Entangled

When you're asleep they may show you
Aerial views of the ground
Freudian slumber empty of sound

Over the rooftops and houses
Lost as it tries to be seen
Fields of incentive covered with green

Mesmerised children are playing
Meant to be seen but not heard
"Stop me from dreaming!"
"Don't be absurd!"

"Well if we can help you we will
You're looking tired and ill
As I count backwards
Your eyes become heavier still
Sleep, won't you allow yourself fall ?
Nothing can hurt you at all
With your consent
I can experiment further still."

Madrigal music is playing
Voices can faintly be heard
"Please leave this patient undisturbed."

Sentenced to drift far away now
Nothing is quite what it seems
Sometimes entangled in your own dreams

"Well, if we can help you we will
Soon as you're tired and ill
With your consent
We can experiment further still

Well, thanks to our kindness and skill
You'll have no trouble until
You catch your breath
And the nurse will present you the bill"


STEPHEN HACKETT / TONY BANKS

Fragmento - LAS BRIGADAS FANTASMA

--Eh, ¿puedo hacerte una pregunta? --le dijo Cloud a Jared, después de que empezaran a descender hacia Fénix.
Jared consideró la pregunta y la ambigüedad de su estructura, que permitía múltiples interpretaciones. En un sentido, Cloud había contestado a su pregunta al preguntarla: era claramente capaz de hacerle a Jared una pregunta. El CerebroAmigo de Jared sugirió, y Jared estuvo de acuerdo, en que ésta no era probablemente la interpretación correcta a la pregunta. Presumiblemente Cloud sabía que era capaz de hacer preguntas, y si antes no lo sabía, lo sabría ahora. Mientras el CerebroAmigo de Jared desplegaba y clasificaba interpretaciones adicionales, Jared esperó poder llegar algún día a la interpretación correcta de las frases sin tener que hacer despliegues interminables. Llevaba vivo poco más de una hora y ya era agotador.
Jared consideró sus opciones y, tras un período de tiempo que a él se le antojó largo pero pareció imperceptible para el piloto, aventuró la respuesta que parecía más adecuada al contexto.

--Sí --dijo.
--Eres de las Fuerzas Especiales, ¿verdad? --preguntó Cloud.
--Sí.
--¿Qué edad tienes?
--¿Ahora mismo? --preguntó Jared.
--Claro --respondió Cloud.
El CerebroAmigo de Jared le informó que tenía un cronómetro interno; accedió a él.
--Setenta y uno --dijo.
Cloud lo miró.
--¿Setenta y un años? Entonces eres un poco viejo para las Fuerzas Especiales, por lo que me han dicho.
--No. Setenta y un años, no --dijo Jared--. Setenta y un minutos.
--No jodas --dijo Cloud.
Esto requirió otro rápido momento de opciones interpretativas.
--No jodo --respondió Jared por fin.
--Coño, eso sí que es raro --dijo Cloud.
--¿Por qué?
Cloud abrió la boca, la cerró, y miró a Jared.
--Bueno, no tienes por qué saberlo --dijo--. Pero a la mayoría de la humanidad le parecería un poco raro tener una conversación con alguien que tiene poco más de una hora de edad. Demonios, ni siquiera estabas vivo cuando empecé aquella partida de póquer hace un rato. A tu edad la mayoría de los humanos apenas saben respirar y cagar.
Jared consultó su CerebroAmigo.
--Estoy haciendo una de esas cosas ahora --dijo.
Esto provocó un ruido divertido por parte de Cloud.
--Es la primera vez que oigo a uno de vosotros hacer un chiste.
Jared lo consideró.
--No es un chiste --dijo--. Es verdad que estoy haciendo una de esas cosas ahora mismo.
--Sinceramente, espero que sea respirar.
--Lo es.
--Entonces está bien --dijo Cloud, y volvió a reírse--. Durante un momento, creí haber descubierto a un soldado de las Fuerzas Especiales con sentido del humor.
--Lo siento --dijo Jared.
--No lo sientas, por el amor de Dios --dijo Cloud--. Apenas tienes una hora de edad. Hay gente que vive hasta los cien años sin desarrollar el sentido del humor. Una ex esposa mía se pasó la mayor parte de nuestro matrimonio sin sonreír siquiera. Al menos tú tienes la excusa de que acabas de nacer. Ella no tenía excusa alguna.
Jared reflexionó sobre eso.
--Tal vez no eras gracioso.
--¿Ves? --dijo Cloud--. Ahora estás haciendo chistes. Así que de verdad tienes setenta y un minutos de edad.
--Ahora setenta y tres.
--¿Cómo te va?
--¿Cómo me va qué?
--Esto --dijo Cloud, e hizo un gesto a su alrededor--. La vida. El universo. Todo.
--Es solitario --dijo Jared.
--Ja. No has tardado mucho en darte cuenta.
--¿Por qué crees que los soldados de las Fuerzas Especiales no tienen sentido del humor? --preguntó Jared.
--Bueno, no quiero sugerir que sea imposible. Pero es que nunca lo he visto. Fíjate en tu amiga allá, en la Estación Fénix. La bella miss Curie. Llevo un año intentando hacerla reír. La veo siempre que tengo que transportar a un puñado de vosotros al Campamento Carson. Hasta ahora, no ha habido suerte. Y tal vez sea sólo ella, pero de vez en cuando trato de hacer reír a los soldados de las Fuerzas Especiales que transporto a la superficie o traigo de vuelta. Hasta ahora, nada.
--Quizá sea verdad que no eres gracioso --volvió a sugerir Jared.
--Otra vez sigues con los chistes --dijo Cloud--. No, pensé que podría ser eso. Pero no tengo ningún problema para hacer reír a los soldados corrientes, o al menos a algunos de ellos. Los soldados corrientes no tienen mucho contacto con vosotros los de las Fuerzas Especiales, pero los que sí lo tenemos estamos todos de acuerdo en que no tenéis sentido del humor. Lo único que se nos ocurre se debe a que nacéis ya crecidos, y desarrollar el sentido del humor requiere tiempo y práctica.
--Cuéntame un chiste --dijo Jared.

LAS BRIGADAS FANTASMA, John Scalzi

La superficie de Titán fue marcada por los elementos, no por los volcanes

¿Mantiene su superficie y entrañas Titán --la luna de Saturno envuelta en niebla-- a fuego lento como un caldero rebosante de volcanes de hielo, o esta lejana luna se ha vuelta fría? En un análisis recientemente publicado, un par de científicos de la NASA analiza los datos recogidos por la sonda Cassini, que sugieren que Titán puede ser mucho menos geológicamente activa de lo que algunos científicos han pensado.
   En el estudio, publicado en la edición de abril de la revista Icarus, los científicos concluyen que el interior de Titán puede estar fría y dormida y es incapaz de causar la erupción de volcanes activos de hielo.
   "Sería fantástico encontrar una fuerte evidencia que muestre claramente que Titán tiene una fuente de calor interna que haga que se formen volcanes de hielo y flujos de lava" dijo Jeff Moore, autor principal del estudio y científico planetario del Centro Ames de la NASA, en Moffett Field, California. "Pero encontramos que las pruebas presentadas hasta la fecha no son convincentes, y estudios recientes del interior de Titán realizados por geofísicos y expertos en gravedad también debilitan la posibilidad de que haya volcanes allí", dijo.
   Los científicos coinciden en que Titán muestra evidencias de tener lagos de metano líquido y etano, y valles tallados por estos líquidos exóticos, así como cráteres de impacto. Sin embargo, el debate sigue acerca de cómo interpretar los datos de la Cassini en Titán. Algunos científicos teorizan que existen volcanes de hielo y sugieren que la energía de una fuente interna de calor puede haber causado un aumento del hielo y la liberación de vapores de metano al llegar a la superficie.
   Pero en el nuevo estudio, los autores concluyen que características que se han identificado en la superficie (en la imagen) muestran inequívocamente que fueron creados por fuerzas externas, como objetos golpeando la superficie y que crearon de cráteres; viento y lluvia que erosionaron la superficie, y la formación de los ríos y los lagos de metano y etano.
   "Titán es un mundo fascinante", dijo Robert Pappalardo, científico de investigación en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en Pasadena, California, y ex científico del proyecto para la misión Cassini de la NASA. "Su singularidad proviene de su atmósfera y lagos orgánicos, pero en este estudio, no encontramos una fuerte evidencia de vulcanismo de hielo en Titán."
   La luna más grande de Saturno es la única conocida que tiene una densa atmósfera, compuesta principalmente por nitrógeno y metano. Uno de los objetivos de la misión Cassini es encontrar una explicación sobre el mantenimiento de este medio ambiente.
   La densa atmósfera de Titán hace que su superficie sea muy difícil de estudiar con con cámaras de luz visible, pero los instrumentos infrarrojos y señales de radar pueden mirar a través de la bruma y proporcionan información sobre la composición y forma de la superficie.

El beso y la Guerra Fría

El coronel Fiodor Mijailovich Nefvakov no espera sorpresas esa mañana invernal que le ha tocado vivir en París. Es un dormido, y como todo dormido piensa –siente, intuye, sabe– que seguirá en su sueño cosmopolita hasta que sea necesario despertar. Se ha tocado con una típica boina que ha empezado a gustarle y unos anteojos que –aún cuando no quisiera confesárselo– le son cada día más necesarios. Casi ha olvidado, después de cuatro años en París bajo la falsa personalidad de Pierre Vincent, que es un hombre que busca la igualdad entre los hombres, un espía –un militante– de la dictadura del proletariado. Es casi natural: hasta el imprevisible momento en que reciba órdenes no tiene nada que hacer: es un dormido. Pero aún dormido tiene que vivir.
Fiodor Mijailovich ha encontrado una coartada en los museos parisienses: un cuadro por día es una eternidad para esperar el momento de despertar. Hay tantos que, aún durmiendo toda su vida, no tendrá tiempo para preguntas. Fiodor no se pregunta nada esa mañana de 1950. Su rutina le indica los pasos a seguir hasta el Louvre, sin pensar cuáles serán sus pasos –vaya descuido para un espía soviético o de cualquier nacionalidad– ni preguntarse por la existencia de un Ayuntamiento o un café.

