ZOMBI – GUIA DE SUPERVIVENCIA


I. Matar a los muertos
Aunque parezca que destruir a un zombi puede ser simple, no hay nada más lejos de la realidad. Tal y como hemos visto, los zombis no requieren ninguna de las funciones fisiológicas que los humanos necesitamos para sobrevivir. La destruc­ción o el daño severo al sistema circula­torio, digestivo o respiratorio no harían nada a un miembro de los muertos andan­tes, en tanto en cuanto esas funciones no se mantienen en el cerebro. Simplemente piensa que existen miles de formas de matar a un humano y sólo una de matar a un zombi. El cerebro debe ser destruido, de cualquier manera posible.


J. Deshacerse del cuerpo
Los estudios muestran que el Solanum puede vivir en el cuerpo de un zombi destruido durante otras cuarenta y ocho horas. Se ha de tener un cuidado extremo a la hora de deshacerse del cadáver de un no muerto. La cabeza en particular conlleva el mayor riesgo, dada su concentración del virus. Nunca cargues con el cadáver de un no muerto sin ropa protectora. Trátalo como si fuera cualquier clase de material tóxico o altamente letal. La cremación es la forma más segura y efectiva de eliminarlo. A pesar de los rumores de que quemar un grupo de cadá­veres podría propagar Solanum en forma de plaga a través del aire, el sentido común nos diría que ningún virus es capaz de sobrevivir al calor intenso, por no hablar de un incendio.

K. ¿Domesticación?
Repetimos, el cerebro de un zombi ha demostrado ser, hasta el momento, inalterable. Los experimentos que se han realizado con productos químicos, cirugía e incluso descargas electromag­néticas, han dado resultados negativos. La terapia para cambiar su comportamiento y otros intentos para entrenar a los muertos vivientes como bestias de carga o algo parecido también han acabado en fracaso. De nuevo, no podemos cambiarle el chip a la máquina. Será tal como es o no será.

Max Brooks




Fragmento

Una forma llegó brincando sobre Cloudmoor. Tenía dos brazos y dos piernas, pero las piernas eran largas y terminaban en zarpas, y estaba cubierto de plumas hasta el extremo de una cola y anchas alas. El rostro era medio humano, dominado por sus ojos. Si Ayoch hubiese sido capaz de erguirse del todo, hubiera llegado al hombro del muchacho.
La muchacha se puso en pie.

