y Paz Superior a nuestros hermanos dormidos.
ULTIMO VUELO A MARTE, Fausto Cunha
Fragmento
El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
EL ALEPH, Jorge Luis Borges
Fragmento
Cuando la puerta de la oficina se abrió repentinamente, supe que todo había terminado. Había sido un buen filón... pero se había acabado. Mientras entraba el policía, me recosté en el sillón y esbocé una alegre sonrisa. Tenía la misma expresión sombría y el mismo paso pesado que tienen todos... y la misma falta de sentido del humor. Casi podía adivinar lo que iba a decir antes de que abriese la boca.
- James Bolívar diGriz, le arresto bajo la acusación...
Estaba esperando la palabra bajo. Pensé que eso le daba un toque desenfadado al asunto. Mientras la decía, apreté el botón de ignición de la carga de pólvora negra situada en el techo, en el punto exacto bajo el cual se hallaba, y así se dobló la viga y la caja de caudales, de tres toneladas de peso, cayó justo sobre su coronilla. Quedó bien aplastado, sí señor. La nube de yeso se posó y todo lo que pude ver de él fue una mano, algo retorcida. Se agitaba un poco, y el dedo índice me apuntaba acusadoramente. Su voz sonaba algo ahogada por la caja de caudales, y parecía un tanto preocupada. En realidad, se repetía un poco.
- …bajo la acusación de entrada ilegal, robo, falsificación...
Siguió así durante un cierto tiempo. Era una lista impresionante, pero ya la había oído antes. No me molestaba en absoluto mientras llenaba mi maleta con el dinero de los cajones. La lista terminaba con una acusación nueva, y podría haberme jugado un montón así de alto de billetes de mil créditos a que sonaba un tanto dolida:
- Además, le será añadido a su expediente la acusación de ataque a un policía robot, lo cual ha sido una tontería, ya que mi cerebro y mi laringe están acorazados, y en mi cavidad ventral...
- Todo eso ya lo sé, muchacho; pero tu pequeño emisor-receptor está en la punta de tu aguzada cabeza, y lo que no quería era que dieses aún aviso a tus amigos.
Todavía podía oír los ecos de su voz resonando escaleras abajo cuando llegué al sótano.
LA RATA DE ACERO INOXIDABLE, Harry Harrison
Fragmento
Yo me encuentro ahora en el Espacio Oscuro. Pero no como endoanalista. Yo soy el soñado.La mente soñante de Cheryl ha formado en el Espacio Oscuro un bosque que revierte en sí mismo, y una colina sin cima. Como barrera, ella usa una corriente de agua.
Ella me asesinó y ahora continúa soñando que yo me oculto en una cueva, esperando para matarla. Pero su mente durmiente sigue olvidando que estoy aquí e, ignorante de mi presencia, su yo soñante sigue subiendo la colina hasta mi cueva.
¿Por qué me asesinó?
¿Cómo?
No puedo recordarlo. Las paredes de la cueva parecen cernirse sobre mí cuando intento pensar. La boca de la cueva se oscurece. Justo antes de que los últimos rastros de conciencia desaparezcan, un relámpago de terror cruza mi mente. ¡Si ella no vuelve a soñar ese sueño estaré verdaderamente muerto!
Aquel día salimos de caza. Sí, ahora lo recuerdo.
Hace poco que Cheryl desapareció más allá de la corriente/barrera. Estoy sentado en el suelo de mi cueva.
Sí, aquel día salimos de caza.
Ella y yo.
El día es oscuro. Mis pensamientos me llevan más allá de él. Vuelvo a ser lo que era antes de mi asesinato. Un endoanalista. Estoy sentado en mi consultorio de Beech Street, escuchando el relato de los sueños de mis pacientes. Soy cada vez más rico. En los círculos profesionales se dice que mis honorarios son exorbitantes. Tal vez lo son. Pero si un médico no roba a sus pacientes, su prestigio profesional se verá resentido. En cualquier caso, lo que cobro está perfectamente justificado. Hube de pasar cinco largos años adquiriendo la experiencia que ahora poseo. Incluso con el cuirano, uno no se adentra alegremente en los sueños. Y cada sueño es diferente, y uno debe aprender del paciente qué es lo que habrá de encontrar antes de entrar en el sueño, y debes saber de antemano qué hay que hacer para destruir el sueño o para alterarlo de un modo tal que él o ella no vuelva a soñarlo y se cure de la enfermedad que le ha provocado el sueño.