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Detectan el "océano de fuego" de una luna de Júpiter

La luna Io es el mundo más volcánico del Sistema Solar y los científicos piensan que ahora tienen una mejor idea del por qué.
Cada año, la luna de Júpiter expulsa cerca de 100 veces más lava a su superficie que los volcanes de la Tierra.
Una nueva evaluación de la información proveniente de la sonda Galileo de la NASA sugiere que toda esta actividad está siendo alimentada por un gigantesco océano de magma que se encuentra debajo de la corteza de Io.
Investigadores informaron en la publicación científica Science que este reservorio extremadamente caliente tiene, probablemente, unos 50 kilómetros de espesor.
Y esa cifra es sólo un mínimo. Podría ser mucho más gruesa, indicó el autor principal del estudio, Krishan Khurana, quien está afiliado al Instituto de Geofísica y Física Planetaria de la universidad UCLA en Estados Unidos.
"Cuando los científicos comenzaron a buscar observar las imágenes de Io, desde las naves espaciales Pioneer y Voyager en los años 70, la luna parecía muy extraña", señaló a la BBC.
"De inmediato los científicos se preguntaban muchas cosas y una de las interrogantes era: '¿por qué los volcanes están presentes en toda la superficie? 'Bueno, es porque hay un acuífero gigante de magma justo debajo de la corteza. Eso es lo que nuestro estudio nos está diciendo".

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Fragmento - El almuerzo desnudo

El retrete lleva cerrado por lo menos tres horas. Creo que lo están usando de quirófano...
ENFERMERA. —No le encuentro el pulso, doctor.
DR. BENWAY. —A lo mejor se lo metió en un dedil por el jebe.
ENFERMERA. —¿Adrenalina, doctor?
DR. BENWAY. —El sereno se la chutó toda para divertirse. —Mira a su alrededor y coge uno de esos desatascadores de goma con un mango que se usan para retretes atascados... Avanza sobre la paciente—. Haga una incisión, doctor Limpf —dice a su aterrado ayudante—. Voy a darle masaje cardíaco.
Limpf se encoge de hombros e inicia la incisión. El doctor Benway lava el desatascador agitándolo en la taza del water...
ENFERMERA. —¿No deberíamos esterilizarlo, doctor?
DR. BENWAY. —Probablemente, pero no hay tiempo. —Se sienta en el desatascador como si fuera un bastón-asiento, y contempla cómo el ayudante hace la incisión—. Vosotros los jóvenes sois unos inútiles que no podéis sajar un grano sin bisturí eléctrico con drenaje automático y sutura más automática todavía... Dentro de poco estaremos operando por control remoto a unos pacientes que nunca habremos visto... No serviremos más que para apretar botones. La cirugía ya no necesitará habilidad... Ni conocimientos ni técnica... ¿Les he contado que una vez realicé una apendicectomía con una lata de sardinas oxidada? Y otra vez me encontré sin instrumental alguno y quité un tumor uterino con los dientes. Eso fue en el Alto Effendi,
y además...
DR. LIMPF. —La incisión está lista, doctor.
El doctor Benway hace entrar la ventosa del desatascador por la incisión y bombea arriba y abajo. La sangre salta sobre los médicos, la enfermera y las paredes... La ventosa produce un chapoteo espantoso.
ENFERMERA. —Creo que está muerta, doctor.
DR. BENWAY. —Bueno, son gajes del oficio. —Cruza la habitación hacia el botiquín... — ¡Algún jodido drogadicto me ha cortado la cocaína con detergente! ¡Enfermera! ¡Mande al chico a buscarme esa receta a paso ligero!
El doctor Benway opera en un auditorio lleno de estudiantes:
—Bien, jóvenes, no verán ustedes realizar esta operación con mucha frecuencia y hay una buena razón para ello... No tiene el más mínimo valor médico. Nadie sabe cuál era su finalidad, ni si tenía alguna finalidad. Personalmente creo que se trató de una creación puramente artística desde el principio. Al igual que el torero logra eludir con su habilidad y sabiduría el peligro que él mismo ha provocado, el cirujano hace peligrar
deliberadamente al paciente de esta operación, para luego, con increíble rapidez y celeridad, rescatarle de la muerte en la última fracción de segundo disponible... ¿Alguno de ustedes ha visto actuar al doctor Tetrazzini? Digo actuar a sabiendas, porque sus operaciones eran auténticas. Comenzaba lanzando un bisturí sobre el paciente desde la puerta y luego hacía su entrada de bailarín de ballet. Su velocidad era increíble: «Así no
les dejo tiempo para morirse», decía. Los tumores le provocaban un frenesí de rabia. «Jodidas células sin disciplina!», refunfuñaba avanzando sobre el tumor como un navajero.
Un joven se lanza al teatro de operaciones y avanza hacia el paciente empuñando un bisturí.
DR. BENWAY. —¡Un espontáneo! ¡Deténganlo antes de que me destripe al paciente!
Los subalternos forcejean con el espontáneo al que finalmente expulsan de la sala.
El anestesista se aprovecha de la confusión para arrancar un grueso empaste de oro al
paciente...

El almuerzo desnudo, WILLIAM S. BURROUGHS

Durante la primavera llueve metano en la luna Titán

La nave espacial Cassini ha detectado signos de una primavera con lluvias de metano sobre las dunas cercanas al ecuador de Titán, la luna de Saturno, según un estudio dirigido por el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Laurel (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Science'.
   Aunque la luna más grande de Saturno tiene lagos de metano en altas latitudes, sus regiones ecuatoriales son en su mayoría áridas, con amplios territorios de dunas.
   Los investigadores han observado canales similares a lechos de río secos en estas regiones pero se cree por norma general que estos son restos de un pasado climático más húmedo.
   El equipo, dirigido por Elizabeth Turtle, utilizó el Subsistema de Ciencia de Imágenes de la Cassini y observaron súbitos descensos en la luminosidad de la superficie cercana al ecuador de Titán después del estallido de una nube.
   Los autores consideran varias explicaciones posibles para estos cambios, incluyendo tormentas de viento y volcanismo, pero concluyen que la lluvia de una gran tormenta de metano en la región es probablemente responsable del oscurecimiento observado.
   Las observaciones de la Cassini de Titán, de entre 2004 y 2010, suponen sólo alrededor de una cuarta parte de un año de Titán, en concreto el verano avanzado en el sur y el inicio de la primavera en el norte. Además, los modelos atmosférico predicen tales tormentas cercanas al equinoccio.
   De forma global, los descubrimientos sugieren que los canales secos observados en bajas latitudes de Titán podrían haber sido creados por las precipitaciones estacionales.

Fragmento - Todos sobre Zanzíbar

¿Qué sé ya de mis hermanos los seres humanos?

Presintió una recaída en su pánico del mediodía, sintiendo una necesidad desesperada de hablar con alguien para comprobar que realmente había más gente en el mundo, no sólo marionetas movidas por hilos intangibles. Se acercó al teléfono. Pero eso no serviría... sólo conversar con una imagen en una pantalla.

Quería ver y oír a desconocidos, asegurarse de que eran independientes de él mismo.

Respirando profundamente, se dirigió a la puerta del apartamento. Al cruzarla, se detuvo y se preguntó si se olvidaba algo; volvió al dormitorio y abrió un cajón en la parte baja del armario empotrado. Debajo de un montón de camisas de papel de usar y tirar encontró lo que buscaba: un chorrevólver, la pistola de gas con cargas de cartucho comercializada por TG bajo licencia de las Industrias Japonesas de Tokio, y una karanudillera.

Se preguntó si debía ponérsela, dándole vueltas entre las manos y examinándola con curiosidad mientras se decidía, porque realmente nunca la había mirado desde que la compró. De hecho era un guante sin palma fabricado con plástico sensible a los impactos, de aproximadamente tres milímetros de grosor. Al apretarlo, pincharlo, ponérselo o quitárselo, se mantenía flexible y casi tan suave como el cuero de calidad; golpeado contra una superficie resistente, cambiaba su comportamiento como por arte de magia y, mientras la parte interior seguía igual de suave con el fin de actuar como protección contra una posible raspadura, la capa exterior se volvía tan rígida como el acero.

Se la puso y se dio la vuelta, golpeando la pared con el puño. Se oyó un golpe sordo y se le quejaron los músculos del hombro y del brazo, pero la karanudillera reaccionó como se esperaba de ella. Pasaron varios segundos antes de que pudiera volver a estirar los dedos contra la resistencia del plástico que se iba aflojando.

En la caja en que la había comprado y guardado había un panfleto que mostraba con diagramas los diversos modos habituales de utilizarlas: toscamente, como acababa él de hacer, con el puño, o más delicadamente, utilizando el canto de la mano y las puntas de los dedos unidas. Leyó todo el texto atenta y ansiosamente hasta que de pronto se dio cuenta de que se estaba comportando precisamente del modo que quería evitar: como si estuviera preparándose para una misión en territorio enemigo. Se quitó la karanudillera y se la metió en el bolsillo junto con el chorrevólver.

Si sonara el teléfono y me encontrara con el Coronel en la pantalla, activándome y diciéndome que me presentara inmediatamente a cumplir con mi deber... me sentiría asi
y no puede ser cierto. Porque, si sólo el pensar en salir de noche me asusta de este modo, el ser activado me destrozaría en pedacitos.

Cerró la puerta con un cuidado consciente y se dirigió a los ascensores.

Todos sobre Zanzíbar, John Brunner

Fragmento - LA VENGANZA DE CHANUR

-Conseguimos limpiar Gaohn, apartamos a nuestros enemigos hani de Kohan, hicimos que Tahar y su clan quedaran casi destrozados,arrojamos al exilio a la Luna Creciente... Hemos atraído a los mahendo'sat a nuestro mundo natal, y también a los humanos y los knnn, lo cual les ha sentado francamente mal a todos los partidarios del aislacionismo que hay ahí, ¿no? Naur, su pandilla... El clan Llun recibió un buen castigo por la ayuda que nos prestó en Gaohn, y lo mismo ocurrió con otras amigas nuestras. Aunque Tahar fuera nuestra enemiga... hemos destrozado su clan y el poder que tenían sobre sus aliados; y eso ha dejado un vacío. Esta situación ha permitido que algunos otros clanes ascendieran dentro del han.
-Naur, Jimun y Schunan -murmuró Haral-. Los maravillosos patrones de Ehrran.
-Eso es justamente lo que ha ocurrido. Estábamos mucho mejor teniendo a Tahar como enemiga. Su clan estaba formado por una pandilla de bastardas, pero al menos eran bastardas que navegaban por el espacio. Lo que ahora tenemos es a las viejas sorbehuevos que nunca han salido del planeta, como Naur; y a esas viejas gordas les encantaría vernos de nuevo a todas con faldellines y sofhyn.
-Eso se refiere a mí -dijo Khym.
-Aguántate, Khym.
-Mira, si me hubiera quedado en Anuurn...
-Sí no hubiera sido por eso hubieran encontrado cualquier otra excusa. Hicimos que especies de otros mundos entraran en el sistema de Anuurn...
-...y sacamos de ahí a un macho.