- Lleva un bulto - dijo.
Su visión no estaba hecha para el crepúsculo como la de un ser nacido en el septentrión, pero había aprendido a utilizar todas las señales que sus sentidos le proporcionaban. Aparte del hecho de que normalmente un puk hubiera volado, había cierta pesadez en su apresuramiento.
- Y llega del sur - dijo el muchacho con visible excitación, repentina como una verde llama que cruzara la constelación Lyrth. Descendió rápidamente por la ladera del túmulo -. ¡Ohoi, Ayoch! - gritó -. ¡Soy yo, Mistherd!
- Y Sombra-de-un-Sueño - rió la muchacha, siguiéndole.
El puk se paró. Respiró más ruidosamente que la vegetación que susurraba a su alrededor. En el lugar en que se había detenido se alzó un olor a hierba aplastada.
- Saludos en el umbral del invierno - silbó -. Podéis ayudarme a llevar esto a Carheddin.
Levantó lo que portaba. Sus ojos eran fanales amarillos encima. El bulto se movió y gimió.
- ¡Es un niño! - dijo Mistherd.
- Lo mismo que lo fuiste tú, hijo mío, lo mismo que lo fuiste tú. ¡Jo, jo, qué proeza! - alardeó Ayoch -. Eran muchos en el campamento de Fallow wood, armados, y además de máquinas de vigilar tenían perros grandes y feos, de guardia mientras ellos dormían. Sin embargo, me acerqué por el aire, después de haberles espiado hasta que supe que un puñado de polvo...
- ¡Pobrecillo! - Sombra-de-un-Sueño cogió al niño y lo apretó contra sus menudos pechos -. Tienes mucho sueño, ¿verdad? - Ciegamente, el niño buscó un pezón. Ella sonrió a través del velo de sus cabellos -. No, soy demasiado joven, y tú eres ya demasiado mayor. Pero, cuando despiertes en Carheddin debajo de la montaña, tendrás un banquete.
- Yo, ah - dijo Ayoch muy suavemente -. Ella está fuera y ha oído y visto. Está llegando.
Se agachó, con las alas plegadas. Al cabo de unos instantes Mistherd se arrodilló, y lo mismo hizo Sombra-de-un-Sueño, aunque no soltó al niño.
La alta forma de la Reina bloqueó las lunas. Miró en silencio a los tres y a su botín. Los sonidos de la colina y del páramo dejaron de existir para ellos hasta que les pareció que podían oír sisear las luces del norte.
Finalmente, Ayoch susurró:
- ¿Lo he hecho bien, Estrellamadre?
- Si has robado un niño de un campamento lleno de máquinas - dijo la hermosa voz -, es que eran gente del lejano sur que podría no soportarlo tan resignadamente como los hacendados.
- Pero, ¿qué pueden hacer, Elaboradora-de-Nieve? - preguntó el puk -. ¿Cómo podrían localizarnos?
Mistherd irguió la cabeza y habló en tono de orgullo.
- Ahora, también ellos aprenderán a temernos.
- Y es un niño encantador - dijo Sombra-de-un-Sueño -. Y nosotros necesitamos más como él, ¿no es cierto, Dama Cielo?
- Tenía que ocurrir en algún crepúsculo - asintió la Reina -. Llevadle hacia abajo y cuidad de él. Por esta señal - que ella hizo -, es reclamado por los Moradores.
Su alegría se manifestó libremente. Ayoch se revolcó por el suelo hasta que encontró un árbol de hojas temblonas. Encaramándose por el tronco se colgó de una rama, semioculto por el pálido follaje. El joven y la muchacha llevaron el niño hacia Carheddin, a un paso rítmico que les permitía a él tocar la flauta y a ella cantar:
¡Wahaii, wahaii! ¡Wayala, laii!
Ala en el viento alta sobre el cielo,
con grito estridente, avanzando a través de la lluvia,
a través del tumulto.
avanzando a través de los árboles bañados por la luz de la luna
y las sombras cargadas de sueños debajo de ellos,
confundiéndose con el tintinearte cabrilleo de los lagos
en los que se ahogan los rayos de las estrellas.

LA REINA DEL AIRE Y LA OSCURIDAD, Poul Anderson

Hay en Marte restos de vida, dice un estudio

Florencia - Las pequeñas esferas denominadas arándanos que fueron descubiertas en la zona del planeta Marte llamada Meridiani Planus -la gran llanura al sur del ecuador marciano-, son restos de vida muy antiguos y primitivos, indica un estudio de investigadores italianos publicado en la Revista Internacional de Astrobiología.


Hay diferentes hipótesis sobre el origen de los arándanos, pero el único dato en el que coinciden los expertos que los estudiaron es que se trata de formaciones "pertinentes a la presencia de agua".

Los sedimentos tienen el aspecto de delgadísimas láminas y sobre éstas se han centrado los esfuerzos de los especialistas italianos.

"Nuestro estudio muestra que estos sedimentos y las esferas que contienen podrían ser estructuras órgano-sedimentarias, probablemente producidas por microorganismos", dijeron.

Se trataría de microfósiles que fueron acumulándose en el tiempo hasta dar origen a delgadas capas. Una estructura que, a criterio de los científicos, "parece ser compatible con la existencia de la vida en Marte". (ANSA)