¡Yo he entrado en esos sueños!
Espacio oscuro, Robert F. Young
Titán
Relatos de la plaga
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Fragmento
—¡Addi! —gritó y echó a correr hacia el hombre con deseos de ayudarle—. Dijeron por la televisión que estabas muerto. ¡Que todos habíais muerto!El hombre se detuvo y con una mano esbozó el gesto de echarse hacia atrás el pelo, que ya no era largo. Se lo habían cortado antes del lanzamiento. Pero sin duda lo había olvidado.
—¿Crees algo de lo que ves en la televisión? —dijo, y siguió avanzando, con pausas y vacilante, pero sonriendo ahora. Alargó la mano hacia ella.
«Dios, qué bueno es poder tocarle y sentir sus manos en mí —pensó la joven—. Aún tiene más fuerzas de las que yo creía.»
—Estaba a punto de buscar a alguien —jadeó—. Alguien que te reemplazase.
—Te rompo la cabeza si lo haces —contestó él—. De todas formas no es posible, nadie puede reemplazarme.
—Pero ¿qué pasó con la implosión, al volver? Dicen que...
—Lo he olvidado —contestó él con el tono que solía usar cuando quería decir: no voy a hablar de ello. Este tono la había irritado siempre antes, pero no ahora. Esta vez
se dio cuenta de lo horrible que debía de ser el recuerdo—. Voy a quedarme en tu casa un par de días —continuó él diciendo, mientras avanzaban juntos por el sendero hacia la puerta abierta de la casa, en forma de A—. Quiero decir, si estás de acuerdo. Benz y Crayne se reunirán conmigo más tarde. Quizá esta misma noche. Tenemos mucho que hablar y que calcular.
—Entonces, sobrevivisteis los tres —dijo ella mirando su rostro demacrado—. Nada de lo que dijeron en la televisión... —Comprendió al fin, O creyó comprender—. Era una historia inventada. Por razones políticas o para engañar a los rusos, me imagino. Para que la Unión Soviética crea que el lanzamiento fue un fracaso, debido a vuestra
entrada, al volver...
—No —dijo él—. Un crononauta ruso se reunirá con nosotros, probablemente. Para ayudarnos a calcular lo que ha sucedido. El general Toad dice que hay ya uno en
camino hacia aquí. Ya le han concedido el pase. A causa de la gravedad de la situación.
—¡Dios mío! —exclamó la muchacha, sorprendida—. Entonces, ¿para quién inventaron esa historia?
—Vamos a beber algo primero —dijo Addison—, y luego intentaré explicarte lo que yo sé.
—Lo único que tengo de momento es un poco de brandy californiano.
Addison dijo:
—No importa lo que sea. Bebería cualquier cosa, tal y como me siento.
ALGO PARA NOSOTROS, TEMPONAUTAS, Philip K. Dick
Edgar Mitchell, que viajó a bordo de la nave Apollo 14 en 1971
Un ex astronauta afirma que los "alien" existen y que EE.UU. oculta ovnis
El ex astronauta de la NASA Edgar Mitchell, que viajó a bordo de la nave Apollo 14 en 1971, aseguró en una conferencia dedicada a los ovnis y extraterrestes, que los 'alien' existen y que el Gobierno de EEUU tiene ocultos OVNIS, según publica el 'Daily Telegraph'.
El ex astronauta, de 78 años, dijo: "No estamos solos. Nuestro destino, en mi opinion, es terminar formando parte de una comunidad planetaria... Tenemos que estar dispuestas a ir más allá de nuestro planeta y más allá de nuestro sistema solar para averiguar que es lo que está ocurriendo realmente allí fuera".
Por su parte, la Nasa no tardó en reaccionar a las palabras de Mitchell. Según la agencia, la NASA "no realiza ningún tipo de seguimiento a ovnis", ni forma parte "de ningún encubrimiento sobre vida más allá de la Tierra".
Fragmento
El suelo tembló.
Y en la distancia, bajo la superficie del planeta, alguien finalmente reparó en la roca.
--Temblor --dijo Sharan. No levantó la cabeza de su monitor.
Varios momentos más tarde, se produjo otro temblor.
--Temblor --dijo Sharan.
Ante su propio monitor, Cainen miró a su ayudante.
--¿Piensas decir eso cada vez que pase? --preguntó.
--Quiero mantenerte informado de los acontecimientos a medida que ocurran --respondió Sharan.