LA VENGANZA DE CHANUR, C. J. CHERRYH

La energía oculta de Hijitus

Un proyecto desarrollado en el INTI avanza hacia la construcción de pequeños generadores de energía eléctrica que funcionarán sin ningún combustible: aprovecharán diferencias realmente ínfimas en la fuerza gravitacional de la Tierra. Sucede que la atracción terrestre es ligerísimamente menor, pongamos, en el primer piso de una casa que en su planta baja, que está más cerca del centro de la tierra; esa variación minúscula se aprovechará –utilizando las mismas ecuaciones que se usan para diseñar aviones supersónicos– para acelerar el aire hasta una velocidad superior a cien kilómetros por hora, en el interior de un tubo de refinado diseño que no supera los cuatro metros de largo y que, grafican sus desarrolladores, “se parece al sombrero de Hijitus”. Cada dispositivo cuenta con una turbina que transforma ese aire en movimiento en energía eléctrica suficiente para proveer a cuatro casas de familia. El aparato podría funcionar indefinidamente, sólo con mantenimiento en sus partes móviles. Su utilidad social, según los diseñadores, es “proveer a muchas localidades del interior del país a las que el sistema interconectado nacional no llega suficientemente”.

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LOS PLANES ARGENTINOS DE EXPANSION ESPACIAL

El país tiene una larga tradición en cohetería. En la década del sesenta, un par de experiencias exitosas –un ratón viajó a bordo de un cohete Orión II, y un mono tripuló un cohete Rigel que alcanzó setenta kilómetros de altura– convirtió a la Argentina en uno de los cinco países del mundo que por entonces habían desarrollado experimentos biológicos en el espacio. Esas experiencias querían inaugurar una estrategia escalonada cuyo objetivo era el desarrollo de un lanzador satelital, y ya en 1971 la prensa publicaba que el país se preparaba para poner un satélite en órbita.
Con la infausta llegada del Proceso hubo recursos inéditos en materia de investigación espacial, pero los dos conflictos bélicos de la época hicieron que esa línea de cohetería con propósitos científicos se viera atravesada por otra distinta. Como recuerda el historiador Diego Hurtado de Mendoza en La ciencia argentina (un proyecto inconcluso), pocas semanas después de la rendición de Malvinas, en una reunión secreta de brigadieres y comodoros en la sede del comando de la Fuerza Aérea, se tomó la decisión de desarrollar un misil balístico de alcance medio, el Cóndor II, que podría transportar una cabeza explosiva de quinientos kilogramos a mil kilómetros de distancia.

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Fuego

Sabe que tiene que irse.

-Apure, profesor -llaman desde afuera.
-Ya voy. -Ajusta la lente del telescopio y sigue mirando. Contra el negro de la nada los rayos se descomponen en mil colores.

La luz. Siempre la misma y sin embargo distinta. El hombre la contempla con ojos de enamorado.
Y el calor.
Hasta ayer, con una toalla grande y gesto indiferente, secaba el sudor que corría por su cara, por su cuerpo. Hoy ya ha renunciado al intento de mantenerse seco. Al esfuerzo de tomar notas también.

-No queda mucho tiempo -insiste la misma voz, ya lejana.

Mira en derredor. Instrumentos de laboratorio y algunos efectos personales. Amados objetos que debe abandonar. El saxo de su padre. "Esta es una familia de músicos, el científico es nuestra oveja negra", bromeaba, orgulloso, el viejo. También está la pintura. Lara, preciosa como era. Viva.

Su equipaje ya ha sido cargado.

-Sólo lo imprescindible, profesor, menos, si puede. Usted comprende -él entiende perfectamente.

Las diez de la noche. Sale al horno que es la calle. Cierra con llave. ¿Para qué? Nadie se queda. En pocos días quedará nada.
Aún peor que la temperatura es el silencio. La ciudad ya ha sido evacuada. La ciudad y el mundo.
Quita el cerrojo que acaba de poner, abre la puerta, se sienta en el suelo bajo el marco.
Aguarda un rato.
De pronto, ciento veinte segundos de ruido ensordecedor. Luego, la más absoluta calma. La nave ha despegado en el horario previsto.
Pasan un par de perros, ahora sin dueño, desorientados.
Mira el cielo. En una hora, a los sumo dos, no será necesario el telescopio. Se podrá observar un bello espectáculo a simple vista.

El Sol continúa agigantándose.

No cree estar solo. En algún lugar del planeta habrá otro ser humano que, como él, haya decidido quedarse a esperar el amanecer en casa.

50 años del primer hombre en el espacio

Se cumplen 50 años desde que el astronauta ruso Yuri Gagarin, se convirtiera en el primer ser humano que viajaba al espacio en una "gesta" que, según ha explicado el director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jean Jaques Dordain, sería "la impulsora de que el ser humano tenga actualmente un concepto de futuro global".
   En 1961 Gagarin, con 27 años, se convirtió en el primer ser humano que viajó al espacio a bordo de la nave Vostok 1, una aventura de 108 minutos para la que el astronauta se había estado preparando de manera específica desde hacía un año. A pesar del entrenamiento, las autoridades soviéticas "no estaban del todo seguras de que Gagarin sobreviviera" al descenso, pero finalmente el astronauta aterrizaba sin problemas en Tajtarova (Siberia) tras salir despedido de la cápsula del Vostok.
   Entre las anécdotas que se han comentado sobre esta hazaña está la de una campesina que se encontró a Gagarin tras su 'aterrizaje' y que le preguntó si venía del "espacio exterior" a lo que el ruso contestó "sí, pero no se alarme, soy soviético". Dordain ha confirmado también que el astronauta gritó "Poyekhali" ("Vamos"), nada más ponerse en órbita. Posteriormente comentó a los que le seguían a través del puesto de control: "veo la Tierra, que hermosa es".
   De hecho, tras su experiencia en el espacio, el astronauta comenzó una campaña para proteger el planeta, ha explicado la ESA. "Dando vueltas a la Tierra en mi nave espacial orbital me maravillé de la belleza de nuestro planeta. Pueblos del mundo, protejamos y aumentemos esa belleza, no la destruyamos", declaró Gagarin a los medios.
   El director general de la ESA ha señalado que la experiencia de Gagarin tiene un significado diferente 50 años después "cuando la mayoría de las agencias espaciales del mundo discuten una estrategia común para la exploración pacífica del espacio tanto tripulada como robótica, e investigan destinos del Sistema Solar donde los seres humanos podrían algún día vivir y trabajar".
   En cuanto al futuro, Dordain señala que en los próximos 50 años los países tendrán "una mayor cooperación". "Vamos a salir, hacia la Luna o a Marte, juntos", ha concluido.
LA ESTELA DE GAGARIN
   La hazaña de Gagarin provocó que la NASA se apresurara a poner un astronauta en el espacio y un mes después, en mayo de 1961, Alan Shepard se convirtió en el primer astronauta estadounidense en el espacio, aunque haciendo un vuelo balístico suborbital. Hasta el año siguiente no estuvo en órbita un astronauta americano, fue John Glenn el que dio la vuelta a la Tierra a bordo del Mercury Friendship (7 en febrero de 1962).
   Por su parte, Gagarin nunca volvió al espacio. Después de una gira mundial para hablar sobre su experiencia regresó a su vida como astronauta del programa espacial ruso para preparase para el primer vuelo de la nueva nave Soyuz en 1967. Sin embargo, la ESA señala que pero los altos directivos lo dejaron en tierra porque no querían arriesgar la vida de un héroe de la Unión Soviética en otra misión peligrosa.
   El astronauta perdió la vida durante un vuelo rutinario de entrenamiento el 27 de marzo de 1968, cuando su avión se estrelló y tanto él como su instructor fallecieron.

EE UU y Rusia planean para ir a Marte un transbordador atómico

Rusia y Estados Unidos trabajarán conjuntamente en la construcción de un nuevo transbordador espacial propulsado con energía atómica. Sería imprescindible en vuelos de larga duración a la Luna, Marte u otros planetas. Así lo acaba de anunciar el director de la agencia espacial rusa (Roskosmos), Anatoli Perminov, en el cosmódromo kazajo de Baikonur.
«Un vuelo a Marte con los actuales propulsores requeriría demasiado tiempo», afirmó Perminov. Según sus palabras, en el proyecto participarán, no sólo Rusia y EEUU, sino también «países dotados de un alto nivel tecnológico en el desarrollo de reactores» tales como Alemania, China, Francia y Japón. El máximo responsable de Roskosmos no incluyó a España, pese a estar también entre los países punteros en el sector nuclear.
El calendario elaborado inicialmente prevé que el diseño de la turbina espacial atómica esté concluido en 2012 y que la primera nave salga de la factoría en 2019. El proyecto tendrá un coste aproximado de 17.000 millones de rublos (unos 425 millones de euros).
Las conversaciones para negociar todos los aspectos entre Roskosmos y la NASA comenzarán el próximo 15 de abril. La agencia espacial estadounidense ha propuesto además que este año se celebre en Moscú una gran conferencia sobre la utilización de la energía nuclear en el espacio.
En la década de los 60, Mstislav Kéldish, Ígor Kurchátov y Serguéi Koroliov ya desarrollaron un programa para la utilización de la energía atómica en el cosmos. Se construyeron satélites espías para localizar submarinos con pequeños motores nucleares de baja potencia. Tenían una autonomía de un año nada más y se decidió después prohibir su utilización por razones de seguridad.
Esta vez, subrayó Perminov, «se trata de crear propulsores mucho más potentes, capaces de recorrer grandes distancias». El director de Roskosmos lanzó la idea en octubre de 2009 argumentando que la exploración de Marte y la instalación de una base permanente en la Luna no podrán realizarse sin el concurso de la energía atómica. Lo primero que habrá que hacer ahora será levantar la prohibición existente sobre el empleo en el espacio de ingenios nucleares.