La película mostra: LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA

Sentí un ligero estremecimiento, un golpecito seco como si destaparan una botella de champaña en una habitación contigua, y un ruido débil, una especie de zumbido. Por un instante experimenté la sensación de una tensión enorme, una intuitiva convicción de que mis pies apretaban el suelo con una fuerza de inconmensurables toneladas.
Aquello duró un tiempo infinitesimal, pero bastó para impulsarme a la acción.
-¡Cavor!- grité en la obscuridad - Mis nervios se rompen... Creo
que no...
Me detuve: él no contestó.
-¡Váyase usted al diablo! – gritó - ¡Soy un mentecato! ¡Qué tengo
que hacer aquí! No voy, Cavor: la cosa es demasiado arriesgada. Voy a salir de la esfera...
-No puede...- me contestó.
-¿ No puedo? ¡Ya lo veremos!
No me dio respuesta alguna, durante unos diez segundos.
-Ya es demasiado tarde para reñir, Bedford - me dijo después.-
Ese pequeño sacudimiento fue la partida. Ya estamos en viaje, volando con tanta velocidad como una bala, en el abismo del espacio.
-Yo...- dije... Y luego no supe cómo continuar.
Estuve un rato como aturdido: nada tenía que decir. Me hallaba
como si antes no hubiera oído hablar nunca de la idea de marcharnos del mundo. Luego noté un indescriptible cambio en mis sensaciones corporales. Era una impresión de ligereza, de irrealidad. Junto con ello, una rara sensación en la cabeza, casi un efecto apoplético, y un retumbar de los vasos sanguíneos de los oídos. Ninguna de esas sensaciones disminuyó con el transcurso del tiempo, pero al fin llegué a acostumbrarme tanto a ellas, que ya no me causaron la menor molestia.
Oí un crujido, y de una pequeña lámpara empañada brotó la luz.
Vi la cara de Cavor, tan blanca como sabía que estaba la mía.
Nos. miramos uno a otro en silencio. La transparente negrura del vidrio en que estaba apoyado de espaldas, lo hacía aparecer como flotando en el vacío.
-Bueno: nuestra suerte está echada - dije, por último.
-Sí - contestó él,- está echada. ¡ No se mueva usted !- exclamó, al verme iniciar un ademán.- Deje usted sus músculos en completa flojedad...como si estuviera usted en la cama. Estamos en un pequeño universo enteramente nuestro.¡ Mire usted todo eso!

LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, H. G. WELLS

Dirigida por Nathan Juran en 1964.

La pelìcula mostra: EL NIÑO MARCIANO

Empecé a buscar pruebas.
Comencé a repasar mi diario.
Había estado tomando notas diariamente de los incidentes interesantes, en caso de que alguna vez quisiera escribir un libro sobre nuestras experiencias. Al principio, no podía encontrar nada. La mayoría de los incidentes sobre los que había escrito eran bastante rutinarios. Ni siquiera apto como material para el Reader’s Digest.
Por ejemplo, la semana después de que se instalara, lo había llevado al partido del béisbol en el estadio de los Dodgers. Cuando entramos en el aparcamiento dije:
Bien, chico, desea que haya alguna plaza libre.
Dennis se inclinó hacia delante en su asiento con una expresión intensa en su cara.
Parece abarrotado. Será mejor que desees con fuerza.
Llegué al final de la hilera y giré hacia la siguiente. Había seis lugares vacíos.
Uy. Te has pasado.
Realicé un deseo marciano.
Oh, bien. Bueno, hay cinco personas detrás de nosotros que también necesitan un sitio para aparcar. Ahora, vamos a ver al mejor equipo de béisbol del mundo. ¿Sabes cual es?
—¡Los Dodgers!
—¡Correcto!
Durante la primera parte del partido, Dennis estaba más interesado en obtener un banderín y conseguir un poco de algodón de azúcar, que en lo que estaba ocurriendo abajo en el campo. Pero hacia la quinta entrada se subió en mi regazo y empecé a explicarle en que consistía el juego.
Ves a ese hombre sujetando el bate en la base del bateador. Desea que golpee la pelota fuera del estadio.
—Está bien —dijo Dennis.
¡Cra—a—a—ack! La pelota salió disparada fuera del campo hasta los asientos situados a la derecha del recinto. Alguien en la grada más baja la atrapó y el corredor se paseó fácilmente alrededor de las bases mientras el organista tocó, “Gloria, Gloria, Aleluya”.
—Se te da bien pedir deseos, Dennis. Eso fue increíble. ¿Quieres probar otra vez?
—No.
—Está bien.