--Agradezco tu intención --dijo Cainen--, pero no tienes que mencionarlo todas y cada una de las veces. Soy científico. Comprendo que cuando el suelo se mueve estamos experimentando un terremoto. Tu primera declaración fue útil. Pero a la quinta o sexta vez, se vuelve monótono.
Otro rumor.
--Temblor --dijo Sharan--. Es el séptimo. De todas formas, no eres tectónico. Eso queda fuera de tus muchos campos de experiencia.
A pesar de la típica seriedad de Sharan, era difícil no advertir el sarcasmo.
Si Cainen no se hubiera estado acostando con su ayudante, podría haberse sentido irritado. Tal como estaban las cosas, se permitió sentirse tolerantemente divertido.
--No recuerdo que tú seas especialista tectónica.
--Es un hobby --dijo Sharan.
Cainen abrió la boca para responder y entonces el terreno se alzó súbita y violentamente para encontrarse con él. Tardó un momento en comprender que no era el suelo el que había saltado hacia él, sino que él mismo se había precipitado al suelo. Ahora se hallaba despatarrado sobre las losas, junto con la mitad de los objetos que antes estaban colocados en su puesto de trabajo. El taburete de Cainen yacía volcado a su derecha, todavía estremeciéndose por la sacudida.
LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi
Fragmento
...
Un débil hedor brotó de la tronera al abrirla el doctor y fantaseé con que su aporreo provocaba una especie de respuesta baja y siseante. Finalmente, me hizo un gesto para que lo reemplazara en la mirilla, y así lo hice, con un injustificado temblor que iba en aumento.
La ventana barrada y a ras de suelo, cerrada al exterior, admitía tan sólo un débil e incierto resplandor y estuve observando la maloliente madriguera durante algunos segundos antes de ver lo que reptaba y se retorcía por el suelo cubierto de paja, emitiendo de vez en cuando un siseo débil y vacuo. Entonces, la silueta entre las sombras comenzó a perfilarse y capté que la contorsionada entidad poseía cierta y remota semejanza con una forma humana que se arrastrara sobre su vientre. Me aferré a la manilla de la puerta para sostenerme mientras trataba de no caer desvanecido.
Lo que se movía era de un tamaño casi humano y totalmente desprovisto de vestiduras. Carecía por completo de pelo, y su espalda de tonos leonados parecía algo escamosa bajo la luz tenue y gohulesca. Los hombros parecían moteados y oscurecidos, y la cabeza era curiosamente plana. Mientras alzaba la cabeza para sisear en mi dirección, pude ver que los ojos, pequeños y negros como abalorios, eran condenadamente antropoides, pero no fui capaz de estudiarlos durante mucho tiempo. Me buscaron con horrible persistencia, hasta que cerré boqueando la mirilla...
LA MALDICIÓN DE YIG,H. P. LOVECRAFT y ZEALIA BISHOP
Un científico anunció el terremoto, pero fue denunciado
Hace un mes, unas camionetas con altavoces comenzaron a circular por L´Aquila pidiendo a sus habitantes que evacuaran sus casas, después de que el sismólogo Gioacchino Giuliani predijera que se iba a producir un gran terremoto, desatando la ira del alcalde.
Giuliani, que basó sus pronósticos en las concentraciones de gas radón en zonas sísmicamente activas, fue denunciado a la policía por "extender la alarma" y se vio obligado a quitar sus conclusiones de Internet.
Fragmento
Una extraña vibración despertó de un sueño inquieto a Perry Bergman, que tuvo al instante un mal presentimiento. Aquel desagradable murmullo le recordó unas uñas arañando una pizarra. Apartó la fina sábana con un escalofrío y se levantó descalzo sobre la cubierta de acero. Ahora el ruido le parecía un torno de dentista de fondo se detectaba el zumbido normal de los generadores de la nave y los ventiladores del aire acondicionado.-¿Qué demonios? -se preguntó en voz alta, aunque no había nadie que pudiera responderle.
Había llegado la tarde anterior al buque, el Benthix Explorer, en helicóptero, después de un largo vuelo de Los Ángeles a Nueva York y luego a Punta Delgada, en la isla de San Miguel en las Azores. Entre el recorrido por las distintas zonas horarias y el largo informe recibido sobre los problemas técnicos que sufría la tripulación, estaba agotado, como era de suponer.
No le hacía ninguna gracia que le hubieran despertado después de sólo cuatro horas de sueño, y menos con aquella discordante vibración.