Fragmento - LA AVENTURA DE CHANUR

-Calma -sintió que Tully estaba temblando y le dio una palmadita en la pierna mientras se volvía hacia el-. Estás a salvo, Tully, todo va bien -el traductor había dejado de funcionar hacía unos minutos, al salir de su radio de alcance, pero Tully era capaz de entender algunas palabras por sí solo-. Estás a salvo, ¿me has
entendido?
Tully asintió, mirándola como si en realidad fuera incapaz de verla. Sus dedos sujetaban firmemente la bolsa de plástico y tanto Hilfy como Chur habían pegado sus cuerpos al de Tully, lo máximo posible, para mantenerle caliente. El relámpago blanquecino emitido por la luz del vehículo iluminaba la palidez de su piel y su
cabello descolorido, convirtiendo sus movimientos nerviosos en algo irreal.
-Yo... -empezó a decir y entonces el vehículo giró bruscamente, oscilando, y les lanzó a todos hacia la izquierda y hacia adelante. Fue tan brusco que la parte trasera del vehículo que las escoltaba llenó todo el campo visual de Hilfy, en tanto que el conductor mahendo'sat luchaba con el volante y los guardias alzaban los brazos para protegerse del impacto. El vehículo giró, patinando, perdido el control y un segundo después se estrelló, como dotado de una perversa voluntad propia, contra el primer vehículo. Luego salió despedido con un chirrido metálico y siguió patinando mientras una rueda era arrancada del eje y daba vueltas sobre las planchas del suelo. Todo se volvió confuso y de pronto se oyó un aullido en el asiento de los mahendo'sat y fue como si un puño les golpeara. El respaldo del asiento voló hacia el rostro de Hilfy y ella extendió la mano hacia Tully justo cuando su cabeza golpeaba el acolchado asiento, el eco de la explosión agitaba todavía el aire y el vehículo oscilaba y, recibía un nuevo impacto.
-¡Están disparando! -gritó Chur y ese grito hizo que la realidad penetrara de nuevo en el cerebro de Hilfy y sus dedos engarfiados se arrastraron hacia el arma que tenía en el bolsillo. Sentía el brazo entumecido, hasta la altura del codo, a causa de un golpe que había recibido durante las oscilaciones y sacudidas del vehículo. Ahora se habían detenido. La ventanilla delantera estaba hecha pedazos, el conductor se había derrumbado sobre el panel de control pero los dos guardias seguían vivos. -¡Quédate dentro! -estaba gritando Chur desde el otro lado, mientras un guardia luchaba para abrir la portezuela. Algo golpeó el vehículo y una flor de fuego desplegó sus pétalos al otro lado de la ventanilla. Hilfy logró sacar por fin el arma cuando una humareda
plateada penetraba por la portezuela con un acre aroma de ozono. La puerta, en posición manual, se abrió lentamente y luego volvió a cerrarse tras haber dejado entrar una buena dosis de humo. El mahe cayó a! suelo entre una salva de disparos y la humareda le hizo invisible. Su compañero disparó desde el interior del vehículo y algo les golpeó de nuevo, hubo otra flor de fuego y un estruendo ensordecedor.
-¡Hilfy! -Tully tiraba de ella mientras desde e! otro lado, le llegaba un soplo de aire fresco. Chur había logrado abrir la portezuela por el lado que no estaba expuesto al fuego y había salido del vehículo. Hilfy miró fugazmente hacia el otro lado y empezó a disparar una y otra vez hacia el confuso remolino de negras capas kif que distinguía entre el humo, pensando a cada disparo que después de acabar con ellos saldría de! vehículo.
De pronto, unas manos la agarraron por la cintura de los pantalones y tiraron de ella. Lo hacían con tal fuerza que la arrastraron por encima del asiento, mientras seguía disparando. Un brazo le rodeó la cintura y la hizo salir por la portezuela. Logró disparar un par de veces más. Tully intentó llevarla en brazos, pero Hilfy se liberó con un manotazo, se puso en pie y echó a correr, con Tully al lado y Chur...
Otra explosión junto a ella y se encontró volando por los aires. Las placas metálicas del suelo parecieron materializarse repentinamente bajo sus manos y su rostro. Algo muy pesado cayó sobre ella y se quedó inmóvil.


LA AVENTURA DE CHANUR, C. J. CHERRYH

Fragmento - CÁNTICO POR LEIBOWITZ

«Y así fue en aquellos días», dijo el hermano lector:
Que los príncipes de la Tierra habían endurecido sus corazones contra la Ley del Señor y su orgullo no tenía fin. Y cada uno pensó para sí que era mejor que todo fuese destruido que permitir que la voluntad de otro príncipe prevaleciese sobre la suya. Porque los poderosos de la Tierra contendían entre ellos sobre todo por el poder supremo. Por medio del robo, la traición y el engaño buscaban gobernar y temían mucho la guerra y temblaban; porque el Señor Dios les había permitido a los sabios de aquella época aprender los medios con los cuales el mundo podía ser destruido, y en sus manos había sido depositada la espada del arcángel con la cual Lucifer había sido expulsado. Aquellos hombres y príncipes podían temer a Dios y humillarse ante el Altísimo. Pero no eran humildes. Y Satanás habló con cierto príncipe diciendo: «No temas emplear la espada, porque los hombres sabios te han engañado al decir que el mundo sería destruido por ella. No escuches el consejo de los débiles, porque te temen excesivamente y sirven a tus enemigos al frenar tu mano en contra de ellos. Ataca y gobernarás sobre todas las cosas».
Y el príncipe prestó atención a la palabra de Satanás, hizo llamar a todos los hombres sabios de aquel reino, y les pidió que le indicasen los medios con que el enemigo podía ser destruido sin atraer la ira sobre su propio reino. Pero la mayoría de los hombres sabios dijeron: «Señor, no es posible, porque vuestros enemigos también tienen la espada con que os hemos armado y su fiereza es como la llama del infierno y como la furia de la estrella solar en la que fue encendida».
«Entonces me fabricaréis un arma que sea siete veces más ardiente que el propio infierno», ordenó el príncipe, cuya arrogancia era ya superior a la de los faraones.
Y muchos de ellos dijeron: «No, señor, no nos pidáis esto; porque hasta el humo de un fuego como éste, si lo obtuviésemos para ti, haría perecer a muchos».
Aquella respuesta enfureció al príncipe, sospechó que le traicionaban y colocó espías entre ellos para tentarlos y desafiarlos; debido a ello los sabios se asustaron. Algunos cambiaron sus respuestas, para que su ira no fuese invocada en contra suya. Tres veces lo preguntó y tres veces contestaron: «No, señor, hasta los vuestros morirán si hacéis tal cosa». Pero uno de los magos era como judas Iscariote, y su testimonio fue falso, y habiendo traicionado a sus hermanos, les mintió a todos, aconsejando no temer al demonio del Fallout. El príncipe prestó atención a este sabio falso, cuyo nombre era Blackeneth y envió espías para acusar a varios de los magos ante el pueblo. Asustados, los menos sabios entre los magos aconsejaron al príncipe, complaciendo su capricho, diciendo: «Las armas pueden ser empleadas, pero no os excedáis de tales y tales límites o moriremos todos».
Y el príncipe asoló las ciudades de sus enemigos con el nuevo fuego, y durante tres días y tres noches sus grandes catapultas y pájaros metálicos lanzaron la ira sobre ellas. Sobre cada ciudad apareció un sol más brillante que el del cielo e inmediatamente aquella ciudad palideció y se fundió como la cera bajo la antorcha, y sus habitantes se detuvieron en las calles y su piel humeó y se convirtieron en haces lanzados sobre carbones. Y cuando la furia del sol hubo disminuido, la ciudad estaba en llamas; y un gran trueno bajó del cielo, como el gran ariete de batir PIK—A—DON, para aplastarla totalmente. Humos venenosos cayeron sobre toda la Tierra, y la Tierra brillaba en la noche con las brasas. La maldición de las brasas formó una costra en la piel e hizo que el cabello cayese y que la sangre muriese en las venas.
Y una gran peste fue por la Tierra y hasta por el cielo. Como en Sodoma y Gomorra fue la tierra y las ruinas de aquello, aun en la tierra de ese cierto príncipe, porque sus enemigos no negaron su venganza, enviando el fuego a su vez para sumergir sus ciudades como lo habían sido las de ellos. La peste de la carnicería fue excesivamente ofensiva para el Señor, quien habló al príncipe, Nombre, diciendo: «¿Qué ofrenda de fuego es esta que has preparado ante mi? ¿Qué es este sabor que se alza del lugar del holocausto? ¿Me has ofrecido un holocausto de corderos o cabras, o le has ofrecido un becerro a Dios?». Pero el príncipe no le contestó y Dios dijo: «Me has ofrecido a mis hijos en holocausto». Y el Señor le quitó la vida junto con la de Blackeneth, el traidor, y hubo pestilencia en la Tierra, y la locura se posesionó de la humanidad, que lapidó a los sabios junto a los poderosos que aún habían quedado con vida.

CÁNTICO POR LEIBOWITZ, Walter M. Miller

Misión Marte en Marambio

La misión “Marte en Marambio”, liderada por el investigador espacial argentino Pablo Gabriel de León ya es un éxito. Desde ayer, científicos de la NASA, acompañados de técnicos e investigadores de Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica (INMAE) y de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), llevan adelante dicha misión en el territorio antártico argentino.

Por primera vez, un traje espacial llegará a la Antártida; se trata del NDX-1, diseñado por Pablo de León, Investigador Principal de NASA y Director del Laboratorio de Vuelos Espaciales Tripulados de la Universidad de North Dakota.

“El NDX-1 ha pasado por diferentes pruebas en condiciones de simulación similares a las del planeta rojo; ahora hemos elegido el continente antártico por su ambiente similar al planeta Marte” - explica de León, quien dirige las pruebas.

“La Antártida es uno de los últimos lugares del planeta que han sido minimamente modificados por el hombre. Sumado a esto la temperatura, los vientos y la sequedad de la atmósfera, el continente antártico se convierte en el lugar ideal para realizar este tipo de experimentación”.

Como parte del Programa NASA-ASTEP (Astrobiology, Science and Technology for Exploring Planets) y en misión del Centro Espacial AMES de la NASA, se trabajará para perfeccionar un mecanismo que permita la toma de muestras estériles, reduciendo al mínimo la denominada cross-contamination.

En este sentido, el equipo de científicos se encuentra realizando una serie de pruebas con el traje de exploración planetaria NDX-1; en que ensayarán tareas que los astronautas deberán realizar durante futuras misiones tripuladas al planeta Marte.

De León se encuentra acompañado por Jon Rask, Científico Senior, y la Dra. Margarita Marinova, Científica Planetaria, ambos pertenecientes al Centro Espacial NASA Ames, en California.

Marte es uno de los planetas del sistema solar que posee condiciones similares a la Tierra, de esta manera, las misiones tripuladas tendrán como uno de sus objetivos investigar la posibilidad de vida, la existencia de microorganismos o restos fósiles.

La localización de la Base Vicecomodoro Marambio en el extremo Norte del continente, permite la búsqueda de vestigios de vida, dado que se puede acceder directamente al suelo, obteniendo muestras que han permanecido sin contaminación durante decenas de miles de años.

La Misión Marte en Marambio, es un proyecto que llevó más de un año de preparativos entre la NASA, la Universidad de North Dakota, la Fuerza Aérea Argentina y otros organismos.

Pablo de León es un investigador argentino, radicado en Estados unidos, quien lleva más de 20 años dedicado a la labor espacial. Periódicamente regresa a nuestro país y a través de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial -entidad privada, sin fines de lucro- promueve el desarrollo de la ciencia y tecnología; actividades que se desarrollan sin apoyo, ni subsidio de entes gubernamentales. Entre estas actividades se encuentra la organización del Congreso Argentino de Tecnología Espacial, cuya sexta edición se realizará en la provincia de San Luís en mayo de este año.