David Gerrold 

Dirigida por Menno Meyjes, con John Cusack y Bobby Coleman.

Fragmento

A primera vista, aquellas paredes parecían prácticamente inescalables, pero cualquiera que tuviera un poco de experiencia sabía que la escalada no presenta serias dificultades en un mundo donde el peso queda reducido a una sexta parte. El auténtico peligro del alpinismo lunar reside en el exceso de confianza: una caída desde cien metros en la Luna es tan mortal como una caída desde quince metros en la Tierra.
Hicimos nuestro primer alto en una cornisa a unos mil quinientos metros de la llanura.
La escalada no había sido difícil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado había envarado mis miembros, y me sentía feliz de poder descansar un poco. Visto desde allí, el tractor parecía un minúsculo insecto metálico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada.
...
Me encontraba en una explanada de unos treinta metros de profundidad. En alguna ocasión había sido lisa, demasiado lisa para ser natural, pero los impactos de los meteoritos habían mordido y cribado su superficie a través de incontables eones. Y había sido nivelada para poder sostener una estructura translúcida, burdamente piramidal, de dos veces la altura de un hombre, encajada en la roca como una gigantesca gema facetada.
Probablemente no experimenté ninguna sensación durante los primeros segundos. Luego, inexplicablemente, sentí una extraña alegría. Porque yo amaba la Luna, y ahora sabía que el musgo que trepaba en Aristarco y Eratóstenes no era la única forma de vida que había producido cuando era joven. Los antiguos y desacreditados sueños de los primeros exploradores eran ciertos. Después de todo había existido una civilización lunar, y yo había sido el primero en descubrirla. El hecho de haber llegado con un millón de años de retraso no me preocupaba; tenía bastante con haber llegado.


Mi cerebro comenzaba a funcionar de nuevo normalmente, analizando, planteando preguntas. ¿Qué era aquella construcción? ¿Un santuario... o alguna otra cosa que en mi lengua no tenía nombre? Si era una construcción habitable, ¿por qué la habían edificado en aquel lugar casi inaccesible?
 
EL CENTINELA, Arthur C. Clarke incluido en VINIERON DEL ESPACIO EXTERIOR, Jim Winorski

La pelìcula mostra: El día de los trífidos

Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte.
Lo sentí tan pronto como desperté. Y sin embargo, cuando se me aclaró un poco la mente, comencé a dudar. Al fin y al cabo, era muy posible que fuese yo el que estaba equivocado, y no algún otro. Seguí esperando, acicateado por la duda. Pero pronto tuve mi primera prueba objetiva: me pareció oír que un reloj distante daba las ocho. Escuché con atención y desconfianza. Pronto otro reloj comenzó a emitir unas notas altas y perentorias. Con gran tranquilidad dio ocho indiscutibles campanadas. Entonces supe que pasaba algo raro.
Sólo por accidente no asistí al fin del mundo; bueno, el mundo que había conocido durante treinta años. A casi todos los sobrevivientes les pasó lo mismo. Está en la naturaleza de las cosas que haya siempre un buen número de enfermos en los hospitales: la ley de los promedios había decidido la semana anterior que yo fuese una de esas personas. Sí eso hubiese ocurrido una semana antes, yo no estaría escribiendo estas líneas; no estaría aquí.
Pero la casualidad no sólo quiso que yo estuviese en el hospital en ese preciso momento, sino también que una venda me cubriese los ojos, y toda la cabeza. Tengo, por tanto, que estar agradecido a quienquiera que sea el que decide la regularidad de esos promedios. Pero aquella mañana yo solo sentía cierto mal humor, preguntándome qué diablos habría ocurrido, pues ya había pasado allí bastante tiempo como para saber que, después de la jefa de enfermeras, lo más sagrado en un hospital era el reloj.

John Wyndham

Dirigida por Steve Sekely en 1962.  Protagoniza por Howard Keel (Bill Masen), Nicole Maurey, Janette Scott y Kieron Moore.  Bill Masen, un biólogo británico, el narrador y protagonista, despierta en un hospital con los ojos cubiertos de vendas debido a sus cuidados médicos. Pero apenas despierta se da cuenta que algo anda muy mal a causa del horrible silencio que reina en el lugar.