ABDUCCIÓN, Robin Cook
Origen de los primeros hombres - Leyenda del Quinto Sol
La segunda vez que los Dioses se animan a crear a otro hombre le piden a Ocelotl (Jaguar) que sea el Sol. Crean a otro hombre, pero esta vez no tan pequeño, sino ahora enorme. Estos hombres eran tan grandes que eran torpes y flojos. Eran tan torpes que comenzaron a tropezarse uno con otro. Al tropezarse y caer se rompían (estaban hechos con barro), formando los cerros, flora y fauna. Ocelotl baja del cielo, términa la segunda Vida y el segundo Sol.
La tercera vez que los Dioses deciden crear a otro hombre le piden a Ehecatl, Dios del viento que sea el Sol. Los Dioses ya no quiseron hacer al hombre con barro , pués les había salido anteriormente muy mal y decideron hacer al hombre con el alimento sagrado, el maíz. Pero esta vez el hombre les había quedado tan perfecto que todo el día se veía en un espejo y no hacía nada, ni templos, ni sacrificios, nada. Los Dioses nuevamente se volvieron a enojar y convierten a este hombre en chango. Términa el tercer Sol y la tercera Vida.
Ya cansados los Dioses deciden intentarlo nuevamente y esta vez le piden a Tlaloc que suba al cielo y se convierta en Sol. Los Dioses deciden volver a hacer al hombre con maíz, pués el último había quedado muy bien, pero esta vez le piden a otro Dios que le haga un corazón. Pero este último Dios nunca vió el tamaño del hombre y lo hizó muy grande y con muchos esfuerzos apenas si logró que les encajara. Pero para mala suerte de los Dioses este hombre se la pasaba hablando. Este era un hombre muy bueno, pero era demasiado improductivo. Los Dioses muy enojados por que sólo se la pasan hablando los convierten en guajolotes. Términa la cuarta Vida y el cuarto Sol.
Los Dioses hartos y cansados se negaron a hacer un quinto intento. Quetzalcoatl por su parte trataba de convencer a los Dioses de todas las maneras posibles para que lo volvieran a intentar. Cuando Quetzalcoatl se va los Dioses le piden a Mictlantecuhtli que esconda los huesos con los que crean a los hombres en lo más profundo del Mictlán. Los Dioses no querían sentirse tentados a volverlo a intentar. Quetzalcoatl al enterarse decide bajar al Mictlán por los huesos:
...Y luego fue Quetzalcoatl al Mictlán, se acercó a Mictlantecuhtli y a Mictlancihualt y en seguida les dijo:
-"Vengo en busca de los huesos preciosos que tú guardas, vengo a tomarlos."
Y le dijo Mictlantecuhtli
-"¿Que harás con ellos, Quetzalcoatl?"
Y una vez más dijo (Quetzalcoatl):
-"Los dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra."
Y respondió Mictlantecuhtli:
-"Esta bien, haz sonar mi caracol y da vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso."
Pero su caracol no tiene agujeros; llama entonces (Quetzalcoatl) a los gusanos.
Éstos le hicieron los agujeros.
Y luego entran allí los abejones y las abejas y lo hacen sonar.
Al oirlo Mictlantecuhtli, dice de nuevo:
-"Está bien, toma los huesos."
Pero dice Mictlantecuhtli a sus servidores:
-"Gente del Mictlán: Dioses, decid a Quetzalcoatl que los tiene que dejar"
Quetzalcoatl repuso:
-"Pués no, de una vez me apodero de ellos."
Y dijo a su nahual (Xolotl)
-"Ve a decirles que vendré a dejarlos."
Pero, luego subió, cogió los huesos preciosos.
Estaban juntos de un lado los huesos de hombre y juntos de otro lado, los de mujer, y los tomó
e hizo con ellos un hato Quetzalcoatl.
Y una vez más Mictlantecuhtli dijo a sus servidores:
-"Dioses, ¿de veras se lleva Quetzalcoatl los huesos preciosos? Dioses id a hacer un hoyo."
Luego fueron a hacerlo y Quetzalcoatl se cayó en el hoyo, se tropezó y lo espantaron las codornices.
Cayó muerto se esparcieron allí los huesos preciosos, que mordieron y royeron las codornices.
Resucita después Quetzalcoatl, se aflige y dice a su nahual:
-"Qué haré, nahual mío?"
Y éste le respondió:
-"Puesto que la cosa salió mal, que resulte como sea."
Los recoje, los junta, hace un paquete con ellos y luego los llevó a Tamoanchan