Fragmento - El Orgullo de Chanur

Mientras, la distinguida y noble capitana Pyanfar Chanur se disponía a bajar por la rampa de su nave hacia los muelles y el intruso ocupaba el último lugar por orden de importancia en sus pensamientos. La capitana era hani y poseía una espléndida melena rojo dorada que se prolongaba en una barba de sedosos rizos hasta la mitad de su pecho, cubierto de un suave pelaje. Su atuendo era el conveniente a una hani de su rango: pantalones anchos de color escarlata recogidos por un cinturón dorado al que guarnecía una generosa cantidad de cordones de seda cuyas tonalidades recorrían toda la gama del rojo y del naranja. De cada cordón colgaba una joya y los pantalones terminaban a la altura de las rodillas en una banda de oro. Llevaba un brazalete de oro delicadamente labrado y la velluda curva de su oreja izquierda iba adornada con una hilera de finos anillos de oro y un gran pendiente con una perla. Bajó por la rampa con el paso seguro de la propietaria, aún algo encendida la sangre a causa de una disputa anterior con su sobrina... y se detuvo, lanzando un chillido y sacando las garras, al toparse con el intruso.

Su primer golpe, fruto de la sorpresa, habría dejado algo aturdido a un hani, pero la piel sin vello del intruso se desgarró como si fuera de papel y éste, más alto que ella, la rebasó tambaleándose. Dio la vuelta en el final de la rampa curvada y, patinando a causa del impulso de su carrera, se coló de un salto en la nave, dejando sangre a su paso y marcando con la huella de una mano ensangrentada la blanca pared de plástico.

Pyanfar, boquiabierta y más que enfadada, se lanzó tras él arañando con las garras las placas del suelo para no patinar.
-¡Hilfy! -gritó a plena potencia. Hilfy, su sobrina, estaba antes en el pasillo inferior. Pyanfar llegó hasta la esclusa y, con un golpe brusco en el panel de comunicaciones, se puso en contacto con todos los puestos de la nave-. ¡Alerta! ¡Hilfy! ¡Llamada a toda la tripulación! Algo se ha metido en la nave. Enciérrate en el compartimiento más cercano y llama a la tripulación.

Abrió con un golpe seco el panel que había junto a la unidad de comunicaciones, agarró una pistola y partió a la caza del intruso. El seguirlo no era ningún problema, dado el rastro de manchas rojas que había dejado en el blanco suelo. El rastro torcía a la izquierda en la primera encrucijada de corredores, y no se veía a nadie: el intruso debía de haberse desviado nuevamente a la izquierda, siguiendo la forma del cuadrado de pasillos que circundaba las cubiertas de los ascensores. Pyanfar siguió corriendo y oyó un grito procedente de esa intersección de corredores. Apretó el paso; /Hilfy! Rebasó la esquina a toda velocidad y frenó de golpe para encontrarse con la imagen, como congelada, del intruso con su espalda lampiña por la que corrían riachuelos rojizos y de Hilfy Chanur, defendiendo el corredor vacío sin más armas que sus garras y su osadía de adolescente.

-¡Idiota! -le dijo Pyanfar a Hilfy con un bufido y el intruso se volvió como un rayo hacia ella. Ahora lo tenía mucho más cerca que antes: su cuerpo se quedó encogido, como a punto de saltar, al ver el arma que Pyanfar sostenía con las dos manos apuntándole. Quizá fuera lo bastante inteligente como para no arremeter contra un arma; quizá... pero eso le haría revolverse contra Hilfy, que seguía inmóvil y desarmada detrás del intruso. Pyanfar se dispuso a hacer fuego al menor movimiento de éste.
El intruso seguía agazapado, el cuerpo tenso, jadeando a causa de la carrera y sus heridas.
-Sal de ahí -le dijo Pyanfar a Hilfy-, retrocede.
El intruso había trabado ya conocimiento con las garras hani y ahora acababa de conocer sus armas, pero sus acciones seguían siendo imprevisibles. Hilfy, un manchón confuso en el límite de su campo visual, centrado por completo en el intruso, permanecía tozudamente inmóvil.
-¡Muévete! -gritó Pyanfar.
Y el intruso gritó igualmente, con un rugido que a punto estuvo de ganarle un disparo. Con el cuerpo ya erguido, se llevó la mano por dos veces al pecho en un gesto desafiante. ¡Venga, dispara!, parecía invitarle.
Eso intrigó a Pyanfar. El intruso no era nada atractivo: una revuelta melena dorada, barba del mismo color y un poco de vello en el pecho, tan escaso que casi resultaba invisible, bajando en una línea decreciente hasta su vientre que subía y bajaba velozmente impulsado por sus jadeos y desvaneciéndose por fin en lo que indudablemente era tela, aunque reducida a tal estado de harapo como para ser casi inexistente y tan ennegrecida por la suciedad que apenas se la distinguía de su piel lampiña. El olor del intruso era agrio pero...
Ese modo de comportarse, la invitación al enemigo hecha por sus ojos llameantes... sí, eso merecía ser meditado. Conocía las armas; llevaba encima un pedazo de tela; sabía trazar su territorio y estaba decidido a defenderlo. Quizá fuera un macho: en sus ojos había esa expresión tozuda y atolondrada típica de ellos.

-¿Quién eres? -le preguntó Pyanfar, pronunciando lentamente las palabras y usando varios lenguajes en sucesión, incluyendo el kif. El intruso no dio señales de entender ninguno de ellos-. ¿Quién? -le repitió.

De pronto el intruso se agachó con una mueca huraña hasta tocar el suelo y con un dedo, provisto de una gruesa uña, empezó a escribir con su propia sangre, profusamente esparcida alrededor de sus pies descalzos. Trazó una hilera de símbolos, diez en total, y luego otra que empezaba con el primer símbolo precedido por el segundo, luego el segundo con el segundo, el segundo con el tercero... escribía con gestos pacientes y cada vez más absortos en su tarea pese a los crecientes temblores de su mano, mojando el dedo en la sangre y escribiendo, como un loco incapaz de abandonar algo que ha empezado.

-¿Qué está haciendo? -preguntó Hilfy, que no podía verlo dada su posición.
-Es un sistema de escritura, probablemente algún tipo de notación por cifras. No se trata de un animal, sobrina.
Al oír el intercambio de palabras el intruso alzó los ojos... y se levantó con una brusquedad que resultó excesiva después de su pérdida de sangre, Sus ojos se vidriaron y con una expresión desesperada el intruso se derrumbó sobre el charco de sangre y los signos que había trazado, resbalando sobre ellos cada vez que intentaba levantarse de nuevo.
-Llama a la tripulación -dijo Pyanfar con voz calmada, y esta vez Hilfy se apresuró a obedecerla. Pyanfar se quedó donde estaba, pistola en mano, hasta que Hilfy hubo desaparecido por el corredor y luego, asegurándose bien de que nadie la veía faltar de tal modo a su dignidad, se inclinó sobre el intruso dejando descansar el arma, aún agarrada con las dos manos, entre sus rodillas. El intruso seguía debatiéndose y finalmente logró apoyar su espalda ensangrentada en la pared, apretándose con el codo la herida del flanco de la que brotaba mayor cantidad de sangre. Aunque algo extraviados, sus ojos, de un azul claro, no parecían haber perdido el sentido de lo real y la observaban, cautelosos, con lo que en su situación parecía un cinismo irracional.
-¿Hablas kif? -le preguntó de nuevo Pyanfar. Un fugaz centelleo en sus ojos, lo cual podía significar cualquier cosa, pero ni una palabra. Su cuerpo empezó a temblar violentamente con los primeros efectos de un shock por hemorragia. Su piel carente de vello se estaba cubriendo de sudor, Pero el intruso no apartaba los ojos de ella.
Ruido de pasos en los corredores. Pyanfar se incorporó rápidamente, no deseando que nadie le viera en tal posición junto al intruso. Hilfy apareció por un pasillo a toda velocidad y en dirección opuesta, al mismo tiempo, llegó la tripulación. Pyanfar se apartó unos pasos al verlas y el intruso intentó moverse sin demasiado éxito. Varias manos se apoderaron de él rápidamente y lo arrastraron sobre el charco de sangre. Lanzó un grito, intentando luchar, pero no tardaron en darle la vuelta y aturdirle de un golpe.
-¡Con suavidad! -gritó Pyanfar, pero ya no era necesario, Le ataron los brazos a la espalda con un cinturón y luego otro le rodeó los tobillos, apartándose luego de él con el pelaje tan ensangrentado como el cuerpo del intruso, que seguía removiéndose lentamente-. No le hagáis más daño -dijo Pyanfar-. Lo quiero limpio, naturalmente. Dadle agua y comida y curadle, pero que esté bien encerrado. Id preparando alguna explicación de cómo logró darse de bruces conmigo en la rampa y si alguien habla de esto fuera de la nave, aunque sólo sea una palabra, me encargaré de vender la a los kif.
-Capitana... -murmuraron, agachando las orejas en deferencia. Eran sus primas en segundo y tercer grado: dos parejas de hermanas, una grande y una pequeña, y las cuatro estaban igualmente apenadas.
-¡Fuera! -les dijo. Cogieron al intruso por el cinturón que le ataba los brazos y se dispusieron a llevárselo a rastras-. ¡Con cuidado! -siseó Pyanfar, y su transporte fue algo menos brusco-. Y tú... -le dijo después Pyanfar a Hilfy, la hija de su hermana, mientras que ésta agachaba las orejas y apartaba el rostro de corta melena en el que ya empezaba a despuntar la barba de una adolescente, con cierta expresión de mártir-. Si desobedeces otra orden mía te enviaré de vuelta a casa con la melena afeitada. ¿Me has entendido?
Hilfy le hizo una reverencia con el debido aire de contrición.

El Orgullo de Chanur, C.J.Cherryh

EXTINCIÓN INMINENTE

Desde niño mostró una especial sensibilidad por los seres delicados y dignos que poblaban los relatos ilustrados de su solitaria infancia. Unicornios, sirenas, dragones y centauros suplieron el bullicio propio de las familias numerosas y fueron una inmejorable compañía para el único hijo de la familia Costa-Formiga.

Más tarde se interesó por los dinosaurios y conoció a los habitantes de las más remotas mitologías. Fue creciendo mientras su biblioteca se expandía como una ameba que extiende sus seudópodos, y él se dejó fagocitar, encantado por las historias sobre otros universos que le envolvían y ocupaban todos los rincones de su alma. Es comprensible, pues, que sus parientes se sorprendieran cuando se enteraron que quería ingresar en la Facultad de Biología. Al principio lo tomaron como otra de sus muchas excentricidades, pero tras recapacitar unos segundos concluyeron que, una vez agotado el tema de los seres fantásticos, no estaba de más que dejase entrar en su cabeza un poco de realidad. Inmediatamente siguieron con sus ocupaciones.