El gigante azul

Allí, en una remota esquina del Sistema Solar (a 4.500 millones de kilómetros), se levanta una inmensa masa azulada de 210 grados bajo cero de temperatura media... allí, en una remota esquina, gira un planeta monstruoso y enigmático, que siempre fue una incógnita y que recién fue visitado por un aparato humano, demasiado humano, hace 20 años, por única y última vez. Neptuno, uno de los cuatro grandes malevos del sistema, llega hasta aquí en una evocación nostálgica de aquella visita que le hiciera, en 1989, la sonda Voyager 2.

Y a pesar de todo, del frío, la oscuridad, y esa irremediable lejanía (que lo condena a no ser más que un pálido y diminuto disco, aun para los grandes telescopios), Neptuno se reveló ante los ojos de la Voyager 2 como un planeta fascinante, envuelto por una atmósfera muy violenta y cambiante, con enormes tormentas circulares y ovaladas, y vientos de una furia sin igual en toda la comarca solar. Por si fuera poco, la legendaria nave de la NASA descubrió varios anillos –pálidos, pero anillos al fin– y algunos satélites hasta entonces desconocidos. Y hasta se dio el gusto de visitar Tritón, la “joya” de Neptuno, una súper luna extraordinaria, se la mire por donde se la mire.
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La pelìcula mostra: Zombies! Zombies! Zombies!

Zombies! Zombies! Zombies! (2008) dirigida por Jason Murphy.
Estelarizada por Jessica Barton como Dakota, Hollie Winnard (Harley), Lyanna Tumaneng (Dallas), Tiffany Shepis y Juliet Reeves.
¡Strippers vs Zombies! Un medicamento experimental falla y produce un grupo de zombis sedientos de sangre. Corresponde a un pequeño grupo de bailarinas exóticas atrapadas en un club de caballeros, detenerlos.



La pelìcula mostra: Cat-Women of the Moon

Cat-Women Of The Moon (1953) Dirigida por Arthur Hilton. Con Sonny Tufts (Laird Grainger), Victor Jory (Kip Reissner), Marie Windsor (Helen Salinger), William Phipps, Douglas Fowley, Carol Brewster (Alpha), Susan Morrow (Lambda) y Suzanne Alexander (Beta). Unos astronautas viajan a la Luna. Durante todo el vuelo, la única mujer que integra el grupo parece poseer conocimientos especiales sobre la ruta a seguir, y una vez llegados, conduce a los hombres por unas grutas, donde toman contacto con una civilización sólo constituida por atractivas mujeres en pantys negras.
¡No se descuiden valientes terrestres!

Cat-Women of the Moon es otra más de esas típicas películas que surgen cuando llega el momento de listar las peores de la historia del cine.


Fragmento

Me llamo Robinette Broadhead, pese a lo cual soy varón. A mi analista (a quien doy el nombre de Sigfrid von Schrink, aunque no se llama así, carece de nombre por ser una máquina) hace mucha gracia este hecho:
- ¿Por qué te importa que algunas personas crean que es nombre de chica, Bob?
- No me importa.
- Entonces, ¿por qué no dejas de mencionarlo?

Me fastidia cuando no deja de mencionarme lo que yo no dejo de mencionar. Miro hacia el techo, con sus colgantes movibles y sus piñatas, y luego miro la ventana, que en realidad no es una ventana, sino un móvil holópico del oleaje en Kaena Point; la programación de Sigfrid es bastante ecléctica. Al cabo de un rato le contesto:

- No puedo evitar que mis padres me llamaran así. He intentado escribirlo R-O-B-I-N-E-T, pero entonces todo el mundo lo pronuncia mal.
- Podrías cambiarlo por otro.
- Si lo cambiara - digo, seguro de que en esto tengo razón -, tú me dirías que llego a extremos obsesivos para defender mis dicotomías internas.
- Lo que te diría - replica Sigfrid en uno de sus torpes y mecánicos intentos de humor - es que no debes emplear términos psicoanalíticos técnicos. Te agradecería que te limitaras a decir lo que sientes.
- Lo que siento - digo yo por milésima vez - es felicidad. No tengo problemas. ¿Por qué no habría de sentirme feliz?