Se especializó en zoología, y se dedicó con pasión a la desagradecida tarea de catalogar y recuperar insólitas especies de ranas, tortugas, tritones, insectos y simios abocados a una inminente extinción.

Compaginó, durante casi cincuenta años, la alta investigación en dinámica de ecosistemas con la divulgación pragmática (y en ocasiones oportunista) de los efectos devastadores de tanta desaparición. Aunque con su empeño logró prolongar unos años la presencia en la tierra de algunos de los animales, la larga lista prendida en la pared de su despacho iba disminuyendo, y muchas de las especies a las que trató de salvar desaparecieron definitivamente a lo largo de su dilatada y prestigiosa carrera. Cada vez que había una baja en la lista, el doctor Costa-Formiga colgaba una fotografía del animal extinguido en una vitrina en la que, a modo de mausoleo, posaban los animales que no pudieron ser.

No había día en el que no se avergonzara de pertenecer a una especie tan depredadora y codiciosa como la suya. Cada fotografía que accedía a la vitrina era una inyección de adrenalina que impulsaba al doctor a investigar más a fondo los factores de estrés en los sistemas naturales, a escribir más artículos, a participar en más foros internacionales y a viajar allá donde su presencia fuera requerida. La rabia actuó como el acicate más potente contra cualquier atisbo de pereza y le convirtió —sin él quererlo— en la mayor eminencia del mundo sobre animales en peligro de extinción. Solamente en su vejez —cuando la vitrina ya tenía demasiadas capas de fotografías y apenas recordaba el aspecto de los primeros animales que colocó— esa rabia dio paso a una creciente melancolía.

La Academia de las Ciencias quiso concederle, cuando ya era un anciano y él mismo podía ser considerado un ser en peligro de desaparición, el máximo galardón en reconocimiento a una vida dedicada a la ciencia y a la conservación de la biodiversidad del planeta.

Lo podemos ver, frágil y hermoso como una pieza de porcelana, acercándose con paso lento al estrado para leer el discurso de agradecimiento. La palidez de su piel casi transparente contrasta con el terciopelo azulado de su frac.

El anciano se detiene ante el micrófono y, sin prisas, observa a la audiencia. No puede evitar una sonrisa al pensar en un gran arrecife repleto de focas monje. Los miembros de la Academia, los científicos y las demás autoridades también sonríen, ayudándole a visualizar la imagen al enseñar levemente los colmillos.

Tras un suave carraspeo comienza a leer el discurso, con mano temblorosa pero voz firme. Un discurso corto pero ancho, tan ancho que caben todos.

Tras dar las gracias por el premio empiezan a desfilar por entre sus palabras una larga procesión de seres que ya no existen. Nombra, como si fuera un segundo Noé tratando de llenar su arca, a los animales que querría llevarse con él. Los llama por su nombre y ellos, sumisos, entran en la sala y la recorren.

En primer lugar un recuerdo emocionado y en clave de vergonzosa disculpa para algunos de los últimos expulsados: el delfín de río chino y el coqui dorado.

A continuación, un réquiem en memoria de los ya casi legendarios bisontes, dodos y tigres de Tasmania. También menciona en voz baja —para evitar que se acerquen y desbaraten la comida de gala— a dinosaurios y mamuts.

Por último —y con la libertad que otorga el no tener ya nada más que perder— un gutural y lacerante reclamo sale de su garganta.

Se oye un extraño rumor de pasos y batir de alas que crece desde el suelo. Una legión de sirenas, faunos, dragones y arpías se deslizan por entre los comensales para acudir gozosos a su llamada y rodearle. Un minotauro y un Yeti clausuran el desfile.

Para cerrar el discurso ninguna mención a la universidad, a los políticos ni a los investigadores que le escuchan con los colmillos ahora escondidos y los ojos muy abiertos. Solamente una caricia en el hocico del unicornio que se ha sentado a su izquierda.

EXTINCIÓN INMINENTE - Paz Monserrat Revillo

Fragmento - ESA HORRIBLE FORTALEZA

Así, Frost, cuya existencia negaba Frost, vio su cuerpo entrar en la antecámara y detenerse súbitamente ante la vista del cadáver desnudo y sangriento. La reacción química llamada shock se produjo. Frost se inclinó, dio vuelta al cuerpo y reconoció a Straik. Un momento después, sus relucientes lentes y su barbita en punta se asomaban a la cámara de la Cabeza. Apenas se dio cuenta de que Wither y Filostrato yacían allí, muertos. Su atención fue atraída por algo más serio. La repisa donde debía estar la cabeza estaba vacía; el anillo de metal, retorcido; los tubos de goma, arrancados y rotos.
Entonces vio una cabeza en el suelo, y se inclinó para examinarla. Era la de Filostrato. De la cabeza de Alcasan no encontró rastro, salvo un montón de huesos rotos al lado de donde estaba la de Filostrato.
Siempre sin preguntarse qué haría, ni por qué, Frost se dirigió al garaje. El lugar estaba vacío y silencioso; la tierra se hallaba cubierta de una espesa capa de nieve. Volvió a subir con todos los bidones de bencina que pudo transportar. Amontonó todas las materias inflamables que se le ocurrieron en la Habitación Objetiva. Entonces se encerró en ella y cerró la puerta exterior de la antesala. La fuerza que le ordenaba estas acciones le mandó entonces meter la llave en el tubo acústico que comunicaba con el corredor.
Cuando la hubo empujado hasta donde llegaban sus dedos, cogió un lápiz y la metió todavía más adentro. Oyó el sonido metálico de la llave que caía sobre los ladrillos del corredor. La fatigosa ilusión, su conciencia, gritaban en son de protesta; su cuerpo, aunque hubiese querido, no tenía la facultad de escuchar estas protestas. Como la figura ornamental que había decidido ser, su cuerpo rígido, ahora terriblemente frío, volvió a la Habitación Objetiva, vertió los bidones de bencina y arrojó un fósforo encendido al montón. Hasta entonces no pudo sospechar que la muerte misma podía, después de todo, no curarle la ilusión de ser un alma, como podía no probar tampoco la entrada en un mundo donde esta ilusión se encoleriza, infinita e incontrolada. Se le ofrecía una escapada para su alma, si no para su cuerpo. Era capaz de ver (y simultáneamente se negaba a reconocerlo) que se había equivocado desde el principio, que existían las almas y la responsabilidad personal. Lo veía a medias, pero odiaba por entero. La tortura física de morir abrasado no era quizá mayor que el odio que sentía por ello. Con un supremo esfuerzo, se refugió en esta ilusión. Y en aquella actitud se apoderó de él la eternidad de la misma forma que la salida del sol de los viejos cuentos se apodera de los gnomos para transformarlos en inmutables piedras.

ESA HORRIBLE FORTALEZA, C. S. Lewis

Fragmento - EL VALLE DE LAS ARAÑAS

El jefe pudo verle cubierto de grandes arañas y a otras muchas sobre el suelo. Mientras se esforzaba por obligar a su caballo a que se acercase a aquel objeto gris que gesticulaba y daba alaridos, y que luchaba por levantarse y volvía a caer, le llegó el resonar de unos cascos, y el hombrecillo en acto de incorporarse, sin espada, balanceándose sobre su vientre atravesado en el caballo blanco y agarrándose a sus crines, pasó como un torbellino. Y de nuevo un hilo pegajoso de telaraña gris cruzaba la cara del jefe y le rodeaba por completo, y por encima de él aquella telaraña que avanzaba  sin ruido parecía cercarle y envolverle cada vez más...
Hasta el día de su muerte nunca supo a ciencia cierta lo que había ocurrido en aquel momento. ¿Había sido él el que había desviado al caballo o había sido el animal el que por propio impulso había salido realmente de estampida detrás de su compañero? Baste
decir que un segundo después estaba galopando valle abajo mientras blandía furiosamente la espada por encima de su cabeza. Y a su alrededor, sobre la brisa que se avivaba, las aeronaves de las arañas, sus envoltorios aéreos y sus sábanas aéreas le parecía que se precipitaban en una persecución consciente.
Estruendo y mas estruendo, ruidos sordos y más ruidos sordos... el hombre de la brida de plata cabalgaba sin cuidarse de la dirección, con la cara desencajada por el tenor mirando ora a la derecha ora a la izquierda, y el brazo de la espada pronto a dar tajos. A pocos cientos de yardas delante de él, con un acompañamiento de arañas desgarradas que se arrastraban tras él, cabalgaba el hombrecillo en el caballo blanco, silencioso pero mal montado en la silla. Las cañas se doblaban delante de ellos, el viento soplaba fresco y fuerte, a su espalda el jefe podía ver las telarañas precipitándose para alcanzarlo...
Iba tan atento a escapar de las telas de arañas que sólo cuando su caballo se tensó
para dar un salto se dio cuenta de la barranca que tenía delante. Y sólo se dio cuenta
para equivocarse y chocar. Iba inclinado sobre el cuello de su caballo y se incorporó y
echó para atrás demasiado tarde.
Pero si en su excitación había dado mal el salto, en modo alguno había olvidado cómo caer. Y de nuevo volvió a comportarse como un jinete en el aire. Salió ileso, con una simple magulladura en el hombro, y su caballo rodó, agitando espasmódicamente las patas para quedarse después quieto. Pero la espada del jefe clavó su punta en el duro suelo rompiéndose limpiamente, como si la fortuna le rechazase desde ese momento como su caballero, y la extremidad astillada pasó rozándole a una pulgada del rostro. En un momento se puso de pie examinando sin aliento las telarañas que se apelotonaban para volver a la carga. Por un momento se le ocurrió echarse a correr; pero pensó en la
barranca y se echó atrás. Corrió primero hacia un lado para escapar a un terror que le embargaba y después se deslizó rápidamente por las pendientes abruptas protegiéndose del ventarrón.
Allí, resguardado por las escarpadas vertientes del torrente seco podría agacharse y observar a salvo el paso incesante de aquellas extrañas masas grises hasta que el viento se calmase, y así le sería posible escapar. Allí, pues, se acurrucó durante un largo rato, observando las extrañas masas grises desgarradas que arrastraban sus flecos por la estrecha franja de cielo.
Una araña descarnada cayó de improviso en la barranca, junto a él: de pata a pata medía más de un pie* y su cuerpo era como media mano de un hombre; después de haber observado atentamente durante unos momentos el monstruoso ardor con que buscaba escapar y cómo intentaba morder su rota espada, levantó su bota de tacones de hierro y la aplastó contra aquella masa blanda. Mientras lo hacía lanzó un juramento y durante un rato miró en derredor por si había alguna otra.

EL VALLE DE LAS ARAÑAS, Herbert G. Wells

*Un pie equivale a 30 cm más o menos.