Jugamos mucho con ésta y otras frases parecidas y a mí no me gusta. Creo que hay un fallo en su programa. Insiste:
- Dímelo, Robbie. ¿Por qué no eres feliz?
No le contesto y él vuelve a la carga:
- Me parece que estás preocupado.
- Mierda, Sigfrid - replico, un poco harto -, siempre dices lo mismo. No estoy preocupado por nada.
Intenta convencerme:
- No hay nada malo en explicar lo que se siente.

Vuelvo a mirar hacia la ventana, enfadado porque me doy cuenta de que tiemblo y no sé por qué.
- Eres un latazo, Sigfrid, ¿lo sabías?
Dice algo, pero yo no le escucho. Me pregunto por qué vengo aquí a perder el tiempo. Si ha habido alguna vez alguien con todos los motivos para ser feliz, ése soy yo.
Rico, bastante apuesto, no demasiado viejo, y en cualquier caso, tengo el Certificado Médico Completo, por lo que durante los próximos cincuenta años puedo tener la edad que me plazca. Vivo en la ciudad de Nueva York y bajo la Gran Burbuja, donde no puede permitirse el lujo de vivir nadie que no esté bien forrado y sea, además, una especie de celebridad. Poseo un apartamento de verano con vistas al mar de Tappan y la presa de Palisades. Y las chicas se vuelven locas con mis tres brazaletes de Fuera. No se ve a muchos prospectores en la Tierra, ni siquiera en Nueva York. Todas están deseando que les cuente qué aspecto tiene la Nebulosa de Orión o la Nube Menor Magallánica. (Naturalmente, no he estado en ninguno de los dos sitios. Y no me gusta hablar del único lugar interesante donde sí he estado.)

- Entonces - dice Sigfrid, después de esperar el apropiado número de microsegundos una respuesta a lo último que ha dicho -, si de verdad eres feliz, ¿por qué vienes aquí en busca de ayuda?

PÓRTICO, Frederik Pohl

La primera tormenta tropical en Titán

La primera tormenta tropical que se observa en Titán ha sorprendido y también tranquilizado a los expertos en tormentas planetarias. Las nubes a las que dio lugar, que aparecieron días después cerca del polo Sur y del ecuador de la luna de Saturno, serían la fuente de la lluvia de metano líquido que, en ocasiones anteriores, habría causado los surcos y canales observados por la sonda europea Huygens cuando descendió allí en 2005.


La gran tormenta fue observada durante tres semanas en abril a través de telescopios terrestres. Tuvo su origen a unos 30 grados de latitud sur y se extendió por unos tres millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de la India. Habitualmente el clima es bastante tranquilo en Titán y las nubes son escasas. "Después de tres años de observar Titán y no ver apenas nubes, de repente se produjo el gran espectáculo", dice Emily Schaller, la astrónoma que ha realizado el grueso del trabajo, ayudada por otros colegas estadounidenses.


La pelìcula mostra: Ciudad Implacable

Debía tratarse de una gente prudente, puesto que el golpe en la cabeza no hubiera sido necesario. La bebida preparada que le habían dado hubiera podido derribar a un buey. Recordó haberse sumido en la oscuridad inmediatamente después de haberla bebido, sabiendo qué era lo que le estaba ocurriendo. Recordó la sensación de impotencia.
Ahora ya no valía la pena preocuparse por ello. Era una persona filosófica, y el hecho de que aún estaba vivo compensaba la bebida y sus resultados. Pensó, paladeándolo, en la muchacha de pelo color castaño que lo había estado observando mientras bebía. Llevaba un corpiño escaso y ajustado, y era allí donde se habían fijado sus ojos en el último momento —en sus hermosos y tostados pechos—, hasta que se tambaleó y se sumergió en la imprecisión y luego en la nada.

La muchacha del pelo color castaño era hermosa, pero ahora se había ido, y había otros problemas más urgentes.