Fragmento - Los propios dioses

Dua suspiró.
Cuando era niña, y todavía pensaba en sí misma como en un individuo, un ser único, y no como en una parte de un tríada, tenía mucha más conciencia de aquella rareza. Los demás la obligaban a notarla con mayor claridad. Una cosa tan trivial como la superficie al atardecer...
Ella amaba la superficie al atardecer. Las otras Emocionales la llamaban fría y triste, y se estremecían y entremezclaban cuando ella se la describía. Ya estaban maduras para emerger al calor del mediodía, y estirarse y alimentarse, pero esto era exactamente lo que convertía el mediodía en aburrido. A Dua no le gustaba encontrarse entre aquella masa temblorosa.
Tenía que comer, por supuesto, pero le gustaba mucho más por la noche, cuando había muy poca comida, pero todo era penumbra, de un rojo intenso, y ella estaba sola.
Como es natural, lo describía como más frío y solitario cuando hablaba con las otras, para contemplar cómo se endurecían sus bordes al imaginar el frío... todo lo duras que podían ponerse las Emocionales jóvenes. Al cabo de un rato, solían murmurar y reírse de ella... y dejarla sola.
El pequeño sol estaba ahora en el horizonte, con la secreta rubicundez que sólo ella contemplaba. Se extendió lateralmente y se condensó dorso-ventralmente, absorbiendo las trazas de débil calor. Lo masticó con la boca cerrada, para saborear el gusto un tanto agrio y sin sustancia de las longitudes de onda. (Nunca había conocido a otra Emocional que admitiera que le gustaba. Pero ella nunca podía explicar que lo asociaba con la libertad; la libertad de los otros, cuando podía estar sola.)
Incluso ahora, la soledad, el frío y el intensísimo rojo le recordaron aquellos días lejanos anteriores al tríade; y aún más, con mucha claridad, a su propio Paternal, que avanzaba pesadamente tras ella, siempre temeroso de que se hiciera daño.
Había sido muy cariñoso con ella, como siempre eran los Paternales; con sus hijos medianos más que con los otros dos, como siempre. Esto le molestaba y soñaba con el día en que él la abandonaría. Los Paternales siempre acababan por hacerlo; y cuánto le echó de menos cuando, finalmente, lo hizo.
Fue a decírselo, con toda la cautela de que fue capaz, pese a la dificultad que tenían los Paternales de expresar sus sentimientos. Aquel día, ella había huido de él; no lo hizo por malicia, ni porque sospechara lo que tenía que decirle sino solamente por felicidad.
Había encontrado un lugar especial al mediodía, donde pudo comer a placer en su inesperado aislamiento, y había experimentado una extraña e inquietante sensación que exigía movimiento y actividad. Se deslizó por las rocas, cubriendo sus bordes con los suyos propios. Sabía que era un acto groseramente impropio en alguien que no fuera un niño y, sin embargo, era algo excitante y consolador a la vez.
Su Paternal la alcanzó al fin y se quedó en pie ante ella, guardando silencio durante mucho rato y entrecerrando sus ojos como para detener cualquier rayo de luz reflejado por ella, para verla en sus mínimos detalles y durante todo el tiempo que le fuera posible.
Al principio, ella se limitó a mirarle a su vez, mientras pensaba confusamente que la habla visto rascarse contra las rocas y estaba avergonzado de ella. Pero no captó ninguna vergüenza y, al final, dijo en voz muy baja:
- ¿Qué ocurre, Papá?
- Ocurre, Dua, que ha llegado el momento. Lo he sentido acercarse. Con seguridad, tú también.
- ¿Qué momento?
Ahora que había llegado, Dua se obstinaba en no reconocerlo. Si se negaba a admitir la evidencia, no habría nada que saber. (Nunca pudo desechar aquella costumbre. Odeen decía que todas las Emocionales eran así, con la voz arrogante que usaba a veces,
cuando le embargaba de modo especial, la importancia de ser un Racional.)
Su Paternal había dicho
- Tengo que desaparecer. Ya no estaré a tu lado - permaneció mirándola y ella no acertó a decir nada.
El añadió
- Tú se lo dirás a los otros.
- ¿Por qué?
Dua se apartó en actitud de rebeldía, con sus contornos cada vez más vagos, intentando disiparse. Quería disiparse por completo, pero, claro. no podía. Al cabo de un rato sintió dolor y rigidez. y se perfiló de nuevo. Su Paternal ni siquiera la regañó: le dijo
que sería vergonzoso que alguien la viera estirada de aquel modo.
Ella entonces respondió
- No les importará - y de inmediato sintió tristeza de haber afligido a su Paternal.
El aún los llamaba «niño-izquierdo» y «niño-derecho», pero el niño-izquierdo ya estaba dedicado a sus estudios y el niño-derecho no hacía más que hablar de formar un tríade.
Dua era la única de los tres que aún sentía... Bueno. era la más joven. Las Emocionales siempre lo eran, y su caso era distinto.
Su Paternal sólo dijo:
- De todos modos, tú se lo dirás.
Y quedaron mirándose mutuamente.

Los propios dioses, Isaac Asimov

Concluyen con éxito caminata en Marte

Moscú.- Rusia anunció hoy que culminó con éxito la tercera y última caminata que realizaron dos voluntarios sobre la superficie del Planeta Rojo.
A las 09.59 GMT, los “marsonautas” ruso Alexandr Smoléyevski e ítalo-colombiano Diego Urbina abrieron las escotillas de la “cápsula de descenso” y salieron al módulo que simula la superficie del cuarto planeta del sistema solar.
El suelo marciano fue recreado en las instalaciones del Instituto de Problemas Biomédicos (IPBM) de la Academia de Ciencias de Rusia en Moscú.
Según se informó los “marsonautas” han permanecido aislados del mundo en las instalaciones por 490 días en un proyecto en el que participado la Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos.


Fragmento - La Tierra permanece

Sin embargo, pensándolo un poco, ¿cuándo había visto a algún pescador? Desde luego, no esa semana. No tampoco en las dos semanas últimas. Había oído un automóvil, una noche. Le sorprendió que alguien subiese en la oscuridad por esa carretera. Comúnmente acampaban abajo a la caída de la tarde, y partían a la mañana. Pero quizá deseaban llegar cuanto antes a algún río favorito, e iniciar la pesca al amanecer.
No, realmente, no había hablado ni visto a nadie en las dos últimas semanas.
Una punzada de dolor lo devolvió al presente. Tenía la mano hinchada. Soltó el torniquete y la sangre circuló otra vez.
Sí, su aislamiento era total. No tenía radio. Podía haber ocurrido una catástrofe en la Bolsa, u otro Pearl Harbor. Quizás eso explicaba la escasez de pescadores. De cualquier modo, no podía esperar que viniesen a ayudarlo.
Sin embargo, aquella perspectiva no lo alarmaba. En el peor de los casos seguiría allí acostado. Tenía agua y comida para dos o tres días. Luego, cuando la mano se le deshinchase, iría en el coche al rancho de Johnson, el más cercano.
Pasó la tarde. A la hora de cenar, sin ganas, preparó café y bebió unas cuantas tazas. Sufría bastante, pero a pesar del dolor y el café, se quedó dormido...
Se despertó de pronto, con la luz, advirtiendo que alguien había abierto la puerta. Dos hombres en traje de calle, casi elegantes, escudriñaban a su alrededor de una manera extraña, como asustados.
-¡ESTOY ENFERMO! -dijo desde la cama.
El miedo de los hombres se transformó en pánico. Se volvieron rápidamente y sin cerrar la puerta echaron a correr. Momentos después se oyó el ruido de un motor, que se perdió en seguida en las montañas.
Sintió miedo, entonces, por primera vez. Se incorporó y miró por la ventana. El coche había desaparecido en el recodo. ¿Qué pasaba? ¿Por qué esa huida?
La luz venía de oriente. Había dormido hasta el amanecer. La mano le dolía aún. Pero no se sentía enfermo. Calentó el jarrito de café, preparó un poco de avena y se acostó otra vez. Iría en seguida a casa de Johnson... si antes no pasaba alguien que quisiera detenerse y ayudarlo.
Sin embargo, pronto empezó a empeorar. Se trataba, sin duda, de una recaída. A media tarde estaba realmente asustado. Tumbado en la cama, redactó una nota, explicando lo que había ocurrido. No pasaría mucho tiempo sin que alguien lo encontrase. Sus padres, sin noticias, telefonearían a Johnson. Logró garabatear con la mano izquierda unas pocas palabras. Luego firmó: Ish. El esfuerzo de escribir el nombre completo, Isherwood Williams, le pareció inútil, y además, todo el mundo le conocía por aquel diminutivo.
A medianoche, como el náufrago que ve pasar a lo lejos, desde una balsa, un buque trasatlántico, oyó un ruido de coches, dos coches, que subían por la carretera. Se acercaron, y luego siguieron adelante, sin detenerse. Los llamó, pero se sentía muy débil, y su voz, estaba seguro, no atravesaba aquellos doscientos metros.
Antes del crepúsculo, no sin esfuerzo, se incorporó tambaleándose, y encendió la lámpara. No quería quedarse a oscuras.
Se inclinó luego, aprensivamente, hacia el espejito que colgaba del techo inclinado. El rostro no parecía más largo y flaco que antes, pero tenía las mejillas encendidas. Los grandes ojos azules, congestionados, que lo miraban con un ardor febril, y el hirsuto cabello castaño completaban el retrato de un hombre muy enfermo.

La Tierra permanece
, George R. Stewart

Todo listo para la primera caminata espacial en Marte

Todo está listo en el módulo ruso para la primera caminata espacial tras el 'amartizaje' de la nave Mars500 en el planeta rojo. Diego Urbina explica cómo uno de los módulos se desacopló de la nave nodriza para llevar a cabo la misión en Marte.
Asimismo, muestra cómo se llevarán a cabo las tres caminatas especiales previstas. El experimento de la Agencia Espacial Europea (ESA) permanecer en la superficie marciana hasta el 23 de febrero.
Urbina y Smoléevski serán los encargados de realizar la primera caminata por la superficie marciana el 14 de febrero. Ocho días más tarde harán el segundo paseo espacial.

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Mañana llegan los primeros astronautas a Marte!

Un grupo de astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA) realizó el primer viaje tripulado y simulado hacia el planeta Marte.
La experiencia se enmarca en el "programa internacional Mars500", que intenta recaudar información sobre aspectos técnicos y psicológicos de los viajes espaciales de larga duración.
Los viajeros son seis astronautas, tres rusos, dos europeos y un chino que realizan las mismas actividades que si lo estuviesen viajando realmente.
"Su actividad diaria, estructurada en semanas de siete días con dos días de descanso, sigue una programación similar a la de los astronautas que se encuentran en la Estación Espacial Internacional. Las horas de trabajo durante el vuelo se dividen entre tareas de mantenimiento de la nave, experimentos científicos y ejercicio físico", explica ESA.
La nave llegó a la órbita marciana el último martes y espera aterrizar el 12 de febrero, simulando también un recorrido sobre esa superficie.
El 23 de febrero el módulo de aterrizaje despegará de la superficie de Marte, reuniéndose con la nave principal al día siguiente. A partir de ese momento, la tripulación comenzará una nueva fase rutinaria de viaje interplanetario que los traerá de regreso a la Tierra en noviembre de 2011.