CIUDAD IMPLACABLE, Ivar Jorgenson

TARGET EARTH / Objetivo la Tierra (1954) Dirigida por Sherman A. Rose. Con Richard Denning (Frank Brooks), Kathleen Crowley (Nora King), Virginia Grey (Vicki Harris) y Richard Reeves (Jim Wilson)

Nora King se despierta luego de un intento de suicidio con pastillas somníferas. Pero al salir de su habitación descubre que todas las calles de la ciudad se encuentran desiertas. Nora se topa con Frank Brooks, un forastero que acaba de recuperar la conciencia luego de un intento de robo la noche anterior. Ambos deambulan por la metrópoli e intentan ubicar otros supervivientes o siquiera una radio que les alerte sobre lo que está sucediendo...

La pelìcula mostra: El día que la Tierra se detuvo

Desde su posición en lo alto de la escalera, sobre el piso del museo, Cliff Sutherland estudió con cuidado cada línea y sombra del gran robot, y luego se volvió y miró pensativamente a la masa de visitantes llegados de todas partes del mundo para ver a Gnut y la nave, y oír, una vez más, su asombrosa y trágica historia.
Sutherland había acabado por sentir un interés casi de propietario en la exhibición, y no sin motivo. Había sido el único fotógrafo de prensa que se hallaba en los terrenos del Capitolio cuando habían llegado los visitantes de lo Desconocido, y había obtenido las primeras fotografías profesionales de la nave. Había contemplado de cerca cada acontecimiento de los siguientes y locos días. Después, había fotografiado muchas veces al robot de dos metros y medio de alto, la nave, y al apuesto embajador muerto, Klaatu, y su imponente tumba.
Y, dado que aquel acontecimiento seguía teniendo una enorme importancia como noticia para miles de millones de personas, allí estaba de nuevo, para conseguir más fotos y, si era posible, un nuevo “ángulo”.
Esta vez quería conseguir una foto que mostrase a Gnut como extraño y amenazador. Las fotos que había tomado el día anterior no habían producido el efecto que deseaba, y esperaba lograrlo hoy; pero la luz aún no era la adecuada y tenía que esperar a que se hiciera más tarde.

El amo ha muerto, Harry Bates

Filmada como "The Day the Earth Stood Still"/“ULTIMÁTUM A LA TIERRA” por Robert Wise en 1951.
Una de las mejores películas de C-F jamás filmadas. Con Michael Rennie y Patricia Neal.
En vez de lanzar a su alrededor los habituales rayos de la muerte y planear la conquista del
mundo, el benévolo hombre del espacio Klaatu llega a la Tierra para promocionar únicamente la paz y la buena voluntad.
Sin embargo, sus rectas intenciones son acogidas con miedo, suspicacia, y finalmente ciega violencia. Klaatu, interpretado por el malogrado Michael Rennie, descubre que los terrestres no son tan civilizados como él creía. En un valeroso intento de salvar a la humanidad de destruirse a sí misma mediante armas atómicas, el hombre del espacio cae víctima de la traición, la
injusticia, y finalmente una lluvia de mortíferas balas. Sólo más tarde, con la ayuda
de su compañero robot, Gort (Gnut en la historia), es vuelto Klaatu a la vida.

¿Qué pasó en Júpiter?

Hace unas semanas, cuando la Luna acaparaba todas las miradas y todos los festejos, algo sensacional ocurrió en otro rincón del Sistema Solar: el 19 de julio, Júpiter apareció con una mancha negra en la zona austral.
Una extraña cicatriz en la pesada, turbulenta y colorida atmósfera del planeta. Algo había chocado contra el planeta. Y el primer testigo del fenómeno fue Anthony Wesley, un astrónomo amateur australiano. Inmediatamente, el hallazgo fue confirmado por astrónomos profesionales, y hasta observado por el Telescopio Espacial Hubble (hubblesite.org). El raro fenómeno no sólo trajo a la memoria un episodio –aún más notable–- ocurrido hace exactamente 15 años, sino que también alcanzó una notable repercusión mediática.