Fragmento - En presencia de mis enemigos

Heinrich Gimpel echó un vistazo al informe sobre su mesa para comprobar de cuántos marcos del Reich habían recaudado de los Estados Unidos para las bases del Wehrmacht de Nueva York, Chicago y San Luis. Como había pensado, las cifras eran mayores que las de 2009. Bueno, los americanos podrían quejarse, pero aflojarían lo que les correspondía (y en divisa buena, además; nada de esos dólares inflacionistas suyos). En caso contrario, las divisiones panzer se extenderían sobre esas bases y tomarían lo que le pertenecía al Imperio Germano ese año. Y si al mismo tiempo derramaban algo de sangre, los EUA protestarían, pero apenas estarían en posición de devolver el ataque.
Heinrich introdujo las nuevas cifras en su ordenador y luego guardó el estudio en el que había estado trabajando los últimos dos días. El disco duro Zeiss ronroneó con suavidad como si se tragara los datos. Hizo dos copias de seguridad (era un hombre meticuloso y prudente) antes de apagar la máquina. Cuando se levantó de la mesa, se puso el gabán de su uniforme. En los primeros días de marzo en Berlín, el invierno se defendía de la primavera.
Willi Dorsch, quien compartía la oficina con Heinrich, también se incorporó.
—Dejémoslo por hoy, Heinrich —dijo, meneando la cabeza mientras se ponía su propio abrigo—. ¿Cuánto tiempo llevas aquí, en el Oberkommando der Wehrmacht?
—Va a hacer doce años —respondió Heinrich, abrochándose los botones—.¿Por qué?
Su amigo le tiró un dardo alegremente.
—Todo ese tiempo en el alto mando, bonito uniforme incluido, y sigues sin parecer un soldado.
—No puedo evitarlo —dijo Heinrich con un suspiro. Sabía muy bien que Willi tenía razón. Era un hombre alto, delgado y calvo de cuarenta y tantos, con tendencia a arrastrar los pies en vez de desfilar con ellos. Llevaba el abrigo como si fuese de tweed, confeccionado para un afectado profesor inglés. Se puso la gorra alta en un ángulo inclinado y levantó una ceja, para ver la reacción de Willi. Este sacudió la cabeza. Heinrich se encogió de hombros y abrió las manos.
—Tendré que ser marcial por los dos —dijo Willi. Su gorra le confería un distinguido aire de gallardía—. ¿Vais a hacer algo para la cena de esta noche? —
Los dos hombres no vivían lejos el uno del otro.
—En realidad, sí. Lo siento. Lise ha invitado a algunos amigos —dijo Heinrich—. Sin embargo, pronto quedaremos.
—Será mejor que así sea —dijo Willi—. Erika ya empieza otra vez con lo de cuánto te echa de menos. Me estoy poniendo celoso.
—Oh, Quatsch —dijo Heinrich, empleando la mordaz palabra berlinesa para «tonterías»—. Puede que necesite un ajuste de gafas. —Willi era rubio, rubicundo y musculoso, y ninguno de estos deseables adjetivos eran aplicables a Heinrich—. O a lo mejor es solo por mi juego de bridge.
Willi dio un respingo.
—Sabes cómo herir a un tipo, ¿eh? Venga, vamos.
El viento en el exterior de las dependencias militares parecía morder. Heinrich temblaba dentro de su gabán. Apuntó a la izquierda, hacia la Gran Cúpula.
—Los viejos dicen que el tamaño de esa cosa ha revuelto el clima.
—Los viejos siempre se quejan. Es lo que los hace viejos. —Pero la mirada de Willi siguió el dedo de Heinrich. Ambos veían la Gran Cúpula todos los días, pero rara vez la miraban de verdad—. Es grande, vale, ¿pero es lo bastante grande para eso? Lo dudo. —Sin embargo, su voz también dudaba.
—Si me preguntas, es lo bastante enorme para casi cualquier maldita cosa —dijo Heinrich. La Gran Cúpula había sido erigida sesenta años antes, en medio del gran arrebato de triunfo después de que Gran Bretaña y Rusia cayeran ante los planes y los panzers del Tercer Reich. Presumía de una cúpula que alcanzaba los doscientos veinte metros de altura, y tenía más de doscientos cincuenta metros de largo. Cabían dieciséis catedrales de San Pedro dentro de aquel gigantesco monumento a la grandeza de la raza aria. Los ricos de todo un continente conquistado habían pagado la construcción.
La propia cúpula, cubierta de cobre, capturaba la débil luz como una gran colina verde. En la cúspide, en lugar de una cruz, se alzaba un águila germánica con una esvástica en sus garras. Encima del águila, una luz roja se encendía y apagaba como aviso a los aviones que volaban bajo.
El estremecimiento de Willi Dorsch tenía poco que ver con el tiempo gélido.
—Me hace sentir diminuto.
—Es un templo al Reich y al Volk. Se supone que ha de hacerte sentir diminuto —contestó Heinrich—. Comparado con las necesidades de la raza alemana y del
estado, cualquier hombre es diminuto.
—Nosotros les servimos. No ellos a nosotros —concedió Willi. Señaló por encima de la plaza Adolf Hitler hacia el palacio del Führer, en el lado opuesto de
la inmensa plaza cuadrada adyacente a la Gran Cúpula—. Cuando Speer levantó el palacio, estaba preocupado por si su tamaño empequeñecería incluso a nuestro mismísimo Líder. —Y, de hecho, la balconada sobre la alta entrada a la residencia del Führer parecía una idea arquitectónica tardía.


En presencia de mis enemigos, Harry Turtledove

Joder, ¡No tengo fuego!

John Hunter estaba loco.
Decidió que su pequeña morada en un ático de la ciudad había quedado obsoleta. Todas aquellas trampas en el rellano del hall y el rifle de francotirador apostado en el alféizar de la ventana principal del salón estaban llenos de polvo. Ni un solo zombi en varios días. Añoraba el toc-toc y los aporreos de los monstruos en la noche oliendo su sangre viva tras la puerta principal, o el sonido de la SPAS-12 reventando los intestinos de algunos indeseables tras activar la trampa del pasillo que daba a las escaleras del bloque…

Se miró en el espejo cuarteado del baño y observó un rostro que le recordaba más a un fantasma que a una persona cuerda. Decidió que esconderse ya no era divertido. Cogió las cosas más importantes para una salida junto con su gabardina, la SPAS-12 y una mochila repleta de postas, conservas y algo de primeros auxilios, bueno los primeros auxilios los dejó sobre la tele de catorce pulgadas; sabía que curarse resultaba inútil si te mordía alguno de esos cabrones…
Miró una última vez la foto de su familia sobre la cómoda del dormitorio y puso el marco boca abajo antes de colocarse la gorra azul de la marina a la que un día perteneció. Posteriormente salió por la puerta y desapareció por la sinuosa escalera del edificio, con la mirada perdida y el dedo en el gatillo de su recortada. Ahora sí, la sangre de nuevo en sus venas recorriéndolas como un torrente de adrenalina. Caminó durante casi dos horas por las calles bajo la luz chisporroteante de las farolas, ni un alma, esqueletos y carne putrefacta en las aceras…
Él masticaba chicle, uno caducado. Encontró una máquina expendedora con sangre seca sobre las marcas de tabaco y comenzó a golpearla con la culata del arma. Una vez abierta cogió un par de paquetes de Chester y los guardó en la mochila, no sin antes sacar un cigarro... Pero ¿y el mechero? Maldijo su puta mala suerte y tiró el cigarro al suelo. Cogió la recortada y disparó aquél pequeño rollo de hierba hasta que no quedó nada. ¡Toma fuego, toma!
Encontró el primer grupo de muertos tras girar la esquina del cine Mutt, allí estaban tirados tres hijos de puta, comiéndose la pierna de uno de ellos, el pobre cabrón gritaba con todas las jodidas fuerzas que le quedaban, pero al mismo tiempo se estaba comiendo su propio brazo. John no dejó pasar la ocasión y molió a cartuchazos a los tres caníbales y después se dirigió al mutilado, lo miró a los ojos, un cruce de miradas. Casi notó súplica en la expresión de la criatura.
—Te estaban comiendo estos mierdas —le dijo John, con la recortada apoyada al hombro, echando un vistazo a los zombis aniquilados— esto no puede quedar así, te voy a dar de comer. Hunter cogió la pierna de un muerto y la arrancó brutalmente de un tirón, se la hizo comer entera al zombi damnificado, primero metiéndole el pie en la boca, seguidamente contribuyendo con la pierna entera hasta reventarle la mandíbula mientras pasaba la rodilla por la tráquea.
—Que aproveche. El pobre diablo moribundo se desplomó en el suelo con un susurro ronco.
John siguió su camino por la avenida principal, hizo un puente a un todoterreno que estaba en mitad de la carretera y consiguió arrancarlo. “¡De puta madre, tío!”. Salió de la ciudad llevándose por delante a cuantos pudo. Más terrorífica que los muertos era la risa de John, avanzando por la avenida, haciendo saltar los miembros de los zombis por el aire. Tiró por la carretera estatal para encontrarse menos de esas cosas, y quizás evitar una barricada de coches en la autopista.
Todo estaba oscuro pero llegó a su destino tras cuatro horas de quietud en la carretera… “Base Militar de los Estados Unidos”. Se bajó del todoterreno frente al portón principal, que sorprendentemente estaba abierto. John colocó la linterna bajo el cañón del arma, cargó la recortada y sonrió: Fiesta en el cuartel. Entró y pulverizó a dos monstruos que merodeaban por el hall sin rumbo, hizo un reconocimiento con el foco del arma y avanzó por el primer pasillo a la derecha. Él conocía el lugar, pues había sido instruido allí cuando aún existía la humanidad. Encontró el cuadro de mandos que encendía el generador del lugar lo activó y corrió en dirección al almacén, bajo unas luces alógenas chisporroteantes, eliminando a tres indeseables más. Alcanzó la puerta del almacén, aún no habían forzado la entrada al lugar, curioso. Probó con algunas de las contraseñas que recordaba en el sistema de seguridad y acertó a la tercera. Una radiante sonrisa iluminó su rostro demacrado al ver las primeras cajas de M16.
—Ahora sí, hijos de puta, ahora sí.

Joder, ¡No tengo fuego!, Manuel Carlos León Rivera